View Full Version: Cry de la mort

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Title: Cry de la mort
Description: 9-4-1226


Nicolas_Fresnoy - December 5, 2006 12:58 AM (GMT)
La luna pendía en lo alto rodeada de zarcillos de nubes y brumas. Brillaba pálida y rodeada de un aura oscura de mal agüero. París no dormía en las noches en las que la muerte sobrevenía con su marea agónica, la ciudad era el reino donde campaba, expandiéndose en el mismo aire en forma de cenizas y el amargo hedor de la podredumbre. Había decidido salir de noche, cuando las gentes se encerraban en sus casas y esperaban la llegada de la luz diurna como una señal de la presencia divina que no habría de socorrerles en tan funestas horas. Llevaba días encerrado en el taller, entregado al trabajo como siempre había hecho cuando deseaba huir de algo, pero ya no soportaba más el encierro y el polvo sobre sus ojos, necesitaba la brisa fresca y las amplitudes de las plazas que desiertas ofrecían su mejor aspecto... buscaría una taberna, mantendría una conversación insustancial con cualquiera, tal vez volvería a probar las mieles que alguna mujer quisiera venderle, pero en cualquier caso buscaría la distracción y el olvido como lo había hecho en los viejos tiempos y volvería la vista ante el drama que azotaba la ciudad.

Salía de noche, aunque se lo negase, para no encontrarse con las expresiones de miedo en el rostro de la población, para no encontrar las señas de la enfermedad en la piel de nadie. Ingenuo, había obviado que las plagas no conocían de horarios y que las parcas surcan el aire nocturno con tanta libertad como aparecen a la luz del Sol. Al voltear una esquina fue testigo de lo que las épocas de desgracia pueden causar en el alma humana, una niña clamaba por ayuda a un hombre, montado en caballo y mostrando los signos de su riqueza con sus elegantes ropajes tan siquiera ofreció una oportunidad a la niña, que se acercó peligrosamente al animal. La pequeña apenas se mantenía en pie, sus manitas agarraron el repulgo de la túnica del caballero y este espoleó al caballo con fuerza encabritándolo y provocando su carrera. La niña cayó al suelo exenta de apoyo y fuerzas, el animal la golpeó al emprender la azorada huida que su despreciable dueño había provocado.

- ¡Miserable alimaña, ni tus riquezas te salvarán del infierno!.- Nicolas no pudo evitar gritar hacia la figura que ya se alejaba con el eco de los cascos, mientras corría para socorrer a la indefensa criatura que se debatía por alzarse de entre el fango. Al llegar junto a ella se arrodilló, agarrándola por suavidad por los hombros pudo darse cuenta del liviano peso de esta, que apenas era un saco de piel y huesos al que se le acababa el aliento.- Tranquila pequeña... tranquila...

Ahogó una exclamación al observar el rostro de la niña, su piel se veía cuajada de bubones, enrojecida y llagada, sudaba y temblaba en convulsiones violentas, tosía y gemía por el dolor que la enfermedad le estaba causando. Aquella niña había caido presa de la peste, del tremendo castigo que azotaba la ciudad. Nicolas no dejó de sostenerla, en su garganta comenzaba a formarse un nudo doloroso:

- ¿Como te llamas pequeña?... - Logró pronunciar.- ¿Donde están tus padres?

- Helene...- Musitó la niña tras haber reunido las fuerzas para hacerlo, su voz apenas era un susurro roto por la fiebre y el dolor.- ... papás... ya no... no quieren... enfermar... se fueron...

No pudo concebir la situación que llevaría a unos padres a abandonar a su hija, aquella niña apenas tendría nueve años y seguramente a los primeros síntomas que mostrase sus padres la dieron por una muerta en vida y huyendo de la condena que mantenerla a su lado podría significar la abandonaron en la ciudad marcada por la peste. El nudo se afianzaba, sentía nauseas. Agarró a la niña con cuidado, poniéndose en pie, la llevaría al hospital, no harían nada por ella, no podrían, pero al menos no moriría en soledad.

- Helene, escúchame, todo saldrá bien... no tengas miedo, voy a llevarte al hospital.

El escultor caminó con la niña en brazos, que se aferraba a él con las escasas fuerzas que le quedaban, trataba de calmarla con su voz, hablándole de su profesión, de los días calurosos del Sur y de las nieves del norte, le habló hasta que dejó de sentir la presión de aquellos pequeños puños contra él. Había muerto, aquel ser del que solo conocía un nombre y su infortunio, había muerto en sus brazos, dejado la marca de la sangre que resbalaba desde su boca en sus ropajes. Las fuerzas le fallaron, no podía sostenerla, el peso de la situación caía a plomo sobre él que acabó hincando las rodillas en el fangoso suelo, dejando el cadáver aun caliente de Helene sobre la tierra reblandecida. El nudo dolía, no sentía miedo, solo el dolor de haber sido testigo de algo tan desgarrador. Las lágrimas comenzaron a fluir en silencio, al tiempo que la lluvia comenzaba a descargar sobre ellos intentando limpiar la atmósfera infecta de la ciudad, en vano.




