View Full Version: Crónica de un entierro

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Title: Crónica de un entierro
Description: (13-4-1226) Privado Sharede y Octavio


Sharede d'Alençon - December 26, 2006 01:08 AM (GMT)
Hacía cierto tiempo desde la última (y primera vez) que Sharede d'Alençon había contemplado la interminable extensión de lápidas sucediéndose incansablemente hasta recubrir aquella tierra alimentada por los difuntos.
Miles de cuerpos dormían aquella noche, como todas las noches, albergados por las cálidas y profundas entrañas bajos sus pies en una macabra parodia a los ciudadanos dormidos en sus camas y cuyas almas aún no habían sido reclamadas en el seno del Padre.
Pero esta vez Sharede no gozaba de la tranquilidad y una agradable compañía como lo había sido su hermano de clan meses antes, ahora circunstancias más funestas habían guiado sus pasos hasta uno de los rincones desprovistos de esbeltas esculturas y regias presencias aprisionadas en la fría piedra. Por allí se esparcían los descuidados o en el mejor de los casos modestos hoyos que se dedicaban a los pobres, a los apestados incluso, como era el caso del joven que había sucumbido a la pandemia y que había motivado a la lasombra encararse con el sepulturero para hacer que cumpliese con su trabajo, al abrigo de la noche, como él mismo exigió para evitar riesgos innecesarios.

El hombre había llegado de mala gana, y se tapaba la boca con una parte de su vieja vestimenta. Pretendía hacer lo más rápido posible su trabajo y dejar a la inoportuna dama a solas con su dolor, cualquiera que fuese. Sharede observaba su quehacer impertérrita, severa, velando por los despojos mortales de un alma cándida que ahora se lo agradecería desde lo alto. Sus dedos se deslizaron ágiles y fervorosos por sobre las ya desgastadas cuentas del rosario, y sus labios trémulos dedicaron plegarias inaudibles. Tal era su embebimiento que ni siquiera se dio cuenta de la partida del malhumorado y ruin hombrecillo, y cerca de ella ya sólo se disponía un montón de tierra húmeda removida...
¿o algo más?

Octavio Giovanni - December 26, 2006 04:18 PM (GMT)
Tras su encuentro furtivo con el primogénito toreador en el hospital y ante la esperada aparición de aquel diablo con forma de abominación vampirica, Octavio decidió visitar el cementerio de Sannt Innocents. Philipe había cumplido con sus funciones y había estado espiando a petición del Giovanni a una cainita muy especial.

Aquella noche en el camposanto se celebraba una misa nocturna, a petición de una dama oscura y triste. Desde las rejas del camposanto el capadocio la vio. Mantenía el mismo porte, triste, angelical. Llevaban meses sin verse, tras la marcha de Vincent, pero la belleza de la Lasombra iba en aumento. El corazón muerto de Octavio sintió n cosquilleo extraño. Tiempo atrás no se podía acercar a aquella cainita pues su amigo Vincent la protegía de cerca.

Recordaba algunos encontronazos con el Lasombra por culpa de su hermana. E incluso tuvo que hacer la promesa de no acercarse nunca más. Pero la eternidad era tan infinita y sabia que ahora se había llevado al oscuro Vincent a algún lugar lejos de allí, quizá buscando al padre oscuro…

Octavio se acercó despacio, sin hacer apenas ruido a escasos metros de Sharede. Vio como absorta no prestaba atención a las quejas de aquel mísero mortal que se alejaba blasfemando del cementerio.

Cuando ya podía oler su perfume y evitando la tentación de morder las blanquecinas carnes de la Lasombra, le susurró al oído para despertarla de su encantamiento.

-Lamento vuestro pesar miladi, pero he de advertiros que a vuestro hermano no le agradaría que estuvieseis aquí sola…a la intemperie.-

Los ojos del Giovanni tenían aquella luz, que solo tenía en presencia de la mas triste y bella del clan Lasombra. Sharede d’Alençon.

Sharede d'Alençon - December 27, 2006 12:07 AM (GMT)
Con una mano, Sharede apretó la cruz que pendía del rosario hasta que ésta se clavó en su carne. Aparentemente no se había sobresaltado, pero la realidad era que el susurro contra su cuello congeló cualquier reacción durante unos instantes en los que como un torbellino, la imagen de su hermano apareció con nitidez en su mente invocada por las insidiosas palabras que aún vibraban en el aire.
La cainita se tambaleó por la impresión y después retomó un curso normal de los acontecimientos dándose la vuelta para encarar al que descubrió como Octavio Giovanni.

