View Full Version: Despedida: Ciudad de Metz (Lorraine)

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Title: Despedida: Ciudad de Metz (Lorraine)
Description: 23-VI-1226


Elois D'Umbrelle - February 2, 2007 10:37 PM (GMT)
Una vez Elois de Saboya inició su ascenso para llegar a ser Elois de Orleáns, pero si bien es cierto que donde más afín se sentía la controvertida Ventrue era en el ducado de Lorena. Quizás gran culpa de ello la tuviera su sire, Guilles. También puede que Harald, su mentor, ejerciera un gran influjo sobre la dama.
La cuestión definitiva es que siempre había conservado y guardado un cuidado especial para su residencia de verano, por motivos que sólo ella conocía... ¿Nostalgia?...

Era el momento adecuado para realizar la última visita al hogar ancestral, que una vez la viera nacer, y morir, para resurgir en la sangre de Caín. Aquella era su despedida para con su tierra y así vagó sin más compañía que solitarios pensamientos por los páramos de aquel lugar que tantos recuerdos y vivencias la traía. En su hogar, Elois se sentía más fuerte si cabe que en ningún otro lugar del mundo. Si Geoffrey y sus descerebrados lo hubieran sabido, jamás habrían tomado el Chateau en París y hubieran ido directamente a por aquel reducto de paz de la ventrue, sin embargo, el ser tan reservada y desconfianza la dotaba cierta ventaja.

La luna sería su complice por esa noche en la que Elois D'Umbrelle iniciaba su despedida de la Francia tal como se la conocía con un extraño pálpito en su pecho, emulando los latidos de un órgano que tiempo atrás dejó de funcionar. Por supuesto había una causa que justificase tanto su comportamiento paseando sola en los jardines de su residencia, como en el mero hecho de que por vez primera en no menos de cinco años se arreglase y ataviase con sus mejores galas. Mas no era síntoma de debilidad, de sobra se conocía que el corazón de la ventrue no albergaba ya sentimientos, ¿o sí?, ésta causa podría ser la clave de todo aquel entramado, de aquel viaje a su villa... La dama había tomado una decisión trascendental sobre su futuro asociada al futuro de la propia Francia...

Un paso, otro, silencio y más silencio. Elois paseba calma junto a los lirios de su jardín embriagada por un anhelado encuentro.

Alexander - December 9, 2007 03:39 PM (GMT)
Un hombre poco destacable llegó a la Chateau. Iba cubierto con harapos, y una capucha ocultaba su rostro. El caballo iba extenuado por una cabalgata forzada y rápida, pero la sangre que corría por las venas del animal lo mantenía siempre vivo, siempre al galope, siempre fuerte.

Y sin embargo, en aquel hombre tan poco destacable, aquel mendigo en una era de mendigos, había algo extraño que la gente sentía a su paso y se apartaban.No sabían decir que era, pero era algo peligroso, en exceso.

Puede que Geoffrey no conociese la Chateau de Elois, pero había alguien en Paris que conocía la ciudad mucho mejor que su Príncipe, y que conocía a sus habitantes mejor que los mejores espías. Había gobernado esa ciudad desde que había llegado a fundarla con las Legiones Romanas, y había sido expulsado por su advenedizo Chiquillo. Ahora era hora de la venganza. Llevaba años maquinándola en el exilio, pero las piezas al final estaban casi listas. Sólo faltaban dos pequeños toques, dos detalles. Y mientras las huestes se preparaban para la guerra, en las sombras del mundo de los nomuertos se movían peones más importantes, y destinos más grandiosos.

El hombre encapuchado desmontó frente a la Chateau y entró con el caballo de la mano, atándolo a uno de los árboles. Desechó a los sirvientes que vinieron a expulsarlo por ser un mendigo con tan sólo una mirada, una mirada que ellos recordarían hasta el momento de sus muertes. Y de su boca cerrada sólo salieron unas pocas palabras.

-Llevadme ante vuestra Señora.-

No hacía falta ni que usase el poder de su sangre, ella lo estaba esperando.

Elois D'Umbrelle - December 10, 2007 11:07 AM (GMT)
Temerosamente aquel vagabundo fue conducido inmediatamente hacia los jardines de la villa, aún más, llevado hacia donde crecían los lirios interrumpiendo la soledad de la señora del lugar.

La presencia de Alexander no pasaría desapercibida, pues a cada paso que daba impregnaba con su vitalidad el entorno, así mucho antes de que el criado indicara ésta presencia a su ama el corazón de ésta sintió estremecese, motivo por el cual el puño de la ventrue se hallaba cerrado fuertemente sobre su pecho tiempo antes de que llegasen ante ella.

Tras girarse y sin mirar al extraño huésped despidió de inmediato con la mirada a su leal siervo, sin mediar palabra. Ella nunca las necesitaba pues sus siervos estaban más que adiestrados en sus labores y los deseos de su señora.

Habeis venido...

Atentamente siguió con la mirada como el criado se alejaba para dejarlos a solas, en tanto que inquiró contundente al vagabundo, mostrando su fuerza y determinación con una voz neutra, propia de un noble fastidiado por la molesta intrusión que le habían ocasionado.

- Acercaos

La diligencia y el trato indiferente acabó cuando al fin quedaros sólos, huésped y anfitriona.

Los ojos de Elois se centraron sobre aquel repulsivo viajero que había osado interrumpirla. Dio un paso al frente guardando una distancia prudencial con el individuo y finalmente adoptó un tono más familiar en su voz, dulce, afectuoso.

- Sire.

Cuando concluyó de hablar sus rodillas largo tiempo llevaban flexionadas, su rostro agachado y todo su cuerpo reverenciado al unísono cuan subordinada se sentía, ofreciéndole el recibimiento propio de un rey a aquel vagabundo. Ciertamente habría sido una escena entrañable, dificil de explicar para unos ojos ajenos al entorno de la noble ventrue.

Elois no levantaría su cabeza ni movería un músculo hasta no recibir permiso para ello en tanto que disimulaba el éxtasis que la recorría por tan intrigante y anhelada presencia.

Al fin mi señor...

Tenía tanto que decir, que explicar, que preguntar y sin embargo yacía en silencio al amparo de un gesto amable de... su señor.

Alexander - December 10, 2007 01:33 PM (GMT)
Alexander se bajó la capucha de sus harapos desvelando su rostro. Había cambiado. Seis largos años en el exterior cambiaban a un hombre, incluso a uno tan antiguo y grande como el matusalén.

-Dama Elois- saludó, con una reverencia de la cabeza.

Por mucho que ella se inclinase ante él, él ahora no poseía tierras en Francia, mientras que ella acababa de conseguirlas. La estrella de ella había ascendido en su exilio forzado de París, como lo había hecho la de Alexander en su exilio de Francia. Y era hora de que esas dos estrellas ocultasen el sol.

Así que, con un suave gesto, Alexander no sólo la invitó a incorporarse, sino que le ofreció el brazo para que caminaran juntos. Hacía demasiados años que ese pequeño placer les había sido negado. Demasiados años de planificar y de oscuridad. Pero ya venía la luz. Claro que venía. Y como el Sol, purificaría la sociedad no muerta de Francia de arriba a abajo.

-Contadme, querida, ¿cómo os ha tratado el tiempo?-

Ciertamente, conocía los elementos principales del drama desarrollado en París y la destrucción de el traidor Capadocio que tanto había ayudado a su Chiquillo a expulsarlos a todos de un modo u otro. El gran soporte de Geoffrey había sido destruido, y aunque el precio había sido caro, había valido la pena.

Ahora quería los detalles. Necesitaba conocer hasta la última fibra de París, y de la dama Ventrue, la última que realmente quedaba digna de ese título en Francia entera.

Elois D'Umbrelle - December 10, 2007 02:28 PM (GMT)

Con tranquilidad se incorporó al tiempo que alzaba su rostro y con éste su mirada plagada de un brillo atípico en sus marinos ojos, fogosos e intensos. Rezumando astucia.

