Title: Las tierras de Aragon nos saludan
Description: principios de julio de 1225
Joseph_el_Egipcio - June 13, 2005 10:29 PM (GMT)
Tras varios días de lenta y pesada travesía entre los Pirinieos, el valle del Ebro se abre ante sus ojos. Zaragoza, la ciudad más importante del reino, junto con Barcelona, era su destino. Allí, al margen de los negocios, debería entregar una carta a un amigo de Joseph, y esperar su respuesta. Tambíen partiría una pequeña comisión a Astorga, tal como indicaba Joseph en la carta que habían traido los soldados. La parte difícil estaba hecha...
Joseph_el_Egipcio - June 16, 2005 01:44 PM (GMT)
En pocos días la caravana estaba pasando bajo las puertas de la ciudad de Zaragoza, donde segun la tradición la virgen Maria se había aparecido a Santiago encima de un pilar. Y sus habitantes estaban orgullosos de ello, tanto o más que los de la pripia Compostela. Era una ciudad hermosa, bañada por el Ebro, y donde los bellos edificios musulmanes se mezclaban con las nuevas construcciones cristianas, dándole un tinte cosmopolita, completamente distinto del que Nicolai estba acostumbrado a ver en Francia o Germania. La gente, mucho más viva y alegre, gritaba por las calles, haciéndolas mucho más ruidosas, mientras una amalgama de idiomas retrumbaba en sus oídos. Él como buen comerciante que era conocía el catalán y el italiano, las grandes potencias mercantiles del mediterráneo, asi que no esperaba tener ningún problema al respecto.
Tras pagar los impuestos de paso y feria, se dirigieron al campo de la feria, tan grande como el de París. Allí se encontraron con que no eran los únicos francos que habían acudido a Iberia, como él esperaba, si bien si los de más al Norte. También se dio cuenta de que la presencia de soldados era mucho mayor que en cualquier feria. Parecía que no eran los únicos que habían tenido que tomar precauciones. Tanto mejor. Pasarían más desapercibidos. No tenían una carvana desmesuradamente grande como para llamar la atención.
Una vez ubicados, dejó que sus hombres fuera a aplacar sus "hambres" y fueses a las tabernas y burdeles, mientras el se quedaba a planificar el día. Mañana tendría que comenzar las gestiones...
Joseph_el_Egipcio - June 16, 2005 02:11 PM (GMT)
Al día siguiente Nicolai se dispuso a continuar el plan que Joseph le había encargado: fue a entregar la carta que le había encomendado. Le costó un poco encontrar la taberna donde la debía dejar, pero tras unos rodeos por los barrios bajos de Zaragoza finalemente la encontró. Algo temeroso, entró y se dirigió al tabernero, en un cuidado catalán:
-- Buenas tardes, traigo esta misiva para Hermerico- le susurro Nicolai.
El tabernero, como si hiciese caso omiso de sus instrucciones, le sirvió una cerveza mientras cogia disimiladamente la carta, a la vez que preguntaba con tono despreocupado.
-- ¿Donde se os ha de encontrar en caso de necesitar respuesta?
-- En el mercado principal de la ciudad. Estaremos 5 o 6 días.
-- De acuerdo. Ahora, marchaos de aquí.
Nicolai apuró el último trago de cerveza, (por cierto mucho peor que la cerveza francesa) y dejó la taberna. Ahora era momento de ocuparse del grano, así que volvió al mercado donde ya se respiraba el bullicio al que estaba acostumbrado. Era el momento de hacer negocios. Y era algo con lo que él disfrutaba.
Joseph_el_Egipcio - June 16, 2005 02:16 PM (GMT)
Ese mismo día partió una comitiva de cuatro hombres a caballo hacia la ciudad leonesa de Astorga. Aprovechando la ruta de los peregrinos, abundantemente transitada y bien protegida, la comitiva no tardaría en llegar. Tenían el tiempo justo para reencontrarse con el resto de la caravana antes de volvera a cruzar los Pirineos. Dos de los mejores hombres de Nicolai, acompañados por dos de los soldados de la escolta, partieron sin pérdida de tiempo.
Joseph_el_Egipcio - June 16, 2005 02:31 PM (GMT)
(ASTORGA)
La comitiva tradó escasos cuatro días en alcanzar la ciudad de Astorga. Exhaustos, pero conocedores del poco tiempo del que disponían, se encaminaron sin pérdida de tiempo a la mansión que Nicolai les había indicado, una vez entrada la noche. Jean Paul, el portador de la carta, tal como había sido enseñado, dijo a uno de los guardas que les habían salido a cortar el paso:
-- Traigo una carta en nombre de Maximo, de París, para el señor de esta casa.
-- Mmmm, un momento. ¡Baldomero, vigila a estos hombres mientras entro!
