View Full Version: Una flor desenraizada

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Title: Una flor desenraizada
Description: Privado Lucie e Isolda (9-4-1226)


Lucie - December 20, 2006 03:52 PM (GMT)
Lucie caminaba sin rumbo fijo por entre los coloridos puestos del mercado de san Jacques. Su ceño fruncido era todo un poema, y sus manitas aparecían todavía encrispadas por la rabieta infantil, o quizás no tanto, que le provocaba aquella sucesión inexplicable de acontecimientos.

Nadie le había dicho porqué su maestro ya no estaba con ella, el porqué de tan precipitada partida, el porqué de largas y extensas conversaciones sobre cosas que no alcanzaba a comprender, el porqué de esa cosquilleante sensación que sentía por dentro cuando hacía cosas que sabía que los que ahora la rodeaban no podían hacer...
Recordó lo que había visto de su maestro, milagros lo llamarían, pero él se empeñaba en darles una explicación e insistirle a ella en que llegado su tiempo y con esfuerzo y dedicación, podría también realizarlos. ¿Por qué complicar algo que sería tan sencillo de aceptar de por sí? Nadie dudaba de la existencia de Dios, ni de la resurrección de Cristo, nadie se planteaba cómo fue capaz de hacerlo... y sin embargo, ella tenía que pensar demasiado.

A medida que caminaba a agigantados pasos, como creía, el enfado sin embargo iba disminuyendo sin que pudiese hacer nada por evitarlo. Con gusto habría mantenido eternamente ese sentimiento de despecho, pero poco a poco se veía cada vez más como una niñita indefensa, rodeada de extraños que podrían pisotearla si tan sólo se dignasen en fijarse en ella. Fue entonces cuando comprendió que fugarse de su "nueva casa" no era tan buen plan como le pareció al principio, y que necesitaba ese conocimiento mágico para abrirse paso a través de aquella muchedumbre ignorante y salir ilesa del lance. ¿Pero cómo volver? Seguro que la dama dorada, aquella que le había dado la noticia sobre su maestro Tristán, estaría ahora muy enfadada con ella y le haría cosas horribles, como había oído que se las había hecho a personas que se habían portado mal.

Temblando de miedo, la pequeña correteó aún más deprisa por entre las tiendas como si temiese que con sólo pensar en la Dama, ésta sabría dónde encontrarla. Ya decidiría lo que hacer cuando hallase un sitio seguro...

Isolda Lamartine - December 20, 2006 04:54 PM (GMT)
Las angustias de las partidas y lo Inevitable de las separaciones siempre habían sido de la mayor simpatía de Isolda. ¿Cómo, si no, entender la disposición de los Caminos? Los métodos que ella usaba, fuertes y rígidos, sometidos a una disciplina inquebrantable, llevaban casi siempre, cuando eran seguido con paciencia, a encantadores valles verde-blancos.

Cuando Lucie menos lo esperaba, un poco de coincidencia y otro poco de querencia, llevaron a la pequeña justo a chocar con las piernas de Isolda.

Llevaba la Archimaga una canasta llena de frutas y hojas, y a su lado, Löw, llevaba otra un poco más pesada. Ambas parecían pueblerinas, y había algo en ellas que incitaba simplemente a ignorarlas. Sin embargo la pequeña Despertada sintió... que de aquella mujer con la que había chocado, aunque no tenía el mismo rostro que ella conocía, salía la misma esencia.

Isolda, bajo aquel disfraz, le dedicó una sonrisa tan cálida y tierna, que cualquier premura o resentimiento, o desconfianza, se vio difuminada de manera lenta y parsimoniosa, y fue aquella sonrisa la que confirmó a la pequeña que aquella pueblerina no era otra persona que aquella a la que antes, con pueril gesto, temió profundamente.

-Hola pequeña...

Sonrió de nuevo.

-¿Desáis acompañarnos, a la señora y a mí, en nuestro paseo por el mercado?

Claro. La mente de Lucie se encontraba asaltada por temores, rabias y resentimiento. Pero junto a la Archimaga estos se esfumaban, mágicamente... ¿cómo no aceptar, aunque fuera aquello un comportamiento del todo insulso, inútil?

