View Full Version: Ojo por Ojo

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Title: Ojo por Ojo
Description: 1-5-1226


Angelo - March 5, 2007 09:07 AM (GMT)
Tras recuperar parte de sus fuerzas consumidas en el combate, haciendo una caza breve por el camino, Ángelo llegó a la Concergierie con un fardo sobre el hombro. Dentro de la gruesa tela oscura estaba Magdalena. Su cuerpo estaba envuelto en una pesada cadena de hierro negro forjado de enorme dureza. Algo que la inmovilizaría facilmente por la ausencia de vitae que llevaba en su pequeño cuerpo y por la estaca que aún sobresalía de su delicado pecho.

Y lo hizo a pié, con las negras botas de montar golpeando el empedrado suelo y su negra capa con capucha ocultando su rostro a cualquiera que lo pudiese vijilar o seguir.

Ángelo llegó ante las puertas y miró a los soldados allí apostados, que lo miraban extrañados, por sus ropas y el fardo de buen tamaño que cargaba sobre el hombro.

- Buenas noches, quisiera que anunciaran a Lord Icaro mi llegada. A ser posible con la mayor rápidez. Soy Lord Ángelo... .

Magdalena - March 5, 2007 10:37 AM (GMT)
La pequeña en Letargo se sentía transportar. Nunca antes había estado en letargo, y apenas consciente de los hechos, como si un bloque permanente el impieira epnsar, pero aún estaba viva. No podái hablr, no podía casi pensar, algo la bloqueaba pero era consciente de lo que ocurría a su alrededor. La cadena estaba fría. Escuchó las voces, sabía donde estaba pero era incapaz de discernir el lugar, anque lo conocía bien, sabía de quien era la voz que escuchaba, pero era incapaz de asignarle un dueño, esuchó la palabras anunciantes de quien había sido su agresor, pero era incapaz de digerir lo que significaban. EL letargo era un estado de muerte anticipada, de plena consciencia inerte, donde todo seguía funcionando y estando donde debía estar, sin embargo en el que las palbras para referirse a los hechos, sentimeitnos y demás sólo eran eso, palabras carentes de fundamente y sentido, como sonidos guturales pronunciados y perdidos en el olvido, como si nunca hubieran existido.

Pronto sería libre de verdad y su espíritu partiría para encontrar la paz que ansiaba. Pero aun no, aun no...

Geoffrey - March 6, 2007 04:00 AM (GMT)
Icaro abrió la puerta al Lasombra ya rodeado por dos guardias armados.

-Pasad, Lord Angelo, el Principe ya sabía de vuestra llegada, y de vuestra carga. Todo está dispuesto para vuestra audiencia con él.-

Tras ello, estoico, el Ventrue se dio la vuelta y guió al Segador hasta la sala del trono. Geoffrey le esperaba allí, vestido con una cota de mallas elegantemente cubierta por un sobretodo que mostraba el escudo de armas del Principado de París. Su espada estaba en la vaina, pero sin los seguros habituales, de modo que podía ser desenfundada con rapidez. A su derecha, ligeramente adelantado, estaba Montalbán, que se apoyaba sobre una enorme espada que medía casi tanto de alto como él. Algo retrasados, Erik y Anna observaban la escena, atentos a todo lo que ocurría en el interior de la sala. Todos, salvo la dama, vestían la misma vesta de batalla, la misma que portaban los numerosos hombres de armas mortales presentes en la sala, los escogidos de Montalbán para ver algo de la realidad oculta a los demás mortales. Icaro guió al Lasombra al interior de la sala, pero, a diferencia de lo habitual, cerró tras él y permaneció en el interior.

Parecía irónico, tantas preparaciones, tantas armas y armaduras, para una pequeña niña que llegaba encadenada, incapaz de mover un sólo dedo. Pero toda precaución era siempre poca.

-Pasad, Segador de París, y contadnos de vuestra boca lo ocurrido. Ya me han puesto al tanto de la emboscada, de los zarcillos de sombra, y del titánico combate, pero me gustaría oirlo de vuestra propia voz. Luego ya decidiremos qué hacer con ella.-

La voz del Principe era oscura y terrible, poderosa y a la vez reconfortante. Estaba orgulloso del triunfo de Angelo, la confianza depositada en él no había errado. Aunque debía admitir que le había sorprendido saber que no iba el Gran Maestre de la Orden de la Flor de Lis con él a la caza de la Lamia, ni el Escudo de París.

