Title: Ángel de la guarda
Description: Privado Máximo y Sharede (11-04-1226)
Sharede d'Alençon - January 3, 2007 05:06 AM (GMT)
Hacía un par de horas que se había levantado, una vez que el sol dejó de acariciar los gruesos muros de la abadía. Su habitación permanecía sumida en un silencio agradable y reconfortante, lo cual constituía uno de los motivos por los que le agradaba tanto permanecer en aquel refugio lejos de la ajetreada ciudad.
Tras el despertar, la Lasombra paseó por el gran claustro con la única presencia de la fría piedra a su alrededor y el sonido de sus suaves pasos que se encaminaron casi involuntariamente hacia la puerta de la biblioteca.
Y allí estaba, tiempo después, rodeada del penetrante olor a libros y a tinta, a pergamino, a polvo, a sabiduría.
Con un deliberado suspiro Sharede apuró una página más de aquel martirologio aunque sus pensamientos volaron lejos de allí, a la reunión de la noche anterior. Recordaba las noticias inquietantes que se habían puesto sobre la mesa y un escalofrío la recorrió obligándola a repasar cinco veces la misma frase para darse cuenta de lo que leía.
Finalmente se dio por vencida y cerró cuidadosamente el manuscrito mientras reflexionaba sobre lo que hacer. Máximo Constanza parecía desde la reunión más sombrío que nunca y ella no estaba dispuesta a que el primogénito sucumbiese a sus preocupaciones... ¿quizás conseguiría aportarle un rayo de esperanza?
Poniéndose en pie decidió, por primera vez desde que se lo dijese Máximo, subir a su torre con la esperanza de encontrarlo allí.
La abertura de la escalera de caracol mostraba el inicio de una espiral sumida en tinieblas. Sharede se aventuró por ella sin temor a la oscuridad que formaba parte de su propia existencia, y Dinard se limitó a mirarla desde abajo sin intervenir pues estaba al corriente del permiso especial que había recibido la dama de parte de su señor.
Pronto la hermosa estancia que había descubierto días atrás se reveló de nuevo ante sus ojos ofreciéndole como siempre a través de sus ventanales la vista de una ciudad aparentemente dormida y tranquila, aunque a ella se le antojase tan sólo la apriencia de una bestia dormida.
Tras un instante de mudo contemplar, se recordó el motivo por el cual había subido hasta allí y con su mirada barrió los rincones más oscuros de la sala para saber si estaba sola. Algo le decía que no.
Maximo Constanza - January 3, 2007 05:25 AM (GMT)
Un Máximo oscuro y sombrío se hallaba entre las sombras de lo que hacía llamar su santuario: la estancia que culminaba la torre más alta de la Abadía. Allí donde siempre se dirigía a cavilar sobre sus decisiones, los planes pasados y futuros, y sobretodo a recapacitar sobre los problemas presentes. Se encontraba sumido en sus pensamientos a médias entre su forma material y su sombra, pues con la materia conservaba la suficiente eséncia como para mantenerse en el mundo terrenal, y por otro lado el frío del abismo le ayudaba a ver más allá de las cosas mundanas.
Tan absorto en sus pensamientos como estaba no se dió cuenta del llegar de Sharede, la única persona a la cual había confiado el acceso a su lugar sagrado, así que siguió inmerso en sus ideas, apoyado en el rincón más oscuro de la estáncia.
Sharede d'Alençon - January 3, 2007 05:42 AM (GMT)
Pronto la aguda y entrenada mirada de la Lasombra localizó una presencia semi-material cerca de la puerta, en el fondo de la estancia. Le sorprendió el hecho de que siendo el primogénito no la hubiese sentido llegar... pero su propio sigilo era algo trabajado con esmero, y probablemente las cavilaciones de su protector eran muchas y muy preocupantes, como también lo dejaba patente aquella forma a medio camino entre la sombra y un ser humano.
Se volvió lentamente hacia la ventana, dándole la espalda y manteniendo la espesa atmósfera de silencio sin atreverse a romperla con una charla mundana.
Sus ojos reflejaban las estrellas mientras contemplaban el cielo nocturno, y sin saber porqué, momentos después Sharede entreabrió los labios y una dulce melodía se escapó de entre ellos, tan suave como el terciopelo y tan hermosa como el trinar de un pájaro.
Maximo Constanza - January 3, 2007 05:52 AM (GMT)
El antiguo seguía sin conciéncia de lo que pasaba a su alrededor. Todo era oscuridad en ese momento para él. Pero de repente una luz empezó a brillar entre las sombras, aunque cuando quiso darse cuenta percibió que no se trataba de una luz sino de una maravillosa voz que canturreaba en la noche, a su lado. Con un rápido vistazo por la habitación pudo ver a la autora de aquella música que lo había sacado de las tinieblas. No podía ser otra que Sharede d'Alençon, sin lugar a dudas esa era su voz, capaz de despejar los temores de cualquier corazón.