Tras unos minutos de tensa espera, el guardia vovlió a salir, e invitó a Jean Paul a entrar en la mansión. La visión que tuvo lo sorprendió. No se esperaba tanto lujo y pompa en la casa de un noble de una ciudad de provincias. Eran lujos dignos de un obispo o un señor de alto rango. Al rato, un hombre muy bien vestido salió a su encuentro
-- Asi que venís de parte de Máximo, de París. Dejadme ver la carta.
Jean Paul se la entregó, y aquel hombre observó con detenimiento el sello que portaba, que por sus gestos interpretó que ya conocía. La abrió, la leyó con calma, y dijo
-- ¿Como habeis dicho que os llamais?
-- Jean Paul señor.
-- Bien Jean Paul. Has echo un buen trabajo. ¿Donde os alojais?
-- Aún no tenemos alojamiento, señor. Acabamos de llegar a la ciudad.
-- Bien. Uno de mis hombres os acompañará a la mejor posada de la ciudad. No os preocupeis, yo corro con los gastos. Descansad. Mañana os haré llegar la contestación. Y si no teneis nada más para mi, podeis retiraros.
-- Si mi Señor. Muchas gracias por todo.
Mientras Jean Paul terminaba de hablar, el misterioso caballero ya se había dado la vuelta y caminaba hacia el interior de su casa. Jean Paul bajo la cabeza, y siguió a uno de los hombres, que al parecer sería el encargado de acompañarlos a la posada
Joseph_el_Egipcio - June 16, 2005 02:52 PM (GMT)
(ZARAGOZA)
Pasados dos días, uno de los soldados llamo apresuradamente en la carroza de Nicolai.
-- ¡Señor Nicolai, señor Nicolai!. Un hombre pregunta por usted. Dice que es muy importante
Nicloai salio rapidamente de su carro, pues suponía que podía significar aquello. De hecho un hombre bien vestido, con aspecto de mercader, lo esperaba fuera.
-- Señor Nicolai, es un placer. Me llamo Herminio y vengo en nombre de Hermerico. Si no le molesta pasemos dentro, tenemos cosas de que hablar.
-- Por supuesto, pase usted.
Una vez dentro, Hermino adquirió un talante mucho más seri y comenzó a hablar
-- Bien Nicolai, traigo la carta de contestación que habeis venido a buscar. Antes de proseguir, ¿Disponeis de palomas mensajeras?
-- Si, tenemos alguna, ¿por que?
-- Mi señor cree que es necesario hacer llegar la contestación lo antes posible. Tomad. Aqui teneis una breve misiva para ser enviada a traves de la paloma. No contiene gran cosa, pues no es un medio de comunicación muy seguro, pero avanza algunos hechos. Aquí teneis la carta que debeis entregar a vuestro jefe. Aun así, os recomendaría que enviaseis un correo urgente a caballo para hacerla llegar lo antes posible a París. - hizo una pausa, tocándose la barbilla, como comprobando que no dejaba nada en el aire, y prosiguió - Por otra parte, que tal os han ido los negocios, ¿habeis hallado suficiente grano en estos mercados?
-- Si, si, no se preocupe. Este año vuestros compatriotas tendran unos beneficios considerables. No os precupeis por eso
-- Me alegro. De todas, formas, si necesitais algo, no os costará encontrarme en el mercado. Siempre es un placer ayudar a los amigos de los amigos.
-- Os lo agradezco, lo tendré en cuenta.
-- Bueno, pues creo que ya está todo hecho. Suerte en vuestra empresa, Nicolai. Que Dios os bendiga.
Joseph_el_Egipcio - June 16, 2005 03:10 PM (GMT)
(EPILOGO)
Nicolai había decidio realizar la vuelta por Aquitania en lugar de por la Langue d'Oc. Había comprobado que había más caravanas en los mercados zaragozanos de aquellas tierras, lo que le aseguraba un mayor anonimato. Por otro lado, los pergrinos compostelanos hacían la ruta más segura y practicable. De todas formas, tendrían que dar un pequeño rodeo para reunirse con las caravanas provenientes de Italia y entrar juntas en París.
Había elegido la pequeña ciudad de Puente de la Reina para esperar a la comitiva de Astorga, y en efecto, al segundo día llegaron, puntulaes. Las noticias que portaban tambien exigían premura, o al menos eso había dicho el hombre que se las había entregado. Nicolai no se lo pensó más, y envió las cartas en otra comitiva de varios hombres, la mayoría soldados, para hacerlas llegar cuanto antes a París. Por supuesto la paloma ya la había enviado desde Zaragoza, y debería estar ya llegando a París. Joseph recibiría la primera información puede incluso que ese mismo día, pues ya hacía tres que la había enviado. Todo marchaba sobre ruedas. Ahora ellos partirían con calma, al fin.