Title: Estudio,muerte y camino. 29.05.1226 ?
Description: Privado en Sant Genieve.
Octavio Giovanni - December 20, 2006 08:44 PM (GMT)
Dos candelabros iluminaban la fría estancia. Entre ellos en una mesa, sentado en una incomoda silla, Octavio se obligaba a leer parte de los incontables escritos de Trang.
Había de todo, reflexiones, muy sabias e iluminadoras, sobre su camino, escritos sobre la muerte e incluso estudios de anatomía humana.
El Giovanni no daba abasto ante tanta e importante información. Pasaba las noches encerrado en aquella antesala subterránea, casi sin descansar casi sin alimentarse.
Ha escondidas salia de la mansión y tras la desaparición de la lamia se refugiaba alli, en la mas absoluta soledad o casi...
Había tanto que estudiar, tanto que asimilar…pero todo tendría una recompensa…en breve…todo llegaría.
-tuto arriva,Octavio,tuto arriva.-
El cementerio estaba desierto, con la desaparicón del que fuera el primogenito capadocio y los últimos acontecimientos, ya nadie se acercaba a aquel tetrico lugar...o casi nadie...
Isolda Lamartine - March 6, 2007 09:29 PM (GMT)
La figura de Isolda, como noches atrás lo había hecho ya, se encontraba de frente al cementerio, aunque oculta por las sombras de la noche y de su propia magia nadie podía verla.
Sus ojos, ahora contaminados, antes azules, divagaban más en las siluetas presentidas que en las formas que se le mostraban, y con una sonrisa de medio lado dejaba que aquellas formas muertas, vulnerables dentro de su paseo por las tierras del olvido, hicieran en su mente el habitáculo que merecían. No eran válidas para sus propósitos, nada valían en realidad, pero siempre había algo en su resistencia a la muerte definitiva, que tan bien habría conocido Trang Oul, que no dejaba de animar a la Archimaga a seguir observándolos.
Más no era ese, como en otras noches, el motivo de su visita.
La sombra, un instante después, pisaba el camposanto, y rauda y sigilosamente se dirigía al que había sido el refugio de Trang Oul de Capadocio, Ukter-ar. Conocía aquel camino, y conocía a sus habitantes.
Le sorprendió ver luz escapando de la parte baja de la puerta, y le sorprendió sentir la presencia de Sturm dentro de aquella habitación. ¿Acaso aquel espíritu enfermizo había continuado con su labor de proteger aquel cementerio aunque nadie ya le pagaba con tributos de sangre? ¿O acaso algún tonto se había comprometido, a costa de algo más preciado que la vida, a continuar con el pago?
Dos golpes fuertes rompieron el silencio de la noche.
Octavio Giovanni - March 7, 2007 07:21 PM (GMT)
El sonido devolvió a la realidad al nigromante, que atónito miro a Sturm. Aunque evidentemente este debía protegerle, según lo pactado, estaba exento de avisarle de las visitas inoportunas.
Era su guardaespaldas no su mayordomo… a su lado nada podía pasarle…
Despacio recogió los papeles y los escondió como pudo debajo de un gran libro de anatomía.
Mientras se acercaba lentamente a la puerta, una voz apareció de nuevo en su mente.
-Cuidado Octavio, un nuevo enemigo puede estar esperando al otro lado…y todavía no estamos preparados…-
Pero el Giovanni agarró fuerte el pomo y lentamente abrió hacia el interior…
Isolda Lamartine - March 8, 2007 12:09 AM (GMT)
Una mirada fría e indiferente, inhumana por esa misma falta de cualquier emoción o inclinación moral, natural o esencial, se encontraba al otro lado de la puerta. Una mujer joven; aunque vestida humildemente, cada cosa en su vestimenta, en la manera de simplemente estar ahí, parada, evidenciaba un orden supremo, inconsciente reflejo de su naturaleza más íntima.
Antes, años atrás y desde que naciera, y hasta hace poco, eran sus ojos azules pozos donde las almas tranquilas y podían reflejarse, cual narciso; y las impuras decidían ahogarse para no ver más el reflejo de su monstruosidad; era su pelo rubio y luminoso, emblema de la luz y de la sabiduría. Ahora eso estaba perdido, y para siempre. La misma piel pálida, auqnue ahora enfermiza, negros los cabellos, negros los ojos, y...