Lucie - December 20, 2006 05:27 PM (GMT)
La niña parpadeó asombrada y en un primer instante, también temerosa. Sus sospechas se habían materializado en una mujerzuela aparentemente como cualquier otra, porque había aprendido que no debía fiarse de las apariencias y su sexto sentido le decía que era Isolda... ¡había bastado con pensarlo y ya estaba allí! si no fuese por los meses que llevaba con los autodenominados magos, habría chillado asustada.

Pero los resquemores se fueron diluyendo rápidamente a medida que la archimaga le hablaba, con calidez, benevolencia. De pronto supo que no había venido a castigarla horriblemente porque era demasiado insignificante para siquiera merecer ese final, y entonces se avergonzó de sí misma y de su acto, lo que se tradujo al exterior en un encendido carmín invadiendo sus mejillas.

-Mi señora, os acompañaré con gusto a cualquier sitio al que vayáis.

Se sentía torpe y estúpida, pero todas aquellas percepciones negativas parecían muy lejanas e impalpables frente a la adoración a la que movía la señora, incluso con aquel disfraz tan vulgar. Lucie esbozó una tímida sonrisa y se dispuso a andar al lado de Isolda.

Isolda Lamartine - December 20, 2006 06:29 PM (GMT)
La campesina sonrió, e inmediatamente reanudó su calmado paseo por el mercado. Le gustaba observar a los Durmientes. Había sido su pasión desde que entendiera las responsabilidades y peligros del Despertar a la Realidad, pero últimamente aquel ejercicio de distensión era únicamente una manera de apalear las preocupaciones que la acosaban: la guerra que corría subrepticiamente en la ciudad; la traición de su aliado, Guillerm du Trem; la muerte de Trang Oul, o Ukter-ar, como ella, cariñosamente, le llamaba.

Sin embargo nunca olvidaba...

-A todos nos ha dejado perplejos la partida de Tristán-, susurró en un tono calmado pero serio. -Sin embargo, conociéndolo como le conozco, sé que sus motivos han de haber sido turbadores y preocupantes.

Miró a la pequeña, que caminaba a su lado. La salida era clara como aquella mañana parisina, pero antes de proponerla deseaba conocer a fondo la situación de aquella pequeña Despertada. Estaba claro que no la dejaría abandonada en aquella perniciosa ciudad llena de monstruos y malas intenciones.

-Decidme... ¿nacistéis en París? ¿Vuestra madre, o vuestra familia, habita en la ciudad?

Aquellas preguntas podrían acarrear reacciones desafortunadas: la pequeña podría ser huérfana; su familia podría haberla vendido. Como fuera, debía saber cómo se ubicaban los hilos de Lucie en aquel entramado Maǵico.

Lucie - December 20, 2006 09:35 PM (GMT)
Ante la pregunta, Lucie pintó en su rostro una expresión pensativa, seria y solemne, poco propia de una niña. Es como si hiciese un esfuerzo por recordar cosas de su pasado que habían quedado sepultadas bajo todo el peso de su nueva vida.

-Que yo recuerde siempre he vivido aquí- afirmó primero. Parecía lo único de lo que estaba segura-. Mis padres... no sé, me crió Ama, una señora mayor muy amable que me trataba bien y me cuidaba. Vivía con ella en el campamento, a las afueras de París, pero ella siempre me decía que yo no pertenecía a aquel sitio, que cuando fuese una niña buena y lo suficientemente mayor, vendría alguien a buscarme.

Con una pequeña sonrisa de orgullo, Lucie apartó la mirada del camino y la posó sobre su interlocutora.

-Y así fue, en otoño llegó Tristán a casa y me fui con él. Me dio mucha pena por mi Ama... pero él fue siempre tan amable conmigo...

Sin querer, los ojos se le habían llenado de lágrimas que los hacían relucir.

-¿Decís que se ha metido en problemas?¿Saldrá de ellos y volverá pronto? Sin él quizás tendría que volver al campamento... sólo soy una carga para vos y a Amavarati le haría mucha ilusión volver a verme. Bueno... no puede verme, porque es ciega, pero...

El final de la frase fue tan sólo un parloteo para sí misma.