Angelo - March 6, 2007 08:37 AM (GMT)
El Lasombra saludo a Icaro con una ligera inclinación de cabeza. Sus diferencias eran notables, nunca se habían llevado bien y ninguno de los dos haría el esfuerzo suficiente para una reconciliación. Cada cual hacía su cometido y punto.

Los pasos le llevaron a la sala del trono, donde todos los presentes estaban preparados para la llegada de un ejercito enemigo. Aquella estampa de armaduras brillantes y armas preparadas no era lo que Ángelo esperaba en su llegada con la desdichada Lamia, pero no mostro ningún gesto referente al tema.

Ángelo llegó ante Geoffrey y dejó a Magdalena en el suelo, liberandola del fardo de tala oscura que la protección a las miradas. La sangre seca manchaba su pecho y una estaca sobresalía de entre las costillas. Una más que suficiente cantidad de cadenas y grilletes de hierro negro, sujetaban los brazos y piernas de la Lamia.

Las palabras del Príncipe sorprendieron al Segador.

"Así que no estabamos solos?... " - Pensó el Lasombra.

- Os saludo Majestad... . - Ángelo se avanzó he hizo una reverencia ante Geoffrey. Luego miro a cada uno de los presentes - Lady Anna... Lord Monalbán... Lord Erik... .

- Capturé a Lady Magdalena de Lamia tendiendole una trampa como bien sabeis. Me dediqué a seguirla desde que la notícia de La Caza de Sangre llego a mis oidos, con la intención de asegurarme de su marcha ayer mismo... pero no fué así. Tuve que adelantar mi plan de caza al descubrir que estaba manchando el ganado con la enfermedad que su Clan es capaz de generar.

- La sorpresa fue mi aliada y el abismo que generan mis poderes como Lasombra hicieron el resto. Aunque debo de admitir que hubo un momento en que ella dejó de luchar.

Magdalena - March 6, 2007 11:06 AM (GMT)
Consciencia, consciencia...

Magdalena yacía en el suelo con los ojos abiertos, su cuerpo inmóvil empezaba a acostumbrarse a su nuevo estado. No podía bombear sangre, la poca que le quedaba a su cuerpo, ni mover ningún músculo y entre tanta desdicha sonrió para sí misma, "Rigor Mortis"- pensó "Así se sentían mis víctimas..."

MAgdalena no tenía miedo a lo que le esperaba, lo enfrentaría con Orgulloso, nunca dejaría a nadie entrever sus sentimientos, que aquel cuerpo de niña despiada, desobediente, que se había marchitado en las últimas semanas, rebosante de ira y furia hacia el mundo no era más que la representación de la incapacidad de admitir aquello que había ocultado en el fondo de su corazón tanto tiempo... Que aquellos ojos inmóviles que observaban el suelo, estaban empeañados en lágrimas de sangre pensando en Traq Oul...

Si ahora mismo estaba allí tendida era porque había sido débil. NO había cumplido con su cometido de Protectora, ha´bia faltado a su cmaino mostrando su debilidad y sus sentimientos incoscientemente. En realidad nad de aquello tenía que ver con la desobediciencia, la rebeldía o la justicia, todo tenía que ver con los impulsos que la rabia contenida de la desazón por la situación que habia vivido, era su culpa, sí, peo era un lástima que ninguno de los allí presentes lelgaran nunca ha comprenderlo. ¿Quien vengaría ahora a Traq? No le habían dado ni siquiera esa oportunidad... Y ahora sólo le aguardaba la muerte, sonriente, abriendo los brazos de una madre para recoger a su hija predilecta, y Magdalena la estrecharía entre sus brazos como a su madre que era.

Ven a mí... Una oportunidad, pero aun no...

Geoffrey - March 6, 2007 02:48 PM (GMT)
Geoffrey asintió, severo y terrible. Un nuevo giro de su personalidad se iba a manifestar, dejando a todos sus vasallos anonadados. Todos creían saber lo que haría a continuación, pero todos abrieron desmesuradamente los ojos al oir sus palabras.

-Proceded pues, a la Diablerie, Lord Angelo. Un monstruo como este no puede encontrar el descanso de la muerte, solo el castigo de tortura eterna que es la diablerie podrá servir. Y servirá ante los demás de ejemplo: en París se obedecen las leyes. Haceros fuerte con su sangre, y poned ese poder a buen uso para la ciudad.-

No, no la iba a hacer saludar al sol como todos habían pensado. El castigo escogido era justo, pero mucho más terrible de lo que Geoffrey solía ser. Más que justo, era vengativo incluso. ¿Qué había sido del Príncipe leal y honorable, ahora retorcido con demasiadas sombras?