Los ondulantes pliegues de su capa y vestido se arremolinaron en torno a la mística figura de la cainita, más sombría que nunca por su cuerpo envuelto en luto. La expresión de su rostro, empalidecido por la luna y la triste escena que se había desarrollado, adquirió un matiz de sorpresa y quizás, alivio.

-Octavio...

Su dulce voz pronunciando aquel nombre reverberó en el silencio colmándolo con un matiz melodioso y cálido que podría hacer olvidar a cualquiera la crueldad de la fría noche. Le había reconocido rápidamente. La mirada no se apartó de aquella inesperada silueta, y los recuerdos afloraron a la mente de la de Alençon... recuerdos donde nuevamente aparecía Vincent advirtiéndole sobre el giovanni, sobre el peligro que dejaba tan inocentemente acercarse desde cualquier dirección. Recordaba haberse ofendido y molestado por aquel tratamiento condescendiente, recriminatorio. ¿Acaso no había sobrevivido al azote del tiempo tan bien como él?

Una mezcla de todos aquellos sentimientos afloró, atenuada por el tiempo pero igualmente contradictoria. Probablemente aquel hombre, de entre todos los hombres, era el único capaz de hacerla sentir confusa e insegura con respecto a sus sentimientos pues... ¿qué significaba exactamente aquél brillo intenso como la luz del sol que titilaba en lo más profundo de los ojos que la observaban?

-Vincent nunca fue el guardián de su hermana-, murmuró ya con voz más firme e incluso desafiante. Quizás al fin y al cabo el giovanni se hubiese limitado a venir para darle noticias sobre su adorado y al tiempo odiado hermano.

Octavio Giovanni - December 28, 2006 11:36 PM (GMT)
El capadocio casi rozó el cuello de la Lasombra, mientras hacía un gran esfuerzo por alejarse lo suficiente para no intimidar a aquel ángel de la noche.

-No era mi intención asustaros, Sharede. Sabéis que yo mismo custodiaría vuestras noches durante toda la eternidad si vos me lo pidieseis. Desconozco a que se debe la ausencia de vuestro hermano….aunque nuestra última conversación fue bastante significativa.-

El Giovanni miró intensamente a la cainita. Sus ojos traspasaban las pupilas de esta y se hundían en su cuerpo. Viajó mentalmente por cada uno de los entresijos de aquel magnifico cuerpo, por el, el Giovanni corría libre.

La enigmática mirada de aquel fascinante ser devolvió a la triste realidad al capadocio que por una vez casi susurró lo que pensaba…

-Si vos quisieseis…Sharede D’alençon.-

Sharede d'Alençon - December 30, 2006 07:44 AM (GMT)
-Monsieur Giovanni, no estoy asustada... me abrumáis...- murmuró ella en voz tan queda que sólo habrían podido oírla sus labios, si hubiesen tenido esa capacidad.

No podía apartar la vista de aquella aparición de la que había tenido que creerse su presencial real por el contacto con su frío aliento sin vida que le rozó estremecedoramente el cuello. Intentaba marcar la distancia que otros cainitas tan bien respetaban llamándole de una forma meramente cortés, pero... apenas si lo lograba.
¿Por qué a ella? ¿Por qué de esa forma? No tenía nada que ofrecerle... o eso creía la Lasombra, que se debatía en una confusión recién recuperada del olvido.

-¿Conversación? Nada dijo acerca de sus motivos para abandonar la ciudad... al menos no a mi. ¿Qué ocurrió entre ambos?

Como aferrándose a un clavo ardiendo, Sharede escogió las únicas palabras del cainita que parecían llevarla a una conversación donde los únicos ingredientes inesperados serían dados por la aportación de su hermano, siempre en aquella línea deplorable que caracterizaba sus actuaciones.

Octavio Giovanni - January 3, 2007 10:48 PM (GMT)
Los ojos del Giovanni clavados en aquellos labios, deseaba rozarlos con la yema de sus dedos…acariciar aquel cuerpo desnudo y puro…

Su voz de manera casi inconsciente comenzó a ser casi tan leve como un susurro….mientras buscaba romper aquella tediosa distancia y aproximarse mas.

