Un “misterioso” guerrero recorría la ciudad con la velocidad de un rayo. Buscaba olvido, buscaba un renacer y esa noche aunque fuese por tan solo una noche lo encontraría. En su mente no había nada, solo un profundo deseo de sangre que dormía en su interior por siglos, estaba en el y en todos los suyos y ya había despertados noche atrás.
Como una mancha negra salto con facilidad las murallas de la ciudad quebrando el cuello de uno de sus guardias para desaparecer en la noche con la pobre victima. Sus andares lo llevaron hasta una gran roca en los suburbios donde saciaba su sangre y se preparaba para lo vendría.
Ahí se encontraba el “extraño” cubierto con una túnica negra con sus espadas clavadas en el piso terminando con toda la sangre de aquel humano, sintiendo como la sangre fluya por todo sus músculos y los tensaba