Angelo - March 9, 2007 10:40 AM (GMT)
El Segador de París estaba sorprendido. Acaso su cargo era el de Verdugo?... acaso debía de asumir su responsabilidad tras jurar lealtad ante el Ventrue y cumplir sus ordenes?... no le llevaría aquello a ser algo peor que la propia Traidora?...

Pero su cara solo se ensombreció. Pensaba en Magdalena, producto de un abrazo caprichoso por su edad, producto de la rabia por la muerte de Trang Oul. Una gran guerrera entre los Cainitas de París. Un arma poderosa en la guerra contra los lobos que se había revuelto contra la mano que le daba de comer. Una gran pérdida para las filas de las fuerzas de la ciudad.

El Lasombra quedó unos segundos pensativo, analizando la orden de Geoffrey du Temple. Luego miró a Magdalena, indefensa con la estaca que él mismo le había clavado en el corazón. La muerte definitiva de la Lamia era más que patente, pero la forma aún estaba por llegar. El castigo del sol invicto quedaba descartado con la orden del Príncipe, la muerte por decapitación no aliviaría su sed de venganza. Si no la diabolizaba él, lo haría otro. Y tras su combate, era Ángelo el más digno de tomar la esencia de Magdalena. Su alma de guerrera quedaría ligada a la suya, la fuerza de su sangre alimentaría la oscuridad abismal de los poderes del Lasombra.

El poder de tus enemigos dicta lo poderoso que eres tu mismo” … pensó el Lasombra tomando una decisión.

Así que hizo una reverencia y se aproximó a la Lamia poniendo una rodilla en tierra. La forma oscura que era el Lasombra, capa y vestimentas, pareció eclipsar a la niña manchada de sangre. La boca del Segador se aproximó al cuello de la Lamia, dejando que esta sintiese su aliento frío. Y fue su voz un susurro para el oido de esta.

- Yo te libero del sufrimiento de tantos años de maldición. Ahora seremos uno y algo nuevo nacerá de la unión. Nada será como antes y todo se mantendrá como estaba.

Los colmillos perforaron la dura piel, y una ligera mancha de sangre marcó los colmillos marfileños de Ángelo. No hubo latir de corazón, como cuando se alimentaba del rebaño; no hubo suspiro de placer por parte de la víctima, pues magdalena siguió rígida y con la mirada perdida. Pero si hubo un torrente de sangre rojo oscuro, y el llanto de cientos de personas gritando al unísono.

Poca era la sangre que tras el combate la Lamia poseía en su organismo. Y mucha la energía que Ángelo preparó para la ocasión, pues su vitae alimento sus músculos hasta mucho más lejos de lo que nunca lo había hecho. La fuerza adquirida lucho por devorar el alma de Magdalena.

Un éxtasis potente generó una serie de efectos secundarios en el cuerpo del Lasombra. La sangre de Magdalena fluía por sus venas como lava volcánica, el esfuerzo fue extremo en forma y efecto.

Luego jadeante, Ángelo dejó reposar la cabeza de la niña sobre el marmóreo suelo de la sala del trono, que ya empezaba a disiparse en las cenizas que debía haber sido siglos atrás.

Magdalena - March 9, 2007 11:51 AM (GMT)
Allí estaba, negra como la noche, clara como el día y se abría ante ella las puertas de su Madre...

Apenas escuchó las palabras del segador que llegaron a su consciencia, entendiéndolas, respetándolas. Había sido un gran luchador y la había vencido en un combate en el que su fuerza dejó de lucha carente de sentido

Me alegro de tu decisión Ángelo... pensó en última instancia la pequeña Me Alegro porque cuando Lilith nos reclame seremos mucho más fuertes...

Fue rápido.

La sangre fluyó, los colmillos sse mancharon, el cuerpo empezó a arrugarse y degradarse y todos físicamente pudieron contemplar lo que ocurría, pero en su fuero interno, Ángelo descubrió más de todo aquello que podía imaginar. En su mente un relámpago estallo y en un ínfimo instante un torrente de recuerdos, ideas y conocimientos recorrienron la mente del Lasombra, en un moemnto pudo ver todo cuanto Magdalena era, todo cuanto Magdalena había sido y todo cuanto sería.