Nayara - December 5, 2006 01:30 AM (GMT)
Lady Nayara paseaba aquella noche junto a su fiel Francesco por los alrededores de la Vilé. Las calles permanecían de sonidos mudas,el silencio tan sólo era perturbado por el trotar de sus caballos y las ruedas del carruaje.

El pesar de la maldición caía sobre los mortales, que huían de aquellas tierras por esquivar a la dama muerte que se cernía sobre aquellos por medio de la peste.

La dama observaba con gran pesar el abandono que azotaba a la ciudad y a sus habitantes, meditaba posibles soluciones mas sólo hallaba desconsuelo.

De pronto el sonido de un sollozo profundo se abrió paso ante el sórdido silencio y como motivado por éste comenzó a descargarse sobre ellos la tormenta. Lady Nayara guiada por su instinto ordenó al capataz que detuviera su camino. Arropada por su capa bajo presta del carruaje, seguida de cerca por Francesco.

La imágen que se encontró era desoladora, un hombre en el suelo lloraba junto al cuerpo aparentemente inerte de una niña. Se acercó con rapidez hasta llegar a su altura y ocupándose de la criatura la tomo entre sus brazos arrullándola mientras le cubría con su capa.

La niña mostraba signos de haber sido contagiada por la peste, pero sin duda algo mas había sido lo que le había atacado, mostraba un fuerte golpe y parecía reciente, su cuerpo aún estaba caliente...

- Decidme qué ha ocurrido -

Sus palabras fueron desgarradoras, sentía un dolor inmenso ante tal suceso.

Francesco hizo que acercaran el carruaje hasta ellos y dirigiéndose hacia el caballero prosiguió:

- Por favor permitidme que os resguarde de la lluvia y os acerque a algun lugar donde puedan ayudarnos-

La dama miro suplicante al hombre que aun lloraba a su lado:

- Por favor, dejad que os ayude-

Nicolas_Fresnoy - December 5, 2006 01:56 AM (GMT)
No se percató de la presencia de la dama hasta que esta envolvió con la capa el cuerpo sin vida de la niña. Su mirada se alzó hasta los ojos de la mujer, velada por el dolor y la confusión. El peligro que corría aquella dama le hizo reaccionar con premura, agarrando el cuerpo inherte de Helene con tal de apartar el foco de infección de aquella mujer piadosa:

- No... por favor. Alejaos de aquí, ya no podeis ofrecerle ayuda... no engroseis las filas de los condenados... por favor.

Las lágrimas se mezclaban con el agua que caía desde los cielos, la sangre del rostro de la niña se diluía con la suciedad que la manchaba, sus ojos habían quedado abiertos y el escultor se los cerró con delicadeza. Le dolía tremendamente la garganta por el sollozo que trataba de ahogar y aun no era capaz de entender aquella situación debido al shock.

- La... la debieron abandonar... intentó pedirle ayuda a un ginete y el caballo de este la golpeó cuando huyó de ella.

No pareció escuchar al hombre que acompañaba a aquella dama, de hecho ni se había fijado en los rostros de los que le rodeaban. Deseaba que se fueran, seguramente a esas alturas ya era tarde para él, pero no para aquellos que aun podían dar media vuelta:

- Marchaos... yo la llevaré donde puedan hacerse cargo de ella...

Permanecía de rodillas en el suelo, estrechando contra si el cuerpo de la niña, que asemejaba una muñeca desmadejada y rota. Ni siquiera sabía donde llevarla, no alcanzaba a pensar con claridad.

Nayara - December 5, 2006 02:10 AM (GMT)
Nayara observó como aquel pobre hombre le arrebataba a la niña de los brazos y le pedía que se marcharan. Conmovió más aún su alma y acercándose más al caballero acarició el rostro de la niña con dulzura.

- Los niños son los más inocentes y los que más sufren los actos desdichados de los que como adultos deciden sobre sus vidas. Dejad que os ayude, que su alma descanse al fin en paz. No os preocupeis por mi, nada temo pues mi vocación es la de ayudar a quien lo necesita sin distinción alguna-

Sus palabras fueron sinceras y cálidas intentando llegar al corazón de aquel hombre sumido en el dolor de la tragedia.

