Title: Los bocetos. 2-06-1225
Description: Día. Mansión del Duque.
Nicolas_Fresnoy - June 19, 2005 11:56 AM (GMT)
El campanario está anunciando las tercias (9 de la mañana) cuando Nicolas se presenta de nuevo en la mansión, ya ataviado con su ropa de trabajo y portando varios cilindros de madera donde guarda los bocetos que ha realizado durante la noche.
Geoffrey - June 19, 2005 12:33 PM (GMT)
Icaro recibe al mortal con su formalidad habitual antes de guiarlo por los pasillos de la mansión hacia donde el Principe está.
-Deberéis ser breve, me temo. El Duque en breve tiene una cita con otra gente- le advierte, aunque lo que no le dice es que la cita la tiene con la cama, por la cercanía del sol.
El Principe lo recibe en uno de los salones del piso de arriba, cerca de donde se encuentra la pequeña ala de la casa resguardada cuyas ventanas en realidad son falsas.
-Buenos días, mi buen arquitecto. Mostradme qué traéis.-
El Principe va directo al grano. Sabe que la luna no iluminará el mundo durante mucho más tiempo, y que hay que solucionar las cosas con rapidez.
Nicolas_Fresnoy - June 19, 2005 12:58 PM (GMT)
- Descuide, seré breve.
Le sorprende el hecho de que sea el propio Duque el que lo reciba, cuando ya daba por sentado que mostraría los bocetos al criado, aunque prefiere este trato directo, siempre iría con más confianza teniendo las opiniones de primera mano.
- Buenos días, Serenisimo.
Saluda con una reverencia y destapando los cilindros que lleva consigo despliega los bocetos sobre la mesa para que el Duque pueda verlos con claridad. Cuatro papeles de la más alta calidad contienen los bocetos previos y finales de las cuatro gárgolas hechos a carbón con una destreza más propia de los viejos pintores clásicos que de un escultor medieval. Los detalles se definen en trazos rápidos que muestran la singularidad de la creación, las cuatro estatuas, de apariencia semihumana, bipedas y de robustos cuerpos, semejan ángeles monstruosos de cuatro alas y garras prestas para la defensa. Una de ellas tiene cabeza y pezuñas de toro, otra de águila, otra de león y la última, un humano de fiera belleza. Todas ellas apoyan los pies sobre lo que deberían ser los ladrillos de la torre, extendiendo las garras y el cuerpo hacia la nada, preparadas para saltar ante un invisible atacante, mostrando los colmillos y las gargantas que rugiran con el brotar del agua:
- Primitivos querubines, se hacían servir en pretéritas civilizaciones como guardianes de templos y moradas. - es el único comentario del escultor mientras espera a que el Duque dé su opinión.
Geoffrey - June 19, 2005 01:06 PM (GMT)
Geoffrey examinó con cuidado las gárgolas. Era innegable la habilidad de Nicolas como pintor, y viendo esos trazos supo que haría un trabajo igual de bueno sobre la piedra, sino incluso mejor. Lo cual, obviamente, era excelente. Quizás, quien sabía a dónde podría llegar. Aunque sabía que tan pronto destacase, ya aparecería algún Toreador por ahí ofreciéndole mecenazgo, o alguna de sus estupideces. No era esa la función que el Principe esperaba darle, pero todo se vería con el tiempo. En eso llegó al cuarto boceto y se detuvo.
-¿Por qué un humano de tanta belleza? No asemeja una gárgola capaz de proteger esta morada...-
Nicolas_Fresnoy - June 19, 2005 01:14 PM (GMT)
Observa a su vez el boceto, los ojos del único que parecía estar fuera de lugar miran al frente con la misma fiereza que el resto, su cuerpo exento de la crudeza de garras y pezuñas, y sin embargo, sus manos extendidas asemejan cuchillas capaces de destrozar incluso la piedra de la que están formadas:
- La inteligencia es un rasgo necesario en la batalla, Serenisimo. Estos son los cuatro grandes reyes de la naturaleza y sus rasgos se complementan para ser perfectos en su conjunto. Y la fiereza y la fuerza no tienen porqué verse exentas de la belleza.
