Un grupo de Palomas, llegan repentinamente, ante la puerta de de la cabaña perteneciente a Eddard en el bosque y buscan entrar para conseguir al mago...
Eddard abre la puerta de la cabaña y observa a los pequeños animales. Luego se acucliya dejando migas de pan ante ellas.
Las palomas comienzan a comer mientras la enorme mano del gigantesco Druida acarícia la más proxima entendiendo lo que han venido a decirle.
- Comed tranquilas un momento. Tenemos un buen vieje de retorno y yo me ocuparé de que no tengais que cansaros.
Unos minutos más tarde, con el zurrón lleno de pajaros, Eddard ya daba zancadas en dirección Paris. Un viejo conocido, enemigo o aliado, le llamaba y no podía negar lo que una vez prometió.
Los pasos del Druida se perdieron entre los enormes robles. Unos árboles que comenzaban a echar de menos al viejo y tuerto cuervo.