Nicolas_Fresnoy - December 5, 2006 02:21 AM (GMT)
Bajó la mirada mientras la escuchaba, él no podía impedir que aquella mujer ayudase a la niña, aunque fuese en su tránsito a un mundo menos oscuro, aunque su labor consistiera en ofrecerle su última morada en la tierra húmeda. Nadie más que ellos lloraría aquel cadáver y tan siquiera la conocían, pero aquella tragedia hacía estragos en sus almas.

- No sé... no sé donde podemos llevarla...- Habló al fin tras el silencio, cuando al fin pudo hacerse con el control de su voz y alzar la mirada hacia la dama que esperaba por una respuesta bajo la lluvia de aquella noche amarga. En sus ojos vio el reverso de aquella situación, su voz le demostró que el dolor no solo empujaba a las gentes a cometer actos bárbaros y egoistas. - ...no puedo entenderlo...

Su mente divagaba, se debatía intentando hacerse con las riendas de su cordura y devolverle la claridad. Estaba confuso, incredulo ante lo que vivía como si solo fuese una pesadilla.

Nayara - December 5, 2006 02:40 AM (GMT)
Nayara tomo del brazo a aquel humilde hombre y le ayudó a levantarse para conducirlo hasta su carruaje. Ansiaba abrazar a aquel diminuto cuerpo y protegerlo, pero ya la vida se le había negado... dejo que fuera él quien la portara pese al peligro que corría pues percibia que de algun modo apacigüaba su alma herida.

Ambos ya en el carruaje emprendieron la marcha. Francesco junto al capataz permaneció fuera como guía, sabía a dónde se dirigían.

- Caballero siento en el alma la pérdida de ésta niña, por favor no temáis nada, nos dirigimos hacia una iglesia donde podra hayar su descanso. Yo misma me ocupare de que se honre la memoria de ésta inocente-

Con un pañuelo limpió con cuidado el hermoso rostro de la angelical pequeña, observándo una vez más los estragos de la fría muerte.

Nicolas_Fresnoy - December 5, 2006 02:57 AM (GMT)
Se dejó llevar sin ofrecer ningún tipo de resistencia, no encontraría fuerzas para ello y aunque fuese un pensamiento egoista se alegraba de no tener que pasar por aquel trance en total soledad. Una vez en el carruaje mantuvo un largo silencio mientras su respiración se normalizaba y la garra que constreñía su garganta aflojaba su fuerza:

- Sois admirable, señora...- Musitó al fin, volviendo su mirada hacia Nayara, cuya belleza trascendía el estado físico como demostraba aquella noche. Cayó en la cuenta de que los ropajes de la dama eran finos y de materiales nobles, que aquel que le había hablado en la calle bajo la tormenta parecía ser el sirviente de la señora, y se sorprendió de que se hubiera detenido siquiera a socorrerles. - Le agradezco lo que hace... seremos los únicos que lloraran su ausencia, aun sin haberla conocido.

El escultor observó a la niña en su último sueño. Dios quiso que su difunta esposa no hubiese podido darle hijos, hubiese deseado tenerlos y aun sin saber lo que significaba sentía aquella muerte de una manera profunda, como si aquella vida hubiese estado unida a la suya de alguna manera.

- Me dijo que se llamaba Helene... antes de morir...

Nayara - December 5, 2006 03:22 AM (GMT)
Nayara escuchaba las palabras que aquel hombre conseguía decir pese a lo tortuoso de la escena.

- Me llamo Nayara Posstizzi, y haré lo imposible para que Helene reciba el descanso eterno en las mejores condiciones mi señor. Ante su despedida hoy seremos padre y madre de ésta criatura, pues como decís seremos los únicos en llorarla-

Hacía siglos que no usaba su nombre mortal, pero no deseaba darse importancia con los titulos, ante aquel se mostraba como mujer no como baronesa. Aquella dulce niña removía sus sentimientos maternales... aquellos que ya lejos quedaban de poder ser cumplidos... cómo se podía ser tan atroz, qué ser dejaría a su hija a manos del fatidico destino sola e indefensa. Los mortales podían ser mas crueles que muchas criaturas de la noche, a veces la vida mostraba su peor cara con gestos como éste.

Tomo una de las manos de aquel hombre y le infundó fuerzas con su gesto cercano.

Nicolas_Fresnoy - December 5, 2006 04:17 PM (GMT)
No rehusó el tacto tranquilizador de la mujer. Sus ojos de verde enturbiado por las recientes lágrimas se posaron en la mirada de la mujer... eran dos completos desconocidos, pero aquella noche ambos habían visto una fracción importante del alma del otro, habían sido testigos del dolor profundo que surcaba la ciudad y que no entendía de clases. Ambos habían cometido una locura que podía abocarlos a un destino igual al de aquella niña y todo por el extraño amor que aun sin querer algunos le profesan a toda vida consciente.