Isolda Lamartine - December 20, 2006 10:06 PM (GMT)
Mucho mejor. Así no tendría que dar explicaciones a nadie y no tendría que burlar, con toscas mentiras, los cánones sociales que tanto le habían molestado con Mystere.

Llegaron a una casa, ya casi a punto de salir del mercado, y mientras Low se acercaba a a puerta y mantenía una conversación a voz queda con quien le abriera, Isolda continuó conversando con Lucie.

-No sé si sea justo llamarlos problemas, pequeña. Sé que han de ser importantes y preocupantes. - Para alguien tan joven tal vez lo infinitos juegos de palabras de Isolda resultarían desconcertantes, pero la Archimaga sabía que aquella pequeña ya no era una simple Durmiente-. En todo caso no dudo de que saldrá triunfante, auqnue le tome tiempo.

Observó por un instante el devenir de la conversación de su sierva, y luego se dirigió de nuevo a Lucie.

-No puedo deciros si regresará pues eso tan sólo él puede decidirlo. Pero lo que si puedo deciros, Lucie, es que no voy a abandonarte. -Bajó el tono de la voz, y se agachó, para hacerle a la pequeña una confidencia. - Eres muy especial, y yo estaría encantada en educarte en lo que nadie más puede enseñarte. -Se incorporó de nuevo.- Pero podría acompañarte cuantas veces quieras a visitar a Ama.

Sonrió, cómplice.

Low regresaba justo en ese momento. Miró con desconfianza a Lucie, y en una lengua desconocida para ella dijo algo a Isolda, que le respondió en la misma lengua. La gárgola recibió la canasta de su ama y entró a la casa, cerrando tras ella. Ahora ambas estaban solas.

-Creo que ahora podremos continuar nuestra conversación más tranquilamente.

Lucie - December 20, 2006 10:40 PM (GMT)
Como si los susurros de la archimaga hubiesen sido un bonito sueño, la niña parpadeó y prosiguió mecánicamente la marcha dejando atrás a la criada casi sin reparar en ella.
Parecía mucho más calmada desde las tranquilizantes palabras con respecto a Tristán, y de vez en cuando daba un pequeño saltito para seguir mejor los pasos de Isolda.

-¿Haríais eso por mi?-, sus mejillas seguían coloradas pero esta vez por la agitación que le producía la mera idea de poder seguir por el camino que había empezado a recorrer.-Sois muy buena... a decir verdad, tenía miedo de cómo reaccionaríais cuando supiéseis que me había marchado. Pero ahora veo que estaba equivocada.

Una sonrisa tímida afloró a las comisuras de sus labios, como silenciosa disculpa. Sus ojos traslúcidos y casi transparentes estaban posados testarudamente en algún punto indefinido por delante de ella. Con un nuevo correteo para seguir a su lado, no pudo evitar preguntar.

-¿Qué es lo que voy a aprender?

Isolda Lamartine - December 20, 2006 11:17 PM (GMT)
Isolda aceptó humildemente los halagos de Lucie con una gentil sonrisa. Estaban llegando a uno de los pocos lugares tranquilos que quedaban en el seno de aquella populosa ciudad.

Un pequeño prado que separaba el mercado de una zona de residencias bajas y estrechas, donde hombres y mujeres pobres más sobrevivían que vivían. Se sentó cómodamente sobre el césped, invitando a Lucie a que la imitara. A pesar de lo turbio de la noche en París, las mañanas siempre eran mortalmente tristes y hermosas al tiempo. Peligrosa combinación.

-Supongo que antes habéis hablado con Tristán al respecto. Contadme de vuestras conversaciones, y luego responderé vuestra pregunta.

Afortunadamente era aún muy joven y su contacto con Tristán había sido muy poco. Cualquier cosa que hubieran conversado no podría aún tener raíces muy profundas en Lucie, y si las tenía, aún estaba a tiempo de redirigirlas de modo que pudiera continuar caminando el camino hermético sin trabas, sin problemas.

Lucie - December 21, 2006 02:56 AM (GMT)
Lucie se sentó al lado de la que había decidido que iba a ser su nueva mentora. La verdad, no le parecía un mal cambio y para la mente de la niña, todos los magos eran y querían lo mismo. Cuánto le faltaba por aprender...
El caso es que Isolda quería que le contase lo que Tristán le había enseñado, supuso que para poder comenzar desde ahí en adelante, y sin embargo los conceptos se confundían en su mente y ninguna enseñanza clara podía salir de ese maremágnum.

