View Full Version: Cómo sembrar una flor

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Title: Cómo sembrar una flor
Description: Privado (Lucie, Isolda, 9-4-1226)


Isolda Lamartine - December 26, 2006 02:58 AM (GMT)
Ambas, la campesina y la niña, caminaron tranquilamente, conversando distendidas, desde el Mercado hasta el barrio donde se erigía la Capilla. La Archimaga entendía que aquello que estaba haciendo sería muy importante, que nunca sería en vano el esfuerzo de conducir a un joven Despertado, sin Maestro, hacia la Iluminación; pero entendía también que el tiempo que ahora corría era difícil, que los peligros se multiplicaban y los enemigos de los magos no eran pocos.

Así era una doble responsabilidad, que Isolda había aceptado, conociendo, claro, los riesgos... para ambas.

Desde hacía un rato ambas comenzaban a pasar desapercibidas; gradualmente, lentamente, las gentes, mortales o sobrenaturales, que pudieran estarlas observando por casualidad o con intención, comenzaron a perderlas sin notarlo las primeras, notándolo con dificultad las segundas si era fuerte su voluntad, hasta que justo en la entrada al barrio, nadie ya podía seguirlas. Lucie, claro estaba, no podía notarlo.

Lentamente se acercaban, y desde la distancia podía verse ya el edificio. No era suntuoso, no resaltaba entre las construcciones que tenía al lado, y en realidad cualquier paseante elevado hubiera podido pasar de largo; este efecto, sin embargo, era normal.

Para la pequeña, que sabía hacia dónde se dirigían, esto no era de ese modo: muros exteriores, bajos pero fuertes, defendían el interior de la Capilla. Entre aquellos muros podía verse sobresalir la copa de un Sauce LLorón; francas puertas de madera separaban aquel lugar del mundo exterior.

Sin embargo ellas no se dirigieron a estas puertas, sino que pasaron de largo, acercándose más al río. Isolda tomó un camino al azar, y potenció el hechizo con el que estaban cubiertas. Dieron unas vueltas más, enredadas para quien no estuviera en compañía de la Dama, y cuando menos pensaron entraban ya a la Capilla, sin ser vistas ni seguidas.

EL interior tenía un humilde pero hermoso jardín, aparte del sauce, y un edificio de un piso. Los muros exteriores no estaban muy alejados del edificio, por lo que había una sensación extraña de aprisionamiento.

Isolda guió a la pequeña hasta el interior de la casa, donde se acercaron a un lugar sin nada de especial. Isolda murmuró unas palabras, y una puerta apareció. Otras más, y la puerta se abrió. Ambas descendieron. Ahora se encontraban en Le Ictus.


Lucie - December 27, 2006 04:46 PM (GMT)
La pequeña aprendiz había observado curiosamente el proceder de Isolda para conducirlas a su destino, intrigada y casi creyéndose en una aventura extraordinaria cuando observó cómo la multitud poco a poco se esfumaba de su camino como si fuesen ellas mismas invisibles.

Lo que vieron sus ojos al entrar en aquel modesto patio la defraudó, pero lo que percibía sin saber muy bien cómo la estaba abrumando.
Un sencillo patio interior las había acogido, y destacaba en él un hermoso y melancólico sauce que fascinó a Lucie, pues la última vez que había entrado en aquel lugar no había tenido la oportunidad de fijarse.
Sin embargo, la casa a la que se dirigieron no tenía nada de particular y ni siquiera parecía majestuosa.
Ya iba a preguntar por el lugar cuando la archimaga hizo aparecer una puerta hacia la capilla, y entonces la pequeña no pudo reprimir una leve exclamación de asombro, que se reprodujo cuando entraron en una iglesia no muy recargada.

-¿Voy a vivir aquí? -preguntó confusa. No sólo confusa por lo inhabitual de la situación, sino también por las fortísimas irradiaciones que se desprendían de aquel lugar y que no podían dejar a ningún despertado indiferente.

