La Caravana de mercaderes se había dividido aquel invierno en tres, una expedición dirigida por Rudolph había partido hacia tierras de Al-Andalus, otra expedición comandada por uno de los ghouls del mercader había partido hacia las tierras de la Cruz Negra.
Joseph había partido hacia las ciudades-estado italianas, entre todas ellas había una ciudad en la que el egipcio estaba interesada: Venecia. La Sereníssima República había contribuido a acabar con Constantinopla, había logrado acabar con aquel curioso régimen llevado a cabo por la llamada Trinidad. Sonreía mientras avistaba los canales de la ciudad, sonreía imaginando como los barcos venecianos acababan con aquella ciudad...
Sin embargo, lo que realmente llamaba la atención de la sierpe era la familia Giovanni. Había tenido tratos con Marcus Muza Giovanni, el representante en Constantinopla, de esos tratos había deducido que los nigromantes pagaban religiosamente, pero buscaban extrañas sustancias y componentes que sólo mercaderes avezados como Joseph podían conseguir.
Los carruajes de la caravana se estacionaron en una bella plaza, mientras los criados y humanos asociados montaban los tenderetes, dentro del carruaje, Joseph con la cara de un francés cualquiera (Mascara de las Mil Caras) esperaba la llegada de un emisario de la familia veneciana sentado en un cómodo asiento clavando su mirada al extrerior...
Olivia vestía un bello y entallado traje negro en aquella ocasión. Sus ojos negros se clavaban sin pavor uno a uno en los mercaderes, buscando a aquel que le podía ofrecer aquellas substancias prohibidas en esta tierra.
Los ghouls que la acompañaban caminaban distraídos, uno de ellos tropezó despistado con un trozo de fruta y resbaló cayendo estrepitosamente sobre una de las paradas allí dispuestas. El bullicio se formó alrededor cuando el pobre mercader, en un italiano la mar de claro y expresivo, se acordó de varios familiares del pobre desgraciado que había desmontado su puesto. Despacio, la Giovanni se acercó al comerciante y mirándolo a los ojos, le susurró algo al oído…el comerciante segundos después se disculpaba y ofrecía una gran cantidad de fruta que los ghouls recogían gustosos.
Menos suerte tuvo el despistado ghoul cuando Olivia se acercó a el.
-La próxima vez-susurró- te arrancaré yo misma tus torpes pies y los tiraré al gran canal, amigo mio.-dijo mientras sonreía.
Luego observó con curiosidad a un mercader, al parecer, francés. Clavando sus enormes ojos negros en el. No, no podía ser el. Paso por su lado buscando a alguien…