View Full Version: El Nombre - Privado Lucie-Isolda

Edad Oscura Paris > Cercanias de Paris > El Nombre - Privado Lucie-Isolda



Title: El Nombre - Privado Lucie-Isolda
Description: 20-4-1226 (Día de Tormenta)


Isolda Lamartine - January 29, 2007 04:01 PM (GMT)
Aquel día, desde el amanecer hasta ya entrada la tarde, todo París y sus alrededores habían sido objeto de la rabia de los elementos: agua, vientos, rayos poderosos y macabros que recordaban los tiempos de guerras cuando Zeus, aburrido, lanzaba sus lanzas luminosas sobre las cabezas mortales.

Pero Isolda sabía que aquello no era la rabia de los elementos; ella sabía que se trataba de la rabia de Un Elemento. Aquella lluvia tenía un claro sabor a lágrimas, y resonaba sobre el suelo con rumor de tambores escandinavos. Aquella era el llanto de La Tormenta despidiendo a Trang Oul de Capadocio.

En el corazón de Isolda había una tenaz rabia, mortal y poderosa, y sus ojos estaban también encharcados con rojos pilares acuáticos, nostálgicos pero impotentes, que sin ser excluyentes gozaban siendo opuestos. Un hondo pesar, milenario como su Amigo, un pesar heredado por todos los que habían pertenecido a su familia, embriagaba aquel épico pasaje entre la rabia de los cielos.

Isolda, con acostumbrado disfraz de campesina, caminaba protegiéndose en el pilar que era Löw. A su lado, igualmente protegida, iba Lucie. La Archimaga de vez en vez aplacaba la furia de los vientos, cuando presentía que serían bocado de su rabia.

El corazón de Isolda palpitó más despacio cuando las tres mujeres entraron por fin en una alejada casucha, solitaria entre los altos árboles. Nadie había en aquella casa, auqnue un fuego tranquilizante ardía pacíficamente en el hogar. Adentro parecía como si nada más exisitera afuera, aparte de una tenaz calma. Isolda se retiró el mojado abrigo, y Löw se dispuso a preparar la cena.

La archimaga se acercó al fuego, invitando a Lucie a sentarse junto a ella.

Como un balde de agua, otro más, Isolda lanzó su primera pregunta.

-Dime, pequeña, ¿crees que los Nombres tienen importancia, más allá de las que nos son obvias?

Lucie - January 29, 2007 05:14 PM (GMT)
Numerosas veces había oído con anterioridad que las tormentas personificaban la ira divina hacia la maldad de los hombres, el castigo por su soberbia, mostrando con aquellos haces de luz cegadora que no eran sino meros deudores de su existencia. Pero el indómito carácter de Lucie se ayudó de su anterior cuidadora para forjarse una realidad alejada de todas aquellas atemorizantes supersticiones.

Mientras se ponían en camino hacia una meta que desconocía, Lucie se mantuvo completamente al margen de los funestos pensamientos de su maestra. En su mente acudían recuerdos de otros tiempos, cuando Amavarati aprovechaba para encender una tímida hoguera vapuleada por el viento que se infiltraba en las rendijas de la casucha, y allí humeaba un cálido puchero o el olor de crujientes castañas que se habían afanado por cosechar el día anterior.
Sólo de pensar en la tierna carne de esos frutos a Lucie se le hizo la boca agua, pero tan sólo reaccionó para dar un par de pasos más largos y volver así a ponerse a la altura de Isolda ya que, perdida como estaba en sus pensamientos, había retrasado un poco la marcha.

