Aquella noche Francesco cabalgó sólo las calles de Paris, tenía un mensaje que entregar al caballero Castellar.
Lady Nayara le había pedido que fuera cuidadoso con sus palabras a la hora de dirigirse al primogénito; al parecer la dama temía que el semblante de éste fuera amargo.
LLegó hasta las puertas de la Sphairisteria; desmontó agilmente su caballo y cerciorándose de aparecer impecable, llamo a la puerta esperando a ser atendido.
Se encontraba allí en representación de su señora, debía mantenerse a la altura en una tarea tan sencilla como aquella.