Recuperando su forma material, se quedó unos instantes más disfrutando de aquella tranquilizante y suave melodía. Poco a poco se acercó hasta su protegida y colocándose a su lado, más silenciosamente de lo deseado, le susurró una única palabra al oído.
- Grácias. -Palabra que iba cargada con toda la amabilidad, dulzura y afecto, que el estado sombrío del Lasombra permitía.
Sharede d'Alençon - January 3, 2007 06:05 AM (GMT)
El cántico se tornó quedo y prácticamente susurrado cuando la cainita notó aquella única palabra acariciar su cuello. Finalmente, dejó que la bella melodía terminase con una nota prolongada y vibrante, y sus labios se cerraron de nuevo permitiéndole esgrimir una sonrisa a modo de regalo para su protector, y que le entregó al girarse hacia él.
-¿En qué pensábais? Espero no haberos robado algún hermoso pensamiento con mi interrupción.
Sharede alzó su mirada hacia él. Conservaba inexplicablemente aquel brillo de las estrellas como si lo hubiese atrapado en la profundidad de sus ojos.
Maximo Constanza - January 3, 2007 06:15 AM (GMT)
La tez de Máximo estaba más palida de lo normal. Sin duda los pensamientos que habían estado recorriendo su cabeza no resultaban del todo agradables. Pero al contemplar la estrellada mirada de su protegida no pudo por menos que devolverle la sonrisa.
- No te preocupes por lo que puedas haberme robado, pues una vez más me otorgas la gracia de un ángel con tu preséncia.
Cada vez que estando solos los dos, la dama se dirigía a él, una extraña sensación de paz lo inundaba por completo. Quizá con ella pudiera desentramar la sombría red que atrapaba su mente.
- Pequeña, como bien sabes la guerra se cierne sobre nosotros. Me preocupa cómo acabara todo. La ciudad sufrirá y todos con ella.
El Lasombra acababa de revelar la más profunda de sus preocupaciones.
Sharede d'Alençon - January 3, 2007 02:04 PM (GMT)
Efectivamente, a su protector le consumía aquella amenaza en ciernes tal y como había esperado de él. La mirada de la cainita se deslizó por la demacrada expresión de Máximo sintiendo pesar por la carga que debía soportar sobre sus hombros aquel hombre, y su propósito de aligerarla se hizo más insistente.
-El bien siempre triunfa, mi Señor- comunicó con voz queda y con una poderosa emoción en sus palabras.-No sé cómo terminará todo ésto, no pretendo daros vanas esperanzas. Probablemente esta inútil guerra acabe con muchos de los nuestros pero también tiene el poder de unirnos como nunca pues en tiempos de paz quizás no se sintiese una necesidad tan evidente.
Los comportamientos solían depender desgraciadamente de la pura necesidad... aquello lo sabía muy bien Sharede.
-¿Tenéis miedo a la muerte, Máximo?- inquirió de pronto, pillando por sorpresa a su interlocutor.-¿O es que teméis más por esta ciudad que por vos mismo?
Le observó de reojo y luego se concentró en el bello color del cielo.
-Ambas dos son cosas que deben matizarse... y además, estoy segura de que los parisinos permanecerán ignorantes de lo que nos atañe. Suficiente daño hacen los nuestros como para que esas bestias que se hacen llamar hombres lobo causen más estragos...
Antes de hacer su ofrecimiento, ella aguardó la reacción del primogénito.
Maximo Constanza - January 3, 2007 03:20 PM (GMT)
Máximo agradeció las palabras con las que Sharede intentaba consolarlo. Sin lugar a dudas tenía razón, pero entonces aquella pregunta que no habría esperado nunca sobrevino de forma inesperada.
- ¿Miedo a la muerte? -Repitió más para sí que por asegurarse de que había entendido bien.
- Después de seis siglos de vivéncias la muerte es lo que menos me preocupa. Sin embargo la ciudad, tu, y algunos amigos más... -Un silencio sobrevino como si no quisiera acabar la frase para que no se hiciera realidad, pero al cabo de unos momentos continuó.- soys por lo que temo. No quiero ver como otros siguen el camino que tomó Trang Oul, señor de Capadocio.
Recordando a su viejo amigo dirigió la mirada a través del ventanal hacía el cementerio mientras le dedicaba unos instantes de silencio.
- Sharede... ¿Crees que una guerra de estas dimensiones no afectará a la ciudad? He visto esto otras veces y las ciudades que lo sufren ya nunca jamás vuelven a levantarse con su antiguo esplendor.
Sharede d'Alençon - January 3, 2007 05:05 PM (GMT)
Sin haber conocido a aquel cainita del que se había hablado la noche anterior, Sharede notó el pesar que teñía la voz de Máximo al hablar de aquél que había sido su amigo. Igual que no temía por sí mismo ante la muerte, tampoco debía temer por ellos... al fin y al cabo aquel mundo sólo era una transición. Así lo intentó expresar en sus siguientes palabras.