Cortés y como mandan las buenas formas nobiliarias ancló su cuerpo sobre el brazo del gran Alexander. Muy lejos en el tiempo quedaba la última vez que pasearon juntos en los jardines de la Concergierie, Elois estaba muy emocionada también, pero el tiempo siempre jugaba en favor de los condenados y en este caso, hacía ya demasiado que la Ventrue había aprendido a controlar y usar las emociones, no en vano era una de las más terribles arpías de toda Francia, sino la mayor.

El paseo junto a los lirios había comenzado y al fin la voz de un ser superior se hizo presente casi capaz de quebrar las delicadas piernas de la doncella que junto a él gozaba de la noche, no obstante su entereza era bien grande y un incierto propósito había condicionado esa tan esperada reunión.

Una delicada sonrisa para con su señor, contenida, pues el júbilo que encerraba desde que rozara al fornido cainita jamás sería liberado y aunque éste se mostraba algo cambiado y bajo unas vestimentas que para nada le hacían justicia, la fuerza que emanaba era reconfortante, un fiel reflejo del Alexander que una vez Elois conoció, admiró y... Un icono a seguir entre los Ventrue.

- No como hubiera querido mi señor, pero son meras pequeñeces en comparación con la desdicha que ha soportado el príncipe de Lutecia.

Elois sabía perfectamente que palabras usar, Alexander siempre había preferido ese título, ella también. Pero prosiguió informándole pues es lo que el monarca solicitaba.

- Por ahora me hallo bien afincada en Normandía, mi influencia crece noche tras noche, así como los aliados aumentan y enemigos perecen o doblegan.

La mirada de la Ventrue se perdió sobre el jardín el instante en el que aseveró nu sutil comentario con crudeza.

- Sin piedad.

No buscaba la aprobación de Alexander, pero si. Acto seguido retomó la conversación con naturalidad.

- La verdad es que tuve que exiliarme de París, pues al parecer Trang Oul de Capadocio sufrió un duro percance del cual se me considera responsable.

Elois sonrió con malicia y prosiguió.

- Existe una guerra abierta contra los lupinos y la ciudad ha entrado en una grave crisis política, digamos que la incertidumbre reina en la noche parisina así como los cainitas no saben a quien seguir ni tan siquiera si merece la pena.

Una situación propicia para un... cambio...

La ventrue sospechaba que Alexander sabía parte de todo lo que le contaba, por lo que era conveniente cederle el peso de la conversación a éste y que él abordara los temas en que más le interesase profundizar, impensable tratándose de Elois D'Umbrelle, pero el príncipe tenía esas deferecias.

- Mi señor no deseo aburriros con vanalidades si es relevante conocer algún dato sabeis que siempre estoy a vuestra absoluta disposición.

Era el momento de hacer un leve giro para otorgar la trascendencia de todo al gran Ventrue.

- Pero vos, me hallaba sumamente preocupada por vos, sobre todo desde los rumores sobre el encuentro con vuestro hermano.

La verdad es que ardía en deseos de conocer lo ocurrido, pero nunca haría la pregunta directa, así nunca dejaría a Alexander en el compromiso de responder ofreciéndole la alternativa de una respuesta vacua y dispersa.


Alexander - December 10, 2007 08:35 PM (GMT)
Elois había cambiado. Alexander lo notó incluso antes de que comenzasen a hablar, simplemente en la forma en que ella le tomó el brazo. Permanecía el afecto y camaradería de tantos años juntos, pero su forma de moverse, de gesticular, de permanecer a su altura en el encuentro... ella había madurado.

Y eso era importante. No necesitaba más esclavos sin voluntad, lo que necesitaba era a aquella dama que empezaba a florecer en el interior de la Ventrue, que al fin tenía un objetivo. Elois debería haber sido su Chiquilla, no el débil de Geoffrey, perdido en las ilusiones del honor.

Y sin embargo, sus ensoñaciones se vieron interrumpidas al escuchar aquella palabra mágica. Hacía años que no la oía, y aún así, resonaba en su mente como el tañido de una campana. Lutecia. Las imagenes de las Legiones romanas desfilando, de las luchas contra los Galos, Julio Cesar... tiempos en que el honor, el deber y el poder iban mano a mano, no enfrentados como era hoy en día. Tiempos en que la política se hacía con la cabeza y la espada al mismo tiempo.

Con una sonrisa distante, regresó al presente. El pasado, pasado estaba, y había mucho que hacer en el presente.

-Me alegro de que vuestro poder crezca, querida, pues vamos a necesitar de todo el poder que habéis reunido antes de nuestra batalla más dura.-

Hizo una pausa, mientras terminaba de escuchar el breve resumen de la situación que la Ventrue hacía. Ciertamente eran cosas que sabía, pero escucharlas de su suave voz era muy diferente de escucharlas de un heraldo cualquiera.

Mi hermano... al menos en la sangre, ciertamente. Aquel arrogante hijo de puta que creía que me podía tratar como mierda simplemente porque mi Principado me había sido usurpado. Aprendió, claro que aprendió.

-En cuanto a Hardestadt el Viejo, es poderoso, inteligente y habilidoso. Pero su futuro está tan sellado como el de la mayor parte de quienes son así y se confían demasiado en su propia capacidad. Sus propios descendientes lo devorarán, sin perdón, como una vez hiciera Geoffrey conmigo. Pero he aprendido...-

El puño libre se cerró brevemente al mencionar al Chiquillo pródigo convertido en traidor. Pero luego se relajó. Odiaba a du Temple, pero con estos años aquel se había convertido en un odio frío, refinado, inteligente... infinitamente más peligroso.

-Tengo aquí una carta, un regalo para vos por todo lo que habéis hecho y lo que sóis. Un regalo que seguro que os gustará. No es para vos, sin embargo...-

Hizo una pausa, a medida que sonreía con malicia pensando en lo que venía a continuación.

-Es para que se la déis en mano a mi Chiquillo.-

Terminó la frase, la sonrisa más amplia que nunca, violenta y terrible. Ciertamente, era hora de dejarse de mover peones y comenzar a mover las fichas de verdad en el tablero.


Elois D'Umbrelle - December 11, 2007 02:20 PM (GMT)

Pasear con Alexander era como recorrer las ruinas del senado en Roma, respirar el pasado en el presente y deleitarse con la grandeza que aún perdura. Para aquella noche la dama tenía serias dudas, tenía muchos planes e intrigas, pero sobre todo quería resolver la incógnita del monarca. Una vez encaramada a su brazo se disiparon muchas incertidumbres, su señor la necesitaba, entonces volvería a por su reino.

La satisfacción colmaba a la Ventrue que no cabía en si, el éxtasis se le subía a la cabeza e incluso la vista se nublaba por momentos y aunque mantenía la compostura no podía evitar una pérfida media sonrisa sobre su pálida faz.

Alexander rehusó exponer lo ocurrido con su hermano, suyo era el derecho pues la dama le dio esa opción, sólo a él. Tampoco había mucho que decir ya pues retomando sus palabras, él la necesitaba, necesitaba su influencia, su poder... Sólo podía significar una cosa. Iba a regresar, a luchar y vengarse de todos los bastardos que una vez conspiraron para derrocarle, e incluso atentaron contra ella tiempo después pero fracasaron en cada intento... lo pagarían.

Un paseo de cálido desarrollo hasta el justo instante en que el matusalén mencionó algo sobre un presente. Un presente para ella, un regalo del príncipe exiliado…

¿Qué podría ser?

Y entonces Alexander prosiguió el relato, una misiva que debía entregarse al indigno Du Temple, en mano. El rostro de su señor mostraba un sentimiento escondido de rencor adornado por una incómoda sonrisa; Elois las conocía y usaba muy bien, reconociendo al instante que éste encerraba algo más… ¿Sería apropiado averiguar el qué?

- Desde luego mi señor.

Elois aseveró con determinación, ya intentaron capturarla sin éxito. Casualidades de la vida Maxence de Toreador había sido ejecutado por el propio Geoffrey, quizás como pago por su fracaso. Su chiquilla había sido capturada, sacrificada.

Detuvo su paso y por su mente rondó el pensamiento de saber más sobre aquella misiva, aunque había otras incógnitas que debían resolverte antes que el contenido.

