View Full Version: El éxodo

Edad Oscura Paris > Suburbio del Montparnasse > El éxodo



Title: El éxodo
Description: 25-04-1226


Sharede d'Alençon - January 17, 2007 12:09 AM (GMT)
Como siempre, una sensación ambigua la recorría después de hablar con su vieja amiga. Era el sentimiento agridulce de haber y no haber conseguido nada, ambas cosas a la vez.
Aún así el pequeño triunfo era digno de saborearse como la obtención de una rosa llena de espinas. Se había pinchado, pero la recompensa siempre era digna. Esa era Bronce.

Mientras recordaba algunos puntos de la conversación con una media sonrisa, la religiosa fortaleza que le servía de refugio seguía andando hacia ella, engrandeciéndose lenta y majestuosamente como un gran titán de la antigüedad.
Al verla, Sharede recordó porqué le gustaba encontrarse allí donde el cielo y la tierra se juntaban, donde las sombras dejaban de plegarse a la voluntad de los hombres y no reflejaban sus instintos más bajos y violentos. No podía negar que el barrio de la isla estuviese especialmente mimado y cubierto de lujos, pero la sobria silueta de la abadía dormida le traía una paz especial.

Su caminar sigiloso aquella noche sí fue percibido por los guardias cuando de costumbre solían interceptarla únicamente una vez llegada a la puerta. Aquel dato la extrañó, así como la agitación de sus semblantes. Algo estaba ocurriendo.

Maximo Constanza - January 17, 2007 12:32 AM (GMT)
Al entrar en la Abadía, Sharede, fue interceptada por uno de los guardias que se dirigió directamente hacia ella.

- Disculpe Madame d'Alençon, el Domine Constanza la está esperando en la biblioteca. Pidió que acudierais con premura a vuestra llegada.

El soldado hizo una reverencia a la dama y volvió rápidamente a su puesto. Sin duda el ambiente exudaba nerviosismo, y el aumento de la guarnición militar que recorría las almenas no resultaba precisamente tranquilizador.

A la Lasombra no le pasó por alto ningún detalle, y menos aún la falta de la presencia del amable Abad Dinard, que siempre acudía raudo a ver a cualquiera que cruzara el portón del monasterio. Algo se estaba preparando en la Abadía y la única forma de desvelar el misterio era acudir a la cita encomendada.

Mientras en la biblioteca, Máximo impartía ordenes, a Dinard, sobre lo que debería hacerse en los días que prosiguieran. Todo estaba listo, sólo quedaba ultimar algún que otro detalle, que sin duda el antiguo ya habría previsto. Una vez el abad fue puesto al corriente de todo abandonó la habitación, dejando al antiguo sumido en sus pensamientos y deambulando arriba y abajo a la espera de que llegara su protegida. Si ya se preocupaba por ella en tiempos de paz, en estos tiempos que corrían la angustia que le producían sus prolongadas ausencias era extrema. No podría perdonarse si algo le ocurriera.

Sharede d'Alençon - January 17, 2007 12:44 AM (GMT)
Aunque Sharede sabía desde días atrás que la guerra había comenzado, aquella noche se respiraba, por decirlo de alguna manera, un ambiente especial y nada sosegante.
Echó un vistazo a los guardias que oteaban la noche desde las alturas como gárgolas acechantes. Las armas amenazaban desde la distancia con sus afilados contornos y las palabras del guardia no contribuyeron a alimentar su serenidad, como tampoco lo hizo la cita en la biblioteca.
¿Habrían atacado los lobos? ¿Qué había ocurrido con el servicial abad?

Asintiendo parcamente a la encomendación del hombre, la Lasombra aceleró su marcha recorriendo mecánicamente pasillos y salas sumidos en penumbra. En su camino se cruzaron más personas de lo habitual y aquello le hizo sospechar lo que se confirmaría minutos después: debían abandonar la abadía.

Atravesando el umbral del lugar convenido, su mirada interrogante se posó en el primogénito para, antes que nada, adivinar el estado de cosas con lo que su expresión le revelase. Se hallaba sombrío, como lo recordaba noches antes en la torre. El pensar en la torre le hizo perder la concentración y, parecer insegura en sus primeras palabras.

-Me dijeron que me necesitábais...

Maximo Constanza - January 17, 2007 01:34 AM (GMT)
Las palabras de la recién llegada despertaron a Máximo de su ensimismamiento. Al dirigirle la primera mirada, ésta se dulcificó. Era esa sensación que le transmitía tan sólo con su presencia una de las cosas que más le agradaba de ella.