-Nuestro destino es algo que sólo Dios en su infinita sabiduría, conoce. Mas si él dispone que debo despedirme de esta Tierra con gusto moriré sabiendo que he hecho lo correcto.
Escuchando la pesimista opinión del Lasombra, no pudo evitar continuar.
-París levantará cabeza tras ésto, estoy segura. Además, con vuestros buenos deseos para ella... ¿quién se atrevería a afirmar lo contrario?
Sus ojos sonreían, y su boca también. Las reconfortantes palabras quedaron en suspenso entre ellos mientras el juego de miradas se intensificaba. Pero ahora había llegado el tiempo de hacer ver al primogénito que quizás ella pudiese ser de alguna ayuda.
-Quisiera saber si habéis llegado a alguna conclusión acerca del modo de actuar a partir de este momento para evitar sorpresas desagradables. ¿Podría hacer algo para aliviar vuestra preocupación?
Maximo Constanza - January 5, 2007 03:25 AM (GMT)
Aunque Máximo no era un hombre muy religioso, todo y ser el señor de la Abadía, las palabras de Sharede fluían con tanta nitidez i tanta pasión de sus labios que se dejó embaucar por ellas. En realidad, no creía que sus buenos pensamientos para con París sirvieran de mucho si se desataba una guerra entre vampiros y hombres lobo, pero su protegida le hacía ver las cosas un poco mejor de lo eran. Y al pensar en eso una idea le corrió por la mente. "La esperanza es lo último que se debería perder".
Durante el breve silencio que precedió las últimas palabras de la Lasombra aprovechando que sus miradas se entrecruzaban aprovechó para devolverle la sonrisa. Quizá no una de las mejores que hubiera visto en el antiugo, pero si una que demostraba que sus palabras le aliviaban el peso que cargaba a sus espaldas.
Entonces ella habló rompiendo el embrujo del momento, y él le dedicó toda su atención. Cuando finalizó sólo había una respuesta posible.
- He sacado dos conclusiones que me gustaría comentarte: La primera es que deberíamos evitar el contacto con el bosque, así como con desconocidos o caínitas de los cuales no podamos fiarnos, ya que si el mismo Trang Oul pudo caer en una trampa, a cualquiera podría sucederle lo mismo. Creo que si en algun momento salimos de nuestros dominios o de lugares relativamente seguros, deberiamos dejar constancia por escrito, en algun lugar al que solo se accedería si uno desapareciera, de a donde nos hemos dirigido y con que motivos. Así evitaríamos caer en la misma encerrona dos veces. -Dejó pasar un poco de tiempo... pensativo.- Por otro lado, si que quiero pedirte una cosa. Quiero que seas mi consejera personal. No es ningún sitio poderoso, ni tan sólo importante, pero te lo pido, Sharede, porque tus palabras despejan las dudas en mi interior, y ya que te has ofrecido... esto es lo mejor que peudes hacer por mi en estos momentos, pues necesito tener la mente clara para poder resolver cualquier problema que se plantee.
Con este último discurso Máximo había ido recuperando su tono de voz habitual. Y sus ojos volvían a brillar...
Sharede d'Alençon - January 5, 2007 04:14 PM (GMT)
Máximo era un hombre cauto y reflexivo, y Sharede agradeció sus consejos así como la advertencia de no pisar al bosque. No tenía en mente dirigirse a aquel peligroso lugar, pero no temería ir allí si su misión lo requería, y aquello ni siquiera el primogénito podría impedirlo.
Y en cuanto a los desconocidos... la Lasombra disimuló una leve sonrisa, gesto que le producía la inquietud de Máximo hacia ella, como si se tratase de un padre protector. Afortunadamente no era una niña y además tenía pensado conocer a todos los cainitas posibles para traerles esperanza y ayuda. Por eso, cuando escuchó el ofrecimiento del primogénito, no pudo sino sentir una calidez hacia él. Despejar sus dudas y allanar su camino hacia la verdad, aquellos habían sido sus propósitos, y al parecer Máximo también lo entendía así. Dulcemente, realizó una pequeña reverencia.
-Acepto con mucho gusto, monsieur Constanza. Siempre que queráis encontraréis en mi una opinión sincera y os ayudaré a iluminar vuestras decisiones. Contad conmigo cuando algún asunto os preocupe.
Maximo Constanza - January 9, 2007 03:46 AM (GMT)
Máximo asintio a las palabras de su recién nombrada consejera. Y otro asunto al que había estado dando vueltas antes de la llegada de la muchacha le vino a la mente.