Con firmeza se encaró a Alexander y una voz autoritaria replicó. Esta ocasión si se merecía una pregunta directa, sin lugar a error.

- ¿Cuando desea mi señor que le sea entregada?

Luego suscribió con cierta mordacidad creciente en su tono.

- ¿Y bajo qué condiciones?

La noche era larga y tenía más tiempo para averiguar el contenido que la tenía intrigada, por supuesto si antes no le era anticipado por su señor y de ese modo la hacía partícipe de aquello que tanta gracia le hacía.

Alexander - December 11, 2007 10:37 PM (GMT)
La sonrisa de Alexander se amplió un poco más, pensando en lo que vendría. Pero había que ser paciente, no sería algo inmediato. Paciencia. Seis años en el exilio, un poco de paciencia no le dañaría a estas alturas.

-Presentaros en la Concergerie. Lo conozco de sobra, os mandará arrestar, pero siempre os llevasteis bien con el bueno de Icaro. Geoffrey querrá lucirse en su victoria y quizás sonsacarte algo. Entonces, en su momento de victoria, entregadle esa carta.-

Sonrió brevemente.

-Y ved como su mundo se derrumba.-

Ciertamente, sólo sería el comienzo, pero la sentencia ya estaba sellada en ese papel lacrado.

Elois D'Umbrelle - December 12, 2007 09:06 AM (GMT)
La idea de acudir a la Concergierie no era muy del agrado de la Ventrue, aunque tuviera ganas de volver a ver cara a cara a Geoffrey, sin embargo dudaba que éste le concediera la ventaja de hablar pues muy calada la tenía ya. Era arriesgado y casi seguro que perecería, pero fue Alexander quien se lo había solicitado, no había lugar para la negativa. Elois no lo pensó dos veces antes de asentir rotundamente con su cabeza y recrear la determinación de su mirada sobre los ojos del mismísimo monarca.

- Si mi señor lo desea, así se hará su voluntad.

Si debía perecer a manos de Geoffrey sería donde ella eligiera y no esperando temerosa a que llegaran los cazadores de cabezas que éste contratase. Por algo era una Ventrue y la sangre más noble de los hijos de Caín recorría sus venas.

Acto seguido su mirada se tornó escrutadora, indagando sobre los propios ojos del anciano tan penetrante como siempre resultaba y hacía dificil sostener el contacto directo con aquellos centelleantes ojos marinos. Elois obedecería sin preguntar, sin rechistar sin necesitar más instrucciones, pero la sombra de la demencia que había llevado al gran monarca al exilio era una preocupación, tal que enmascararía sobre la suya propia.

Si envías alguien a su muerte segura es justo saber porqué

Aunque la justicia era ciega y en manos de un ventrue casi inexistente, ella lo sabía pero a pesar de todo debía averiguar o cuanto menos preguntar, no era un mero títere más.

- Mi señor, ardo en deseos de ver el rostro de Du Temple cuando le haga entrega del presente, incluso desearía que vos pudiéseis contemplar su horror para saciaros por su afrenta.

Sonrió y apartó su mirada tornándola sobre el jardín.

- Os confieso que llevar a cabo tal empresa para vos es la mayor recompensa que podría esperar de mi existencia, así como el serviros.

Sus ojos volvieron a clavarse sobre él.

- Aunque mayor gozo habría si conociese cuanto menos lo que esta misiva refiere.

Sonrió dulcemente.

- Siempre y cuando esta humilde sierva sea merecedora de tal deferencia por parte de mi señor.

Ciertamente había formas y formas de solicitar algo y así como antes otorgase el beneficio de eludir preguntas ahora zalamera buscaba palabras para encerrar a Alexander en una respuesta directa. No obstante, Elois no esperaba una respuesta pero si no le preguntase quedaría como una necia ante éste. Eso jamás.

Si el príncipe no quería responder tendría recursos para evadirse o por contra simplemente podría denegar la petición y para nada encontraría reproche en la ventrue, la vida nobiliaria era su no vida.

Alexander - December 12, 2007 04:08 PM (GMT)
-Me temo que yo no podré tener ese placer, aún es pronto para que pise Lutecia de nuevo. Faltan preparativos, si no deseo que Salianna me vea venir.-

Hace una pausa, ponderando si realmente iba a responder esa cuestión o no. Pero finalmente sonrió levemente burlón, con sus ojos centelleando por un momento.

-En cuanto al contenido de la carta, sólo puedo deciros ahora que es un regalo para vos. Aceptadlo con gracia cuando llegue, como si lo hubieseis sabido desde el principio. Y uasdlo bien y con cuidado.-

Sonrió de nuevo, dando ese tema por cerrado.

Elois D'Umbrelle - December 14, 2007 10:24 PM (GMT)

Y así el tema había quedado cerrado, el monarca había hablado sin desvelar la incógnita, insistir sería absurdo por no decir que irrespetuoso e impropio. No había motivos para desconfiar de Alexander. Además Elois tenía las espaldas bien cubiertas y si algo malo le ocurrían se sabría entonces de lo que era capaz la astuta ventrue, no en vano tenía fama de sagaz.

Una sincera sonrisa valió para aceptar la respuesta de su señor olvidando la furia que sus ojos denotaron tras escuchar aquel nombre maldito. Salianna. Elois también era paciente y tarde o temprano resolvería su vendetta.

Una mueca en su faz seguida por una nueva sonrisa.

- Las últimas nuevas de París dicen que Geoffrey ha ejecutado a Lord Maxence.

Esas eran nuevas exquisitas, con Trang Oul y Maxence los pilares de gobierno se desplomaban y Alexander debía saberlo.

- También creo haberlo distanciado lo suficiente de Lord Constanza como para sembrar una duda razonable entre ambos que implique una desconfianza mutua.

No obstante aún quedaba Castellar a quien esperaba ver pronto, pues tenía algo que la pertenecía. Aenor. Luego quedaban Aureus (un gangrel) y Zack, el verdadero enigma y Goratrix, el usurpador...

Elois había hecho los deberes, sin que nadie se lo solicitase y esperaba agradar con ello al gran Alexander, aunque aún quedaban flecos por perfilar.

- Sin embargo, me preocupan sus vasallos más directos, Von Himmler, Montalban, Marlene y...

Suspiró lacónica.

- Y Lord Icaro. Aún no sé como pudo servirle al igual que a vos.

Ese era el único reproche que Elois procesaba hacia su viejo amigo a quien nunca se lo confesó, pero en esa ocasión surgió el tema y más que nada le preocupaba el tener que actuar contra él. Incluso buscaba algún indicio en Alexander, esperaba oír de su boca que Icaro le era leal, que espiaba para él, que hacía una gran labor y cuando regresase a París ocuparía el lugar que le correspondía junto a su señor.

Alexander - December 15, 2007 03:50 AM (GMT)
Alexander sonrió osucro al oir del destino del Primogénito Toreador. Siglos hacía que conocía a Maxence, él mismo lo había nombrado Voz de los Toreador. Y ahora, tras sus complots y manejos, había encontrado el final.

Le ahorraba trabajo de limpieza que hacer, y debilitaba al enemigo.

-Algo de eso ha llegado hasta la corte de Barcelona. ¿Qué hizo Lord Maxence para ganarse ese destino? Los rumores al respecto eran contradictorios, por no decir bastante poco creíbles.-

Lo cierto es que había oído de todo, desde que era Diablerista, a que Geoffrey lo había eliminado simplemente por el placer de hacerlo, o que el Primogénito se había vuelto loco y había atacado al Príncipe Usurpador en la propia Concergerie.

Las nuevas sobre Maximo eran nuevas, y deliciosas. Así que se tomó su breve tiempo para paladearlas y disfrutarlas. Una decena de Primogénitos en la ciudad, algunos completamente sin relación con el Principado. Y de sus apoyos, tres estaban destruidos o alejados ya. Excelente.

-Contadme de Maximo. Siempre ha sido inteligente, y ambicioso desmedidamente. Siempre supe que, una vez que viese a Geoffrey debilitado, él mismo saltaría sobre su cuello. Su propia ambición es lo único que lo hace manejable, pues su poder y edad lo hacen un gran rival. Y uno que no se amoldará a nuestros intereses...-

Sin embargo, había otro pilar que ella no había mencionado, y era preocupante.