Al final las palabras se borraron, la imágenes desaparecieron y en la ocuridad eterna resonaron unas palabras en la mente del Lasombra con una alma nueva fusionada.

Gracias... Esperaré dormida hasta que estés preparado...

Geoffrey - March 12, 2007 02:28 AM (GMT)
Geoffrey observó como los siglos perdidos entraban raudos en la sala, dispersando las cenizas de la Lamia como un viento surgido de ultratumba... y una sonrisa salvaje apareció en su rostro. Cuando había visto al assesino Assamita consumido bajo el sol había sentido reparo, dolor, sufrimiento porque todo tuviese que llegar a aquello. Pero eso había desaparecido. Esa herida había cicatrizado, había dejado una fea cecatriz pero ahora era más duro por ello. La Bestia aulló en el fondo de su alma, no porque el Príncipe sintiese reparos, sino por no ser ella quien disfrutase de la vitae de la Lamia. Pero eso el Ventrue podía controlarlo... por ahora.

-La justicia se ha cumplido. Quien amenazó con vacío la paz de la ciudad, descubrirá en tu mente que su camino estaba equivocado y solo esparció un mayor dolor. Demasiado dolor.-

Y tanto. Sin ella, Geoffrey quizás se hubiese podido recuperar, no haber continuado su descenso en la larga y lánguida espiral de sangre y dolor. Tantas traiciones, tantos fracasos, tan poco tiempo...

-Habéis realizado una valerosa y justa labor esta noche, Segador de París, y vuestro puesto ha salido reforzado por vuestra decisión en combate y tan bravos actos.-

Geoffrey se calló, ¿faltaba algo por decir? ¿No? Y, entonces, ¿por qué ese zumbido en su mente, esa sensación de incomodidad, ese desequilibrio interior?

Angelo - March 13, 2007 09:56 AM (GMT)
Cuando Ángelo se enfrentó otra vez a la mirada de su Principe, sus ojos eran diferentes, enchidos por un poder sin parangón para lo que conocía el Lasombra. Embriagado por la vite de Magdalena, que había dejado de existir para sumarse a su esencia no-muerta, hasta que él mismo sucumbiera a la muerte definitiva.

Todo tenía otro color y una rabia contenida en su interior luchaba por liberarse y destruir todo lo que hubiese a su paso. Pero Ángelo era fuerte de corazón, había sido educado para no mostrar sentimientos y por ello en su cara se podía discernir solo una décima parte de lo que sucedía tras los ojos oscuros.

Ángelo dió un par de pasos hacia Geoffrey du Temple e hizo una reverencia llevandose la enguantada palma derecha al corazón.

- Os agradezco vuestras palabras Majestad. Y si no necesitais nada más esta noche, me retiraré. - La palabras resonaron en la sala del trono del Príncipe de París.


Geoffrey - March 15, 2007 12:55 AM (GMT)
Geoffrey asintió con sobriedad.

-Sois libre de marcharos, Segador de París. Vuestra labor esta noche está completa, y vuestra habilidad más que provada ante quienes de ella pudiesen dudar. Que el sol os encuentre en un buen refugio.-

Angelo - March 20, 2007 09:00 AM (GMT)
Ángelo hizo una ligera reverencia ante su actual señor y dando la vuelta sobre los tacones de sus botas, marchó. El sonido de sus pasos se dejó de escuchar mucho antes de abandonar la Concergierie, pues su forma aspid negra asumió el control y serpenteando desapareció saliendo del edifício.

Aquella noche había cambiado algo en el interior del Veneciano. Notaba que un nuevo Lasombra emergía del interior del Segador que todo el mundo conocía en París. Ángelo tenía muchas cosas que pensar, pero las evitó... dejando que el abismo que sentía tan cercano en aquella forma negra, lo bañase y meciera entre sus frios brazos.

La fría noche engulló al Segador de París, que se dirigía rápidamente a su refúgio.

Geoffrey - March 21, 2007 02:31 PM (GMT)
Geoffrey vio partir al Lasombra con una oscura sonrisa danzando en su boca que hizo oscurecer la mirada de Montalbán. El caballero notaba como su Señor se deslizaba en la oscuridad, y desde el lado, se veía incapaz de solucionarlo. Pero, ¿por qué el impulso era tan fuerte? Mucha gente había perdido batallas con la Bestia, pero no se habían hundido tan rápido.

Algo le decía que la maldición de Alexander aún sobrevivía entre las torres de aquel palacio, en forma de una rosa de belleza extrema...




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