- Yo soy Nicolas... Fresnoy...- Se presentó al fin, aunque los nombres carecían de importancia en aquel momento, nada tenía un sentido claro en la mente de Nicolas, que había vuelto a ser testigo de la muerte y el deshonor... pero aun había esperanza si existían personas como aquella dama, Nayara.- Y os prometo que su memoria será honrada... como no lo fue su frágil vida.

Nayara - December 6, 2006 12:16 AM (GMT)
El carruaje pronto llegaría a su destino. El tiempo se hizo eterno para aquellos que sufrían por la pérdida.

Lady Nayara sabía que sería bien recibida por Lord Manfred, sólo a él acudiría, tan sólo en él confiaba y conocía que en su refugio la inocente niña podría encontrar la paz.

Paulatinamente la velocidad de los caballos disminuía hasta quedar completamente detenidos ante aquella capilla en la misma Vilé.
La dama observó con dulzura a Fresnoy y con la misma le comunicó que ya habían llegado a su destino.

- Nicolás hemos llegado,ésta capilla es regentada por un muy allegado mío, sin duda el nos ayudará a acompañar a Helene en su camino al descanso eterno-

Francesco abrió la puerta del carruaje para ayudarles a bajar. Nayara bajó primero y espero a recibir a Helene para facilitarle la salida a Fresnoy.

Nicolas_Fresnoy - December 6, 2006 12:53 AM (GMT)
Su mirada no volvió a despegarse de la niña en el lapso de tiempo en el que duró el viaje. En aquel silencio que se había formado, reflexivo, la claridad iba regresando a su mente, mostrándole la latente rabia que aquello que había presenciado había despertado en él.

Bajó del carruaje tras entregarle con cuidado el cuerpo de la niña a Nayara, para, una vez bajo, volver a tomarlo entre sus brazos. Su peso era leve y el calor al fin la había abandonado.

- ¿Es sacerdote vuestro allegado?...

Aquella intención era buena, pero Nicolas sabía que el alma de la niña ya había volado lejos, que Dios en su misericordia no necesitaba intercesores para que las llamas puras y vibrantes como aquella volvieran a su seno. Todo sufrimiento había terminado para ella, dejando atrás al resto de almas agonizantes que tarde o temprano la acompañarían en su tránsito.

Nayara - December 6, 2006 01:05 AM (GMT)
- Mi señor, si es necesario hare traer a un sacerdote, mas pienso que su alma pura no necesita de intermediarios mundanos. La inocencia trasciende por ser etérea, no necesita de nada ni de nadie-

Dicho ésto encaminó sus pasos hasta la puerta de la capilla y haciendo notar su presencia aguardó a ser atendida. Allí se encontraban aquellas almas en pena, buscando dar el merecido adiós a la pequeña que en brazos de Fresnoy yacía.

Nicolas_Fresnoy - December 6, 2006 01:11 AM (GMT)
El mortal trató de cubrir lo máximo posible el cuerpo de la niña con la capa, como si aun la lluvia pudiese causarle algún mal a su maltrecho cuerpo. La respuesta de la mujer le agradó, le hizo sentir aliviado el hecho de no tener que aguantar la vacía retahila de un sirviente de la iglesia:

- No... No será necesario... Ella ya está lejos de aquí... como bien sabe...

Esperó junto a la mujer, en la puerta de aquella capilla sin sacerdote, preguntándose qué devendría a partir de ahora con ellos, pues Helene no tenía ya nada que temer.

Manfred Von Hellstrich - December 6, 2006 03:13 AM (GMT)
Ante ambos visitantes en aquella oscura noche, las puertas de la iglesia se abrieron de par en par, un grupo de monaguillos, con tristes mirada, cruzaron sus llorosos ojos con los de la dama y los del escultor. Sobre los hombros, el pequeño grupo cargaba sacos que seguramente se imaginarían los visitantes que serian aquellos que no pudieron resistir la enfermedad.
El ultimo de ellos, cruzo unas palabras con los visitantes.

Dama, Señor este lugar no es para vuestros ojos, ni el momento para vuestras almas.

Tras estas palabras siguió camino hacia una carreta, con varios de esos sacos, tras poner el último estos fueron cubiertos con una tela.
Al mirar nuevamente para la iglesia un sacerdote con amplias túnicas blancas, los miro detenidamente, su mirada aun conservaba un aire de superioridad, pero también se notaba una profunda tristeza.
Sin percatarse de la niña, el sacerdote se refirió a ambos.

Mi señora, no creo que vuestra visita sea en el momento más oportuno

Haciendo una seña hacia la carreta

Como vera, no nos encontramos en las mejores circunstancias.