Miró Isolda fijamente la figura del Nigromante por unos segundos, y luego atrás de él, y a un lado de ella, para mirar de nuevo a Octavio. Quería dejar en claro que ella sabía qué pasaba, aunque claro, no lo esperaba; y quería dejar en claro que tanto a Sturm, que ella misma había meses atrás invocado, como a aquellos de los muertos que la rodeaban, podía sentirles y no les temía.
-Quién sois.
La frase en algún otro lugar de Teluria habría terminado "... que os atrevéis a usurpar este refugio sagrado con vuestro cuerpo muerto". En otros tiempos, tal vez.
Octavio Giovanni - March 11, 2007 10:44 PM (GMT)
Algo obligó al capadocio a responder.
-Mi nombre es Octavio Giovanni de capadocio-
Una pausa tras estas palabras, y un silencio frío, muerto.
-Pero por favor pasad, quien quiera que seáis. Tomad asiento os lo ruego y disculpad el desorden.-
Luego una mirada fue a Sturm, esperaba que este, estuviese preparado si era necesaria su actuación.
Isolda Lamartine - March 12, 2007 12:48 PM (GMT)
-Mi nombre es Isolda Lamartine, bani Bonisagus.
Acto seguido entró. El desorden de aquel lugar era cuando menos exasperante; comparado con su hábitat, con su mente, que dentro de la locura era la idea misma del Orden, aquel lugar era su antítesis. Y era la antítesis de Trang Oul.
Una mirada rápida, una sensación que le era de sobra conocida, le permitió sentir en aquel cuarto resonancias tan entrópicas como las de ella misma, como las de aquel infeliz que habí8a perdido su alma por amor.
Con un gesto de la mano, blanca, y en la cual un anillo de piedra rojiza destelleaba fugaces luces, denegó el amable gesto del Capadocio. No era una visita de cortesía. Las preguntas se sucedían en la mente, y estaba a punto de formular la primera, llena de un Orgullo malsano, cuando sintió una presencia más en aquel cuarto.
Su rostro se puso más pálido aún, y sus ojos brillaron, ahora rojizos, mientras su cabeza se giraba en dirección al lugar donde aquel libro Maligno reposaba.
-Aún existe.
Miró a Octavio, y pareció un instante que estuviera dispuesta a fulminarlo con un rayo. La atmósfera circundante se tiñó de niebla y estática, más no era esta la fuerza de Isolda, sino la de Sturm, que también sentía los movimientos mágicos. La Archimaga se contuvo.
-¿Qué has hecho, infeliz, vendiendo tu inservible alma al Oscuro?
Octavio Giovanni - March 12, 2007 02:06 PM (GMT)
El nigromante vio como la mirada de la maga se poso en el libro, el libro maldito, que perteneciera a Trang y que ahora poseía el. Aquel libro maldito lo estaba volviendo loco, su sed de poder oscuro, de conocimientos, rituales y ocultismo…le había llevado a vender lo más preciado que tenía, lo único que en el era libre, había dejado de serlo…
-Pero como lo sabía ella? Que conocía del libro? Acaso conocía a Trang? Sabía que era el, y que escondía?-
Mas pese a estar condenado no pudo mentir aquel ser le transmitía algo indescriptible, su aura era diferente y además no necesitaba ocultarlo, no podía ocultarlo pues sus ojos verdes habían adquirido un color grisáceo, oscuro, malvado…y su aura era impura y denotaba amenaza…peligro. Realmente no quedaba nada puro en aquel cuerpo no-muerto.
Súbitamente dio tres pasos atrás y colocó su mano sobre el libro, intentando protegerlo.
-Perteneció a mi señor y en su ausencia yo cuidé de el…y aún cuido, lo necesito y este libro me necesita a mi, es mío.- Octavio tartamudeó de manera torpe.
No dejes que nos lo quite Octavio, es nuestro, lo necesitamos hemos hecho mucho para conseguirlo…y no podemos perderlo, no esta vez…
Isolda Lamartine - March 12, 2007 02:55 PM (GMT)
La mano derecha de Isolda se levantó lentamente, abriendo con igual lentitud los dedos blancos, en dirección al libro. Como la mirada de Octavio, la de Isolda estaba perdida, mirando más allá de las formas, luchando su mente contra algo a lo que ya había caído rendida en defensa de lo único que aún quería, pues valía menos su alma que la de su joven aprendiz.