La lluvia repiqueteaba ahora contra la esponjosa tierra, lejos ya de la ajetreada ciudad donde no había tierra, sino barro, y donde no había hierba estremeciéndose con el temporal sino sólo salpicaduras, charcos, zapatos embarrados y el gentío de malhumor pugnando por llegar lo más rápido posible a algún lugar a cubierto.
A la niña por el contrario no le estaba molestando en absoluto el chaparrón que empapaba por momentos su vestido y que se deslizaba temperamentalmente por su piel. Al contrario, de haber podido hubiese dejado de protegerse con su capa de abrigo la cabeza para rendirse a la voluntad divina dejando que sus cabellos dorados se convirtiesen en cascada. Mas pronto llegaron a un refugio pintoresco y acogedor, con el mismo fuego que había recordado momentos antes.

Lucie se desprendió del abrigo goteante y se colocó junto a la chimenea para secarse. Así como había deseado ser recorrida por el agua, ahora disfrutaba del cálido aliento de las llamas mientras éstas lamían su carita despojándola de lágrimas celestes. La amplia sonrisa desmentía una posible tristeza, y sin sorprenderse, escuchó el siguiente eslabón en la cadena de preguntas. Empezaba a acostumbrarse a pensar más rápidamente para extraer la mejor respuesta.

Lucie, Isolda, Tristán, Amavarati...

Todos los nombres que conocía fueron desfilando por su mente de manera que cada uno le sugería diferentes sensaciones en relación con la persona que lo llevaba. Pero no sabía explicarlo.

-Nuestro nombre somos nosotros... porque lo llevamos desde que nacimos. Aunque lo decidan nuestros padres, es nuestro porque nos lo regalan, y de lo que seamos depende que a las otras personas les guste o no.

Reconocía que había sido una burda explicación más propia de una tormenta de ideas que de algo razonablemente explicado, pero las palabras ya habían huido de su boca así que se limitó a aguardar la iluminación de Isolda.

Isolda Lamartine - January 29, 2007 06:04 PM (GMT)
En algún lugar aquellas llamas se repetían. No era la música alivianadora, ni el calor que despedían, que recordaban incesantemente la manida metáfora de la tormenta y el hogar. Era un espejo infinito, un pasadizo lleno de habitaciones similares, iguales algunas, donde siempre podían encontrarse las también infinitas posibilidades.

En otras tierras y en otros tiempos, la misma Isolda, menos madura y menos preocupaba, veía un desfile de mitológicas criaturas en una corte ígnea, divirtiéndose y tramando conspiraciones a otro nivel, usando para ello su divino regalo: el haber nacido de la imaginería de los hombres. En esa otra escena Isolda era la aprendiz.

Mas no eran las mismas circunstancias ni similar el objetivo. Como las llamas, el objetivo era ardoroso y pasional, a pesar de todo.

-Así es; somos como nos llamamos. Cada cosa depende de su Nombre, y así la palabra Nilo es todo el Nilo, y la palabra Piedra son todas las Piedras. La manera como se entretejen nuestras historias en medio del gran telar que forman todas las vidas, va marcada según como nos nombramos.

Sonrió, plácidamente. Un olor agradable, un vaho de guiso comenzaba a emanar de la olla colocada al fuego.

-Pero te equivocas en algo. Nuestros padres no deciden nuestro nombre; no totalmente, al menos. Es parte del conocimiento que tenemos sobre nosotros lo que nos permite nombrarnos, y de ese modo aunar a nuestra voluntad la de nuestros progenitores. Construir un Nombre es tal vez lo más importante en la Vida de todo mago... por lo que ya habéis dicho: nos representa, nos envuelve. Así pues estaremos aquí hasta que encuentres tu nombre.

Una nueva sonrisa invadió el rostro de Isolda. Aquello era lo que más le había gustado en todo su proceso de iniciación, y esperaba que aquel auto-conocimiento fuera de igual modo, fortificante, alentador, en la vida de Lucie.