FDI: Imagino que entran en la iglesia primero, puesto que según he leído para llegar a los subterráneos hay que bajar desde la propia capilla :/

Isolda Lamartine - December 31, 2006 06:08 PM (GMT)
La Archimaga asintió.

Aquel era un lugar mágico, un lugar protegido por la sangre de generaciones de magos que se habían eliminado entre sí y que habían luchado contra la realidad, contra la inevitable pérdida de creencias de los Durmientes, y contra los monstrous nocturnos que siempre asechaban y asecharían a lo desconocido.

Un lugar mágico por propio derecho también, siendo guardián del Nodo más grande y poderoso de la Europa Occidental, exceptuando, claro estaba, a las Islas. El fondo del túnel se extendía sinuoso y delicado, y creíanse percibir tonadas salidas de las mismas rocas o del aire, dando una bienvenida. Antorchas eternas de luces azulosas se apostaban a ambos lados del camino, como una invitación a recorrer aquellos parajes mitológicos en un mundo que aún no había perdido sus magia.

Antes podían vivir en paz. No ahora.

-Aquí vivirás.

Sonrió. Antes había unas reglas que debería aprender para la supervivencia de todos, pero esperaría a llevarla a su Sanctum para poder conversar pacíficamente al respecto.

Caminaron largo trecho, en el parecer de Lucie, y en el parecer de ella también los caminos se repetían, eran errados e incluso parecían estar caminando en círculos. Esta sensación se veía sin embargo inevitablemente opacada por el más fuerte sentimiento que le creaba la visión de llamas volátiles que se desplazaban por el techo, de pequeños seres de tierra y piedra que se movían en hileras, cual hormigas celestiales, o en desorden, por las paredes y los suelos. Y los susurros y las músicas no se detuvieron ni por un instante, auqnue era claro que las voces eran demasiadas y que incluso el sistema de laberintos tenía voz propia.

Finalmente Isolda se detuvo de manera abrupta. Se encontraban frente a una puerta de doble madera sobre la cual se hallaba tallado en bajo relieve un escudo de armas que portaba un dragón, una llama y un escudo.

Movió la mano frente a la puerta y el símbolo se iluminó levemente, dejando paso a ambas mujeres.

-Bienvenida entonces a vuestra casa que es la mía.



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FDI: jejeje, que me despisto

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Lucie - January 1, 2007 09:03 PM (GMT)
Cuando Lucie vio el intrincado amasijo de pasadizos que estaban recorriendo le pareció mentira que debajo de lo que parecía una simple capilla y un pequeño jardín pudiesen caber tantas cosas, pero como todo solía ser bastante inexplicable desde el patrón que le habían inculcado las personas mundanas, calló y observó. Algo le decía que observar le abriría mayor camino que intentar comprender...

Los pasillos se sucedían, Lucie nunca había visto aquella luz que parecía haber sido recogida directamente del cielo pero no sintió miedo por las cosas que observaba; deseaba por el contrario perderse allí en ese reducto de leyenda donde al doblar de cada esquina aguardaba una nueva sorpresa.

Tras un largo caminar, al fin se detuvieron frente a una puerta con un símbolo que le recordaba a aquellos hombres estirados y bien vestidos que de vez en cuando paseaban por la ciudad luciendo sus insignias. El símbolo en la madera brilló respondiendo al gesto de Isolda y delatando de nuevo que nada era como en el exterior.
A pesar de todo, se sentía en casa, y como leyéndole la mente su maestra se lo reafirmó.

Isolda Lamartine - January 2, 2007 03:08 PM (GMT)
El Sanctum de Isolda era tal vez el más trabajado, exceptuando al de Aloisius, de todos los que había en la Capilla. La resonancia era claramente Dinámica, y había en aquel lugar tanto de Isolda como en su propio cuerpo.

Las luces, la armonía, el perfecto orden celestial imbuido en un cuerpo mortal Iluminado se reflejaban en aquel espacio de tal manera que quien estuviera ciego tendría que decir que Isolda estaba arriba, abajo, a los lados y en cada elemento que componía el conjunto.