-¿Y qué se sabe del ejecutor Von Vertzang? ¿Y de Castellar?-

No había olvidado, no, cómo era la espada del Tzimisce la que estaba al lado de la del Brujah cuando el advenedizo se había presentado ante él. No, no lo había olvidado. Al resto de los conspiradores podía aceptar manejarlos y manipularlos a su antojo, pero esos dos serían destruidos.

Trang Oul también lo habría sido, el primero, de no ser porque Elois se le había adelantado en ello.

-¿Y de esa rata infecta de las Catacumbas?-

Zack Thomas sería en quien pensaría Elois. Pero Alexander sabía que en París sólo había dos Cainitas realmente capaces de hacerle sombra. Goratrix era uno, pero su Clan era débil en la ciudad, y estaba lejos de sus centros de poder. Era manejable. Pero bajo la ciudad estaba la Cainita que le había dado la bienvenida cuando había llegado a Lutecia con las Legiones por primera vez, Mnemach. Pocos Cainitas de estos tiempos fuera del Clan Nosferatu siquiera habían oído su nombre, pero Alexander no dudaba ni por un momento que era ella quien tiraba de los hilos de Thomas, incluso desde su sueño de las eras.

-En cuanto a sus vasallos directos, no os deberíais preocupar más que por Von Himmler. Él es el único que realmente podría tener la cabeza suficiente como para organizar algo. Montalbán es inteligente, pero es demasiado directo para ser un rival real. Marlene es demasiado joven, correrá a esconderse de nuevo con su Clan bajo tierra. Y Anna morirá, por seguidora de Salianna... En cuanto a Icaro, siempre ha sido Ventrue, y como nosotros busca el poder. Ha encontrado su nicho, y se dedica a él, sin buscar más, sin aceptar menos. Nos servirá como leal Chambelán cuando él caiga.-

Sabía de sobra de la antigua amistad que unía a Elois con Icaro. Así como sabía de la falta de escrúpulos del Chambelán. Y, de todos los vasallos directos del Príncipe, aquel era sin duda el más peligroso, y lo demostraría tan pronto su posición se viese amenazada. Demasiados en París le miraban hacia abajo, ignorantes de que él sabía cosas que ni los Nosferatu sabían, secretos que tan sólo unos pocos compartieron. Al fin y al cabo, llevaba más de un siglo como Chambelán, y bajo su apariencia apacible y tranquila vivía el ambicioso y exigente Ventrue que corría por todas las venas de los miembros del Clan.

Elois D'Umbrelle - December 15, 2007 10:27 AM (GMT)

Así que era cierto, Alexander ha tejido sus redes hasta Iberia. Como suponía Lady Katriana deambulaba en París espiando.

La mirada de Elois se mostró impenetrable en tanto que sus pensamientos la abstraían mientras escuchaba pacientemente a su señor. Una vez el monarca terminó llegó el momento de apelar a sus demandas, algo que no costaría a quien usa la palabra como medio de subsistencia.

- Me temo que no me encuentro tan bien informada como vos mi señor, pues mis quehaceres me tienen en continuo movimiento recalando aliados en toda Francia.

... e Inglaterra...

Tampoco merecía la pena extenderse en ese nimio detalle con Alexander, una verdad a medias tampoco le haría daño, y aunque él ahora buscase aliados en Iberia, hacía tiempo que ella había aprobado esa asignatura, enviando soldados franceses para combatir en la reconquista. Desde las Navas de Tolosa existían varios caínitas que la debían un pequeño favor, pero tiempo al tiempo, era hora de colgarse una medalla aunque no la correspondiera el privilegio.

- Sobre Maxence no sabría precisaros el motivo exacto mi señor, unos dicen que desafió a Geoffrey, otros que conspiraba para derrocarlo.

Sonrió con malicia.

- Sólo os puedo añadir que intentó capturar a aquella que mi señor tiene ante si pero con la mala fortuna que se hizo con mi progenie Aenor de Richerieu.

La crueldad volvió a su rostro. No era tanto el dolor por la pérdida como por la afrenta en si y así llegó la hora del beneficio.

- Mis vasallos tienen una teoría al respecto y es que recibió el justo castigo fruto del desafio a su señora. Como sabeis las redes conspiradoras de Elois son inescrutables.

Volvió a sonreir mostrando su faz más despiadada al igual como atribuyéndose parte de la culpa en esa destrucción. Dos de dos.

Sin variar un ápice su rostro prosiguió actualizando al príncipe con sus conclusiones.

- Lord Constanza

Un silencio prosiguió largo y tendido a la par que mostraba su reflexión sobre el magister.

- Sin duda es el énemigo más peligroso a considerar, sé como tratar e los de su calaña y estoy segura que me considera valiosa dentro de sus planes pues le he allanado el camino y es que no dudo que desde el principio anhelaba la corona de Lutecia. No descarto que haga su jugada en breve.

Aunque sabré sacarle partido pues un París debilitado, dividido, es más fácil de conquistar.


Elois sonrió pícara, desplegando su arsenal de más de mil rostros cortesanos uno a uno.

- Sin quererlo el jugador se convertirá en pieza del tablero, pues mi señor deberá reconocer que mi señor posee más ingenio y sabiduría que Maximo, además ha sido advertido que si un clan distinto al ventrue ocupa la corona de la ciudad sufrirá mi ira y aunque lograra encontrar un títere al que situar y manejar entre los patricios no haría más que hacernos el trabajo sucio.

Elois se detuvo, ella y Máximo jugaban al peligroso juego de la astucia, el magister partía con ventaja aparente al conservar su estatus en París, pero la dama de Orleáns tenía más de un as bajo su manga, en muchas ocasiones jugaba con más de una baraja.

El silencio se sucedía y aunque no había vergüenza en su rostro pues no existía motivo para ello, si que se retrajo un poco ante la revelación que haría al gran ventrue.

- Mi señor, así como ha Máximo a otros muchos cainitas les he hecho saber mi interés personal por ostentar el trono, de hecho varias alianzas que he forjado ha sido a través de futuras concesiones una vez alcanzase la corona, incluso Geoffrey sospecha que es mi deseo pues he procurado que cada movimiento que realizaba fuera encaminado hacia las ansias de conquistar y gobernar la ciudad.

... pero ese no es mi trono, sino el vuestro.


Calló un breve momento observando la expresión de Alexander intentando intuir su respuesta, sus pensamientos antes de que este siquiera los plasmase.

- Cuando los deseos de nuevas de mi señor queden saciados me gustaría obtener la sabiduría del gran Alexander sobre este asunto si así se me permite la osadía.

Era un tema escabroso cirtamente y aunque ella jamás querría para si el ilégitimo trono de París debía aclararlo con su señor, por no decir que era una formidable estrategia para encubrir la relación con Alexander bajo un halo de ansias de poder desmedido.

Emprendió el relato para saciar a su señor.

- Von Vertzang ha demostrado que es un cainita carente de honor y el tiempo sitúa a cada cual en su lugar. Tenía un pacto con él para acabar con Geoffrey que rompió atacando mis dominios, fue nombrado escudo de París y desposeido de ese título poco después. A día de hoy se halla sumergido en una guerra personal contra todo y todos, los lupinos, los usurpadores...

Había que andarse con cuidado al respecto de los usurpadores pues desconocía la postura actual de Alexander, aunque no por ello negaría sus contactos.

- De hecho, cuando Vertzang rompió su pacto no dudé un instante en recurrir a sus venerable némesis para deshacernos de éste y aunque aún no he alcanzado mi objetivo final, creo que contaría con el apoyo del clan de los usurpadores en esa empresa así como en la trancisión de poder. Por contra no son muy de fiar y en los tratos con ellos debe andarse con pies de plomo siendo el motivo de la lentitud en el avance.

Tocaba el turno a Castellar.