Dio unos pasos hacia ambos visitantes cuando se percato del cuerpo de la niña. Los ojos del cura blancos se posaron sobre el rostro de la pequeña, su mirada se trastorno, mientras una lagrima escurría por la mejilla.
Dando un par de pasos, grandes y apresurados se poso junto al hombre, observando el ya frió cuerpo,

Por que dios, descargas vuestro castigo con todos los seres por igual. Esta criatura... vuestra... no merece esto...

Las palabras del cura, parecían una replica de compasión contra su señor, mas un llanto antes que una queja

Levanto la mirada observando al hombre que sostenía a la niña

Debéis poner su cuerpo en aquella carreta, de ese modo su alma viajara con todas las que esta noche han perecido y así su cuerp...

En ese momento una vos desde la iglesia hace callar al cura, llamando la atención de sendos visitantes

Hermano, dejadme que yo me encargue de ellos, luego llevare el cuerpo yo si es necesario

En ese instante, un hombre de altura aparece en el marco de la puerta, vestido con una sotana negra en su totalidad, el rostro del hombre no se ve pues cubierto por una capucha, que posee un borde en dorado, le proporciona sombras a sus rasgos humanos.
Mientras el cura se disculpa y retorna al interior de la capilla, despidiéndose de sendos visitantes, y encargándole al hombre que si necesitara algo estaría un tiempo mas ordenando algunos objetos

El hombre dios unos pasos bajando los escalones, del pórtico y con un frió tono de vos se dirigió a sendos visitantes

Lady Nayara, Maese Fresnoy que es lo que os trae a estas horas y por estos lugares...


Nayara - December 6, 2006 03:53 AM (GMT)
La dama permaneció expectante ante aquella sobreactuación del sacerdote... la ira casi consigue controlar sus emociones cuando acercándose al cuerpo de Helene hizo acopio de tanta frialdad y falsas apariencias.

A punto estaba Nayara de contestarle con sus artes cuando una voz conocida ahuyentó a aquel cuervo alejándolo de su vista.

Tomó del brazo a Fresnoy y observó como el hermano Manfred se acercaba hacia ellos lentamente.


- Hermano Manfred, nos hayamos ante vos en busca de dar un descanso digno a la inocente Helene a la que considero como hija mía por haberle faltado familia en la hora de su muerte-

Destapó en parte el cuerpo de la niña y acariciando su rostro volvió a dirigirse al hermano.

- Deseamos honrarla y llorarla como a alguien especial-

Dicho ésto último dirigió su mirada al carromato al que el sacerdote había previsto tirar el cuerpo como si de un animal se tratara.

- No permitiría que ése fuera su destino, si fuera necesario ella misma enterraría el cuerpo en los alrededores de su mansión -

Nicolas_Fresnoy - December 6, 2006 12:50 PM (GMT)
Un escalofrío le recorrió la columna vertebral al observar el carro en el que se amontonaban los cadáveres como si de despojos se tratase. En posiciones imposibles aquellos cuerpos que un día albergasen vida semejaban títeres desmadejados, sucios y olvidados. Fijó su mirada en el sacerdote tratando de ignorar aquella carreta y el hedor que desprendía, y cuando este hizo ademán de acercarse a por la niña para llevarla hasta allí retrocedió un par de pasos, dejando claro con la mirada que no dejaría que posase sus manos sobre ella. Pero entonces aquella voz le detuvo, y al alzar la mirada Nicolas reconoció al hombre que unas noches atrás visitase su taller:

- Señor Hellstrich...

El sacerdote volvió al fin al interior de la iglesia y los músculos del mortal se relajaron. Mantenía aquel fardo como si realmente aun poseyera vida, aun consciente de que su proximidad podría granjearle la condenación y un puesto entre los cadáveres de alguna carreta como aquella que flanqueaba su visión. Por la expresión de Nicolas y el abatimiento que sus ojos reflejaban podría haberse dicho que aquella niña era sangre de su sangre:

- Malas condiciones para un reencuentro... - Musitó, mientras volvía a tapar el cuerpo. - No... No dejaré a la niña en el carro... ella tiene quien la recuerde...

Manfred Von Hellstrich - December 6, 2006 02:52 PM (GMT)
Manfred vestido con sus hábitos un tanto peculiares, para el servicio, miro a Lady Nayara para luego mirar a Fresnoy, ambos claramente no estaban en las mejores condiciones, sucios y maltrecho, seguramente por la carga de aquel cuerpo muerto.
Con su característica vos, aquel encapuchado se dirigió a ambos visitantes.

Podes relajaros, en la casa del señor, todos hablan con el corazón...