-Sharede, vuestro hermano buscaba al señor de las sombras, aquel que tiene mil nombres…oscuro y negro como la propia muerte y…

Una idea cruzó la mente del capadocio….

…me pidió que por favor cuidase de vos en estos momentos tan difíciles para esta bella ciudad, casi tan bella como vos…ya veis nuestro último encuentro nos sirvió a ambos para unirnos mas en nuestros intereses…y unirme aun mas a vos…-

Sharede d'Alençon - January 5, 2007 07:37 PM (GMT)
Sharede no era ajena al devenir de su hermano. Cuanto más pasaban los años más se acercaba aquel brioso corazón a las tinieblas eternas y menos esperanza veía la Lasombra para él. Pero había desaparecido, como había sido constante durante sus vidas y no vidas. Estaba segura de que le volvería a ver algún día y no sabía en qué circunstancias se lo encontraría después de haber oído al Capadocio, pero hasta entonces...

Contempló detenidamente a Octavio pues sus palabras sonaban a miel y sus ojos... eran ojos depredadores que desmentían a su boca.

-Cuidar de mi- sonrió levemente sin apartar la vista de él.-Loables intenciones mas... ¿qué esperáis recibir a cambio de la protección?

No, no necesitaba de esa protección, y sabía que en aquella ciudad como en cualquier otra, no se solía dar sin pretender recibir. Pero era extraño que aún no hubiese adivinado la respuesta a su propia pregunta...

Octavio Giovanni - January 6, 2007 09:40 PM (GMT)
La triste mirada de aquella cainita, reblandecía el corazón muerto del veneciano. Sin poder evitarlo sentimientos tan diferentes se dibujaban en los ojos del capadocio. Por un lado le gustaba protegerla…y por otro anhelaba tanto tenerla…

-Querida os equivocáis conmigo si de verdad esperáis que os pida algo, me gustaría cumplir mi promesa con vuestro hermano simplemente, aunque no desconocéis mis sentimientos…simplemente anhelo poder visitaros con mas frecuencia allá en la abadía si vos no lo tomáis a mal…y vuestro señor lo considera conveniente…-

Los labios susurrantes del veneciano se acercaban peligrosamente al oído de Sharede, mientras, podía percibir el olor de aquella flor, tan frágil, delicada, tan hermosa….



Sharede d'Alençon - January 7, 2007 03:34 PM (GMT)
Sharede lo miró súbitamente alarmada, y trastabilló dando un paso hacia atrás para seguir abarcándole visualmente.
El capadocio conocía la abadía, sabía que ella habitaba allí y aunque no fuese un dato terriblemente arduo de saber, eso demostraba que el interés era intenso y no le había sido dado a conocer hasta que era demasiado tarde para hacer algo por remediarlo.

Sus ojos oscuros brillaban intensamente, como los de una gacela a punto de echar a correr. El acercamiento hasta su cuello había disparado todas las alarmas de la religiosa ante aquel cainita tan diferente a su propia persona, si bien Sharede no se fijaba en las desagradables cicatrices que surcaban su cuerpo como una advertencia.

Muy bien... si sabía lo de la abadía entonces no le importaría saber también que estaba bien protegida.

-Monsieur Giovanni- murmuró quedamente, marcando las distancias-. Máximo Constanza constituye toda la protección que podría desear, su refugio y el mío al mismo tiempo es seguro y está bien defendido. ¿Creéis como consideraba mi hermano que soy un alma cándida incapaz de afrontar los peligros que me lleguen?

Octavio Giovanni - January 9, 2007 07:30 PM (GMT)
-No era mi intención ofenderos, lady Sharede- dijo el Giovanni mientras la sujetaba para que no cayese al trastabillar.

Por unos segundos sus rostros estuvieron tan cerca y sus labios a escasos centímetros casi se rozaban. Pero el capadocio manteniendo la compostura se aparto lo necesario para que la Lasombra no se sintiese importunada.

-Lamento que tengáis esa áspera sensación de mi persona todavía hoy Sharede.-

Octavio no pudo evitar agachar la mirada al suelo mientras susurraba aquellas palabras. Estaba derrotado, la ausencia de Vincent no significaba nada si ahora había otro cainita poderos entre el y su amada.