Lucie - January 29, 2007 07:55 PM (GMT)
¿Encontrar su nombre?
Un cosquilleo de excitación la recorrió, despertándola al calor del fuego y despejando al fin cualquier resquicio del frío que pudiese transmitirle su ropa, de cuya humedad se olvidó por completo.
Su mente bullía de agitación mientras quizás por primera vez se planteaba aquella omnipresencia de "Lucie" y lo trascendente de un breve sonido. Ahora le daban la oportunidad de cambiar no solo su alrededor, lo que ya había sido llevado a cabo, sino también su propia realidad. Le pareció que se ahogaba en un universo de posibilidades nunca exploradas pero necesitaba saber si realmente era libre de extender las alas y volar...

-¿Mi nombre?- inquirió en voz alta y buscando la aprobación en los ojos de su maestra. Costaba desligarse de aquella comodidad que suponía a veces que todo lo que uno era o hiciese lo decidiesen otros...

-¿Queréis decir que Isolda es el nombre que os dieron vuestros padres? ¿Y cuál es el otro?

De alguna forma sentía que cada uno de los nombres que buscaba ya estaba allí, en el interior de cada uno, como una pequeña semilla plantada por Dios que había que dejar aflorar a la superficie. Pero sería más fácil para ella recorrer ese camino de ida y vuelta en el conocimiento de sí misma si alguien la llevaba de la mano para mostrarle cómo había creado el suyo.

Isolda Lamartine - February 1, 2007 02:31 PM (GMT)
-Así es, el Nombre.

Era un vestido mágico, un escudo contra el anonimato en los libros del destino, un tenaz amordazamiento a la vulgaridad y al simplemente vivir, desengañado. Aquel Nombre constituiría la vida y muerte de Lucie, marcaría su destino tal y como ella misma lo decidiera. Pensó, un tiempo atrás, que era mejor que la pequeña conociera revés de las palabras, que se acostumbrara al poder de las lenguas latinas, griegas o judías; que conociera los símbolos y los usara, pero había decidido que aquello no tenia sentido.

Y no lo tenía porque el ejercicio de la Interiorización, del Conocimiento, del Entendimiento, no necesitaba de ejercicios intelectuales; al contrario de lo que se pensaba, era mucho más cercano al Instinto y la Pasión que al Intelecto; y en todo caso Isolda podía darle forma al sentimiento de la pequeña sobre su Nombre.

-Conocer algo es hacerse de él en tan alto grado que ya no se distingan dos individuos, dos ideas, sino una.

El fuego había logrado detener el frío que corría por los huesos de la Archimaga, menos por su propia Naturaleza que por la magia de la reunión. Sonidos usuales en él, al consumir implacablemente los maderos, ahora tomaban mucha más significación.

-Mis padres me nombraron Christine, y Terrein era el nombre de mi padre; así yo fui por cinco años Christine Terrein. Encontré mi nombre en un bosque, un día de niebla y considerablemente frío, cuando comprendí el poder del Pentáculo como Unión y Mezcla, y ví su relación con lo que había vivido y lo que en mis sueños me visitaba; mi nombre es Isolda Lamartine; a medida que fui creciendo en el Conocimiento del Universo, pasando desde las esferas de la Vida, donde los Hombres y los Animales pasean, hasta el lugar en el que las Ideas pensadas por los hombres habitan, mi nombre fue Neófito, Zelator, Practicus, Iniciado, Iniciado Exemptus, Adeptus, Adeptus Major, Magister Scholae y ahora me llamo Magister Mundi; por los lugares a los que me dirigía cuando estudiaba y conocía, en mi nombre está inscrita mi pertenencia a la Casa Bonisagus; y en toda mi vida, debido en parte a mis viajes y en parte a mis hazañas, muchos pueblos, Mortales o Inmortales, Mundanos o Mágicos, me llamaron Princesa de la Luna de Fuego, Guardiana del Innombrable, Portadora de la Cruz de Hielo, Jinete de la Tormenta, Ama de Mundos.

Observó unos segundos la faz amarillenta por las llamas de Lucie, el fuego destellando en sus pupilas juveniles y ansiosas, y sonrió para sus adentros.