Mirando directamente a Nayara, como reprochándole su actitud, aunque esta no había hecho casi nada, aquel viejo vástago se había percatado de su reacción ante el sacerdote, y suponía claramente sus pensamientos, al igual que los del señor fresnoy

Pero debéis comprender,... la situación amerita una reacción. Y el maestro solo busca salir lo más pronto de esta crisis por la que pasan amigos, conocidos, y desconocidos de Paris. Os ruego que perdonéis si de algún modo os ha ofendido.

Luego se giro y camino hacia Nicolás, llegando hasta el observo sus ojos, cansados y doloridos por las circunstancias, miro hacia la niña mientras terminaba de taparla

Siento vuestra perdida Maese Fresnoy, hubiera deseado conoce a vuestra niña aquella noche que nos conocimos y no en estas circunstancias.

Guardo unos instantes de silencio. En honor a la memoria de la niña, se aparto unos pasos para poder observar a ambos visitantes

He de suponer a que han venido, y con gusto le ayudare en lo que me pidan, por algo estoy en la casa del señor

Aunque por fuera cada ves que hablaba de la religión, mostraba cierto orgullo, por dentro ambos vástagos sabían que las cosas eran muy distintas

Nayara - December 6, 2006 04:19 PM (GMT)
Nayara observaba perdida el cuerpo de la niña; la rigidez ya era patente, su calor pese a estar en brazos de Fresnoy, se había perdido. Tan sólo era un cuerpo, su alma ya lejos se encontraba o al menos eso desearía para aquella que se despide de la vida tras tanto sufrimiento.

Observó unos instantes el cielo como buscando fuerzas, podía sentir el sufrimiento ajeno como propio y su alma en pena era frágil ante aquel suceso. Pese a la tragedia Helene había recorrido el camino, y era libre, algo que aquellos vástagos no eran pese a las apariencias.

Con una voz firme se dirigió de nuevo al supuesto hermano:

- Desearíamos dejar descansar su cuerpo, entendemos que sean las llamas quién se lo lleven para no causar más peligros. Muchas otras Helene corren peligro de contagio...-

Dicho esto último una idea se colo en sus pensamientos, había que hacer algo al respecto...

Nicolas_Fresnoy - December 7, 2006 01:54 AM (GMT)
Nicolas se sintió arropado por aquellos que le rodeaban. Lady Nayara era una persona noble que sentía tanto como él aquel suceso, ambos habían entrado en contacto con el problema que azotaba a la ciudad de una manera violenta y aquello les hacía ser conscientes del sufrimiento que tantos estaban soportando y que tal vez acabarían soportando ellos. Y Manfred...él como parte de la iglesia debía haber estado en contacto con el problema desde que comenzó a manifestarse. Nicolas alzó la mirada hasta los ojos de este, que pensaba que aquella niña era su hija:

- No... no es mi hija... traté de socorrerla... y murió en mis brazos... Solo sé que se llama Helene.

No quiso describir el suceso, al menos en ese momento. La lluvia seguía cayendo, pero los tardíos visitantes de aquella capilla ya no sentían el frio ni la ropa mojada pegada a sus pieles les molestaba. Necesitaban terminar con aquello y asimilar la realidad que se desataba a su alrededor.

Manfred Von Hellstrich - December 7, 2006 02:54 PM (GMT)
Ente lo que sus ojos le mostraban el vástago busco en sus memorias cual seria la actitud mas adecuada para con el humano. Mas haya de que sus sentimientos abrían muerto ya hace varios siglos, todavía su mente comprendía la situación la que Fresnoy estaba pasando.

Comprendo maese Fresnoy, hace años pase por una situación similar...

Cuando la vida se nos va de las manos... la sensación no se puede describir


Iba a continuar hablando pero se percato de la lluvia, con una actitud de invitación, hacia el interior de la capilla.

Vengan, por favor, si por lo menos puedo evitar que esta lluvia se apiade de vosotros, lo haré, acompáñenme.

Entrando a la capilla, ni bien se cruzo el pórtico de entrada, los invitados pudieron observar un ambiente no muy agradable. Dentro de esta los refugiados por la peste que se encontraban en la parte trasera, aguardaban a que el destino los dejara de castigar.

Tras dar unos pasos, Manfred se dirigió hacia una puerta a la izquierda, una decorada puerta marrón, con símbolos cristianos trabajados con hierro. Abrió la puerta y tras esta una escalera en caracol, iluminada desde la altura con antorchas se dirigía a un piso inferior.

Maese Fresnoy, Lady Nayara, por aquí si es posible. Como verán, no es recomendable que nos quedemos en la capilla.