Una lágrima escarlata brotó de los ojos del Giovanni que este se apresuró a limpiar con su pañuelo de seda. Luego cabizbajo rebuscó algo entre su túnica y de ella sacó un bello colgante que portaba una cruz. Se veía de gran valor y de una exquisita belleza. No obstante la familia Giovanni eran mercaderes reconocidos en toda Venecia y en partes del resto de Europa.

-Solo vine a traeros esto, me agradaría que lo tuvieseis vos.- dijo despacio.

Luego lo deposito en la palma de la mano de la cainita y con su zurda le cerró la mano.

Segundos después y sin esperar respuesta alguna el capadocio se giró con intención de marcharse solo y vencido, una vez mas, una de tantas.




Sharede d'Alençon - January 10, 2007 02:06 AM (GMT)
La voz rota y el gesto del capadocio conmovieron a Sharede de tal forma que súbitamente pudo sentir cómo una gélida garra le atenazaba el corazón. Si aún poseyese el hálito de vida sus ojos fácilmente se habrían llenado de lágrimas, y la reacción tan profunda e intensa le sorprendió pues hacía mucho tiempo que no la sentía.

Estiró la mano para rozar la mejilla de Octavio pero el pañuelo se adelantó al tenue gesto con que pretendía aliviar su sufrimiento, y ella sólo acarició el aire. Por primera vez desde hacía mucho tiempo la Lasombra apenas se fijó en que se le tendía una hermosa cruz, y la aceptó con un gesto mecánico y la mirada vidriosa fija en él.

-Octavio...

Pronunció su nombre por segunda vez en aquella conversación, pero el tono cambió tanto que si el anterior había sonado a pesar de todo dulce y melodioso, aquella vez la palabra le atravesó como un rayo inmovilizándolo por la desgarradora ternura que desprendía.

Después, el cainita escuchó ligeros pasos a su espalda, pero no se alejaban como hubiese temido sino que podía sentir la calidez de la Lasombra en cercanía abrumadora, rozando tímidamente su espalda con tanta dulzura como nunca nadie antes le hubiese tocado.

-Lo siento...

Su voz se quebró, y una gota de sangre manchó el suelo entre ellos.

Octavio Giovanni - January 11, 2007 07:36 PM (GMT)
Sentir como el amor de su vida, un amor imposible, un amor utópico le acariciaba la espalda fue demasiado para el pobre capadocio.

Dolido y humillado, no pudo evitar despreciarse a si mismo por provocar lastima, pues ese era el sentimiento que había desgarrado el corazón de aquella hermosa hija de Caín.

-No quiero vuestra compasión, Sharede. No la necesito.-

Pero si la necesitaba, desde su huida de Venecia y su llegada a París había estado solo y la eternidad le deparaba mas soledad.

Se quedo quieto sintiendo la brisa, el frió, el dolor.

-Nunca será tuya, Octavio, nunca.-

Sharede d'Alençon - January 12, 2007 05:55 AM (GMT)
El capadocio intentaba mantener su orgullo y ese afán por demostrar que no necesitaba de nadie, que era más fuerte que eso... pero el ligero temblor del cainita contra su mano al tocarle no le pasó desapercibido.

La compasión de Sharede no pretendía ser igualada a la lástima, que era un sentimiento negativo. La mujer retiró su mano como si quemara cuando escuchó la hiriente frase que se le dedicaba, aunque sabía que estaba motivada por la amargura y no le culpó por ello.
Aún así, probablemente Octavio hubiese malinterpretado su expresión, sólo pretendía disculparse por haber sido tan desconfiada cuando sentía emanar de él sinceridad y una fuerte emoción embargándole. No entendía muy bien qué le llevaba a tomarse tan a pecho algo dicho por su hermano, pero no quería inmiscuirse en aquella relación: comprobaría las semillas de su alter ego oscuro poco a poco.

-Octavio, escuchadme. No debería haberos hablado así antes... la desconfianza es una flor que crece demasiado rápidamente a veces.

Se detuvo y esta vez sí escudriñó la cruz gemada que todavía mantenía atrapada en su mano. No se consideraba digna de aquella posesión terrena tan lujosa, y menos de manos de alguien al que visiblemente había hecho daño.

Octavio Giovanni - January 13, 2007 10:31 PM (GMT)
Los ojos del Giovanni mostraban dolor, incluso ira. No dijo nada, se mantuvo en silencio.

Un instante después y mirando al suelo el capadocio se giro y despacio reanudó su marcha.

