Hace algún tiempo, otra fue la voz de los ladrones de Tumbas en Paris. Su nombre era Anastasio, pero le decían "El Griego". Este cainita poseía gran sabiduría, como pocos y sus largas charlas deslumbraban a los más antiguos cainitas...
Josiane se encontraba extremadamente nerviosa, había llegado el día. Su sire le repetía una y mil veces que se tranquilizara. El tenia todo absolutamente planeado... Como siempre...
Anastasio: - Josiane, no debes preocuparte, hija mía. He arreglado todo, por si algo falla. Si, se presenta el peor de los casos y algo sale fuera de lo normal. Ya eh dejado dos cartas para salvaguardar tu seguridad. Una la tiene el príncipe Alexander, en la que te libero de toda culpa. Y la otra la posee el Tzimisce Dazbog Von Vertzang, al cual solicito que te tome como vasalla. No dejaremos que caigas en las manos de un diabolista como Trang Oul. El Tzimisce ha aceptado gustosamente, y en su castillo tendrás la libertad necesaria como para continuar con tus estudios
Josiane: Mi señor Anastasio, No me preocupa mi futuro. En estos momentos solo pienso en el experimento.
Anastasio: Pero Josiane..., todo saldrá bien. No hay que preocuparse, llevo mas de 10 años planeando este momento y estoy seguro que este es el momento indicado. Pero no debes olvidar, tu tarea mas importante. Pase lo que pase, tendrás que informar sobre los resultados a nuestros hermanos de Erciyes.
Aquella triste noche, Josiane tomo el libro del Griego y fue escribiendo paso a paso las respuestas del experimento. Aquella triste noche, Anastasio, a través de la ciencia, quiso conocer la muerte definitiva y volver de ella, como quien vuelve de un viaje. Pero ya era demasiado tarde... y Josiane no pudo hacer nada. Las cenizas de su amado señor se escurrían entre sus dedos, inútilmente intentaba juntarlas, aferrándose a ellas. Y una triste gota de sangre, se poso sobre su mejilla. Algo había salido mal y ella pagaría una eternidad por ello....