Los tres seres bajaron por las escaleras a un recinto de amplios espacios. En apariencia es un recibidor, y lugar para que los sacerdotes puedan descansar durante sus turnos. En la habitación se encuentra un escritorio de madera llenos de papeles, libros y algunos antiguos pergaminos, detrás de este un sillón finamente trabajado, especialmente para la iglesia y luego de este un gran cuadro con una descripción que dice en latín “Los encargados de la paz”. Enfrente de este un mural que abarca casi toda la estancia, reflejando un caballero, visitado por un ángel, con el titulo “El perdón es para aquellos que los aceptan”
Tras todos estar en la habitación, rápidamente Manfred despejo el escritorio, para que el artesano pudiera soltar un instante el cuerpo. Le haría bien, poder desahogarse unos instantes y dialogar si así lo deseaba.

Como bien a dicho la dama, en estos casos para evitar futuros inconvenientes lo mejor seria que las llamas purifiquen el cuerpo, pero si tú lo deseas Maese Fresnoy, podría hablar con el maestro para que le otorgue el perdón antes de realizar el acto.

Cuadro

Mural

Nayara - December 7, 2006 03:43 PM (GMT)
- Extraña estancia sin duda... -

La dama afirmó a las palabras del hermano.

- Permitidme que limpie un poco su cuerpo para darle el último adiós caballeros-

Observó a la niña que mostraba un estado bastante decadente fruto de todo lo acaecido durante su enfermedad y las últimas horas... su cuerpo empapado de barro se encontraba, sus cabellos enredados y opacos de brillo, su vestimenta hecha harapos...

Esperó a que Fresnoy dejara el cuerpo inerte sobre la lúgubre mesa, para frente a él, apartar de su rostro sus mojados cabellos y con una cariñosa voz aconsejarle:

- Nicolás debéis entrar en calor o enfermaréis, os hará bien hablar con el hermano Manfred, él os ayudará en éste tortuoso trance y de seguro os ofrecerá algo caliente. Id con él, yo me ocuparé de la dulce Helene -

Apartó un instante su mirada de Fresnoy para observar la de Lord Manfred, no necesitaban de palabras, el mensaje había sido claro.

Nicolas_Fresnoy - December 7, 2006 04:07 PM (GMT)
Nicolas dejó con cuidado el cuerpo de la niña sobre la mesa, sintiendo un tremendo alivio al liberarse de aquella carga. Al entrar en calor en aquella habitación seca se dio cuenta de que tenía los músculos entumecidos y le dolía la mayor parte del cuerpo:

- Dios perdona a los inocentes... ella queda lejos de la jurisdicción de los sacerdotes ya, no creo que ninguno de ellos pueda ofrecerle perdón alguno. Démosle reposo a su cuerpo para que así nuestras mentes puedan hacerlo...

Su tono era amargo y cansado. Cuando Nayara se acercó no hizo gesto de apartarse ante su gesto, parecía que la preocupación de la dama era sincera y aun a pesar de aquella desagradable situación mantenía un carácter templado y dulce.

- Os agradezco lo que habeis hecho, Nayara... - Contestó, dulcificando su exprensión, para, volviéndose luego hacia Manfred, añadir.- Y a vos, señor Hellstrich... París necesita almas como las vuestras...

Manfred Von Hellstrich - December 7, 2006 11:44 PM (GMT)
Las palabras del escultor resonaban en la piedra del ambiente, mientras que en la cabeza del vástago a modo de chiste resonaba “Paris necesita almas como las vuestras...”.
Manfred miro sinceramente a los ojos de aquel cansado hombre, su mirada gris, era penetrante y directa, cualquier humano en otras condiciones hubiera corrido del pavor de esa mirada.

Se equivoca Maese, esta ciudad necesita almas como las vuestras…

Miraba a lady Nayara y luego volvía a Fresnoy

Seres que en una noche, lluviosa, se detienen ante la necesidad de otros…

Seres que atados a su corazón actúan... de modos heroicos

Sin que nadie os diga que hacer… Ustedes arriesgan vuestra salud, por otorgarle un digno final a esta niña…

Ustedes…


Mientras ponía una palma sobre el hombro del hombre

Mas gente como ustedes necesita Paris…

Por dentro la bestia asentía las palabras del Lasombra, y agregaba únicamente para ella misma y el vástago. “Si... mas almas para corromper... mas seres de quien alimentarnos...”

Tras unos segundos de observar aquel hombre, el vástago se giro y camino en dirección a un armario, de este saco una tela blanca, limpia y pura, que depuso sobre el sillón. Luego saco una sotana oscura, la cual le entrego al mortal y un hábito que seguramente era de Helena a Lady Nayara.
Con una vos firme, se dirigió a ambos.

Deben cambiarse esas ropas. Han de ser destruidas para evitar que la enfermedad se extienda.

Dio unos pasos por detrás del escritorio y parado frente al cuadro, empujo una tranquilla que destrabo una puerta del tamaño del mismo cuadro, tras este una pequeña bodega con toneles.