-Ese es mi nombre. Pero lo que ahora harás será la piedra angular de lo que llegará por sí sólo; hoy harás como yo hice aquel día nuboso y profético.

Lucie - January 16, 2008 06:18 PM (GMT)
La chiquilla reflexionó a lo largo del discurso de su maestra, alzando la cabeza sorprendida cuando escuchó que su nombre de origen era Christine. Prefería Isolda, probablemente porque desprendía un aroma más personal y mágico al fin y al cabo.
Pasaron largos instantes en los que el eco de la voz de Isolda se fue apagando, y de nuevo cobraron protagonismo los chisporroteos de las llamas. La joven despertada no se atrevía a preguntar, por primera vez en su vida. Había comprendido las esperanzas puestas en ella… y la responsabilidad que recaía sobre sus hombros rompió una fisura de la Realidad.

Su límpida mirada se prendió del cambiante color del fuego, mientras su mente impetuosa divagaba sin sentido aparente por los mundos que trascienden el nuestro.
Conforme el silencio pesaba más, la ausencia de la medida del tiempo que proporcionan las palabras le permitió a éste danzar a su antojo, haciendo a Lucie perder cualquier referencia. Estaba sola frente a un reflejo con nombre, pero su esencia, ella misma, estaba despojada de él, y se sentía como un infante sin bautizar… un alma condenada al Purgatorio.

Sintió miedo de las llamas del Infierno, y de pronto se levantó con brusquedad para dirigirse hacia la puerta. Parecía poseída por una fuerza mayor, la que le hizo abrirla y cruzar el umbral.
Había dejado a su reflejo en el interior de la cabaña. Fuera, el arreciar de la lluvia empapó sus oídos y sus mejillas cuando alzó la vista hacia el cielo. Allí estaba el ángel que la había visitado mientras dormía, ahora recubierto de luz e ignorando la tormenta.

Recordó aquellos rumores que habían corrido desde siempre en el campamento, sobre ella y su pasado. "Aquella a la que el fuego respetaba" "la que se salvó de las llamas", apodos para un solo milagro que no obstante no se sentía capaz de intentar repetir. Sólo quería un nombre, ¿se lo podría decir aquel ser?

- ¿Cómo me llamo?- susurró sobrecogida.

Aura, la que no se consume. Aura, salvada de las llamas. Aura, Aura, Aura...

El eco resonó en su cabeza, junto a una serie de sílabas inconexas que se quedaron grabadas a fuego en su mente. Después, sólo sintió un gran dolor de cabeza.

A través de la puerta entreabierta, tanto Löw como Isolda pudieron ver una luz cegadora que caía del cielo cortando en dos el aire, rugiendo como un león enfurecido. Segundos después, la niña había caído al suelo inconsciente pero ilesa.

Isolda Lamartine - January 20, 2008 02:57 PM (GMT)
El cuerpo tendido de la pequeña invitaba al descanso sobre ella, a velarla por el resto de los ciclos humanos observando su perfecta quietud inocente, en comunión con los fuegos estelares y la lluvia, tan humana.

Isolda levantó su cabeza húmeda, y sonrió enternecedia mirando sus dulces ojos cerrados y la sonrisa que alumbraba su rostro, generando sombras, como aquella vela. Ella misma se sentía parte Sombra y parte luz ante aquella faz tan pura, y no pudo evitar pasar sus blancos dedos sobre aquella frente, sobre aquellos ojos, sobre aquella alma.

Tuvo la tentación de recorrer sus ensoñaciones, curiosa, pero lo evitó. Cerró los ojos y suspiró.

-Sed bienvenida al Mundo sin Límites, Neofitus Aura Lucie, ani Bonisagus, La que no se Consume.

La levantó en sus brazos y caminando lenta y orgullosamente entró de nuevo a la cabaña.


-Tu nombre retumbará en los Cielos y en el Corazón de los Hombres, por que has sido salvada de las llamas.




Hosted for free by InvisionFree