- Pasa querida, no te quedes en el umbral -Mientras se acercaba a ella, cerraba la puerta, y la acompañaba, pasándole un brazo suavemente por la cintura, hacía una de las sillas.

Una vez la dama estuvo sentada, el antiguo, creando un ambiente más cálido, se sentó en la silla contigua en lugar de dirigirse a su sillón al otro lado del escritorio.

- Sharede, en efecto te necesitaba, y por eso te hice llamar. Es preciso que abandonemos la Abadía esta misma noche. La guerra con los Garou ya ha empezado, y esta fortaleza no está preparada para resistir sus ataques. Hace unas noches hicieron arder la Torre du Loup del primogénito Gangrel, y temo que nuestros dominios sean los siguientes. Lo he dejado todo dispuesto para que nuestra ausencia pase desapercibida, así que sólo deberás coger lo imprescindible para estar un tiempo fuera.

Las palabras del primogénito eran directas, claras y con un trato del todo personal. En ningún momento apartó la mirada de su acompañante mientras se dirigía a ella, esperando que lo hubiera comprendido bien, y en caso contrario hiciera las preguntas pertinentes.

Sharede d'Alençon - January 17, 2007 01:51 AM (GMT)
El suave contacto sobre su cintura parecía reclamar la atención de toda la sensibilidad que pudiese poseer su cuerpo. Aún no se hacía a la idea de las consecuencias del onírico encuentro entre ambos pero cada vez que veía a Máximo su subconsciente se afanaba en recordárselo.

Se sentó con su particular gesto de atención que consistía en enlazar las manos sobre el regazo. Las miradas sólo se cruzaron en el instante en que el primogénito materializó sus temores, aunque fueron lo suficientemente expresivas.
La lasombra tenía muchas preguntas pero por el momento de su llegada sabía que el tiempo no permitía muchas respuestas si querían partir aquella misma noche. Así pues, intentó recabar información de manera rápida y precisa.

-¿Cómo pretendéis que la ausencia pase desapercibida? Si les dejáis un cebo lo mandaréis a la muerte...

Plegándose implícitamente a sus deseos, formuló otra pregunta, la última.

-¿A dónde debemos marchar?

Maximo Constanza - January 17, 2007 02:25 AM (GMT)
Las palabras de la dama eran del todo ciertas, pero no era el momento de preocuparse por eso ahora. Así que pensando en las consecuencias de la verdad, se arriesgó a omitir algo de información.

- Tranquila, no habrá ningún cebo que nos sustituya. Y en cuanto a las muertes... sólo habrá las mismas que habría si nos mantuvieramos aquí, exceptuando la nuestras propias. -Dicho esto tomó una de sus manos.- No debes preocuparte Sharede, ya lo he preparado todo, para que en caso de guerra haya las mínimas bajas posibles.

Hizo una pausa, pidiendole a su protegida con la mirada que no prosiguiera con aquel tema. Había algo oculto, de eso podía estar segura, pero reconocía en los ojos del antiguo la petición y en el fondo de su ser, si entendía aquella mirada, sabía que las respuestas llegarían a su momento.

- Nuestro lugar de destino no te lo puedo decir ahora, sino que lo haré en el mismo momento de nuestra partida. Nunca se sabe quien puede estar escuchando aún en nuestro propio dominio. Espero que puedas confiar en mi hasta el momento.

Sharede d'Alençon - January 17, 2007 02:36 AM (GMT)
Sharede supo al punto que Máximo no se sentía del todo cómodo con su primera pregunta, pero también quiso entender que no pretendía causar un gran revuelo y por ese motivo dejaba que todo siguiese su curso, salvo que el tesoro que buscaban los hombres lobo ya no se encontraría allí en el caso de que decidieran ir a por él.

Asintió finalmente, ortogándole su confianza pero no una sonrisa. Las circunstancias no se lo permitían.

-Lo entiendo. Partiremos cuando deseéis, iré a recoger mis cosas...

Aunque todo había sido minuciosamente planeado en su ausencia, dudó de que se hubiesen hecho cargo de sus pertenencias por adelantado.

Maximo Constanza - January 17, 2007 02:49 AM (GMT)

- Cuando estés lista regresa aquí, te estaré esperando para partir... Ah, e intenta pasar lo más desapercibida posible.

Ahora sólo quedaba esperar a que Sharede regresara para partir. Todo estaría listo cuando ella llegara.

Sharede d'Alençon - January 17, 2007 03:10 AM (GMT)
Retirando la mano de entre las de él en una suave caricia quizás involuntaria, Sharede marchó a sus aposentos con una pequeña reverencia y la expresión siempre severa y ligeramente cariacontecida.
Se escuchó su rápido caminar alejarse, y después, silencio, pero la rapidez con que la lasombra estuvo presta fue encomiable.