- La actual espada de París y cabeza de los brujah es indiscutiblemente la herramienta más usada por Geoffrey, los celotes son la columna vertebral de la defensa parisina, Axiz de brujah comanda la Orden de la fleur de Lys recientemente creada y los brujah con Castellar a la cabeza son la principal fuerza de choque. Es por ese motivo que me reservo el placer de seducir a Lord Castellar hacia mi lado pues en un principio estimé oportuno acabar con éste, a medida que transcurren las noches creo más factible usarlo mientras sea útil. De hecho creo que sería el golpe perfecto para contrarrestar a Lord Constanza.

Realmente lo pensaba, aunque siempre había respetado a Castellar, de hecho sentía como existia un respeto mutuo, incluso recordaba con cierto cariño las charlas que juntos mantuvieron en el pasado, debatiendo y refutando ideas. Buenos tiempos desde luego que pensaba recuperar aunque si Alvaro no entraba en razón no tendría piedad con él. Elois sólo tiende su mano una vez.

Resopló, pues la rata infecta de Zack Thomas era quien más la preocupaba y no sabía muy bien como acuar frente a él.

- En cuanto a la rata infecta que mora las cloacas, poco puedo deciros de él. Me temo y debo reconocer que Zack Thomas de Nosferatu escapa a mi alcance, es impredecible y esperaba que mi señor pudiera arrojar algo de luz sobre como tratar con él y su clan.

Y finalmente suspiró, aliviada por el interés o la falta de éste que Alexander mostraba en el bueno de Icaro. Escuchar que conservaría su posición y aún más importante su existencia era más que reconfortante pero no lo dejaría notar atacando el tema del vasallo de Geoffrey más peligroso de inmadiato.

- Von Himmler sin duda es la pieza clave, por algo es un Ventrue. Cree mi señor conveniente que acabe con él porque hace tiempo que manejo esa posibilidad y tiempo ha desde que los assasyn de Al Andalus me deben un gran favor por el que podría exigir como pago la cabeza de Von Himmler.

Elois calló, escucharía nuevamente la voz de las edades, la conscincia de París, la experiencia del gran conquistador. Después retomaría el escabroso asunto del principado asociado ha su persona.



Alexander - December 16, 2007 01:45 AM (GMT)
Así que el secreto de la destrucción de Maxence permanecía encerrado entre las murallas de París. Bueno, había tiempo, y con esa rata destruida, no había prisa en descubrir las causas. Geoffrey podría haber sido amenazado, o simplemente haberlo creído, daba igual. Lo que importaba era que los Primogénitos sabían que estaba dispuesto a ejecutar a uno de ellos, y eso los haría actuar u ocultarse. Eso era bueno, haría sus manos más sencillas de leer.

-Lamento vuestra pérdida, he oido que la joven de Richerieu era prometedora, y con vos como maestra estoy seguro de que hubiera llegado lejos. Aunque que os hayáis ganado esa fama es importante, y que nadie sepa realmente quien tira de los hilos de la destrucción de Maxence nos beneficia. Al menos, fuera de Lutecia, pues imagino que en la ciudad si que se sabrá. Ese tipo de secretos son complicados de guardar.-

Maximo ciertamente era un peligro. Probablemente habría que eliminarlo antes o después, a menos que se actuase muy rápido y no se le diese tiempo a mover sus peones iniciales. Y tal y como estaban las cosas, eso era cuando menos complicado.

-Si se mueve rápido, Maximo puede arrebatar el Principado, pero no podrá consolidarlo antes de que golpeemos. Si se mueve despacio, se encontrará luchando en debilidad en dos frentes: contra Geoffrey y contra nosotros. Sólo si no se mueve saldrá bien parado... aunque dudo que lo haga. De todas formas, esas alianzas que habéis formado nos serán enormemente útiles, espejos contra espejos, que impiden que se vea la imagen real del otro lado.-

Ni siquiera Elois la veía completamente. Pero ya llegaría el momento.

-La Guerra de la Profecía ruge con fuerza en los Cárpatos. Si conseguimos que ruja con la mitad de fuerza en Lutecia, Tremere y Tzimisce serán destruidos. Los segundos viven aislados en su torre, y si decís que los segundos ahora viven en abierta oposición a todos, gran parte de nuestro trabajo estará hecho. Pronto correrá la sangre de los Demonios, y quizás la siga la de los Usurpadores si no saben ponerse donde deben rápidamente.-

Las noticias de los Brujah no eran sorprendentes, pero si que tenían cosas novedosas e importantes.

-¿Qué es esa Orden de la que habláis? ¿Cual es su historia y función?-

Ciertamente, lo último que quería era otro jugador en el tablero. Y si Geoffrey había estado reforzando la posición de los Brujah de la ciudad, como parecía, quizás si que estuviese haciendo un trabajo decente en mantener el trono. Al menos, todo lo decente que se podía hacer, siendo un inepto. Desde luego, lo que estaba claro era que una vez que se cercenase el apoyo de los Celotes al Principado, Geoffrey estaría sólo y abandonado. Sería una presa tan sencilla que casi sería aburrido.

Pero aún faltaba mucho trabajo para poder encargarse de ello, aún cuando los rumores acerca de Castellar dijesen que se había encerrado después de que su familia morta hubiese sido destruida. Ciertamente, era bueno cuando los planes funcionaban, y aún le debía un pequeño favorcillo a Monçada por haber arreglado aquella caída.

Pero eso de que un jovenzuelo como Axiz estuviese ganando poder no podía ser bueno. Los jovenes eran manipulables e influenciables, carenets de poder real, pero de gran pasión y ardor. Probablemente muriese antes que abandonar a "su Príncipe".

-En cuanto a los Nosferatu, de Zack Thomas habrá que guardarse. Pero cuando llegué el momento, yo le callaré. Puede que sean los maestros de los secretos, pero hay cosas que ellos quieren ocultar que yo conozco. Nada me es invisible en mi ciudad.-

Ciertamente, esta vez tendría que tener una larga y dilatada conversación con Mnemach. Pero ella, la más peligrosa de todos los enemigos de la ciudad, tendría que ser la última en caer.

-En cuanto a Himmler, no hagáis nada con él. Mientras esté Geoffrey con vida, su poder y peligro son menores que el daño que nos causaría su destrucción. Probablemente vuestro regalo desapareciese si algo le ocurriese a Erik, y quizás vuestra no vida con ello, al menos sufriría serios percances. Ya habrá tiempo de encargarse de él, después, con tiempo. Después de que hayan visto el próximo movimiento, cuando el polvo se asiente. Entonces sacudiermos de nuevo el tablero debajo de ellos. Que nunca encuentren pausa, ni equilibrio. No debemos jugar todas nuestras cartas a la vez, al fin y al cabo.-

Hizo una breve pausa, mientras su mente cavilaba sobre los caminos del futuro.

-¿Y sobre qué es lo que deseáis mi consejo, querida?-

Elois D'Umbrelle - December 19, 2007 07:26 PM (GMT)

Para alguien sagaz las palabras de Alexander tendrían mucha relevancia, para alguien docto en política eran una hábil herramienta, sin embargo Elois veía mucho más allá de todo lo dicho y leyendo entre líenas obtenía una jugosa información, no en vano su percepción global la hacía anticiparse a sus adversarios.

¿Sería von Himmler una herramienta del príncipe?, ¿Icaro quizás? y mucho más importante, que conocía Alexander que pudiera dejar en jaque al escurridizo Zack.

Maquinación.

El rostro de la ventrue no reflejaba otro concepto, sopesaba su respuesta para con el anciano, pero aquella noche estaba disfrutando como nunca, con un igual, codo con codo y hacía tanto tiempo desde la última vez que tenía que deleitarse pues nunca se sabe cuando podría volver a producirse un hecho igual.

- Esa orden la creo Geoffrey en una excusa para atribuir más poder al clan brujah.

Sonrió mordaz recordando la noche de la Gran Corte

- Du temple convocó una Gran Corte en Lutecia y ahí dio preocupantes muestras de su solvencia sobre el trono, me temo que no gozaba de la habilidad necesaria para llevar el peso de la ciudad, al menos políticamente. Esa noche se vio forzado a elegir nuevos cargos, alguien intercedió para ganarse al brujah Axiz proponiéndole para un cargo destacado de la ciudad y pronto Castellar y Du Temple acudieron a su rescate. No fue nombrado para el cargo y en su lugar se creó esa orden en la siguiente Corte Minor, atribuyéndole de forma fraudulenta y enmascarada una importancia que a la larga valdrá para ejercer una ley marcial en la ciudad, pues me temo que Du temple es lo único que conoce.

