Tal y como había sido acordado el Abad Dinard salió de St. Germain-de-Près por la mañana para llegar a las ruinas del Chateau D'Umbrelle al mediodía. Un grupo de acólitos lo acompañaban en religiosa procesión sumidos en plegárias y cánticos para reforzar la purificación que tendría lugar. Los pueblerinos que andaban por las cercanías iban viendo como la columna monacal avanzaba lentamente hacia un destino que todos creían maldito. Algún que otro curioso incluso seguía al conjunto, desde lejos por supuesto, pues no querían inmiscuirse en asuntos del Señor.
Al llegar a lo que ahora no eran más que cascotes ennegrecidos por las llamas y manchados por el polvo la comitiva se detuvo, observada por la tropa de fisgones que la acompañaba olvidando sus quehaceres cotidianos. El pontífice empezó a dar ordenes a los devotos que lo acompañaban para que se situaran en posiciones estratégicas, ante lo que antes había sido la fachada y el portón de entrada al castillo. Cada acólito portaba en sus mano un recipiente cristalino lleno de agua bendita, que a la orden del Abad abrieron y vertieron sobre las ruinas. Dinard, al mismo tiempo que los demás, abrió su contenedor, un tanto más grande, y procedió a rociar toda la zona del antiguo portón. Acto seguido se agachó y tomó un puñado de arena, para luego levantarse y mirar al cielo, mientras con el brazo extendido y realizando el gesto de la cruz con el otro empezaba a recitar las palabras que santificarían aquel lugar impuro.
- Per Signum Crucis, de inimicis nostris liberanos, Deus noster. In nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti. Amen.
Maria, Mater Gratiae, Mater Misericordiae, defendenos ab inimicis nostris et protexinos, nunc et in hora mortis nostrae. Amen.
Kyrie, rex genitor ingenite, vera essentia, eleyson.
Kyrie, luminis fons rerumque conditor, eleyson.
Kyrie, qui nos tuæ imaginis signasti specie, eleyson.
Christe, Dei forma humana particeps, eleyson.
Christe, lux oriens per quem sunt omnia, eleyson.
Christe, qui perfecta es sapientia, eleyson.
Kyrie, spiritus vivifice, vitæ vis, eleyson.
Kyrie, utriqusque vapor in quo cuncta, eleyson.
Kyrie, expurgator scelerum et largitor gratitæ; quæsumus propter nostras offensas noli nos relinquere, O consolator dolentis animæ, eleyson.
Al acabar las letanías lentamente dejó caer la arena de su mano, mientras pronunciaba unas últimas palabras.
- Recede ergo, Satan, in nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti. Amen. -Y una vez más todos los presentes hicieron la señal de la cruz.
Finalizado el ritual de purificación, se congregaron de nuevo todos los monjes, y en silencio, sin cruzar palabra con nadie, abandonaron el lugar por donde habían venido. El hundido castillo que encontraron al llegar, se elevaba ahora hasta las manos de Dios, y nadie dudaría de ello de ahora en adelante.