Viene de
aquí.
Su mente estaba seccionada; millones de pedazos volaban por toda su cabeza, se entremezclaban los sentimientos e ideas que había tenido cuando era una niña, con aquellos más complejos y trabajados que había forjado pacientemente cuando era una Despertada.
Se mezclaban las historias, los sinsentidos; el Caos se volvió en la no-estructura esencial de su mente, arrojando por los aires, hechos pedazos, todos los esquemas rígidos que había llevado, hasta aquel momento, en su práctica mágica como hermética.
Y sus ojos azules lloraban copiosas lágrimas, y su rostro descompuesto hacía muecas a la tierra y a la piedra que la rodeaba, y de su garganta escapaban gritos y alaridos inhumanos, profundas quejas y susurros suplicantes, palabras en lenguas que sólo ella, gracias a su erudición, conocía, entremezcladas con expresiones vulgares del pueblo parisino.
Sus manos, otrora blancas y delicadas, de nieve o de diosa, aparecían ensangrentadas y negras, cuando intentaban rasgar las piedras que la rodeaban, escribiendo en las paredes de aquella su prisión y su salvación, ininteligibles figuras geométricas árabes y diagramas hieráticos y poderosos.
Luego del combate, cumpliendo con su papel, Chokhah había entregado el Jarrón al vencedor, mientras Isolda, aunque despierta, permanecía inmóvil y paralizada como si fuera de piedra. Luego de conversar lo necesario, el fiel Dragón observó como del jarrón aquellas almas salían, por fin libres de su encierro, y vio al hombre milenario, después de depositar su pesada mano en el hombro de la vencida, desaparecía por el camino, seguramente de regreso a casa.
Chokmah no podía llevar a su Ama de regreso a la Capilla. Muchos eran los enemigos de Isolda, fuera y dentro de esta... y no podía permitir que nadie la viera en aquel estado. Aulló lastimeramente, llorando el destino que él, y ella también, sabían inevitable, y aulló aún más, pidiendo a los dioses que hicieran a aquel pueblo digno de su salvadora.
Arrastrándola delicadamente con los dientes la llevó hasta aquella gruta. Reunió hojas secas y conejo, y se dispuso a cuidar de su ama... hasta que fuera necesario.