- Sharede... hay algo más de lo que quiero hablarte. Ayer, en el Concílio se habló de la muerte de Lord Trang Oul. Sin duda este hecho me reconcome por dentro desde entonces. El Capadocio resultaba ser un buen amigo, y un poderoso caínita. Si los lobos decidieron actuar de esta forma, sin duda algo los está azuzando para ello. Y si pudieron atacar a Trang, podrían hacer lo mismo con cualquiera de nosotros asaltando nuestros dominios, y este es uno de los más externos a París y por lo tanto menos protegidos. Por esto quiero pedirte una cosa. -Buscando la mirada de la dama para posar sus ojos en los de ella.- Si se inicia una guerra quiero que abandones la Abadía durante algún tiempo. No puedo permitir que corras ningún peligro, y aquí no podría garantizarlo. Seguro que Ángelo podrá acogerte en su casa. Sólo será hasta que cesen las hostilidades, pues en estos dominios todo es reemplazable excepto tu. -Con un gesto suave apartó un mechón de pelo que se había deslizado hasta la cara de la Lasombra.- Por ahora puedes quedarte y mantener tu vida normal aquí, pero recuerda mi petición si las cosas van a peor.
El señor de la Abadía había hecho una petición sincera a Sharede, pero no dudaría en dar una orden si era necesario para alejarla de la guerra.
Sharede d'Alençon - January 9, 2007 03:59 AM (GMT)
Sharede contempló a Máximo a los ojos durante largos instantes, y finalmente el suave gesto de apartarle un mechón de cabellos pareció sacarla del trance, pintando una expresión hermética y decidida en su rostro. Su mirada se volvió hacia uno de los rincones oscuros de la habitación y reflejó el cambiante mundo de las sombras. No le gustaba lo que se le pedía, no accedería tan fácilmente.
-Máximo, bien sabéis que este es un lugar santo y que entre estos muros yace la sabiduría de cientos de años- hizo una pausa para hacerle comprender lo que le impedía seguir el sentido común-. Si los hombres lobo atacan este lugar, se buscarán su ruina, pero como nadie sabe los designios de Dios me quedaré aquí para defender lo que considero sagrado.
Una sonrisa sincera y al tiempo divertida afloró a sus labios.
-A menos que me lo impidáis por la fuerza. Recordad que soy vuestra consejera... deberíais considerar el hacerme caso.
Maximo Constanza - January 9, 2007 04:16 AM (GMT)
Las palabras de su acompañante no sorprendieron a Máximo. No esperaba menos de ella, de no ser por esta actitud jamás la hubiera admitido como consejera, pero a la vez sabía que debía convencerla. No podía permitir que se quedara.
- Querida Sharede tienes razón al hablar de la sabiduría que encierran estos muros, y a la vez tambien te admito tu réplica como consejera, pero ante lo primero te diré que si es necesario regalaré todas mis obras al Segador para que así no te sientas fuera de lugar en su casa y no debas quedarte a proteger nada. Y si con esto no basta, a tu respuesta debo añadir que aun siendo mi consejera, tambien deberías contemplar y respetar mi juicio cuando te hago una petición, pues creo que los conocimientos que me aporta la edad sirven para algo.
El antiguo intentaba mantener un tono serio, pero la cálida sonrisa de la dama lo desarmaba.
- Y esque ahora que por fin he encontrado una consejera que se adapta a mis requisitos, sería una verdadera lástima y un dolor de cabeza tener que buscar a alguien que cubriese tu lugar si te pasara algo
Esta última afirmación fue acompañada de una pícara sonrisa y un guiño, pues aunque fuera un tema serio no se le ocurría otra forma de abordarlo con esos dos orbes negros y brillantes clavados en su mirada.
Sharede d'Alençon - January 9, 2007 04:37 AM (GMT)
Sharede entreabrió la boca para replicar algo y finalmente frunció el ceño, frustrada por no verse capaz de defender su causa más allá de la réplica del primogénito. Fueron unos instantes en los que pareció que la cainita realmente se había ofendido por aquella forma tajante de demostrar quién tenía más años a sus espaldas, pero de pronto aquello le dio una idea y su risa límpida y cristalina fluyó pareciendo iluminar por breves instantes la estancia sombría.
-Libros...-susurró finalmente como un arrullo-, os agradezco vuestro ofrecimiento y eso me acerca a plegarme a vuestro deseo, pero creo que habéis pasado por alto algo importante y vos mismo me habéis dado la razón de antemano.
La mujer hizo una pausa para avivar la curiosidad del Lasombra mientras lo atravesaba con la oscuridad de sus ojos, y finalmente los entrecerró suavizando su brillo con las pestañas.
-Quizás no hablase exclusivamente de la biblioteca al referirme a la sabiduría.
Sin perderle un instante de vista, observó su reacción con malicia.
Maximo Constanza - January 9, 2007 05:06 AM (GMT)
El juego seguía el curso marcado, cada pieza se movía a su tiempo, y el antiguo disfrutaba con ello. Los comentarios que se escapaban como si no tuvieran ningún significado previo desde su boca era algo que le encantaba. Era como guiar al contrario hacia donde querías. Así que la partida debía proseguir.
