Una carta lacrada y protegida mágicamente, dirigida al Consejo de Enseñanza de la casa Quesitor, salió aquel día en manos de un hábil mensajero alado.
En la carta se expresaba la petición de permitirle a Isolda la custodia y tutoria de un Aprendiz más, y explicando las razones que llevaban a ello y exponiendo cinco casos similares acontecidos a lo largo de la historia de la Orden, manifestaba sus profundo convencimiento de no abandonar a ninguno de ambos.
Tres días después el mensajero regresaba con la respuesta que Isolda esperaba.