Una amplia sala daba la recepción a los invitados, sobria en sumo grado, pero hermosa y reluciente a la vez: las paredes de piedra se encontraban decoradas por estanterías repletas de mágicos ingredientes: seres pequeños y amorfos, de mirada esquiva y maligna encerrados en frascos que, aunque pequeños, daban la impresión de ser infinitamente amplios; piedras de colores brillantes, con luz propia, que daban la impresión de cambiar de formas; extrañas hojas y flores recogidas con sumo cuidado durante décadas, ubicadas en tazas y frascos de vidrio que las protegían del paso del tiempo; ramas, pedazos de papel, metales y piedras preciosas aparentemente vulgares, pero todo daba tal impresión de orden esencial, de Aleph, de Caos primigenio y a la vez racionalidad ambsoluta, que chocaba directamente con las mentes que no se encontraban preparadas.

Un instrumento del tamaño de Lucie, de doce cuerdas y arco curvo descansaba en una esquina, tras un banco de madera.

Una sencilla sala compuesta por cinco bancos bajos de madera y una silla pequeña en el centro, ocupaban otro extremo. Más hacia el centro una mesa más grande, rodeada de trece sillas, ocupaban la mayor parte de la atención de los visitantes. Atrás, al fondo, había una discreta puerta de madera.

Isolda invitó a Lucie a sentarse en la más informal sala.

-Debéis estar hambrienta y sedienta. ¿Deseáis que os traiga algunas viandas?

De muchas maneras, auqnue Lucie no era noble ni había vivido entre la riqueza, era ella mucho más afortunada que Mystere Imum.

Lucie - January 2, 2007 05:47 PM (GMT)
Al entrar en aquel mágico ecosistema, las salas que componían el Sanctum se le antojaron a Lucie aún más grandes y desahogadas de lo que realmente serían para cualquier otro visitante, debido a su corta estatura. La chiquilla parecía comerse con los ojos todo lo que éstos observaban, y hubo de hacer un gran esfuerzo para no ponerse a curiosear aquellas estanterías repletas de cachivaches, piedras, hojas, e incluso para su sorpresa, criaturas desconocidas que lanzaban miradas torvas a las recién llegadas desde el otro lado del cristal de sus frascos.

Había allí, a su alrededor, luz, claridad y belleza, sin necesidad de ventana alguna, como si todo ello brillase por propia voluntad o quizás por voluntad de Isolda. Los elementos colocados en las estanterías dotaban al lugar de vida y un dinamismo especial... era como estar en medio de un bosque donde, todo campa en aparente desorden pero subyaciendo se percibe el orden cósmico de la naturaleza. Todo ello, pero con una sensación de estar protegida.

Los ojos de Lucie destelleaban cuando se sentó donde se le indicaba, asemejándose su fulgor al de pequeñas esquirlas de hielo. Sin darse cuenta había adoptado una compostura que correspondía no a una niña relativamente pequeña, sino a un eco de lo que posteriormente sería.
¿Cómo podría tener hambre teniendo tantas cosas que sentir en aquel lugar? Sin embargo aunque su mente no estuviese especialmente receptiva, el estómago no quiso perder la oportunidad de recordárselo con un leve quejido.

-Sí, por favor-, contestó educadamente, sorprendiéndose ante la forma de preguntárselo.

Isolda Lamartine - January 2, 2007 08:35 PM (GMT)
Al poco un homúnculo pequeño y encorvado, vestido con harapos que más que ropas parecían cortezas de árbol, se acercó con una amplia bandeja. Sus ojos demostraban completa esclavitud y servicialidad, y en su ánimo no había nada más que complacencia frente a lo que su ama le ordenara. Algo de temor se escondía, sin embargo, en aquel ser de mente corta, contruida por la propia Archimaga.

La bandeja era de humilde corte, así como los recipientes donde se distribuían frutas, verduras, algún guiso, agua y sumo de frutas. Depositó cada cosa sobre la mesa y desapareció sin hacer ruido ni hacerse notar.