-No debéis disculparos Sharede.-

Luego sin mas comenzó a marcharse, despacio, ,triste y dolido. Su estancia en París se hacía dolorosa cada día mas.

Recordó su Venecia natal y por un momento pensó en marcharse de aquella maldita ciudad en la que todos le odiaban o lo miraban con desconfianza…

-No podemos volver Octavio, ya no. Recuerda a Marcelo.-

Su piel se tornó blanca al oír aquel nombre. No, no había vuelta atrás.

Sharede d'Alençon - January 14, 2007 03:45 AM (GMT)
No dijo nada. Ni siquiera miró sus ojos pues sabía lo que encontraría en ellos y sería el orgullo herido, un sentimiento que ninguna palabra podía consolar. Volviéndose de espaldas, pudo escuchar el siseo de la capa del Giovanni al rozar el suelo mientras se perdía entre tumba y tumba, sólo quedaba ella y el silencio... amantísimos compañeros.

La oscura mujer, triste, sombría, se encontraba de nuevo sola frente a la muerte y la desolación. Su hermosura la perfilaba tiernamente la luna, acariciándole las mejillas e imbuyéndola de un irreal claroscuro. Las pálidas manos se entrelazaron frente a su silueta aunque el hiriente tacto de la cruz se interponía entre ambas.
Estuvo así instantes eternos puesta la mirada en el más allá y, lentamente, con una frágil pero bella melodía, su presencia se la llevó el viento.

Octavio Giovanni - January 14, 2007 07:16 PM (GMT)
Los sentimientos son a menudo contradictorios y confusos. Por ello nadie sabe que impulso al cobarde Giovanni a traicionarse a si mismo por primera vez, esperando a la salida del camposanto a la bella Lasombra.

Cuando esta salía, distante, distraída, mirando aquella cruz que le había regalado el propio capadocio, este la cogió por la muñeca con extrema delicadeza y suavemente la acercó a su cuerpo.

El tiempo se congeló para Octavio, durante unos segundos eternos y maravillosos.

Luego cuando ambos rostros estaban ten cerca como para rozarse, el veneciano haciendo acopio de todo su valor, la besó. Fue un beso pequeño, dulce, sincero, lleno de afecto. La besó en la comisura justo donde acababa la cara y comenzaban sus hermosos labios.

Inmediatamente después, se dio cuenta de lo que acababa hacer. Esperaba su castigo como un niño que roba una golosina. El peor de los castigos sería una nimiedad ante la miel que acababa de robar de los labios de aquella cainita.

Sharede d'Alençon - January 16, 2007 03:17 AM (GMT)
En un súbito e inesperado movimiento, la Lasombra se vio arrastrada por una mano de hielo que le hizo dar varios pasos arrítmicos hacia el frente y, aunque no lastimó la suave piel de su muñeca, sí le hizo soltar lo que mantenía sujeto.

Jadeando entrecortadamente a causa de la impresión como un acto reflejo, se encontró de pronto a escasos centímetros de un rostro que le era familiar... aunque sólo fuese por los intensos ojos negros que estaban clavados en ella con arrebatadora intensidad como nunca antes había visto, en ellos y probablemente, en ningunos.

Tan sólo pudo desviarse unos centímetros hacia su derecha cuando notó el contacto gélido y delicado de los labios del Giovanni rozando su particular ambrosía... y entrecerró los ojos con un escalofrío para después parpadear rápidamente y hacer lo que debiera haber hecho antes.

Se retiró con un movimiento fluido. Le miró unos instantes mientras la inquietante sensación persistía cerca de su boca... de nuevo, se estremeció, no se sentía capaz de afrontar el deseo de Octavio.

Detrás de ella y sobre el polvoriento suelo quedó el brillo de una hermosa cruz, olvidada...
Hubiese deseado correr más rápido.

Octavio Giovanni - January 17, 2007 07:14 PM (GMT)
La oscuridad rodeo al Giovanni absolutamente. Bajó su rostro y una pequeña ventisca se levantó.

Luego se cubrió con su capucha y retomó su camino sin decir nada. Callado, hundido. Nunca volvería a ser el mismo, jamás.

-Te lo advertí, Octavio, sabes que te lo advertí. Que piensas hacer ahora?-

Pero ya era tarde, mientras abandonaba el barrio latino, la decisión ya había sido tomada.




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