Era obvio quien había enredado todo el asunto, su mirada de inocente cortesana la delataba, pero tampoco se extendería mucho en todo ello.

- Axiz fue nombrado gran maestre, otorgándole posición, una maniobra para arrebatar cierta influencia a la Maestra de la vía, pero hace falta más que todo eso, además no debeis preocuparos mucho pues el joven brujah ha dejado París y con ello huérfana esa orden, aunque estoy más que convencida que pronto Du temple mostrará el fin para el cual fue engendrada. Imponer la lay marcial.

Aquella orden tenía los días contados, ya se encargaría cierta ventrue resentida de que ese hecho ocurriera.

- Aunque para los necios, esa orden se ha generado para preservar el honor y establecer el orden de la ciudad.

Una mueca de hasco se hizo con su faz y mirada reprochándola, expresando su más que desencanto aunque también encerraba la Ventrue un oscuro secreto vinculado a la orden, pero hasta no situar bien sus piezas no asestaría el golpe de castigo para aquellos que la desafiaron. Axiz, Castellar, Geoffrey...

- Los usurpadores son astutos y sabrán lo que les conviene, que no os quepa la menor duda mi señor. Pronto deberán elegir su lugar y sólo existen dos bandos.

Luego aseveró tajante.

- O con Alexander o en su contra.

A medida que la conversación avanzaba la ventrue iba adoptando su talante más serio, su rostro más despiado, sus palabras y tono de voz más crudo, su determinación, pero ya había concluido las demandas de su señor y era hora de favorecerle con su mejor rostro haciendo gala nuevamente de su más que versatilidad cortesana, por algo era un depredador político y tan pronto se mostraba inflexible como poco después endulzaba el ambiente con su carismática sapiencia cortesana.

- En verdad, la situación es compleja, pues como bien comenté a mi señor, bajo una máscara de interés personal he sellado acuerdos que deberé cumplir una vez Geoffrey abandone su ilegítimo trono y es por ello que quisiera saber la opinión de mi señor al respecto, así como si es posible conocer las intenciones del señor de Lutecia una vez regrese a su hogar, desde donde nunca debió partir.

Elois no buscaba una recompensa personal sino salvaguardar su honor y no haber expendido acuerdos que su honor no pudiera pagar después, así sin más quería saber a que atenerse.



Alexander - December 20, 2007 12:29 PM (GMT)
Alexander inhaló brevemente cuando ella terminó, sopesando todo lo dicho y lo que incluía. Una orden de caballería Cainita podía ciertamente ser una fuerza de choque formidable si Geoffrey había encontrado Cainitas dispuestos a pertenecer a ella. Pero los miembros poderosos de la Estirpe no se querrían poner bajo las órdenes de un Gran Maestre débil y ausente como Axiz, de modo que probablemente estuviese formada sólo por Cainitas jovenes, atraidos a la estrella ascendente del Brujah. Y aunque un grupo de Brujah jóvenes sigue siendo una fuerza de choque impresionante, no eran nada comparados con las fuerzas que Alexander había atraído a su lado, como probaba la entrada de Aragón en la guerra del sur de Francia.

Sin embargo, por un momento lamentó que no hubiese antiguos en esa orden. Con el Gran Maestre fuera, a estas alturas la orden ya hubiese estado inservible, dividida entre las luchas internas de quienes querrían hacerse con su control. Una lástima.

Sin embargo sonrió, breve y despiadadamente, a medida que Elois llegaba a formular la pregunta que le quemaba el paladar.

-Lutecia es tan sólo un primer paso, querida. Mi venganza no sólo se limita a un advenedizo chiquillo manipulado por Cainitas más ancianos. No. Quiero las cabezas de esos antiguos, sean de Lutecia, o vistan las rosas de Salianna. Incluso la Monarca encontrará su cabeza separada de su cuello antes de lo que espera. Después... después ya veremos...-

Ciertamente, tenía planeado mucho más que eso, pero con los siglos había aprendido que planear tan por delante era poco menos que inútil. A diferencia de los demás matusalenes, habituados a pensar en el margen de tiempo de las décadas y los siglos, Alexander había llegado a la conclusión de que tanto tiempo sólo hacía que el factor caos se volviese incalculable, debido a que demasiadas cosas tenían que encajar como un reloj demasiadas veces... y eso raramente ocurría, siempre había imprevistos.

Quizás, por eso, era de los Cainitas más antiguos todavía capaces de reaccionar con una cierta rapidez a los cambios en el mundo. Al fin y al cabo, sólo le había costado tres años salir de su hundimiento sorprendido y comenzar a planear su regreso, y otros tres años después aquí estaba. Ciertamente, para un Cainita con mucho más de un milenio a sus espaldas, eso era una recuperación milagrosamente rápida.

Elois D'Umbrelle - December 21, 2007 10:44 PM (GMT)

El desaire que Alexander demostró fue suficiente, ella no necesitaba más para saber lo que tenía que hacer, asintió cortes como le era habitual y con una sonrisa zanjó el tema pues machacar aquel tema sería inapropiadamente necesario.

Elois había sido educada en las viejas costumbres, se la podía denominar el estereotipo del ventrue y no podía evitar vicios arraigados en sus mentores. Era por eso que a diferencia del poderoso señor ventrue sus planes siempre eran a largo plazo pues era la mejor herramienta de los cainitas, la inmortalidad. No obstante su mayor virtud es saber adaptarse a los caóticos cambios y quizás esa diferencia que existía entre ambos era lo que más le llamaba la atención de Alexander, una causa más que suficiente para idolatrarlo y aprender de él como otras tantas veces hiciera de otros ilustres cainitas, patricios en su mayoría. Sin ir más lejos Iulia Antasia o Mitras, aunque siempre se reservaría ese detalle en presencia del matusalén.

Poco más tenían que hablar sobre Lutecia y el tiempo parecía expirarse mas Elois rehusaba a concluir la conversación tan prontamente. Quería disfrutar de la presencia de acompañante.

- Se iniciarán los preparativos esta misma noche y pronto entregaré el presente a Geoffrey.

Tendría que darse prisa pero suponía que en no más de dos semanas podría quedar todo zanjado para el viaje a París.

- Varios cainitas de Iberia me deben diversos favores que quizás sean de utilidad reclamar para mi señor. Sin ir más lejos Don Beltrán de Castro de Ventrue o don Alvaro Yañez de Lasombra puedan proporcionar apoyo militar a la empresa de mi señor. Si su majestad lo permite enviaré misivas para que así sea.

Con sólo desearlo podría tensar la cuerda de las relaciones entre Esclaramonde para aislarla y acabar de una vez por todas con la resistencia de la reina toreador. Ella lo sabía, la toreador también y sólo la oportuna carta de aquel que ahora paseaba a su lado había impedido que no ejecutara su venganza.

- De ser posible una vez Esclaramonde deje de ser útil a mi señor quisiera que saldara viejas cuentas con la justicia Ventrue.

Su justicia. Hacía mucho que estaba pendiente la casual muerte de su sire Gilles en Toulouse, la toreador y ella eran viejas conocidas, dejar claro desde un principio que tarde o temprano se cobraría su venganza evitaría reproches futuros.

Sin más que añadir Elois calló, observó y suspiró.


Alexander - December 22, 2007 02:06 AM (GMT)
Alexander sonrió de nuevo, aunque era una sonrisa diferente, distante y quizás incluso ensoñadora. Recuerdo de otros tiempos de paz, antes de que Salianna comenzase su revolución contra todos los Principados de Francia para proclamarse Monarca. De tiempos en que las cosas eran diferentes.