-Algunas veces ha intentado explicarme cómo funciona eso que llamáis magia, pero creo que llegó a la conclusión de que lo mejor era dejar que las cosas ocurran y prosperen naturalmente.

La cara de la niña denotaba concentración, como si estuviese en realidad repitiendo lo que había oído decir a su maestro muchas veces.

-Me dijo que cada uno apela a algo distinto para poder obtener esa magia, pero que lo importante es saber que Dios nos otorga los dones que poseemos, y que él quiere que los usemos con un buen fin.

Ese punto era importante en el discurso. Había oído la palabra "Dios" una infinidad de veces en labios de su maestro y había acabado por determinar que era lo más importante, lo más esencial.

-Sin embargo, no todos somos iguales... él me eligió a mi porque había despertado-, y pronunció esa palabra claramente sin estar muy segura de lo que significaba el concepto.

-Es decir, hay personas que no saben lo que hacemos, que no lo pueden hacer, y otras que sin embargo sí. Como alguien que conoce un secreto-, se explicó, lo mejor que pudo.- Así que lo que hay que hacer es moldear la realidad...

Interrumpió su citación frunciendo el ceño.

-Esto nunca lo entendí. Si se puede cambiar la realidad, ¿no se está desafiando a Dios?

La límpida e inocente mirada de la muchacha buscó la aprobación de la archimaga, o al menos, una explicación convincente.

Isolda Lamartine - December 21, 2006 09:02 AM (GMT)
E Isolda sonrió, clara y límpidamente. Aquellas palabras pronunciadas en los labios de aquella pequeña contenían todo lo que tantas guerras había llevado de un lado y otro del mundo conocido: el sometimiento a un poder superior y el convencimiento de que el poder provenía de uno, eran básicamente las dos posturas que podrían encontrarse en todos los Despertados. O mejor dicho, entre los herméticos y el resto de Despertados.

Hacía tanto tiempo que nadie conversaba realmente con ella que pensaba que había para siempre perdido aquella deliciosa oportunidad.

-Y yo comparto su opinión... al menos hasta cierto punto. No es posible dar una explicación satisfactoria de la Magia, aunque muchos lo han intentado. No puedo juzgar si tuvieron acierto por vos, así que con el tiempo será esa vuestra responsabilidad. Sin embargo os daré mi opinión, y tal vez de ese modo podáis haceros a una idea, aunque tal vez os deje más confundida.

Miró hacia el mercado. A esa hora el sol estaba aún lejos del cenit, y el mercado estaba más vivo que nunca: siervas bajaban de las mansiones a conseguir los caprichos de sus amas; hombres cansados buscaban alguna herramienta que reemplazará a las viejas, usadas y mohosas. Ancianas miraban con desconfianza las frutas podridas, intentando encontrar entre ellas la más comestible. Más allá el cielo se mostraba azul y límpido, y ni una sola nube arruinaba aquel lienzo.

-¿Veís a esas personas caminando de un lado para el otro, día tras día? No entiendo la Vida, así como tampoco entiendo el Tiempo, o la Mente; no entiendo las Casualidades y no sé por qué estamos justo aquí y no un poco más allá; no sé por qué crece una simple planta, o por qué se suceden la Luna y el Sol indefinidamente. Pero cada uno de esos misterios hace parte de lo que llamamos Magia. -Sonrió, más para ella que para Lucie-. ¿Cómo poder practicar algo desconocemos? Del mismo modo como vivimos y no comprendemos qué es la Vida. A nuestro favor tenemos únicamente el deseo de responder esos "por qués".

Aquella conversación podía tornarse indefinida, y la pequeña, respondiendo a justamente a su petición, había hecho un vasto resumen. Por un instante consideró si seguir atosigándola con palabras, pero el caso de ella era diferente al de Mystere: ella había ya despertado. No era pertinente dejar pasar más tiempo, pues la pequeña, extrañada de por sí por la marea de sensaciones que la atosigaban, podría perder la sensatez.

