Los dos caballeros nos aproximamos cabalgando lentamente a la Torre Negra, refugio de Padre.
Padre es una desgracia, pero no por eso hay que serle descortés y obviar visitarlo a mi regreso. Que él se encarge de sus asuntos vanos, que yo me encargaré de los míos, más interesantes y tontos, pero menos vanos. Desde lo lejos puedo ver la silueta de la construcción sobre el cielo, y los sonidos que acostumbran siempre vivir cerca a ese tipo de torres.
Miro a Günther con gesto cansado.
-Debe seguir siendo el mismo de siempre. Los grandes imbéciles lo son en la eternidad.
El germano desoyó mis palabras, y ni siquiera me miró. Sé que opina lo mismo, pero no tiene los huevos para pronunciarlo en voz alta. Se le quedó lo que tenía de hombre con el Abrazo.
-Pero es Padre; le debo respeto.
Ya hablo conmigo misma, que con esa mole musculosa no tiene sentido hablar de problemas familiares.
Nos acercábamos cada vez más, y nos sorprendió a ambos ver aquella incipiente aldea a la sombra del refugio de mi Padre. ¡La habrá cambiado con el principito por una masa de guerra sin cerebro, que reemplace a Castellar cuando se haya podrido de viejo! ¡Y doy un beso a un slatzcha si no cambió a su chiquilla por ese árbol que le creció en la mitad de la plaza!
La torre se alzaba en el horizonte tras la villa, que presentaban indicios de reconstrucción, los pájaros revoloteaban al rededor de su oscura silueta y aun alguno que otro lugareño se paseaba por la zona.
La pequeña engreída regresaba luego de tanto tipo bajo el puño de su padre, que seria lo que necesitara, como siempre solamente retornaba cuando necesitaba de algo…
Nada entraba en las tierras de Dazbog sin que el lo supiera y menos desde el ataque de los lobos, a la pequeña villa.
Antes que llegaran ambos visitantes a las puertas de la torre, estas se abrieron de par en par, dándole el ingreso a la jovencita. Del otro lado de las puertas, un Bratovich custodiaba la entrada, con un grupo de ghouls algo mas raros de lo cotidiano incluso para los sabios de la visicitud…
Bienvenida seas señora Wigwitila de los Teoderemingos.
Musito el Bratovich tras las puertas…