Isolda tomó un frasco de madera donde había cristalina agua, y tomando un trago, observó tranquilamente a Lucie unos segundos.

En aquel lugar ya la máscara de campesina era innecesaria, y la verdadera Isolda salió a la luz, a ojos de la pequeña: mágica, mitológica, arquetipo del orden perfecto y de la perfecta armonía. Mientras la pequeña comía, Isolda continuó como si nunca hubieran detenido la conversación minutos atrás.

-En este lugar vuestra vida ha de tomar rumbos que ni Tristán ni vos llegastéis a imaginar. Debéis entender lo que espero de vos, y habéis de ser honesta al decirme si podéis responder a mis requerimientos. Si no os véis en capacidad, no debéis preocuparos porque nada hay más alejado de mi ánimo que despojaros de la magia de este lugar.

Era una clara advertencia, pero en el tono noble que usaba la Archimaga Lucie pudo notar que no había nada como una amenaza; lo que decía era completamente cierto, e intruiría a Lucie en el grado que ella fuese capaz de soportar.

-No todo es hermoso, como ya pudistéis haber notado. Son muchos los que nos persiguen por desconocer lo que somos, por temor o por estupidez, conceptos que son tan similares que os soprenderías. -Sonrió.- Por tanto cuando salgáis lo haréis siempre guiada por Löw, la mujer que me acompañaba hace un rato.

Eso era muy simple, pero muchos podrían creer que su libertad se veía coartada... y más tal vez con lo que seguía.

-Por la misma razón, y como a todos los habitantes de la Capilla, he de hacer un lazo entre vos y este lugar, lazo que servirá a la vez para protegeros y saber si estáis en peligro, como para evitar que alguien usando vuestro rostro entre a este lugar.

Siglos después Orwell hablaría sobre aquello...

-Y antes de poder empezar a estudiar los caminos de la magia a mi lado, auqnue siempre que tengáis una pregunta estaré gustosa de responderosla, deberáis instruiros en algunas cosas básicas; estas son algunas lenguas hoy en día en poco uso o de uso muy restringido, como el latín, el griego y el hebreo; deberéis así mismo instruiros en teología, geometría, medicina e historia.

Ante la posible reacción de susto de la pequeña, Isolda levantó la mano, evitando cualquier respuesta.

-No os preocupéis. Aquí mismo aprenderéis eso y yo os guiaré en los primeros pasos, y podráis aprender sobre las plantas, sobre los metales, sobre el las estaciones o los seres que pueblan nuestro mundo, si es ese vuestro ánimo. No os impondré restricciones sobre eso... pero para que podáis entenderme cuando lleguemos a donde ambas queremos, debéis estar familiarizada con mi manera de hablar y con las ideas que uso.

Sonrió una vez más y tomó otro trago de agua.

Lucie - January 2, 2007 11:25 PM (GMT)
Lucie observó al hombrecillo con curiosidad pues había estado acostumbrada durante toda su vida a sacarse ella sola las castañas del fuego: en casa de Amavarati debía ocuparse de ella, y con Tristán solía hacer por sí misma lo que necesitase para no molestar el devenir de su maestro.

Isolda sin embargo poseía sirvientes como en las familias acaudaladas. La niña contempló lo que contenía la bandeja de comida y lejos del pan seco, las judías, el vino macilento o las manzanas picadas que aún recordaba vívidamente del campamento de refugiados, aquel cuidadoso mosaico de recipientes contenía agua límpida, carne guisada que desprendía un delicioso aroma, y también uvas, ciruelas, fresas, y todo cuanto la pequeña podía desear.
Pronto el estómago la volvió a aguijonear y Lucie lo aplacó cogiendo un pequeño trozo de carne mientras volvía a prestar atención a las palabras de su maestra, algo avergonzada por su avidez.