-Como la vida -prosiguió la archimaga-, la Magia yace en el fondo de cada humano sobre la faz de la Tierra. Hubo un tiempo mitológico en el que todos los humanos eran Magos, pero ahora sólo unos pocos Despiertan a la verdadera Realidad que subyace bajo las formas. No viene de algo exterior a nosotros, viene desde nosotros. Si piensas en un poder superior, como el que supone Dios, entonces has de entender que cada ser sobre el planeta está aquí, respirando, sufriendo, comiendo, porque en todos hay un poco de esa divinidad; todos los hombres parte de esa Divinidad. Aquellos que Despiertan tienen en sí un tanto más que los demás. Como hermanos mayores de aquellos Ciegos -dijo mirando al mercado- es nuestra responsabilidad mostrarles los caminos para que abran los ojos.

Sonreía. Se encontraba radiante de alegría y optimismo. Los jóvenes Despertados siempre la atenazaban con su inocencia y futuro, con su optimismo y sorpresa.

-Una vez has abierto los ojos, has descubierto que haces parte de la Divinidad, la Realidad se te antoja más rica, más sublime. Y allí es donde nace la diferencia entre nosotros y el resto de hombres: Las ancianas y mujeres conocen los secretos de la cocina, y juegan con ellos como bien les parece, agregando alguna hierba que recogieron en el bosque, o haciendo un guiso con algún conejo. Los jóvenes que nada de esto conocen se limitan a comer, y rara vez se preguntan qué hay en aquel plato que le otorgue tan delicioso gusto. Si se preguntan, aprenderán, y podrán, a su vez, tomar ingredientes para hacer también deliciosos guisos. Nosotros hemos visto la Realidad desnuda, sin máscaras. Aunque no entendemos porqué el oro y el jade tienen colores diferentes, conocemos lo ingredientes; y conocemos los ingredientes de la Vida, la Mente y la Naturaleza. ¿A la ama de la casa le molestaría, tal vez, que su ternero asado tuviera un sabor diferente?

La analogía era desastrosa, pero Isolda estaba cuidándose no hacer uso de algunas más elaboradas y extrañas a la pequeña.

-Claro que nada de esto es sencillo. ¿Qué es la Realidad? ¿Qué es la Mente? ¿Te lo has preguntado alguna vez? Deberéis pensar en esas preguntas, y sin descanso. La Realidad no es esto que vemos. Esto es una máscara, hermosa y gustosa, pero no total. Los Magos vemos más allá de este límite que nos imponen los sentidos. Más allá podemos acercarnos más a la totalidad de eso que llamamos Realidad. Dios "forma" no sólo de esta máscara, sino lo que la subyace. Cambiar el color de una flor, el color de tus cabellos, hacer fuego en un lugar donde todos los leños están mojados, curar una enfermedad a una mujer en cama, enseñar a un joven a calmar su ira, son cosas que no salen de la Realidad tras la cual nosotros vamos, y por tanto... -más no terminó, mirando a la aprendiz de Tristán. Ella sabría como completar aquella frase.

Pero, un poco perdida en sus propias consideraciones, y a riesgo de enloquecer a Lucie más confiando en su inteligencia y sus sentidos mágicamente sensibles, continuó.

-¿Y el bien? ¿Y el mal? Son difíciles ideas, mas hay intuición en nosotros para adivinar los caminos errados o los correctos. Si con tu conocimiento de la Realidad ayudas a un niño a no morir víctima de una enfermedad, o sí evitas que una turba molesta incendie una aldea, ¿crees que eso está mal? Dios ha formado desde siempre parte de todo lo que hay, visible o no, en la Tierra. A través de la historia no han sido pocos los que han tenido en sí una parte más grande de Divinidad que los demás. Ellos han sido los sanadores, los profetas, los visionarios. Nuestra existencia en sí es parte de la Realidad tal y como fue desde un inicio, y ayudar a quien lo necesite, siguiendo esa lógica, no es un reto sino una venia. Incendiar una aldea, provocar plagas que acaben con los sembrados, esparcir enfermedades mortales entre los hombres, ¿crees que eso está mal?