- Vaya, sino es la biblioteca debo suponer que os referís a la historia que contienen los muros por sí mismos. En tal caso el proceso será más lento, pero podría pedir que trasladaran la Abadía entera piedra a piedra a la ciudad… Aunque dudo que Ángelo tenga sitio en su mansión para albergarla. Pero bueno si con esto consigo tenerte a salvo habrá merecido la pena. –Sugirió Máximo con un brillante toque de astucia en la mirada y una sonrisa igual a la de su acompañante.
- Porque … sino te refieres tampoco a las mismas piedras… Me veo obligado a abusar de tus servicios como consejera una vez más. Ilústrame con tu conocimiento por favor. –Mientras hacía una leve reverencia hacia Sharede.
Sharede d'Alençon - January 9, 2007 05:56 AM (GMT)
Contemplando divertida cómo Máximo jugaba al gato y al ratón disfrazando de inocencia sus facciones, Sharede adoptó una expresión teatralmente contrita y se aprestó a dar jaque al rey.
-Tenéis razón. Al fin y al cabo quizás debáis perdonar a vuestra consejera por haber cometido un error al considerar que había algo más aquí, aparte de lo que me habéis amablemente recordado, que contaba con la sabiduría de ver pasar los siglos.
Dejó deliberadamente transcurrir los segundos y después se deslizó con un grácil movimiento hacia un lado del primogénito, quedando ambos hombro contra hombro.
-Siendo de cuya forma no me queda más remedio que aceptar vuestra recomendación, aunque podéis prescindir de la molestia que causaría tener que reconstruir piedra por piedra este lugar dentro de la ciudad.
Finalmente asestó su última estocada con una media sonrisa partícipe de su buen humor.
-Aseguráos entonces de que todos los libros de la biblioteca sean transladados a un refugio seguro. No os olvidéis de uno algo extraño pero que creo que habéis incluido como parte de ellos...-su premeditado titubeo le permitió continuar con ironía- Su título sería algo así como el Primogénito de las sombras.
Maximo Constanza - January 9, 2007 11:11 AM (GMT)
Todoa la negatividad con que empezara la noche se había ido esfumando poco a poco, acompañada por el entusiasmo de Sharede. La Lasombra hacía ver a Máximo las cosas buenas de la no vida, y además lo hacía partícipe de momentos tan entrañables como el que estaban viviendo. Volviendo al juego, decidió contratacar, no se daría por vencido tan facilmente.
- Parece ser que ya no hay lugar seguro en esta Abadía, pues incluso has conseguido encontrar mi diário, del cuál acabas de mencionar el titulo. Y yo que creía tenerlo a buen recaudo... -La sonrisa se acentuó contemplando la expresión de la dama.- Pero ya que este es tu último requisito para partir en caso de guerra, prometo entregártelo yo mismo, en mano, antes de irte.
Tomó una de las manos de Sharede entre las suyas y continuó mirandola con esa astúcia y brillantes de un viejo zorro.
- Entonces creo que el asunto queda zanjado... a no ser que tengas algun otro secreto que desvelarme, puesto que ya has confesado haber hurgado entre mis cosas. -La sonrisa del Lasombra dió paso a una leve risa, que resultaba agradable a oídos de su protegida, pues era sin duda noble y sincera.
- Por cierto, debo agradecerte lo considerada que has sido al no pedirme que cambiara el emplazamiento del monasterio.
Y con ésta última frase acompañada de nuevo de una risa como la anterior Máximo terminó su defensa, almenos por el momento. La consejera podría seguir inconforme, pero le quedaban pocas cartas que jugar en el juego del antiguo. Hay quien dice que una retirada a tiempo puede ser una victoria. Además si su principal propósito era alejar las tinieblas del corazón de su protector ya lo había conseguido con creces.
Sharede d'Alençon - January 9, 2007 12:59 PM (GMT)
Sharede hizo un gracioso mohín al escuchar lo del diario. Si realmente existía, le gustaría poder leerlo, pero obviamente aquel no era el tema y prefería saber en qué consistía el plan de Máximo para sí mismo con respecto a la seguridad de la que hablaba.
Suspirando, aprovechó su mano entre las de él para con leve presión subrayar sus palabras. La sonrisa poco a poco había borrado la huella en su rostro y prefería hacer concesiones en el juego antes que perderse una oportunidad de llamar a la prudencia.
-Máximo. Tened cuidado. Espero que los planes para vuestro futuro estén tan claros como los que parece que tenéis para el mío... No obstante, pediré a Dios que convierta todo esto en sólo una posibilidad remota y lejos de cumplirse para no tener que recurrir al exilio... no me gustaría molestar a Ángelo ni su hermana ocupando parte de su refugio familiar. Bueno, y considero esta una casa demasiado agradable como para desear irme-, finalizó otorgando a su voz un tono de cálido agradecimiento.