En su habitación no tenía demasiadas cosas así que descolgando el crucifijo y besando fervorosamente la cálida madera, lo introdujo en el equipaje.
Después se ocupó del resto: unos pocos vestidos simples y cuidadosamente remendados en los bordillos para que pareciesen sobrios pero dignos, un puñado de libros propios y envejecidos por el paso del tiempo a su lado, no eran inmortales. Algunos documentos, cartas, todo lo que llevase su impronta aunque algunos acabaran en el fuego que caldeaba acogedoramente la estancia.
Para finalizar se echó su capa parda sobre los hombros y, con sus cosas en mano, contempló una última vez aquel espacio por si llegara a darse la posibilidad de no verlo más.

Recorrió el camino de vuelta con menor rapidez por lo pesado que volvían sus libros el fardo. Finalmente entró por segunda vez en la biblioteca.
La idea de no volver a ver aquel inmenso reducto de sabiduría le encogió el corazón.

-Ya estoy preparada.

Y aquel mismo día, el Señor hizo salir de Egipto a los israelitas...

Maximo Constanza - January 18, 2007 12:14 AM (GMT)
Al aparecer Sharede por la puerta, Máximo cogió una pequeña mochila de cuero que tenía a sus pies al mismo tiempo que una capa negra como la noche que había apoyada en el respaldo de una de las sillas. Acto seguido instó a la dama a seguirlo, y se puso a caminar entre las estanterías de la enorme biblioteca para dirigirse a una estantería pegada a una pared. A simple vista parecía un mueble normal, como otro cualquiera. Pidió a su acompañante que le sujetara las cosas que llevaba en las manos y acto seguido se puso delante de la gran estantería y empezó a bombear sangre hacia sus músculos potenciando su fuerza. Entonces asió el mueble y tiró de él hasta separarlo un poco de la pared dejando a la vista una pequeña trampilla que sólo sería posible detectaar con una observación exaustiva de la zona, por ojos desconocidos. Abrió la pequeña puerta hacia fuera y pidió a Sharede que entrara, lo cual tuvo que hacer agachandose un poco para poder pasar. Una vez dentro, el antiguo repitió el proceso a la inversa dejándolo todo como si nada hubiera ocurrido en el interio de la bilbioteca.

Los dos Lasombra abanzaban caminando por un pasillo de fría y dura piedra, del cual solo tenían conocimiento los dos que lo recorrían. Aunque hasta hacía breves momentos sólo el señor de la abadía conocía el lugar. Pequeñas antorchas, muy distanciadas las unas de las otras, iluminaban escasamente el pasadizo. Pero aquella luz era suficiente ya que las sombras se apartaban ante la presencia de los hijos de la noche revelándoles el camino.
Trás una larga caminata llegaron a lo que parecía el final del camino. Una pared de roca cortaba el paso a los viajeros, pero una leve brisa se colaba por algún pequeño agujero entre la piedra. Máximo que conocía bien el terreno encontró la fina rendija y miró a tracés de ella apartando las sombras con su voluntad para ver el exterior. Cuando estuvo seguro de que todo iba como lo había previsto se volvió hacia su acompañante para explicarle como iban a proceder.

- Sharede, ahora ya puedo explicarte lo que vamos a hacer. Nuestro destino es llegar a la mansión del Segador. Él nos dará cobijo durante el tiempo que sea necesario, pero deberemos evitar que nadie conozca nuestra presencia en esa casa. Yo volveré algunas noches a la Abadía para seguir con tareas que deben ser atendidas, pero permaneceré aquí el menor tiempo posible. Y porsupuesto siempre acudiré al refugio que Ángelo nos ofrece, como muy tarde antes del amanecer. -Dejó una pausa para asegurarse de que su compañera captará todo lo que le estaba explicando en esa extraña situación.- Ahora debemos salir de aquí, estamos a una cierta distáncia de la Abadía, lo suficiente como para que nadie nos detecte desde allí. Justo al otro lado de este muro nos espera un caballo que nos guiará a casa del Segador. Ahora debemos transformarnos en sombras y cruzar al otro lado, por esta fina rendija. -Señalando el pequeño agujero por el que antes observara.

- ¿Hay algo que quieras comentar antes de empezar el camino?

Esta última pregunta vino dada por una extraña sensación que produjo en el Lasombra la expresión del rostro de Sharede.