La miró, inquisitiva pero amistosa. De algún modo esperaba haber aclarado aquellas dudas primeras. La pequeña no sabía el mundo que se abriría ante sus ojos cuando empezaran con la Enseñanza.


Lucie - December 21, 2006 10:52 PM (GMT)
Lucie se seguía manteniendo atenta y receptiva por muy larga que fuese la explicación de Isolda. Asentía, o fruncía el ceño según los pasajes, pero cada gesto era completamente explícito de lo que sentía la niña. Las metáforas y comparaciones parecían llegar a buen puerto, puesto que en ningún momento la expresión fue de incomprensión.

Ahora lo entendía mejor. Pero algo quedaba inconcluso en su pequeña cabecita. Antes de hablar de ello, respondió sin dudar a la última pregunta.

-Sí, eso sería algo horrible. Pero si se tiene el poder para hacer el bien también se puede hacer el mal, ¿no? ¿quién castiga a los que no están ciegos?

Las preguntas se agolpaban con tanta intensidad en su mente que dejó de saber por dónde empezar a desenredar la madeja, y tan sólo esbozó una pregunta.

-¿Por qué yo? Sólo soy una niña y sin embargo hay muchas personas inteligentes que siguen durmiendo. ¿No sería más provechoso que los despertasen a ellos?

La responsabilidad que tenía parecía abrumarla, y hacerla aún más diminuta de lo que en realidad era. ¿Cómo podría hacer el bien y ayudar a los demás desde sus reducidas posibilidades?

Isolda Lamartine - December 21, 2006 11:14 PM (GMT)
Isolda siguió, mientras hablaba, las expresiones de la pequeña, y quedó completamente satisfecha de las preguntas que le formulaba. No estaba hablando en vano, y Lucie hacía méritos para ganarse el aprecio de la que sería su Maestra.

-Por supuesto que se puede hacer el mal. Al tener ante nuestros ojos el potencial de la Realidad, muchos caen presas de la ambición de acumular más y más poder. Eso es, desafortunadamente, parte de nuestras vidas.

Una Casa entera había caído por aquello, y otra había pagado las consecuencias de la ambición de la primera. La Casa Tremere y la Casa Diedne ya no hacían parte de la Orden por culpa de la ceguera de la visión.

-No pocas veces os veréis enfrentada a la tentación de usar vuestro poder para vengaros, para acumular riquezas, o para acumular poder. Mas es lo que desde ahora sembremos, juntas, en vuestro corazón, lo que os dará la sabiduría necesaria para salvar esos obstáculos.

Suspiró.

-Sería ideal no castigar; sería ideal que nadie perdiera el rumbo. Más como ya os dije, y como sin duda entenderéis, siempre se darán voluntades débiles y astucias aprovechadas. Como sabéis según las palabras de Tristán, y como entenderéis más adelante, los Despertados se han reunido según sus creencias, según el territorio donde nacen o según sus maneras de acercase a la Realidad última. Dentro de cada una de esas congregaciones, llamadas Tradiciones Místicas, se han organizado jerarquías y órdenes, leyes básicas implícitas o explicitas. La Orden de Hermes, a la que yo pertenezco, ha elegido un grupo de Despertados con una responsabilidad para con todos: hacer un acopio de leyes básicas de convivencia, y juzgar a los que las rompan, según los casos.

Como toda organización humana, auqneu esta estuviera conformada por Despertados, la fallas eran grandes... muchas veces trágicas.

-Vuestra otra pregunta no tiene respuesta... al menos yo no puedo dárosla. -Sonrió-. Nadie sabe por qué alguien Despierta, y auqnue muchos han teorizado al respecto, la mejor conclusión que puede sacarse de ello es que... no importa. Vuestra juventud es vuestra defensa, y la Inteligencia o Sabiduría de otros, Durmientes, será en vos, si la cultiváis, más grande. No apresuréis las cosas, pues cuando estéis preparada la responsabilidad que llevas a cuestas, podrás hacer para la Humanidad.

Lucie - December 21, 2006 11:41 PM (GMT)
La pequeña despertada sonrió pero antes de darse por satisfecha inquirió una vez más.

-¿Cuál es la diferencia entre la Orden de... esa orden a la que pertenecéis, y la de Tristán?

