Las noches se volvían aburridas nuevamente para el Ravnos y aunque desde su llegada no tuvo un minuto de paz, sentía un vació que habitaba en la ciudad que claramente ya no era como la recordaba.
Su música se veía afectado por esto y eso era peor que la muerte para Dimitri que vago esa noche por tabernas, reuniones, fiestas que encontrase para recuperar esa vitalidad, ese espíritu que se sentía algo perdido en esas noches. Después de un interesante recorrido, de inocentes doncellas y otras no tanto, recobro la perspectiva, la pasión que nunca debió haber perdido. Sin darse cuenta termino en las afueras de la ciudad en frente del rió con unos árboles cercanos que le hacían compañía junto al danzar de las estrellas, aquel lugar era perfecto, virgen y puro, había la paz, había la armonía que creyó perdida en la ciudad…
Acercándose a la orilla la punta de sus dedos surcaron el agua cristalina haciendo pequeñas ondas en el rió para después estas volver a su curso normal. Así era su destino, podía desviarse pero nunca perderse y pronto todas las cosas sentirían ese cause implacable. Olvidándose por un momento de eso, Dimitri se desvistió quedándose solo con su pantalón negro y nado un buen rato, en ese momento pudo sentir la libertad de la que su sire hablaba, la que muchos deseaban y otros la aborrecían, aquellos que sentían que el cambio no existía, aquellos atrapados en sus miserias “…tontos ignorantes…” susurro al viento “…las ruedas del cambio son indetenibles…”
Después todo fue historia… su música volvió implacable y con una pasión renovadora como en muchos años no tenia, ahí recostado sobre el tronco de un árbol con sus ropas a un costado