View Full Version: Preparandose para el último adios

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Title: Preparandose para el último adios
Description: 18-4-1226 Abadía de St. Germain-de-Près


Maximo Constanza - February 7, 2007 10:41 PM (GMT)
El ritual por la muerte de Trang Oul había sido anunciado con poco tiempo, pero debía asistir. Él lo había salvado de una muerte en las calles Romanas hacía siglos, veía necesario el estar allí para darle el último adios.
Llevaba preparado casi desde que el astro rey se había puesto, pero su acompañante no estaba allí. El Abad Dinard lo había informado de que Sharede había salido temprano, y estaba tardando en regresar. Además había hecho hacer un vestido para ella, digno para la ocasión. Un hermoso traje negro. Si tardaba mucho en llegar, los preparativos habrían sido un desperdicio de tiempo, ya que no quería perderse el evento.
Y el tiempo seguía pasando, mientras Máximo deambulaba arriba y abajo por la biblioteca. Finalmente cogió un libro de una de las estanterías y lo llevó al grane scritorio y se puso a leer. La guardia de la entrada, y el diligente Dinard estaban avisados de enviar a la dama ante la presencia del Lasombra en cuanto llegara.

Sharede d'Alençon - February 7, 2007 10:59 PM (GMT)
Sharede volvía ensimismada en la noche, envuelta en un halo de frío delicioso, con el corazón liviano y como relleno de plumas.
Apenas si se había dado cuenta del trayecto recorrido, y pensó en lo que haría al llegar a su destino cuando vio delineándose la grave silueta del ya conocido edificio.

El abad Dinard la esperaba a la entrada, extrañamente impaciente, y le comunicó que se dirigiese a la biblioteca sin más demora.
Su corazón se le volvió pesado de pronto mientras recorría los silenciosos pasillos de la abadía, pues se temía algún mal augurio.

No tardó en llegar a la estancia que ocupaba Máximo Constanza en aquellos momentos, y abrió la puerta con presteza para estar dentro al instante siguiente. Si hubiese sido mortal quizás habría tenido que coger aliento antes de preguntar.

-¿Qué ocurre?

Maximo Constanza - February 7, 2007 11:20 PM (GMT)
Al verla aparecer por la puerta, calmadamente, cerró el libro y la miró intentando calmarla. Por el tono de su voz parecía alarmada. Desde luego quien le hubiera dado la petición de Máximo de que se dirigiera rápidamente a la biblioteca no le había contado todos los detalles.
Levantandose de la silla, se acercó hasta la mujer, para empezar a hablar con gesto algo serio.

- Hoy se realiza un ritual en honor a la muerte de Trang Oul, antigua voz de los Capadocio. Varias Lamias han acudido a la ciudad para llevarlo a cabo, y me veo en la obligación de ir. De hecho esperaba que quisieras estar a mi lado durante el evento. -Con un suave gesto colocó en su sitio un mechón de pelo de Sharede, que sin duda se había descolocado con las prisas.- He hecho llevar algo de ropa, para la ocasión, a tus aposentos. Encontrarás a un mozo esperando en la puerta de tus estancias. Me gustaría que aceptaras esos vestidos, pues hoy es una noche especial para mi.

Una vez más la presencia de su protegida provocaba un alivio al peso de su alma. Y así su faz y su cuerpo se relajaron mientras se mantenían juntos.

Sharede d'Alençon - February 8, 2007 01:25 AM (GMT)
A medida que la explicación fue fluyendo, el espíritu de la lasombra se apaciguó notablemente ante la ausencia de malas noticias.
Parecía que el cementerio iba a volver a ser el escenario de uno de sus paseos nocturnos, y el segundo entierro en abril... Un reflejo muy apropiado de lo que sucedía en París.

No obstante cuando escuchó los regalos que el primogénito había decidido obsequiarle, sintió un pequeño vértigo en el estómago, una sensación abrumada y de ligero nerviosismo. Intentó explicar que no eran necesarias aquellas atenciones pero le salió algo completamente distinto y aderezado con una tenue sonrisa.

-Sois muy amable, Máximo. Será un placer acompañaros esta noche mas intuyo que debo darme prisa...

Sharede retrocedió hasta la puerta aunque su mirada permaneció junto a él.

Maximo Constanza - February 8, 2007 01:42 AM (GMT)
Las miradas de ambos no se perdieron en ningún momento, parecían querer añadir algo más a la conversación, pero por el momento eso era todo.

