View Full Version: Una dama serpentina y un hombre de piedra

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Title: Una dama serpentina y un hombre de piedra
Description: 5/5/1226


Mikael Bratovich - February 8, 2007 03:03 PM (GMT)
Mikael abrió los ojos.

Se encontraba en una habitación sencilla pero amplia, de paredes de piedra, sobre una cama recubierta de cojines y sábanas de seda. Cuatro pilares sostenían un techo, donde podían verse grabados sencillos pero elegantes. Hacía un calor insoportable, y un olor igualmente insoportable llegaba desde el exterior de la habitación.

Con esfuerzo logró ponerse de pie. Se encontraba exahusto, y desnudo. Sobre su cuerpo había practicadas varias heridas quirúrgicas que no le eran del todo desconocidas, y un sopor más parecido a la muerte que a la vida le agobiaba. Sosteníendose de las paredes se acercó a la puerta más cercana, que era, según sus cálculos, el lugar del que provenía el olor.

Se encontraba abierta, y con un suave empujón pudo ver lo que escondía: cinco hombres y mujeres, amarrados contra las paredes, muertos y con todos sus intestinos sobre una bandeja sostenida por un pilar de piedra al frente de ellos; una expresión de profundo dolor sobre su rostro, y una nube de moscas atacando la poca dignidad que conservaban sus entrañas.

Hacia el fondo, una dama de cabellos rojizos, dándole la espalda, leía tranquilamente iluminada por una antorcha. A su lado, cuatro guerreros armados miraban a Mikael con indiferencia.

Su bestia, antaño incipiente, ahora crecida por oscuras fuerzas, dio un vuelco en su interior. Más no era hambre lo que la impulsaba, sino odio; un odio pertinaz, violento, insaciable, que hizo mover sus músculos y su ánimo, y luego nada recordó de aquella escena.

Lo que sucedió fue sencillo. Así, desnudo y desarmado, se lanzó contra la mujer, más los cuatro guerreros se interpusieron en su camino. Él, hábil guerrero, acostumbrado a la lucha desigual, dio esquiva eficaz al primero de los ataques, y con una fuerza sobrehumana, alimentada por su Bestia, agarró la mano que le agredía y dando un paso atrás usó el cuerpo del fornido guerrero como escudo.

Más como lo otros no le atacaron inmediatamente, tuvo tiempo de quebrar el cuello con ágil maniobra y de arrebatar el arma. Luchó y luchó, y la dama no se giró ni por un instante a observar el resultado de la justa. No era necesario, pues conocía cuál habría de ser el desenlace; y este fue, como vosotros, lectores, también adivináis, la victoria de Mikael, que con habilidosos pero no elegantes espadazos, acabó con quienes le impedían saciar su odio.

Dejando tras de sí un mar de carne muerta y sangre, caminó hacia la dama. No le importaba matarla por la espalda, pues ser cualquier que capaz se sintiera de tan grandes maldades y torturas, ni compasión ni justa lid podría dar a un guerrero honorable como el eslavo.

Cuál no sería, sin embargo, la sorpresa de Mikael, cuando se sintió incapaz de levantar su arma. Cuál no sería su terror, cuando su mano, aflojándose, dejóla caer sobre el ensangrentado suelo. Y cuál no sería su impotencia, al sentirse de nuevo caer desvanecido por profundo sueño.

Evento - February 8, 2007 03:11 PM (GMT)
-Ya despierto.

La voz provenía de una mole de piedra que, sentada, miraba al interior de la jaula donde el herido y desnudo cuerpo de Mikael, recubierto de tatuajes, descansaba. El eslavo miraba aturdido através de los barrotes cómo la mujer pelirroja se acercaba.

-¿Por qué tanta violencia y odio? Quería darte paz y riqueza a cambio de muy poco, y llegas a mi hogar a asesinar con descaro a quienes me servían fielmente. Ahora tendrás que ser castigado, y no sólo eso. Sufrirás mucho, querido Mikael.

Sonrió, despectiva, y miró un instante a la mole de piedra, que arrojó un pedazo de intestino humano al interior de la celda.

-He ahí tu alimento. Sonrió de nuevo, y se alejó meneando su aventajado cuerpo de diosa de las tinieblas.

Mikael Bratovich - February 8, 2007 03:19 PM (GMT)
Y de nuevo una furia descontrolada salió de lo más profundo de Mikael. No entendía esto, y aunque intentó controlarlo esta vez, falló. ¿Acaso su bestia había crecido en tal alto grado? ¿Acaso algo la había pasado de ser incipiente y débil, a fuerte y casi incontenible?

Con esta fuerza en su cuerpo, abrió los barrotes, ante la sorpresa de la Dama y del hombre de piedra. Cuando iba saliendo, un golpe pétreo le devolvió al interior, más esta vez el eslavo no caería al sueño que aquella hechicera le propinaba.

Levantó los pies y conectó un eficaz golpe en el pecho del ser de piedra, que ningún miedo le causaba pues había visto seres de carne más terribles e imposibles, y ante la sorpresa renovada, cayó cuan pesado era sobre el suelo. Su rostro estaba deformado por aquella llamada de la naturaleza, y sus músculos tensados como cuerdas a punto de reventarse, pero no se detenía, como las avalanchas, en busca de su objetivo.

Y así salió, y estalló una pesada piedra en la cabeza del golem, y lanzó un salto increíble para alcanzar a la dama. Esta, con un movimiento de las manos, le dejó levitando, y aunque luchó por evitarlo, era imposible escapar al sueño, que de nuevo, y con más fuerza, volvió a invadir su cuerpo.




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