Bueno, aquello seguía un sistema parecido al que había conocido en su fragmento de vida anterior. Estaba la Iglesia, estaban los reyes, cada uno ocupándose de una cosa distinta pero todos estrechamente relacionados entre sí, y todo tan lejano... Sin embargo, ahora las cosas eran distintas y la niña sabía que quien tenía frente a sí era alguien muy importante para las personas como ellos, lo cual constituía una perspectiva agradable y excitante pues si ella era su aprendiz, algún día podría ser tan reconocida y valorada. ¿Acaso antes había alcanzado a imaginarse ese futuro para sí misma? Era como si hubiese renacido y de pronto, se encontrase en el seno de una familia noble. Los caminos del Señor eran inescrutables, como había oído decir a algún sacerdote.

-Me alegro mucho de que no intervenga la lógica en el tipo de personas que despierta-, confesó, sonrojándose levemente.- ¿También en su día fuísteis una niña como yo?

Parecía inimaginable, aunque escuchándose, la pregunta se volvió absurda a sus oídos. Quizás debiese haberle preguntado sobre su pasado, o su aprendizaje, pero no se atrevió directamente.

Isolda Lamartine - December 21, 2006 11:58 PM (GMT)
Las diferencias eran vastísimas en las formas, pero en el fondo todos los Despertados eran iguales. Era esa una básica enseñanza que se adquiría con la propia experiencia. Pero la pregunta de Lucie era concreta, y ella le daría una respuesta concreta.

-Como ya os dije, una de las razones por las cuáles se congregan un grupo de magos para instituir una Tradición, es su manera de acercarse a la Realidad última. Tristán pertenece a una Tradición conocida como las Voces Mesiánicas; ellos consideran, como él ya os dijo, que sus dones provienen de Dios, visto como lo entienden los cristianos. Consideran que es su voluntad obrando a través de sus manos la que ejerce la Magia, y se mueven dentro de esa Realidad última por medio de rezos u objetos cristianos.

Hizo una breve pausa.

-La Orden de Hermes considera que la Divinidad está en cada uno de nosotros y no en un ser superior; por tanto nos imbuimos de la Realidad canalizándola a través de nosotros mismos, no de factores externos. Gustamos del poder de las Palabras, de las Lenguas, de la geometría sagrada árabe.

Se encogió de hombros.

-Pero, aunque estas diferencias han levantado no pocas escaramuzas, todos, en esencia, somos iguales.

A la otra pregunta de Lucie, Isolda soltó una sonora y armónica carcajada, y por un instante, conmovido aquel césped donde estaban sentadas, conmovido el aire, y los árboles cercanos, irradiaron una tenue luz, un tenue aroma a sauce, y Lucie pudo ver, como un resplandor, el brillo de los dorados cabellos de la Archimaga, el brillo de su risa sincera e inocente.

Lucie - December 22, 2006 01:09 AM (GMT)
La risa de la archimaga la pilló por sorpresa, así como el efecto que creó en su alrededor, como si toda la naturaleza junta se regocijase con la alegría de Isolda. Lucie no pudo ser menos, y al instante siguiente dejaba escapar una pequeña risa tímida primero, y luego libre, que fluía junto con la de su mentora.

Erradicando por un momento sus precauciones, Lucie se levantó y se acercó a Isolda para darle un pequeño beso en la mejilla.

-No, no pudísteis ser una niña como yo, debísteis ser un ángel- exclamó con una amplia sonrisa.

Isolda Lamartine - December 22, 2006 05:26 PM (GMT)
Aquel gesto de la chica la cogió por sorpresa; jamás ningún Aprendiz le había dado un beso, y no pudo evitar sonrojarse al escuchar que la llamaba ángel.

¡Quién podría llegar a pensar que esa misma radiante Isolda sería un mes después un monstruo irreconocible, transformado por la locura y el odio!

La archimaga sonrió como nunca, y, sin poder evitarlo, soltó otra sonora carcajada. Aquella relación llegaría a buen puerto, sin duda alguna.

Se puso de pie y ayudó a la pequeña a hacerlo.

-Bien, ahora conocerás tu nueva casa.

Le guiñó un ojo, y ambas partieron en dirección a Le Ictus.


FDI: ¿lo abres?




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