-Esclaramonde ha cumplido su papel. Hubo un tiempo en que era la segunda más grande de todas las Principes de Francia, y nunca estuvo de acuerdo con el dominio de Salianna. Pero tenía que aceptarlo, pues para cuando la abordó a ella, la "Monarca"- y el desprecio con que pronuncia esas palabras casi es corrosivo- ya dominaba casi toda Francia, y Esclaramonde no tenía fuerza suficiente para oponérsele. Pero cuando Salianna vio a Geoffrey rebelarse contra mi, temió que Esclaramonde acabase haciendo lo mismo contra ella.-

Hizo una pausa, antes de terminar la historia.

-No, en contra de lo que se dice, Esclaramonde nunca llegó a rebelarse, fue Salianna la que inició la campaña de asedio de los cátaros, como medio de ataque a quienes ellos sustentaban. No es de ella quien debemos vengarnos, no, y la justicia no pide su cabeza exactamente. De entre todos los Principes de Francia, es de los pocos que puede llegar a ponerse de nuestro lado. Por eso la vamos a salvar de su derrota.-

Hace una pausa, dejando que esta otra versión de la historia cale en Elois.

-Las tropas de los Lasombra entrarán en el sur de Francia en breve. Ya todo está dispuesto. Pero no serán suficientes para cambiar la ola de la guerra. Tú, en cambio, tienes bajo tu control a uno de los dirigentes de la cruzada. Y eliminar al peón de Geoffrey será un placer, dejándote a ti el control de la campaña. Y quizás haya que eliminar al Rey también, tiene demasiado aprecio por el Duque...-

Y eso era cierto, no en vano le había concedido el control de la plaza de París en su ausencia. Problemático, muy problemático. Tendría que ser un auténtico baño de sangre, tras el cual Esclaramonde les debería un favor tan grande que tendría que enfrentarse personalmente con Salianna. Y mientras ellas dos se mataban... los Ventrue recuperarían su ciudad.

Elois D'Umbrelle - December 22, 2007 10:09 AM (GMT)

Contradecir a Alexander resultaba impensable, ella no lo haría aunque si guardase en el fondo de su corazón el perenne resentimiento hacia Esclaramonde.

Los enemigos del pasado emergen como aliados. Por ahora, así será...

La Ventrue asintió, no presisaba más explicaciones o demostraría no estar a la altura de las circunstancias. Al contrario, lo estaba y muy próximos eran sus pensamientos a los del anciano Ventrue. No eran tan distintos después de todo y quizás la edad fuera la única ventaja que éste tuviera sobre ella, aunque también el poder de la sangre sembraba una disuasoria ventaja entre ambos.

- Permitidme mi señor exponeros que hace no mucho me personé en Lyon, allí y desde entonces, Felipe de Hurepel, hermano del rey, es mi criado y peón en esta guerra. No deseo la muerte de Graville, pues su fracaso en la cruzada podrá atribuírsele a Geoffrey, demostrando su falta de eficiencia.

Una encantadora sonrisa macabra adornó su pálida tez.

- Y para cuando el rey perezca, el duque "du temple" tendrá una disyuntiva entre manos, pues no pocos serán los nobles que rechacen a la castellana Blanca en el trono, máxime cuando los ejércitos aragoneses contribuyan a la muerte del rey.

Elois tenía un plan y bien posicionadas sus piezas, relataría parte a su señor.

- Bajo Felipe consolidaremos el ascenso de una Francia libre de la influencia de Salianna, así echaremos a ambos a pelear entre si. Sobre todo cuando mi gran amiga -la ironía acarició sus labios - Isouda de Blasie reciba su justa recompensa.

Al parecer Alexander no podría haber encontrado mayor ni mejor aliado para su causa, pues empezando por Salianna la lista de toreador hacia los cuales la ventrue no sentía un especial afecto era bastante extensa. Esclaramonde e Isouda eran las más destacadas, pero había otros tantos en el punto de mira de la despiada dama de Orleáns. Aunque el Barón Pierre Daguerre escaparía del alcance del anciano, pero pronto sufriría el efecto colateral de sus ansias azotándole la espalda.


Alexander - December 22, 2007 02:21 PM (GMT)
Alexander ponderó todo un momento. El fracaso de Graville en efecto sería, por ende, el de Geoffrey hasta cierto punto. Pero en una Francia dividida en un problema de sucesión al trono, la Cruzada pronto pasaría a un segundo plano, y no sólo porque la mayor parte de las tierras hubieran sido conquistadas ya.

-Lo que decís sobre Graville es cierto, al menos en parte, pero la independencia de un vasallo respecto a su señor es grande. Y en los tumultos que seguirán a la muerte del Rey, Geoffrey pronto soltará las amarras de un vasallo inútil para limpiar su imagen. Y eso partiendo del supuesto de que Graville sea derrotado, lo cual no está claro pues como general es bastante efectivo.-

Geoffrey había aprendido de él, al fin y al cabo, y a la hora de escoger sus peones siempre cogía sólo lo mejor de cada momento y lugar.

-En cuanto a la disyuntiva, en eso tenéis razón, Francia se aproxima a una guerra civil. Los nobles se dividirán, y el poder de Salianna quedará mermado a medida que sus propios peones se enfrenten entre si. Pero a mi Chiquillo no le afectará en gran medida, ya que tiene a todos sus peones entre sus vasallos mortales, y los mantendrá bien atados. Aunque será interesante ver de qué parte se colocan... quizás incluso intente lograr un peón para el trono si la cosa llega a las armas...-

Finalmente Alexander enarcó una ceja suavemente mientras caminaba.

-¿Isouda? ¿Qué planes tenéis para ella?-

Ciertamente, los dos Ventrue eran demasiado vengativos, especialmente si estaban juntos. Cada uno por su camino, y contra ciertos enemigos, pero si se hiciese una lista, probablemente uno de cada cinco Cainitas de Francia acabaría en ella... en resumen, todo aquel que una vez osó oponerse a su poder.

Elois tendría que haber sido su Chiquilla, no Geoffrey.

Elois D'Umbrelle - December 23, 2007 11:15 PM (GMT)
El secreto del éxito de Elois tenía su principial afluencia en que siempre iba dos pasos por delante del resto, contar todas sus intenciones no era precisamente una de sus aficiones, ni tan siquiera al mismísimo Alexander, ya le había concedido un preludio junto a un índice, nada más hacía falta por el momento, pero como todo, existían formas y formas...

- Sobre Isouda aún no tengo nada decidido, sólo que sufrirá, por supuesto siempre estaría abierta a sugerencias, más si cabe proveniendo de mi señor. De lo contrario tendré que apelar al ingenio.

Aunque las formas tradicionales siempre son las más eficientes...

Sus ojos radiaban fuego al mencionar a la señora de Blois y su patética corte, quizás una antesala de las llamas que saciarían su apetito sobre aquella abominación de catedral que tanto esmero había puesto la toreador.

En esa ocasión no sonrió, pues la enemistad que las unía impedía que sus labios siquiera fueran capaces de un gesto amable y sencillo. Rápidamente cambió de tema, Graville, ya había pensado unas cuantas alternativas sobre ese asunto.

- Volviendo al tema que nos atañe, es cierto que Graville es un gran estratega, pero también lo es mi vasallo el comte Humbert, quien además contará con un portentoso ejército mucho menos desgastado, eso claro si contamos con que para entonces Graville no halla decidido abandonar a su señor, porque quizás decida que hay otros sangre azul más generosos a los que servir...


Alexander - December 24, 2007 04:41 PM (GMT)
Así que lo de Isouda o bien estaba ya en marcha, o bien iba para largo. Cualquiera de las dos posibilidades agradaba a Alexander. No le había gustado nunca esa Toreador pretenciosa, y le vendría bien una "reprimenda" o algo más... efectivo. Al fin y al cabo, Francia resurgiría de las cenizas de sus actuales dirigentes, como un Ave Fenix, o como el cuerpo de su reverenciado Prometeo, que se sanaba cada día para soportar de nuevo el tormento por el pecado de traer el fuego.

¿Cuanto tiempo hacia que no pensaba en la mitología de su tierra natal? Demasiado, ciertamente demasiado. Casi la había olvidado, sumergida en la perversión a la que la había sometido su amada Roma. Ah, ¡qué tiempos aquellos!

