View Full Version: Ritual de Enterramiento de Traq Oul

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Title: Ritual de Enterramiento de Traq Oul
Description: 18-4-1226


Evento - February 6, 2007 06:29 PM (GMT)
Se había corrido la voz. Tres noches depués de que las dos Lamias llegaran a la ciudad casi toda la estirpe sabía del ritual que se celebraría a la media noche en el Cementerio. Todo estaba listo y preparado. Desde la entrada del cementerio hasta la cripta donde se celebraría se habían dispuesto velas que alumbraban tenuemente el Camino.

Rosalea que seguía desempeñando las funciones de Chambelán esperaba junto a la puerta del Cementerio con un vestido de luto negro que la cubría hasta el cuello, y un colgante de oro con la cabeza de uan gorgona.

Junto a la entrada de la Cripta esperaba Magdalena. Nadie podría haberla reconocido antes si no fuera por su tamaño. Tenía el pelo limpio por primera vez en mucho tiempo, negro y liso. la cara amable, los ojos sinceros. Había mudado su roido vestido por otro vestido hecho a medida como el de Rosalea, también con el colgante de la Gorgona, aunque ella además portaba otro colgante más grande de una calavera y una cruz engastadas, símbolo de su posición como sacerdotisa, además de un anillo que nunca llevaba consigo.

las dos Lamias se habían dispuesto para ayudar en la ceremonia y esperaban a que aquellos que quisieran asistir lo hicieran.

La media noche se acercaba.

Alvaro Castellar - February 8, 2007 11:48 PM (GMT)
La noticia de la última despedida de Trag Oul había llegado a oídos del español. Su último adiós según las tradiciones de su clan iba a ser dados en el que alguna vez fue su refugio y que ahora seria su descanso eterno

Caminando Alvaro se acercaba hasta el cementerio, su rostro era enigmático y su porte era oscuro como el de las últimas noches, acentuado por su ropaje negro. Con tranquilidad se detuvo en el umbral de la entrada mientras recordaba su última estancia en el lugar y esperaba ser recibido.

Nayara - February 9, 2007 03:48 AM (GMT)
Una carroza tirada por hermosos caballos castellanos llegó hasta las puertas del cementerio. En su interior se encontraba la ventrue acompañada de Lord Manfred, quien había decidido esperar fuera por respeto a aquel que consideraba un desconocido.

La dama descendió encontrándose de frente con su compañero Don Castellar; noches atrás habían tenido una velada interesante sobre su futuro y de nuevo volvían a encontrarse, aunque esta vez por motivos menos gratos.

- Buenas y oscuras noches Álvaro, un mismo destino nos une esta vez ante tan triste despedida...-

Como si de una broma macabra se tratara recordó de repente aquella fatídica noche en la que ambos descubrieron la letal perdida del consejero, creciendo en su interior un sentimiento muy distinto al de la pena o la tristeza.
Acercó sus pasos hasta el brujah y le dedicó una mirada de paz que ni tan siquiera su alma poseía; sabía que juntos podrían apaciguar aquellos sentimientos encontrados que no tenían cabida en esos momentos.

Una vez más dirigió su mirada hacia el interior del carruaje, respetaba los motivos del caballero de no asistir al ritual. Ahí estaba él cerca pero lejos, acompañándole pese a no estar del todo conforme con la idea.

Posó una de sus manos sobre el brazo del primogénito para transmitirle con su gesto la fuerza de quien se sabe acompañado, mientras una serena sonrisa renacía en la cainita brindándole de sosiego.

De lejos divisó como Rosalea se acercaba hacia ellos; el cementerio se hallaba iluminado por un camino de velas, no obstante recordando el consejo de la lamia, aguardaban a ser atendidos sin llegar a invadir las tierras del campo santo.

Magdalena - February 9, 2007 04:36 AM (GMT)
Rosalea se acercó presta a atender a los primeros invitados. Su rostro era triste y al acercarse a ellos sonrió amablemente con los ojos empañados en un tristeza que no tenía cabida en su belleza.

Buenas noches tengáis, Don Álvaro, Lady Nayara, bajo esta luna de despedida y melancolía... por favor, acompañenme...

Rosalea camino delante entre el pasillo de velas. El cementerio tenía una aire más fantasmal que de costumbre, la atención no se centraba tanto en la ruinosas tumbas, decaidos monumentos a los que yacían muertos y cuyas almas pululaban observando a los nuevos transeuntes del cementerio, si no en las velas dispuestas macando el camino hasta la Cripta entre una espesa neblina grisácea que no permitía ver más allá de unos cuantos metros y que hacía que la tenue luz mezclada con la oscuridad de las formas que se alzaban a los lados del camino se difuminara en el aire dand la sensacion de caminar por un puente efímero.

Unos minuto después las vijeas puertas de la Cripta se mostraron ante ellos. A un lado había una calavera incrustada en un palo de madera, al tro estaba Magdalena que se acercó hacia los invitados, Rosalea al verla hizo una leve inclinación de cabeza y se retiró hacia la puerta.