Maximo Constanza - January 9, 2007 02:53 PM (GMT)
Con la leve presión en sus manos, y las palabras que la prosiguierón, entendió que el juego había terminado, si más no había hecho un alto, y volvía la seriedad y la preocupación. No sabía bien el por qué, pero una especie de vinculo se había creado entre ambos, y se fortalecía con cada momento que pasaban juntos. Por el momento ya había conseguido que si pasaba algo ella se marchara de la peligrosa abadía, ahora solo quedaba intentar remediar sus preocupaciones.
- Espero que tus plegarias sean escuchadas, pero por si acaso nunca viene mal tener un plan secundario. Así que decidido esto sólo queda alejar tus temores por mi. -Una breve pausa intensificó las miradas que entre ambos se cruzaban.- Querida... he sobrevivido a muchas cosas en mi larga vida, y ésta será una más que añadir a la lista. Ten por seguro que no pienso dejar que me cojan, y si la cosa pinta muy mal yo tambien abandonaré este lugar. Además podremos seguir viendonos durante las noches si lo deseas, a mi sin duda me agradará tenerte cerca de vez en cuando.
Cerrando la mano de Sharede con las suyas, dejó en su interior un pequeño anillo de ónice negro.
- Un pequeño presente para que recuerdes quien ha ganado el juego de esta noche, y aprendas nuevas y mejores réplicas para una futura ocasión. -El tono del Lasombra era cálido y pícaro, y le quitaba importancia a lo comentado anteriormente. Su intención parecía la de regresar a una conversación inteligente y agradable, lejos de los problemas de los que habían hablado.
Sharede d'Alençon - January 10, 2007 02:53 AM (GMT)
Al escuchar sus sosegadas y tranquilizantes palabras, Sharede se sintió ligeramente avergonzada por haber llegado a preocuparse tanto: obviamente el primogénito podía cuidarse solo y si había sentido que las precauciones del Lasombra eran demasiadas para con ella, probablemente él pensaría que sus recomendaciones eran exasperantes y superfluas.
Agradeciendo el tono neutro que la eternidad otorgaba a sus mejillas, asintió súbitamente con mayor reserva.
-Sólo tenéis que desearlo, y estaré allí donde me necesitéis-, prometió.
Y de pronto una pequeña exclamación brotó de sus labios entreabiertos al sentir un tacto frío deslizándose hacia el interior de su mano. Bajó la mirada y extendió la palma sin saber qué decir, no solía llevar ninguna joya pero sabía reconocer la belleza de aquella piedra oscura y los buenos deseos de Máximo al regalársela.
-Es cierto. A veces no hay palabras.
Su mirada se alzó súbitamente alcanzando de lleno a Máximo y pillándolo por sorpresa.
Maximo Constanza - January 10, 2007 03:46 AM (GMT)
La súbita mirada de Sharede encantó al antiguo. No esperaba una mirada así. Era algo indescriptible lo que sucedía en su interior. Como un rayo la sangre fluyó, por unos segundos, hacia todas las partes de su cuerpo. Durante este breve lapso de tiempo el Lasombra estaba atrapado, no podía, ni quería, moverse. Hubiera permanecido toda la eternidad observando aquellos ojos brujos que acababan de hechizarlo.
Al volver a la realidad se dió cuenta que en sus momentos de inconsciéncia respecto a todo, excepto los ojos de la dama, que lo habían mantenido aprisionado con su mirada, había entrelazado sus dedos con los de la mano de ella. En aquel momento no supo que hacer, pero algo tenía claro: no deseaba soltarla y perder así la magia de su toque, pero comprendía que no dependía tan sólo de sus deseos. Así que mantuvo la mirada, que brillaba más que las estrellas del firmamento, esperando una reacción por parte de Sharede.
Sharede d'Alençon - January 10, 2007 04:18 AM (GMT)
Habría esperado cualquier cosa menos que él le devolviese el gesto con aquella intensidad. Podría haber vuelto los ojos hacia la negrura de la noche tras de ella diciendo alguna frase trivial, o quizás sonreírle cortésmente y apartar su mano, pero contrariamente a todo aquello, los dedos fríos de Máximo buscaron los suyos a tientas y los enlazaron con una suavidad inusitada, evocando la calidez que en su día poseyeron.
Pero sobre todo había algo en esa mirada que profundizaba hasta su misma alma... y lo que le ponía nerviosa era que no sabía exactamente de qué se trataba. O quizás lo sabía pero no quería admitirlo.
En cualquier caso Sharede intentó retroceder como había hecho noches antes con el desafortunado capadocio, pero encontró que le faltaban las fuerzas para moverse, parecía estacada en el sitio. Una débil sonrisa acudió a sus labios para socorrer aquella estúpida falta de reacción y de pronto sus pestañas ocultaron la fascinante oscuridad de sus ojos cuando ella bajó la mirada hasta el suelo como una vergonzosa doncella. Se maldijo en silencio.