Dio un paso adelante, y la atmósfera eléctrica y tormentosa se hizo más espesa y amenazante. Aquel gesto del espíritu hizo que la Archimaga recobrara posesión de su cuerpo. Mirando hacia la nada, su voz fue ininteligible para Octavio, pues era aquella lengua que en ese momento hablaba la sagrada lengua de Enoch, la lengua de los espíritus.
-¿Os atrevéis a levantar la mano contra vuestra ama, Sturm de la Ira? Si volviéses a hacerlo, os mostraré cómo pueden pasar mil años y con vos en profundo Sueño.
Un viento frío recorrió la estancia, peligroso, pero luego se calmó de nuevo.
-Mostradmelo, mostradme vuestro libro.
Octavio Giovanni - March 12, 2007 03:58 PM (GMT)
Octavio atónito contempló como aquel ser callaba al mas poderoso de los seres del inframundo que había visto...
Quien era aquel ser? Que era?
Atonito y mirando a Sturm a los ojos, agarró con sus dos manos el libro. El miedo cegó sus instintos y sin dejar de soltarlo lo mostró a la archimaga.
-No me lo quieteis, porfavor, lo necesitamos, es todo cuanto tenemos, os lo suplico. Hare lo que me pidais pero no me convirtais en lo que volvería a ser sin ese libro, sin ese poder, sin ese pacto...-
La mirada del giovanni reflejaba temor, incluso panico. La situación estaba transformando al nigromante en el patetico ser que había sido antaño...su arrogancia, su poder, todo caía ante cada movimiento de aquel ser.
Isolda Lamartine - March 12, 2007 04:04 PM (GMT)
Y la faz de total indiferencia de Isolda se transformó en un vendaval de ira ciega ante aquello que observaba. Fue rápido, duró tan sólo un par de segundos, y en ellos el libro salió de las manos de Octavio para llegar a las de la Archimaga en raudo vuelo; un poderoso vendaval provocado por Sturm levantó el frágil cuerpo de la hechicera, y el cuerpo de esta chocó contra la puerta que daba al camposanto, abriéndola de par en par.
Rápidas reacciones, rabias fáciles, almas perdidas y malos entendidos con la maldad.
Isolda, en el suelo, murmuró dos palabras, y la tormenta se acalló.
Lentamente se puso de pie; fuegos verdosos ondeaban sus banderas victoriosas en sus ojos negros.
-No merece ser poseedor de lo que este libro encierra. Usted es menos aún que un mortal, que muchos he visto con más determinación.
No lo merecía. No lo merecía. El contacto con aquel libro hacía que algo muy dentro de Isolda se removiera.
Más allá del manto, pared que Isolda había fortificado, Sturm se removía furioso e impotente.
Octavio Giovanni - March 12, 2007 04:47 PM (GMT)
Las palabras de la archimaga resonaron en la mente del nigromante durante unos segundos, los suficientes para que produjesen un efecto, seguro que indeseado para la magi.
Cuando el veneciano volvía a parecer débil y miserable, una carcajada histérica salió de su garganta.
-Nadie se ríe de nosotros, nadie nos roba, nadie nos insulta, Isolda Lamartine.-
El silencio posterior duró tres segundos y justo después la cara de Octavio se tornó blanca al igual que sus ojos y sin mirarla comenzó a pronunciar un ritual en una lengua prohibida, mientras Sturm estaba prisionero.
La túnica del nigromante se alzó al igual que el pelo de este y un fuerte viento enlairó papeles, documentos y pergaminos…
Luego el cuerpo de la magi…comenzó a cambiar. Concretamente sus labios se recubrieron de una especie de pellejo que los pegó. La boca de aquel ser estaba sellada. Todos los esfuerzos de la magi no hacían más que endurecer el recubrimiento que sellaba sus labios.
Isolda Lamartine - March 12, 2007 06:53 PM (GMT)
La sonrisa.
El Hubris la había cegado irremediablemente, hasta el punto de no haber jamás previsto que aquel endeble ser hubiera ya adentrado su mente en aquel libro y hubiera logrado salir con uno de sus secretos.
El texto cayó al suelo, abriéndose, y ambas manos se posaron sobre la boca sellada. Sin embargo no estaba asustada; estaba preocupada. Aquello pudo haber sido peor, y no hubiera podido defenderse.