Pero en esa estatua hay un rasgo un tanto desconcertante, las palmas de las manos del ángel parecen tener ojos, según puede ver en un detalle a pie de página, y en la cabeza, lleva tres máscaras a los lados y en la parte posterior.
Geoffrey - June 19, 2005 03:05 PM (GMT)
Geoffrey asiente, reconociendo la sabiduría y la certeza de las palabras del escultor. A su vez, el sol se prepara a alzarse, y en su interior comienza a surgir la necesidad de acostarse. Dominaba a su Bestia lo suficiente como para ganar unos minutos, pero debía escoger bien las preguntas a hacer para poder aprovecharlos.
-Y, ¿por qué estas señales?- pregunta, indicando con la mano esos pequeños objetos fuera de lugar, como los ojos de las palmas de las manos.
Suponía que debían tener algún significado ocultista, pues los arquitectos y escultores que participaban en la construcción de catedrales a menudo les incluían tales secretos a sus obras, pero él era un político, y sus conocimientos en ese campo eran escasos en demasía.
Nicolas_Fresnoy - June 19, 2005 03:22 PM (GMT)
- Se trata de un Querubín... desde el punto de vista de nuestra cultura. Las formas materiales de este coro angélico se presentan bajo esta forma, seres de cuatro alas, multiples ojos y cuatro cabezas, encargados de custodiar lugares tan importantes como el mismísimo Eden.
Entre otras cosas... Pero no quiere aburrir al Duque, ni hacerle perder tiempo. Tal vez otro día pudiera explicarle mejor las razones para cada una de las señales en cada una de las estatuas, dentro de lo que quisiera explicar, por supuesto.
Geoffrey - June 19, 2005 03:25 PM (GMT)
Geoffrey asiente, interesado.
-Un ángel entonces. Peculiar, pero muy apropiado. ¿Las otras tres figuras son también querubines, o acaso sale la inspiración de algun otro lugar?-
Nicolas_Fresnoy - June 19, 2005 03:33 PM (GMT)
- Bueno, todos son Querubines, en esencia. Los cuatro son un interpretación de los Karibus babilónicos y asirios, los guardines de los que os hable. Eran una especie de quimeras, mezcla de humano, toro, águila o león. Los guardianes de los templos y tesoros.
Geoffrey - June 19, 2005 03:40 PM (GMT)
Icaro entra en ese momento en la sala.
-Mi señor, me temo que vuestro deber os reclama.-
Geoffrey asiente. En efecto, el peso del sol sobre su alma ha aumentado, y no cree que tarde mucho en salir a relucir, aunque no sabría decir cuanto exactamente.
-Me temo que he de disculparme, mas como os dije estoy atareado. Sin embargo, me gustaría que vinieseis a cenar una noche de estas. Estoy ansioso por saber todos los secretos que ocultarán las estatuas destinadas a guarnecer la torre, así como los costes y si necesitaréis aprendices y todo esa suerte de menesteres. Venid a cenar dentro de cinco días y conversaremos con calma. Hasta entonces, que Dios os guarde.-
Geoffrey abandona la estancia con serenidad, aunque no sin energía y algo de rapidez. Icaro lo acompaña, y otro sirviente es el que se aproxima al mortal para guiarlo a la salida. Toda la mansión va cobrando vida con la proximidad de la salida del sol, con el sonido de las cocinas y el relinchar de los caballos en su establo ocupando gran parte de los sonidos, y ya los primeros vendedores gritando sus mercancías por las calles. Para cuando el sirviente despide a Nicolás en la entrada, los primeros haces del sol ya alumbran la ciudad que despierta... y los Cainitas ya se han retirado a dormir el sueño de las eras, el beso de la muerte que siempre los acompañaba al elevarse el Astro Rey.