Maximo Constanza - January 10, 2007 04:44 AM (GMT)
Cuando la dama bajó la mirada hacia el suelo parte del hechizo se rompió. Pero no lo suficiente para que el Lasombra se diera por vencido. Sus manos aun seguían entrelazadas, y eso indicaba al antiguo que Sharede, aunque fuera de forma involuntaria, no deseaba soltarse tampoco. Este hecho proporcionó a Máximo la seguridad necesária para llevar su mano libre bajo el mentón de su acompañante e intentar con un suave gesto entrecruzar sus miradas de nuevo. Al efectuar el movimiento no notó resistencia, así que al poco tiempo los ojos de ambos volvieron a estar mirandose.Tras un tiempo de observarse en el más completo silencio pudo ver algo en su mirada que decidió que debía de ser confusión. No entendía muy bien si Sharede se sentía a gusto con la situación, pero debía comprobarlo. Algo en su interior clamaba para que se acercara a ella, así que pensando que tenía más que ganar que peder, lentamente empezó a disminuir la distáncia entre ellos. Siempre manteniendo la mirada en aquellos ojos que lo mantenían atrapado para poder comprobar su reacción. Poco a poco llegó a su destino posando los labios en los de ella, sintiendo algo que hacía muchisimo tiempo que no sentía. Con esta sensación supo que si hubiera sido humano su corazón estaría latiendo desbocado en esos momentos.
Sharede d'Alençon - January 10, 2007 05:25 AM (GMT)
El suelo no ofrecía mayor atractivo que el que se percibía a primera vista, pero Sharede notaba la mirada fija en ella y de pronto lo encontró interesante... al menos le daba tiempo a intentar poner orden en sus pensamientos.
Sintió antes de conseguirlo que el primogénito le pedía en silencio que alzase el rostro, y aunque en cierto modo tenía miedo de lo que ocurriría si se rendía a la presión de su mano, una parte de ella la instaba a confiar en Máximo. Sin pensarlo, volvió lentamente y casi con temor a abarcar el rostro que la escrutaba. ¿Nunca perdería aquella serenidad? ¿estaría leyendo en ella el mar de confusión que arreciaba sin piedad su interior?
En un momento dado notó que ya no podía mirar la expresión del primogénito, sólo alcanzaba a perderse en la inmensidad de aquellos ojos inmortales que ardían con un fuego enigmático pero resuelto, tan distintos a los que había sentido sobre ella días atrás... tan opuestos como el fuego y el hielo, salvo que el fuego es capaz de derretirlo.
Dejó de verle con nitidez, dándose de pronto cuenta de que se aproximaba, y entonces cerró los ojos en el mismo instante en que percibió que la distancia entre ambos desaparecía, que el fuego la iba a quemar y que, entre ellos, dejaba de haber aire gélido para ser sustituido por la suavidad de sus labios tímidos contra los de él en un roce prácticamente imperceptible, inquisitivo.
Por un momento temió que el contacto resultase frío e inquietante, mas no por mucho tiempo.
Un enigma quedaba resuelto para Máximo, y eso le movió a actuar más allá de la primera tentativa. Atrapó la barbilla de Sharede con la mano con que le había elevado el rostro anteriormente y la atrajo hacia sí de modo que, en la oscuridad, dos sombras parecieron entrelazarse.
El beso que bailaba en labios de ambos era inusitadamente cálido, un escalofrío la recorrió poderosamente pero esta vez era parecido a un cosquilleo de placer.
La sangre fluyó hacia sus mejillas dotándolas de un tono sonrosado que realzaba la humanidad de su aspecto, e instantes después todo quedó en suspenso: los ojos se abrieron al tiempo y las bocas entreabiertas y ligeramente húmedas quedaron a la distancia de un segundo. El primogénito pudo ver el rubor de su protegida e intentó sonreír para darle confianza pero sólo lo consiguió con los ojos.
Sharede intentó decir algo no obstante, súbitamente insegura.
Maximo Constanza - January 10, 2007 06:39 PM (GMT)
Extasiado por la calidez del beso, Máximo contempló los ojos de Sharede mientras notaba la calidez y el tono de su piel. Al ver que iba a pronunciar algo, insegura, se adelantó a su acción interponiendo un dedo entre sus labios y las palabras que de ellos iban a salir. Y mirándola cálidamente, con un brillo que nadie antes había podido ver le habló mientras le dedicaba su mejor sonrisa.
- No pasa nada, tránquila querida. -Las palabras se desprendieron del primogénito como un leve susurro que llego suave a los oídos de Sharede.