Cuando bajó las manos, luego de haber hecho un gran esfuerzo, su boca se encontraba como antes. Gruesas gotas de sudor bajaban por su rostro, que segundos antes pudiera creerse a salvo de aquellas evidencias mortales, y su pecho subía y bajaba agitado.
Miró el libro con desprecio.
-¿Entiende el costo que tiene aprender de él, Octavio Giovanni?
Octavio Giovanni - March 12, 2007 07:17 PM (GMT)
El nigromante poco a poco volvió a la normalidad, sus ojos se tornaron verde-gris y su pelo volvió a su posición original. Se le veía algo mas pálido, incluso agotado. Aún le quedaba mucho que hacer…y aprender.
Despacio y sin mediar palabra se agachó a recoger el libro y lo cerró de un golpe.
-Me temo que ya no hay vuelta atrás. He sellado el pacto con mi alma.-
No dijo nada mas, miró a Isolda y su mente se aturdió a preguntas, pero de su boca solo salió una.
-Que sabéis del libro?- Su gesto se tornó amable, sereno.
Isolda Lamartine - March 12, 2007 07:28 PM (GMT)
Isolda , ya serena, pensó seriamente en destruir a aquel ser y escapar de allí con el libro. Eso tendría una única grave consecuencia: ese espíritu que ella misma había traído hacía ya muchos meses, y que se sentiría verdaderamente molesto por perder su "sustento". Por otro lado, a lo mejor el Capadocio podía serle de más utilidad con él en su poder.
-Sé que puede haceros el ser más poderoso de París.
De pie, rígida, miraba al Massasa.
-Decidme lo que habéis aprendido; sin trucos circenses.
Doblegar almas, atarlas a objetos y someterlas a tortura, saber con una sola mirada los más cruentos pecados de los seres y hacer que su alma se retuerza de dolor al recordarlos; enviar a los enemigos más despreciados al mismo infierno. Tales eran los más usados entre los Infernalistas; ¿qué estaría pensando el Capadocio?
Octavio Giovanni - March 12, 2007 08:10 PM (GMT)
El ser más poderoso de París…si Octavio ese seremos nosotros…el mas poderoso de París…
Los ojos de Octavio volvieron a la delicada situación en la que se encontraba.
Lo cierto era que pese a estar recluido largas jornadas aún no había aprendido lo suficiente, los pequeños rituales que comenzaba a dominar consumían su estado mental que aún no había aprendido a reforzar…y las sesiones empezaban a ser completamente agotadoras…
-Me temo que aún no soy un rival digno para vos- dijo con total franqueza.
-Mis trucos círquenses, como vos los llamáis me consumen mucha energía. Pero quizá vos, podríais ayudarme, quizá vos pudierais instruirme, he visto una muestra de vuestro poder y es terriblemente devastador, podríais ser el elemento desequilibrante en esta guerra sin fin y estúpida…quizás mi humilde persona pueda ayudaros en algo. Podríais tomarme como una especie de aprendiz, no os robaría mucho tiempo y podríais confiar en mi servicio…-
Los ojos del Giovanni brillaban ante la idea de una maestra tan poderosa.
-Os lo ruego- mientras le acercaba el libro con su zurda- me daríais esa oportunidad? Prometo no decepcionaros…Isolda, que decís, creéis que podríamos formar una alianza oscura…un nuevo poder devastador…
La mente del capadocio iba mas alla…aquel ser le fascinaba, realmente podía ostentar tanto poder?
Isolda Lamartine - March 13, 2007 01:16 AM (GMT)
Con un rápido movimiento de la mano Isolda arrebató el libro de la zurda de Octavio.
Abriéndolo en una página al azar comenzó a leer, mientras caminaba hacia el interior de aquella mazmorra. Llegó hasta una mesa llena de papeles, intentos vanos de descifrar lo que en aquel códice, durante milenios, la mente oscura de un ser eterno había consignado para ganarse las almas débiles como aquella, que ahora, rastreramente, se postraba; peligroso veneno el que corroía esas venas muertas.
No era su trabajo el de un erudito, sino el de un embaucador, disfrazando la sencillez de aquella magia vana con la del poder. El verdadero poder no residía en el códice en sí, pero si el Capadocio ni siquiera era capaz de dominar esos trucos, se demoraría aún años en ser verdaderamente poderoso... si era capaz de no revelar su secreto.