Apenas se había fijado en Löw pero como quien comparte un secreto, no se sintió ofendida ni desconfiada porque tuviese que cumplir una serie de reglas que incluían ciertas limitaciones de movimientos. Supuso que sería especialmente para evitar que ocurriese como ese mismo día cuando había decidido marcharse, huir, y notó un leve calor en las mejillas. A partir de entonces se comportaría como ella le pidiese; se le daba bien contentar a sus mayores con cosas simples y mientras no tuviesen que repetírselo, solían quedar fácilmente satisfechos.

Los ojos de Lucie se abrieron desmesuradamente al escuchar todo lo que la archimaga pretendía hacerle aprender. Contrariamente a lo que Isolda pudo pensar, no se sintió abrumada sino que la lista le pareció corta. Ansiaba aprender nuevas cosas pues en todos sus años de vida el ritmo de aprendizaje había sido lento y precario por mucho que la anciana que la había criado hubiese puesto todo su empeño en ello, y tan sólo en los últimos meses había conseguido aprender decentemente a leer y escribir gracias a la hábil tutela de Tristán du Lac.

... latín, griego, hebreo...

Aquello le recordaba a los fervientes murmullos de los eclesiásticos, sus incomprensibles y elaborados libros que emitían destellos dorados, y a un penetrante olor a incienso. No le disgustaba aprender aquello pero... ¿para qué?

... teología...

¿querían que fuese monja acaso?

... geometría, medicina, historia.

Las demás disciplinas se le antojaron curiosas, tendría tiempo de aprender más exactamente en qué consistían. Quería empezar cuanto antes: no sabía si le iba a dar tiempo a aprender todo eso y notaba que las expectativas puestas sobre ella eran muchas. Sintiéndose algo diminuta ante el saber que se insinuaba en las palabras de su maestra, intentó defenderse.

-Sé leer, y también escribir. Mi...-iba a decir maestro, pero se lo pensó mejor- Tristán me enseñó también cosas sobre nuestro señor Jesucristo y la doctrina de la Iglesia.

Isolda Lamartine - January 3, 2007 04:55 AM (GMT)
Isolda quedó gratamente sorprendida por la aceptación silenciosa de las condiciones que daba a la pequeña Despertada; no podía esperar menos, sin embargo, pero hacía ya tiempo eran de más corto vuelo sus esperanzas.

Si con aquel mismo ánimo que se imponía en devorar aquellas frutas y aquel conejo, devoraba las páginas que pondría delante suyo, no tardaría en ser una escéptica, una curiosa y una perpetua asombrada de las maravillas del mundo visible... y cómo no, del invisible. Justo los ingredientes que se necesitaban, más allá de las lenguas en que se cifraban los secretos, para convertirse en una Despertada.

Ansiosa, con necesidad de mostrar que valía lo que sucedería con ella, Voraz. Los pensamientos de Lucie se reflejaban con tanta claridad en sus ojos, que la Magister Mundi no pudo menos que leer en ellos, entre curiosa y divertida. Pero había aún muchas cosas que enturbiaban sus pensamientos.

Ya que los temas "graves" habían sido tratados, al menos teóricamente, una charla en apariencia sin trasfondo, no caería mal a ninguna de las dos: a Lucie como sobremesa a la comida que aún tragaba, y a Isolda para, como siempre, retar a sus Aprendices a llegar más lejos.

-Jesucristo y la Iglesia. Poderosas ideas y más poderosas todavía las huellas que han dejado y dejarán sobre la tierra. ¿Qué opináis sobre ambos, Lucie?

Lucie - January 4, 2007 08:33 PM (GMT)
Sus dedos atraparon varias frutas que se llevó a la boca mientras miraba pensativa a algún punto en el vacío. Nunca se había planteado lo que pensaba ella misma de todo aquello, ¿acaso había que reflexionar más allá de lo evidente?
Volviendo sus ojos semitransparentes hacia Isolda, intentó obtener una respuesta en su mirar, pero tan sólo halló hermetismo. No quería que la pusiesen más a prueba sobre ese tema, era buena cristiana, Tristán ya la había aleccionado lo suficiente.