Sharede d'Alençon - January 18, 2007 12:53 AM (GMT)
La noche ofrecía múltiples sorpresas de la mano del antiguo... y la biblioteca parecía finalmente esconder más cosas de las que se hubiesen percibido a simple vista.
Siguiendo la inteligente decisión de utilizar un pasadizo, Sharede se introdujo en el orificio angosto no haciendo más que un leve gesto de sorpresa por la original manera de marchar. Grande debía ser el temor del primogénito si se veía en la necesidad de confiar tan sólo en la discreción de sus propios secretos.
Detrás de ellos la estantería volvió a ser sólo un lugar donde consultar libros, y la oscuridad se hizo una con ellos mientras caminaban al exilio.
En el silencio sepulcral, entre antorcha y antorcha, únicamente se escucharon las ligeras pisadas de los cainitas y sus vestimentas rozándose entre ellas. El aura titilante del fuego se estremeció al paso de uno y después de otro, pues eran la única agitación que quebraba el sueño de la madre Tierra.

Cuando llegaron al fin del serpenteante camino, Sharede escuchó atentamente las instrucciones del primogénito. Tal y como había predicho días antes la llevaba a casa de Ángelo, pero la forma de hacerlo le provocó un escalofrío.
Para ella el don de las sombras sólo la acercaba más al rincón tenebroso en sí misma que repudiaba, a la reencarnación de la oscuridad diabólica, y pocas veces, siempre si se antojaba completamente imprescindible, recurría a sus dones oscuros.
Dudó si sería capaz de hacer lo que le requerían pues todo su cuerpo exhalaba repulsa y temor. No, intentaría otra forma...

-Creo que, si no os importa, prefiero ir a caballo...-murmuró azorada. No le gustaba poner pegas y sobre todo no quería retrasar la marcha ni ponerles en peligro, pero aquello sobrepasaba las fronteras de su propia moralidad.

-Si queréis marchad, no tardaré en encontrar la casa del Segador pues ya he estado allí.

Pero tardó poco en comprobar que salir de aquel lugar dejaba de ser tan fácil como empujar una estantería...

Maximo Constanza - January 18, 2007 01:17 AM (GMT)
Máximo se quedó atónito ante la revelación de la joven. ¿A caso no comprendía las implicaciones que tendría usar la puerta principal para salir del recinto? Debía hacerla entrar en razón como fuera, volver atrás no era una posibilidad. De repente pensó en algo.

- Sharede, no es posible que vuelvas a por un caballo, además hay uno esperandonos al otro lado, tenemos que cruzar. -La voz del Lasombra era firme y no permitía replica.- No entiendo que motivos te llevan a no querer usar los poderes de la sangre, y no espero que me lo expliques, almenos ahora. Pero no hay otro camino posible.

Mientras terminaba su discurso tendió una mano hacia la dama y cogiendola firmemente la atrajo hacia si, no podían perder más tiempo y ese era el único método que quedaba. Una vez estuvieron en contacto, la levantó en brazos sin esfuerzo, gracias a la potencia insuflada mediante la sangre en sus músculos. Entonces le susurro: "Cierra los ojos". Y esperando que le hubiera hecho caso se concentró en su voluntad y accedió al Abismo. La negrura y el frío lo invadieron todo. Los dos caínitas podían notar el gelido tacto abismal rozando su carne, casi entumeciendola. Un temor irracional se apoderaba de cualquiera que se atreviera a acceder allí, pero el antiguo a lo largo de su no-vida ya se había ido acostumbrando a eso. Apretando fuertemente a Sharede contra su cuerpo para transmitirle su seguridad dió un paso y las sombras empezarón a desvanecerse. El tacto helado que antes comprimiera sus corazones muertos desapareció, y la absoluta negrura dio paso a la oscuridad estrellada del cielo nocturno. Emergieron de la sombra de un arbol situado estratégicamente delante de la piedra, que quedaba oculta desde el paisaje exterior.
Máximo mantuvo en el aire unos momentos más a su protegida, mientras intentaba transmitirle calma, sabía que esta había sido una dura prueba para la caínita, pues eran pocos los que se atrevían a enfrentarse a la negrura total del Abismo. Poco a poco la bajó al suelo, y esperó su reacción.

Sharede d'Alençon - January 18, 2007 02:28 AM (GMT)
No supo lo que Máximo iba a hacer hasta que era demasiado tarde. Cerró los ojos de forma instintiva ante el susurro aunque lo que quería era preguntarle qué pretendía hacer... pero no tardó mucho tiempo en descubrirlo.