Se sentó, y puso el tomo sobre sus rodillas, mirando luego a Octavio Giovanni.
-Nadie en su sano juicio confiaría en alguien que ha vendido su alma.
Aquellos hechizos eran simple Theurgia y la magia Despertada podía sobrepasar los efectos mil veces; pero esa Theurgia era lo único a manos de los Massasa.
-Respondedme: ¿para qué queréis el poder que está tras estas páginas?
Octavio Giovanni - March 14, 2007 07:22 PM (GMT)
La voz del nigromante se volvió tenue, casi como un susurro. Despacio se acercó a uno de los candelabros y lo apagó. La estancia quedo iluminada con un solo y pequeño foco de luz proporcionado por la vela que poco a poco se consumía.
Las sombras que el cainita de espaldas producía, parecían pelearse por la estancia como si de dos titanes luchando se tratase.
-No volveremos a ser humillados, no volveremos a ser despreciados, nos respetarán y nos temerán…señora-
La voz apagada del Giovanni sonaba sincera, rota de dolor. El miedo, la rabia, la ira, demasiadas emociones para un cuerpo no muerto.
-Con vos a mi lado, no habría de temer, seriáis mi dueña y yo os sería fiel pues he visto vuestro poder Isolda Lamartine. Y no hay mayor fidelidad que la que esta basada en el miedo…-
En la mente del capadocio resonaban las palabras de Geoffrey meses atrás.
... temed a los magos, en especial a una tal Isolda….
Isolda Lamartine - March 15, 2007 02:10 PM (GMT)
La Magister Mundi cerró el libro.
No le era necesario; después de aquellas palabras, era incluso peligroso.
-No confunda las palabras. La Lealtad y el Miedo nunca se han gustado.
Se puso de pie, dejando el texto sobre la mesa. Y sin embargo... Levantó la mano derecha a media altura, y en su palma, puesta hacia arriba, un círculo blanco fue formándose. Isolda lo miraba con concentración suma, y cuando había alcanzado el tamaño adecuado cerró la palma.
-En primer lugar, no podrá decir mi nombre, ni describirme, ni mencionar manera alguna en que alguien pueda saber de mi existencia a través de vos. Aunque os torturen, aunque sea lo único que deseéis sobre la tierra.
Estiró la mano, y con el índice solitario, trazó tres círculos, uno exterior, dos adentro, con perfecta simetría, y allí mismo, en su lienzo que era el aire, cinco palabras de poder se hicieron uno con la Geometría Sagrada. En la mente de Octavio aquello abrió el camino. Extrajo de sus vestiduras un largo cabello dorado y lo ofreció al Capadocio. En cuanto este lo recogiera se esfumaría en su mano, y así aquel pacto unilateral quedaría sellado.
-Segundo, ninguno de vuestros espectrales acompañantes podrán volver a acompañarnos, en su mano apareció de nuevo una esfera blanquecina, que creía a medida que Isolda hablaba-, y ninguno recordará este día. En cuanto terminó, la esfera se convirtió en denso humo, y traspasando la Celosía, llegó hasta las mentes de los fantamas y de Sturm, haciéndolos olvidar.
-Y como tercera medida, este no será nuestro lugar de encuentro nunca más. Tenéis una luna para encontrar un lugar adecuado; que nadie más conozca o que de él nadie sospeche; donde nadie os haya visto llegar y donde podáis llegar sin ser visto; donde puedan reunirse veinte personas cómodamente, y que nos permita salir en caso de ser descubiertos.
Se acercó a la puerta, mas se giró al nigromante una vez más. -En cuanto estéis listo, colgad en la entrada del cementerio un ramo de flores secas.
Y volviéndose una vez más, se dispuso a salir del Sanctum de Octavio, antes de Trang Oul de Capadocio, su amigo, a quien había salvado del infernalismo.
Octavio Giovanni - March 19, 2007 09:30 PM (GMT)
El nigromante procesaba toda la información que su “nueva ama” le había dado…
Hubo un silencio, silencio en el que los ojos verde-grises se llenaron de orgullo. Estos ojos se clavaron en la férrea mirada de Sturm y y luego volvieron al libro.
Despacio lo cogió y lo dispuso en su diván.
-Así lo haré, señora.- añadió, después apagó la ultima vela con las yemas de sus dedos índice y pulgar.
Sigue
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