-Jesucristo fue alguien bueno, y todos debemos serlo en su nombre. Por eso la Iglesia está para recordárnoslo, mantener la fe y vigilarnos para que obremos correctamente...

Hasta ahí todo bien, hablaba segura de sí misma sobre lo que opinaba. Dudó si seguir y que hubiese la posibilidad de estropearlo, pero necesitaba expresar sus dudas.

-Los sacerdotes... son humanos, ¿no? pero representan a Dios. Creo que pueden representarlo igual de bien que cualquier otra persona- apuntó tímidamente con los recuerdos de algunos eclesiásticos de moralidad dudosa.

Isolda Lamartine - January 4, 2007 11:48 PM (GMT)
Isolda estiró su nívea mano hasta alcanzar una manzana, que mordió posteriormente cerrando los ojos. Desde que empezara a practicar sobre sí diversos cambios, el comer se le hacía cada vez menos necesario, pudiendo extraer de poca comida la máxima cantidad de fuerzas posibles, incluso multiplicándolas.

El hecho de comer ahora cobraba dimensiones artísticas, tomándome la licencia de decirlo de ese modo, dado que podía dedicarse a la contemplación perfecta y no al arduo arrastre de la necesidad. Terminó lentamente su bocado, y miró una taza de madera sobre un estante.

Se puso de pie, y caminando lentamente la tomó entre sus manos, depositando en ella el resto de manzana que quedaba, y equipada de ese modo regresó a su asiento.

-Jesucristo era, en efecto, un hombre bueno. Puso la taza sobre la mesa, y la estuvo mirando concentrada unos segundos. -Defender su Idea es igualmente loable, y sin duda hay muchos, como Tristán, que han conseguido con éxito vivir como aquel hombre vivió.

Levantó los ojos de la taza para observar a la pequeña, y los volvió a clavar en ella.

-La Iglesia y sus miembros, tanto quienes predican las enseñanzas de Jesucristo, como quienes creen en lo que ellos dicen, son humanos. Quienes han escritos con sus manos las palabras de Aquellos que lo acompañaron, también son humanos. Esperar que tantos hombres y mujeres, que han nacido regados con diferentes aguas, que han escuchado tantas palabras confusas y enrevesadas, vivan como Aquél o piensen como él, podría parecer inocente. ¿No creéis de ese modo? ¿O acaso creéis que es no es el objetivo que persiguen?


Lucie - January 8, 2007 04:07 AM (GMT)
Lucie observó con la curiosidad de un gato el devenir de Isolda por sus estancias, haciendo cosas tan curiosas e inusuales como colocar el resto de la jugosa manzana en el interior de una taza. La niña no sabía si reírse, mantener la seriedad, o esperar que de la abertura surgiese de pronto una nueva forma que hubiese cobrado vida a partir de la manzana ¿por qué no?.

No hizo finalmente ninguna de las tres cosas pues su maestra prosiguió con sabias palabras, tratándola de nuevo como a un igual lo cual la desconcertaba.

-Tenéis razón...

Algo le cruzó la mente como un relámpago. Si había pasado tanto tiempo y los escritos por tantas manos... ¿realmente Jesucristo sería como decían que era?
Desechó inmediatamente las extrañas dudas que nunca antes la habían asaltado. Le pedían que reflexionase y cuestionase, quizás fuese eso lo que incitaba a barbaridades.

-Pero si no quisiesen obrar o pensar como él... no tendrían la necesidad de obedecer lo que él creó y ponerse a su servicio...

Su inocencia le impedía ver fines más oscuros que los actos en sí mismos.

Isolda Lamartine - January 10, 2007 04:28 PM (GMT)
No quería implantar sus propios pensamientos en los de Lucie, pero la pequeña ya había demostrado ser suficientemente fuerte como para mantenerse victoriosa, como para recoger únicamente cuanto le era caro y desechar el resto; esperaba que lo hiciera después de haberlo analizado, pero no hacía falta tomar excesivas precauciones.