Buuenas y trsites noches, Don Álvaro, Lady Nayara, os agradezco con el corazón que os hayáis acercado hasta nuestra morada para contemplar el último adiós de nuestro difunto amigo Traq Oul... Unan oche que será recorda para siempre...

Ambos puedieron contemplar el cambio en la pequeña, su pelo liso y bien lavado, su vestidito negro y los símbolos que portaba distinguiéndola como alguien importante, sus ojos tirstes, su carita más inocente que nunca, como aquella que ha sido arrebatada de los razos de su madre y su corzaón en silencio se encogía por todas aquellas lágrimas que su naturlaeza inmortal le impedía mostrar...

Por favor, síganme...

Magdalena acompañó a los cainitas bajando unas escaleras en curva, con antorchas a los lados encajadas en una peseca de soportes de hierro, como cárceles para el fuego. a llegar abajo se sucedían en una estancia rectangular tres tumbas talladas en piedra a cada lado de la cámara, con tres antorchas sobre ellas respectivamente, diminutas velas por todo el suelo alumbraban la estancia y asustaban a los sombras que se cernían desde el techo abobedado. AL frente otra puerta dobre de madera que la nña empujó sin esfuerzo.

La segunda cámara contenía un sala muy amplia bajando diez escalones, era también rectangular, en ella se diponían bancos de piedra, sin respaldos, agrietados por el paso inexorable del tiempo. a los lados varias bódedas en forma de semicilindros albergaban grandes candelabros de sirte velas. Los bancos se distribuían a izquierda y derecha de un pasillo centra que llegaba hasta el final dons tres escalones subían hasta un altar preparado para la ceremonia. El pasillo estaba cubierto con una laboriosa especie de alfombra tendrenzada de color blanquezino con un material parecido al papiro de los libros. Del techo justo antesdel altar pendía una lmápara redonda cn tres niveles de círculos concéntricos llenos de peuqeñas velas que resplandecían con un color azulado, fantasmal... El altar consistía en una mesa amplia que cubría una especia de manta del mismo material que el pasillo, y detrás un fuego enorme caldeaba la estancia. Como último detalle a los lados del altar había dos cetro plateado de unos dos metros de altura, y base ancha, uno que terminaba con el escudo de los Capadoccio y el otro con la Gorgona característica que identificaba a la Lamias.

Acomodense, es un ritau len honor a un amigo, así que la disposición es con total libertad, elijan, mientras yo iré a recibir a los demás...

Magdalnea se perdió en sus pasos de nuvo escalera arriba.

Todo estaba listo. la hora se acercaba.

Aureus - February 9, 2007 02:33 PM (GMT)
Una figura animal, surcaba los cielos de paris, decendio como un rayo negro sobre un callejon oscuro cercano al cementerio, no en actitud agresiva pero si escondido, del callejon surgio un hombre sombrio, vestido de pantalones marrones, sin camisa y una capa cerrada con capucha sobre sus hombros, con una herida en toda la parte frontal de su torso, herida que mantenia escondida bajo la capa, se acerco hasta la puerta de cementerio y bajo su capucha, manteniendo las manos dentro de la capa y manteniendo esta totalmente cerrada sobre su cuerpo, se detuvo ante la entrada, preguntandose si entrar o retirarse...

Angelo - February 10, 2007 10:34 PM (GMT)
Ángelo llegó a pié. Había estado horas paseando por los alrededores de su refúgio, merodeando cual alimaña en pena y cazando a la más pura usanza, como en los viejos tiempos.

Sus pasos le dejaron en el interior del Cementerio con la intención de dejarse llevar. No era día de lamentaciones o conversaciones vagas sobre política o filosofía. Un saludo a todos los presentes y unos pasos le llevaron a un lugar solitario. No importaba en como, el cuando o el por que. Trang había muerto y eso era un desastre para París.


Maximo Constanza - February 11, 2007 04:31 PM (GMT)
Viene de Aquí

Un carruaje de color negro completamente, desde la madera hasta las cortinas que ocultaban la presencia de los dos cainitas que viajaban en ella, llegó a las peurtas del cementerio. Al abrirse la puerta descendió un Máximo sombrío y oscuro, que ofreciendo la mano hacia el interior del carro ayudó a bajar a su acompañante.

Las sombras del lugar se arremolinaban involuntariamente en torno al antiguo como reflejo de su alma. Aquel a quien esa noche despedía había sido un amigo por encima de los cargos sociales que ambos pudieran tener, y como tal pensaba despedirlo. Ofreciendo nuevamente el brazo a Sharede, más por sentir la fuerza que le transmitía que por su habitual cortesía, y sin decir una palabra, esperó a que alguien los recibiera.