- Tomate el tiempo necesario, más intenta que sea el menor posible. Me gustaría llegar temprano a la ceremonia. Cuando estés lista reúnete conmigo en los jardines, he hecho preparar una carroza.

Máximo conocía el tiempo que una dama tardaba en adecentarse, pero quería que Sharede estuviera perfecta para la ocasión. Iban a una ceremonia triste, pero posiblemente muchos serían los que asistirían, y debían mantener unas apariencias. Además, era una oportunidad de ver a la bella Lasombra mejor vestida que con sus ropajes habituales, acorde con el porte del clan.

Sharede d'Alençon - February 8, 2007 06:03 AM (GMT)
Sharede asintió a sus indicaciones, y con alas en los pies recorrió la distancia que la separaba de sus aposentos. En otras circunstancias su corazón habría latido desbocado, pero esta vez sólo se limitaba a tener una extraña sensación dentro del pecho mientras intentaba no pensar en las palabras del Lasombra. Sabía que se sentiría extraña con el vestido aunque le hubiese sido regalado con la más loable de las intenciones.

Al llegar a la puerta de su habitación, saludó cortesmente a quien parecía que llevaba esperándola durante largo tiempo. Lo primero que hizo fue disculparse y dispensarle de su servicio con una sonrisa agradecida.
Habiendo recogido los presentes de Máximo, extendió sobre su lecho el vestido y emitió un trémulo suspiro de admiración por la perfección con la que estaba realizado. Se descubrió con deseo por llevarlo puesto, pero mientras se reprochaba mentalmente un pensamiento tan superficial, desnudó su cuerpo del áspero tejido que lo envolvía para vestir el más suave y delicioso luto.

El acicalamiento continuó durante unos momentos demasiado cortos para parecer coqueta, y demasiado largos para parecer inapropiada a ojos de Máximo.
El jardín la aguardaba con sus fríos brazos que ahora parecían filtrarse mejor a través de las ondulaciones de una tela que al tacto, parecía prácticamente líquida y escurridiza, y que a la vista se adaptaba perfectamente a la delgada figura de Sharede.
De amplias mangas con motivos bordados en más oscuro negro, escote recatado pero no lo suficiente como para ahogar el protagonismo de un bello collar de amatista, sobrio y discreto. El rostro de la mujer aparecía realzado por un cuidadoso recogido que no obstante dejaba ocioso algún que otro mechón ondulado. Las mejillas de la cainita parecían incluso poseer un color hermoso y tiernamente sonrosado, como el de una doncella, y este color se hubiese acentuado al llegar a presencia del primogénito, pero finalmente nada más la delató una mirada nerviosa que no se atrevía a profundizar en la que sabía clavada en ella. Se sentía confusa; nunca había dudado de sí misma imbuida en sus parcos y sobrios vestidos herederos del convento, pero en aquel momento... no podía decir lo mismo.

Maximo Constanza - February 8, 2007 04:14 PM (GMT)
Cuando Sharede llegó ante la presencia del primogénito, este no pudo negar una mirada conjunta con una sonrisa de aprovación. La belleza de la dama era acentuada por las finas ropas que vestía. Sin duda el diseñador de aquel vestido merecería un agradecimiento extra, y así actuaría Máximo.

Ofreciendo el brazo para que la dama lo acompañara tomaron el camino hacia la carroza que los esperaba.

- Me agrada ver que mis presentes no pueden competir con vuestra belleza, pero si realzarla. No creo que pudiera pedir mejor compañía para esta noche.

Al antiguo vestía un hermoso traje negro con algún que otro reborde de color dorado, pero sin brillo. Iba elegante, pero de seguro que esa noche las miradas no se posarían en él, sino en su compañía.

Sharede d'Alençon - February 8, 2007 06:31 PM (GMT)
Sharede seguía sintiéndose extraña a pesar de las cálidas palabras que él le dirigió al contemplarla. No estaba acostumbrada a que se fijasen en su belleza física, sino en la belleza de su fe, pero por una noche, decidió que aceptaría el cambio... por mucho que le costase. Al fin y al cabo estaba siendo invitada.

Sólo sonrió, y sus ojos parecieron relucir mientras lo hacía. Después enlazó su brazo con el que se le tendía y las ricas telas que envolvían su cuerpo protestaron con un suave siseo al brusco movimiento.
Los ondulantes pliegues se arremolinaron en torno a sus piernas mientras caminaban hacia la carroza, y finalmente a las dos figuras de negro se las tragó la oscuridad del vehículo que les conduciría a su destino.




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