Pero en su método de enseñanza estas ideas siempre se transmitían platónicamente.

-¿Qué crees que es el poder, Lucie?

Lucie - January 17, 2007 04:00 AM (GMT)
-¿El poder?

Lucie frunció el ceño. No sabía hasta dónde quería llegar su maestra pero le frustraba buscar respuestas y no conseguir más que preguntas. En su mente no era así como funcionaban las cosas, sino más bien a la inversa.
Supuso entonces que Isolda quería hacerle conectar varias ideas pero no se le ocurrió cómo así que respondió llanamente.

-Lo que tienen los reyes y que hacen que los demás les obedezcan, supongo.

Era el ejemplo más claro y por eso se le venía a la mente. Los poderes sutiles están hechos para ser aceptados sin cuestionarse su existencia.

Isolda Lamartine - January 18, 2007 07:31 PM (GMT)
-Vos misma os haréis una idea de lo que el poder significa con el paso del tiempo entonces, y tal vez veas que va más allá de los reyes, nobles o príncipes.

Isolda extrajo por fin la manzana del tazón, y la mostró a Lucie, poniéndola en la palma de su mano.

-Cuando un humano tiene bajo su control cualquier aspecto de la Realidad, tiene poder. Un rey puede ordenar un asalto a los reinos enemigos; un noble puede hacer la vida de sus siervos miserable o agradable; los príncipes de la Iglesia pueden mandar sobre algo más fuerte: es a través de ellos que supuestamente se hace la voluntad de Dios. Y digo supuestamente, pues aunque hay almas puras como la de Tristán, la de la mayoría de eclesiásticos es de mortales ciegos, o no tanto, que acomodan según su capacidad de entendimiento o su astucia, las letras de las escrituras.

La manzana, en manos de Lucie, se removió, y dulcemente se convirtió en una amarilla mariposa, que sin esperar alzó vuelo rauda, hacia el techo de la estancia.

-Seguramente recordáis aquel canto en que Jesucristo hizo de un medrugo una tórtola. Nuestra Iglesia son las almas humanas, y nuestras escrituras son nuestras intenciones. Ellos, ciegos, mirarán según como les abramos los ojos.

Se puso de pie.

-Pero luego continuaremos esta charla. Si lo deseáis, ahora os mostraré los que serán vuestros aposentos.

Lucie - January 28, 2007 01:42 AM (GMT)
Su mirada revoloteó, libre, uniéndose por un instante a la de la mariposa que ajena al devenir de la especie humana, se afanaba por escapar de la prisión.

Por un momento Lucie, deseó dar por finalizada la conversación marcando claramente su deseo con unas hermosas alas coloridas surgiendo de su espalda, pero aún no podía realizar semejantes prodigios y habría de contentarse con su pequeña estatura y con el cumplimiento de sus obligaciones hasta que llegase aquel día, si es que llegaba... Y con cada pequeña chispa de magia, la esperanza latente abría un poquito más la puerta de la jaula donde estaba encerrado su anhelo.

Como si Isolda hubiese adivinado aquel sentir, las pedagógicas palabras finalizaron con una propuesta tentadora que le hizo olvidar su momentánea nostalgia. Se levantó de un pequeño salto abandonando el taburete y contempló la figura invitante con una expresión ilusionada.

Mis aposentos... suena bien, pensó con una maliciosa sonrisa en sus labios mientras se limitaba a asentir obedientemente.

Isolda Lamartine - January 29, 2007 03:44 PM (GMT)
La Magister Mundi sonrió.

Aquel día había sido de mucho provecho; muchas cosas habían cambiado, y muchas otras aún cambiarían tanto para la Maga como para la Aprendiz. Muchos pasos había que dar, y era poco el tiempo; pero como Isolda acostumbraba, no había prisa ni necesidad de tomarla. Para bien o para mal, cada cosa debía darse siempre en su momento.

Guió a la pequeña no sólo a la que sería su habitación, sino a la que sería su nueva vida.




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