Pero aquello había sido destruido hacía mucho, y sólo un puñado de Cainitas romanos habían sobrevivido a su destrucción. La mayor parte habían aceptado formar un grupo autoproclamado Iconnu, y se suponía que se encontraban tras la destrucción de Constantinopla. A él le habían ofrecido formar parte, pero había declinado. Tenía cosas más importantes e interesantes que hacer que llevar a cabo estúpidas venganzas con un grupo de viejos seniles. De aquellas, ¡tenía que gobernar una ciudad!

Y ahora, hete aquí que la ironía del destino lo llevaba ante la disyuntiva de encontrarse llevando a cabo una venganza. Pero una a una escala que dejaba la del Iconnu como simples juegos de niños. Al fin y al cabo, con el comienzo de la Guerra de los Príncipes, todo había cambiado.

-Dudo que podáis acceder a Graville, querida. La sangre de Geoffrey corre por sus venas, y el poder de la mirada de mi Chiquillo en su mente. No sé cómo de controlado lo tendrá, pero desde luego no es Cainita de dejar cabos sueltos.-

Le había costado volver de nuevo a la conversación, eso debía admitirlo. Cada vez, con el paso de los años, le costaba más abstraerse de sus propias fantasías y recuerdos y centrarse en las cosas que tenía delante. Era como si no fuesen físicas, como si la sustancia de Elois no fuese más material que el aire, y en su lugar el ruido de los campamentos de las legiones fuese real.

Eso y el Sueño de las Eras. Era antiguo, demasiado, y cada vez lo reclamaba con más fuerza. A menudo se preguntaba si, de no ser por la fuerza que le brindaba su propósito, su venganza, no estaría durmiendo ya como dormía Mnemach. O su propio Sire. El Sueño de las Eras, y el Hambre Roja, ¿cuánto tiempo más podría seguir resistiendo sus efectos?

Pero basta ya de elucubraciones, y de recuerdos de patrullas al anochecer. ¡Ahora había planes que llevar a cabo, y la compañía de una magnífica dama por compartir!

Elois D'Umbrelle - December 24, 2007 06:54 PM (GMT)

Elois se resistía al hecho de que un mero peón no fuera influenciable, por mucho que la sangre de Geoffrey y sus oscuros poderes hubiesen labrado un voluntad incorruptible. Graville era un peón y como tal debía ser manejado, aunque no trataría de argumentar esos pensamientos al matusalén quien, por su parte parecía algo abstraído, imporpio en él. El exilio le había cambiado, o eso esperaba ella, porque la idea de encontrar fantasmas del pasado en su señor era inviable. Con una naturalidad inusitada respondería sobre aquel tema, zanjándolo.

- En ese caso su destino se halla sellado al del rey y ligado al de su señor.

Ofrecerle la noche eterna y someterlo a un juramento era la idea que barajaba para seducir al conde, pero cada cosa a su tiempo. Así tan cual, éste es efímero y parecía que se acabaría pronto el reencuentro con Alexander, un lacónico suspiro precedió su alegato, que más que otra cosa parecía una súplica aunque no lo fuera, pero ofrecer ese trato a un monarca siempre rinde buenos resultados.

- ¿Puedo complacer algún deseo más de mi señor?

Alexander - December 25, 2007 07:06 PM (GMT)
Ciertamente, la noche ya estaba avanzada, y aún debía ponerse en camino de regreso y alcanzar aquella mugrienta posada de camino antes de que el sol asomase por encima del horizonte. Podía ser antiguo, y su poder capaz de decidir el destino de los hombres y las naciones, pero ni él era capaz de resistirse al poder divino. La ira que Dios les había destinado a todos los portadores de la Marca de Caín. La maldición que uno de sus tres ángeles había transmitido al Padre Oscuro cuando este negó humillarse y aceptar regresar a la voluntad divina.

-Me temo que no, querida. Tan sólo, disfruta de tu regalo.-

Sabía que lo haría. Puede que la sorprendiese, puede que no, pero ciertamente disfrutaría de él.

Elois D'Umbrelle - January 2, 2008 11:37 AM (GMT)

El ocaso de la velada alcanzaba su fin, sólo quedaba pues recrearse sobre el escaso tiempo que precedía a la partida de Alexander. Ella asintió a modo de respuesta, tal y como correspondía, para después encaramarse sobre el brazo del anciano y pasear disfrutando de su compañía mientras fuera posible.

Alexander - January 3, 2008 01:26 AM (GMT)
Alexander aceptó el brazo con una sonrisa y caminó junto a ella, tranquilamente, como los dos viejos amigos que eran. Recuerdos de viejos tiempos, de viejas personas, de viejas siuaciones... pero también de nuevos, de un futuro prometedor si bien difícil de alcanzar. De reconstruir una ciudad desde sus cenizas como un ave fénix que renace. De las estrellas en la lejanía, y los perros que ladraban en las cercanías.

Y de ellos. Siempre.

Pero, el tiempo es finito, incluso para aquellos que son inmunes a su paso. Las arenas cayeron finalmente hasta el límite, y la despedida fue inevitable.

-Ha sido un placer, querida. Esta noche... no sabes cuánto ha significado para mi, después de tantos años en el exterior de Francia. Simplemente volverte a ver y oir tu voz ha sido un soplo de aire fresco que me hacia falta, y que llevaré próximo a mi corazón durante mucho tiempo. Pero, me temo que es hora de montar y regresar al sur, lejos del alcance de Salianna, al menos hasta que ella ya no tenga el poder de detenernos.-

Sonrió, galante y apuestamente, como hacía mucho tiempo que no sonreía, y se inclinó profundamente. No era un gesto que muchos hubieran tenido el placer de presenciar, pese a la perfección milimétrica y pasional de su ejecución. Tras ello, se volvió hacia el paje que le traía su caballo, mientras se colocaba de nuevo la capucha sobre su rostro.

Y de nuevo, simplemente fue otro viajero cansado y pobre, transitando de una esquina a otra de Francia, como tantos otros en aquellos tiempos inestables.

Elois D'Umbrelle - January 11, 2008 11:53 AM (GMT)

Las tierras del olvido se harían eco de la lejana voz que humedecida en la garganta, ahogaba una lacónica despedida al amparo de la distancia. Así y desde entonces se fijaría nuevamente un amplio océano, dilatado en el tiempo, hasta que un nuevo encuentro tuviera lugar. Con Salianna acosada y Du Temple fuera de juego, la época del año sería propicia para tal equinoccio.

Sembrada pues la semilla de nostalgia, quedaban vagos recuerdos de un encuentro inexistente, que nunca fue, pero que se culminó y en última instancia representó algo más que un lamento, un susurrante deseo.

- Partid mi señor, partid con buena ventura y que así perdure hasta nueva vista.

La noche era escasa ya, permanecer en el jardín, junto a los jazmines, no era un capricho más, sino un presente donde recrearse. Implicaba saborear la victoria próxima y el “retorno del rey” hacia el trono que nunca debió abandonar, implicaba el resurgir de un linaje y, sin embargo había tanto por hacer aún…

Saboreando la efímera fragancia de Alexander, el ensimismamiento quedose roto por un firme propósito en boca de un leal siervo, D’Artois.

- mi señora, el alba se aproxima.

Elois abandonó su absorto estado y asintió, a lo que el hospitalario apremió a indicar.

- Los preparativos están hechos mi señora, todo está dispuesto para partir a las islas.

La ventrue recapacitó un sobrio instante y tras una tupida reflexión contradijo los originarios mandatos.

- No, D’Artois.

Un rostro ausente, un incómodo silencio y la falta de comprensión fue lo que la dama encontró, sin embargo éste no habló pues de sobra conocía que tras el prudente margen, ella atendería a dar la explicación pertinente, o más que una explicación, la nueva orden.

- Londres deberá esperar, ahora volveremos a Normandía.

El ghoul asintió como si comprendiera todo, aunque lo único que sabía es que aquella extraña visita había turbado los planes de su señora.

El carro de viaje esperaba, Normandía gozaría nuevamente de la refinada presencia de Elois D’Umbrelle.





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