Para reafirmar sus palabras se adelantó un poco para volver a fundirse con su compañera. Pero esta vez lo que los unió no fue un beso sino un abrazo que transmitía tranquilidad, serenidad, decisión, y un dulce pero verdadero afecto. Durante largo tiempo el Lasombra mantuvo aquella presa afectiva otorgando a Sharede la seguridad que parecía necesitar.
Sharede d'Alençon - January 10, 2007 07:42 PM (GMT)
Selló los labios y su garganta ahogó las palabras. Se sintió rodeada por los brazos del primogénito pero pese a la serenidad con que éste imbuía las primeras palabras tras el gesto, ella no pudo sentirse tranquila, demasiadas cosas le venían a la mente y tenía que volver a encontrarse con la reconfortante soledad de su habitación cuanto antes.
Tras unos momentos aferrada contra el pecho de él, suavemente se soltó para ser de nuevo una simple consejera. Una simple consejera pero con un anillo negro encerrado en su mano derecha.
-Monsieur Constanza- comenzó, utilizando el título por el que le solía llamar como muestra de que había recuperado el aplomo.-Hay algo más que quisiera deciros antes de pedir que me permitáis volver a mis aposentos.
No era el mejor momento para devolver la mente a los asuntos mundanos, pero necesitaba escapar de la penetrante mirada del antiguo, fija en ella.
-Mañana... mañana, Eradriel de los Tremere pretende venir a visitarme aquí a la Abadía. Espero que no tengáis ningún inconveniente, de lo contrario le escribiré para revocar la decisión.
Ya lo había dicho. Intentando que pareciese casualidad, desvió la mirada aguardando su respuesta.
Maximo Constanza - January 11, 2007 02:24 AM (GMT)
Al principio casi no notó como Sharede se liberaba de su abrazo. Fue la forma en que le dirigió la palabra lo que liberó a Máximo del hechizo. Entonces todo volvía a la normalidad. Bueno, casi todo. Algo se removía en el interior del Lasombra, pero no quería presionar más a la dama, por esa noche ya había habido suficiente. Lentamente, mientras la mujer iba soltando su discurso, los ojos del antiguo recuperaron su tono habitual, aunque un leve reflejo permanecía aun en ellos.
De repente algo llamó su atención. Sharede acababa de dudar al decirle algo teniendo que repetirse. Eso no era normal pues la muchacha tenía un vocabulario y una fluidez excelente en el habla. Seguramente sentía que debía retirarse para poner en orden sus pensamientos, pues muchas emociones los habían embargado a ambos esa noche. Así que se encaminó hacia uno de los ventanales mientras contestaba en un tono amable, más propio de un padre que de un... lo que fuera, el tiempo lo pondría todo en su lugar.
- Al final voy a tener que enfadarme contigo. Espero que sea la última vez que me hagas repetirlo -Fingiendo reprimir a una niña pequeña en tono cariñoso.- Este es tambien tu hogar, y te di libertad para hacer lo que te plazca, con una única condición, que hasta el momento y creo que así será siempre, has cumplido a la perfección. Así que eres libre de invitar a quien tu desees y moverte a tus anchas por la Abadía... Y por favor, no vuelvas a pedirme permiso para ir a tus aposentos, pues no tengo ningún deseo de retenerte.
Las palabras denotaban la confianza que Máximo le ofrecía.
Sharede d'Alençon - January 11, 2007 03:07 AM (GMT)
El movimiento del primogénito para volverse hacia la ventana traicionaba sus afables palabras. Estaba pensando en algo, y probablemente se hallase tan desconcertado por lo que acababa de pasar como ella misma, pero no quería que lo viese.
Aunque agradeció la espontaneidad y el desenfado así como la confianza que le otorgaba, su última frase le sonó quizás... ¿dolida?
-Gracias por todo-, murmuró con una pequeña sonrisa que seguramente y aunque él estuviese de espaldas, percibiría en el tono de voz.
Tras mirarle breves instantes más en silencio se dio también media vuelta, encarándose a las sombras del hueco de la escalera y desapareciendo por ella tal y como había venido. Aprovechó la oscuridad tan absoluta que allí reinaba para cerrar los ojos y emitir un largo suspiro.
Maximo Constanza - January 11, 2007 03:37 AM (GMT)
El Lasombra fingiendo mirar a través del ventanal, seguía todo lo que hacía Sharede. Y cuando le habló detectó algo especial en su tono. No supo que había sido exáctamente, pero no parecía nada malo, así que la dejó marchar sin interrupción.
Sólo cuando escuchó el leve susurro de los bajos del vestido de la dama rozando la fría piedra de las escaleras se permitió el lujo de relajarse llegando a suspirar como hacía siglos que no le sucedía. Fue un suspiro instintivo más que voluntario. Algo largo tiempo dormido había despertado esa noche en el interior de Máximo. Extrañamente se sentía vivo, mientras notaba que algo recorría una de sus mejillas hasta acabar derramándose en sus labios que ofrecían una sonrisa al cielo de París.