Sharede d'Alençon - February 11, 2007 05:14 PM (GMT)
La cainita que nació de las sombras tras el primogénito parecía a simple vista una extraña, recién llegada a la ciudad.
Poseía el porte y el atuendo de una noble importante, y un suave matiz en su piel que dejaba adivinar la procedencia de su naturaleza, aunque en las mejillas anidaba un rastro de humanidad.
Tenía el pelo cuidadosamente recogido, liberando a sus hombros del pesado yugo y mostrando la vertiginosa blancura de su piel. De ellos caía y se recogía en sugerentes ondas el manto de oscuridad que él le había regalado esa noche. Tan sólo traicionaban el hermoso conjunto dos penetrantes ojos negros que brillaban como ascuas con una vivacidad exenta de cualquier velo, de cualquier fingimiento y recato propio de las grandes damas.

Con un susurro de su vestido, todo negro, aceptó el brazo que se le ofrecía y dio unos pasos hacia el destino de ambos aquella noche.
Su expresión era impenetrable.

Magdalena - February 11, 2007 05:40 PM (GMT)
La media noche se acercaba y los invitados comenzaban a llegar. Rosalea atendió en primer lugar a Aureus de Gangrel a quien presentó sus respetos con una inclinación de cabeza y condujo entre el camino de velas hasta Magdalena que eficiente dedicó un triste sonrisa a uno de los pocos cainitas en quine había visto nobleza en toda PArís, y pidiéndole que le acompañara lo llevó hasta la sala donde habría de celebrarse la ceremonia.

Mientras tanto Rosalea consciente de la hora se apresuró presta para recibir al resto de los posibles invitados. Se sorprendió al llegar a lentrada del cementerio y observar a Ángelo, segador de París, que parecía dudar sobre su entrada al cementerio. La bella Lamaia se acercó con cierta mezcla de ternura y trsiteza y lo animó a pasar. Condujo Lasombra entre la difuminada niebla hasta la puerta de la Cripta donde Magdalnea lo recibió dándole las gracias por su asistencia, y como hiciera con lso anterioires invitados lo aocmpañó bajadno las escaleras, atravesando la primera sala y le pidió que se acomodase con los demás.

La sala comenzaba a llenarse de cainitas, unos importantes, otros menos importantes pero casi toda la estirpe conocía al viejo Capadoccio y no tardarían en llenarse todos los bancos de piedra.

Unos minutos después un carro negro hizo su aparición en el Cementerio. Rosalea amablemente se acercó al señor de los Lasombra acompañado de su fiel sharede a quienes saludó con una leve inclinación de cabeza. Repitiendo el proceso y sumiada en su profundo pesar acompañó a los nuevos invitados entre las tumbas situadas a los lados de la vereda que marcaba el cmaino hasta la entrada de la cripta donde Magdalena recibió a Máximo dedicádones una profunda sonrisa, y una inclinación de cabeza dirigida hacia sharede, tras darles las gracias, les acompañó hasta la sala ritual que comenzaba a abarrotarse.

Magdalena volvió a subir esperando que cada vez el proceso se repitiera con mayor rapidez pues el ritual empezaría pronto, y los invitados que faltaban tardarían poco en ellgar. Mientras tanto se preguntaba donde estaría Octavio Giovanni, quien no había participado de la organización del evento, y si bien podía temerla a ella o al resto de Lamias, aquella no era noche de rivalidades, si no de despedir juntos con un tierno y eterno adiós a su antiguo señor.

Aureus - February 12, 2007 01:26 AM (GMT)
EL señor de los gangrels, siguio a Rosalea hasta que se encontro en presencia de magdalena, devolvio la sonrisa con una sonrisa igual de amistosa para luego seguirla hasta el punto donde se realizaria la ceremonia, al llegar observo el sitio y en lugar de sentarse, se dirigio hacia un sector oscuro de la habitacion, al parecer Aureus deseaba pasar desapercibido en aquella ocacion, lo que menos deseaba en el momento era conversar o intercambiar ningun tipo de ideas con nadie, simplemente se despediria de su amigo y de sus recuerdos...

cubriendose el rostro con la capucha trato de no ser reconocido por ninguno de los presentes o ningun otro que pudiese llegar...

Magdalena - February 20, 2007 11:38 PM (GMT)
Rosalea comenzó a caminar nerviosa entre las tumbas esperando a la entrada, mientras tanto Magdalena envió a dos fantasmas a inspeccionar los alrededores del cementerio, en concreto los cmainos que llevaban a él, pues un par de invitados más llegaron cubriendo algunas plazas libres entres los bancos, y aunque el aforo no estaba completo, sólo quedaban unos minutos para que el ritual comenzase y los invitados habían cesado de llegar, si no llegaban más en los últimos minutos entrarían para apoyarlo y las puertas del cementerio cerrarían hasta que terminara.

Magdalena pensó en Geoffrey, si el príncipe se atrevía a no ir a aquella reunión podía despedirse de la colaboración de todo aquel que tuviera la sangre de Ashur de ahí en adelante, fuer Capadoccio, Giovanni o Lamia, Magdalnea se encargaría de mover los hilos del clan para que así fuera. No honrar la muerte de su consejero era una falta imperdonable.




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