Aún con los ojos cerrados, notó bajo los párpados que la oscuridad anterior sólo era un eco de las verdaderas tinieblas del abismo. Su cuerpo quedó congelado del más absoluto miedo, y no hizo falta que Máximo pusiese mucho empeño en sujetarla pues al instante siguiente el grácil cuerpo femenino se estrechó contra él en un paroxismo de terror.
Le pareció vagar en la condenación durante toda la eternidad, pero cuando abrió desmesuradamente los ojos bajo sus pies sólo había hierba, y el primogénito la estaba sujetando fuertemente para que no se cayese al suelo. Sus piernas no la sostenían.

-Qué...

Tragó saliva inexistente y sintió un invisible sudor frío por la sien. El corazón se hubiese detenido al punto de no ser porque hacía varios siglos que llevaba muerto en su pecho. Por un momento se maldijo de no poder haber terminado con el horror tan rápidamente, aunque la progresiva vuelta a la que ahora le parecía pacífica y segura realidad le fue borrando semejante idea de la cabeza. Su único empeño lo puso en pronunciar una desmayada pregunta.

-Por qué...

Nada coherente y al mismo tiempo largo pudo salir de sus labios, así que se contentó con alzar la mirada hacia quien había considerado su protector para saber el motivo de semejante acto.

Maximo Constanza - January 18, 2007 02:51 AM (GMT)
El antiguo había posado a la dama en el suelo, más aun no la había dejado ir. Y ahora su penetrante mirada se centraba en aquellos ojos que pedían una respuesta sin saber a que atenerse. La voz del lasombra salió cálida, acariciando con sus palabras a su compañera.

- Tranquila, ya ha pasado. Era necesario que lo hiciera, no debemos perder más tiempo pues aun nos queda camino por recorrer. Intenta apartarlo de tu mente, pequeña, ya habrá tiempo para hablar sobre el tema más adelante cuando estemos bajo el techo del Segador.

Máximo sentía el desconcierto en la mujer, pero como había dicho no era momento para hablar de lo ocurrido. Así que cogió la negra capa que antes tomara de la biblioteca y la pasó por los hombros de Sharede.

- Esta capa dificultará más tu reconocimiento. Montarás a caballo tu sola, pues dos jinetes llamarían más la atención. Éste es un caballo veloz -Como si se diera por aludido el caballo que los esperaba al otro lado del arbol relinchó quedamente.- Y nos permitirá llegar rápidamente a casa de Ángelo. No te preocupes, yo ire contigo, me transformaré en sombra y te envolveré para ofrecerte mayor protección ante miradas ajenas. No voy a dejarte sola ahora.

Dicho esto la silueta de Máximo empezó a difuminarse y a perder consisténcia. Mientras esto sucedía se fue acercando a Sharede mientras ataba la capa que le había puesto. Y antes de fundirse por completo con la silueta de la mujer los labios casi faltos de matéria consistente rozaron los de ella robándole un beso. La dama pronto dudaría de esa extraña sensación, pues no había sido más que un segundo el que había durado el contacto.

Sharede d'Alençon - January 18, 2007 03:09 AM (GMT)
Sus piernas poco a poco decidieron sostenerla, su mirada había encontrado una explicación a la pregunta que sólo había conseguido comenzar a formular: al fin y al cabo Máximo no tenía porqué saber nada acerca de los motivos de su negación... pero ese ímpetu con que la había arrastrado al abismo todavía llenaba su cuerpo de temblores y escalofríos como si la hubiese alcanzado una terrible fiebre mortal.

Asintió débilmente a los planes del antiguo y se irguió de nuevo. No obstante, había empalidecido a ojos vista y su figura parecía tiritante. Quizás por eso también inconscientemente Máximo echase otra capa sobre sus hombros.
No le gustó la ligereza que el lasombra intentaba infundir en ella para que dejase de lado sus temores y se enfrentase a lo que les quedaba de camino.

No tan rápido... se dijo. Pero al instante cerró brevemente los ojos y al parecer sin esperarla, cuando los volvió a abrir el hombre se transformaba en oscuridad no sin antes fundirse con su cuerpo... ¿o algo más?

Desagradada de nuevo por comprobar los oscuros poderes de los que él hacía gala ante su presencia e inquieta por tener una sombra con inteligencia propia, observó al animal que aguardaba, tan impaciente como lo había sido el antiguo, a que se decidiese a partir.

Suspiró exhalando un aire inecesario de sus pulmones. Finalmente emprendió su marcha hacia el caballo y adoptando un gesto que sólo recordaba de su época mortal, ascendió con agilidad a su lomo y tomó suavemente las riendas para indicarle que había llegado la hora.

La silueta sombría de un único jinete se perdió en la noche.

FDI: Sigue en Sotto voce.




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