Luego se dirigió hacia el cuerpo de la niña y con la tela blanca comenzó a envolverlo, cuidadosamente

Nayara - December 8, 2006 03:44 AM (GMT)
La dama tomo como acertadas las palabras de Lord Manfred, debían destruir todo aquello que hubiera estado en contacto con la niña...

Se encontraba en un lugar de culto y pese a que su desnudez no le estremecía, si le preocupaba ofender a los verdaderos sacerdotes que habitaban la capilla.

Se acercó hacia la puerta de la bodega y recogiéndose el cabello dejó a la vista una espalda cerrada por finos corchetes; sin duda aquel vestido era una obra de arte confeccionado de fino paño que marcaba con decoro la figura de la dama.
El caballero del hábito acudió con presura en su ayuda, liberando los cierres de su vestimenta. La dama accedió a la lúgubre bodega donde se despojó del pesado vestido, tan sólo ocultaba su cuerpo una fina camisola de hilo que le la cubría por completo.

Nada que hubiera llevado encima debía seguir con ella, las llamas debían limpiar todo recuerdo con su poder purificador... ante los ojos de Fresnoy ella era mortal y no debía levantar sospechas o miedos sobre aquel noble caballero.

Salió a la sala contigua donde ambos caballeros se encontraban, Fresnoy ya presentaba los hábitos de un monje, lo que hizo escapar una sonrisa de los labios de la ventrue.

Ante la mirada atónita de ambos se acercó hasta el sillón donde le aguardaba el hábito típico de las seguidoras de la iglesia. Dejándo de espaldas a los caballeros, se desprendió de la camisola dejándo a la vista por unos instantes la desnudez de su cuerpo,se giró apartando de sí la vestimenta de la que se desprendía; para hábilmente colocarse aquel sencillo hábito como se le había pedido.

Nicolas_Fresnoy - December 8, 2006 12:21 PM (GMT)
Jamás se hubiese imaginado vestido de tal manera... pero en ese momento aquellos hábitos secos y limpios eran mucho mejor que la ropa mojada y sucia de sangre que había traido consigo. Incluso Nayara sonrió al salir de la bodega y verle de tal manera. Por su parte, tuvo que apartar la mirada de la dama, azorado a pesar de la situación que vivían y sin haber podido evitar reparar en la belleza de aquel cuerpo grácil que se marcaba bajo la camisola. Ante el gesto de desprenderse de la última prenda que cubría su cuerpo el mortal se dio la vuelta, esperando con respeto a que Nayara terminase de vestirse. Carraspeó tras esperar unos intantes antes de volverse de nuevo, viendo con alivio que la dama se había vestido y que ni los hábitos lúgubres de una monja conseguían eclipsar aquella belleza. Titubeó antes de hablar, pues parecía que aquella situación le había perturbado:

- ¿Donde... donde vamos a quemarla?...

Su mirada volvió a la niña, envuelta en la mortaja y lista para que sus restos materiales desapareciesen junto con su vida. El fuego purificaría su piel y evaporaría su sangre, haría desaparecer la enfermedad... ¿Pero quien les purificaría a ellos después de eso?.

Manfred Von Hellstrich - December 8, 2006 07:04 PM (GMT)
Tras ayudar a la dama con aquellas sujeciones, Manfred se giro indicándole a Fresnoy que prosiguiera a cambiarse mientras acomodaba el cuerpo de la niña.
Tras esto, la dama apareció delante de ellos, bella y única, solamente cubierta con una fina camisola, que dejaba el resto del cuerpo a la imaginación de sendos hombres. Una sonrisa, escapo de sus labios al ver a Nicolás vestido con los hábitos.

La dama camino hasta donde habían quedado los hábitos de Helena, y se desprendió de la camisola. Que belleza, radiante, incluso opacaría el sol… Ante en ese instante intento buscar la reacción del mortal, ante aquella visión de la inmortalidad… Para percatarse que aquel mortal mostraba actos mas caballerescos que el mismo, aquel que intentaba pasar por un predicador de la palabra de dios. Apresuradamente giro su rostro y parte del cuerpo para disimular ante Fresnoy. Debía mantener una fachada ante el mortal, pero aquella dama podía más que el mismo, y su bestia estaba de acuerdo.

Al finalizar de cambiarse, los hábitos realmente a ambos le quedaban excelentes... en pintas, pues esperaba el lasombra que no le halle gustito de usarlo con frecuencia.

Con sumo cuidado tomo las ropas de ambos visitantes y las envolvió en otra tela que se encontraba en el armario, de esta forma podría llevar las vestimentas sin entrar en contacto directo con ellas. Luego se dirigió al cuerpo y lo tomo en sus brazos, con suma delicadeza como si fuera una niña que estaba durmiendo.

Miro a Fresnoy, el hombre seguía deprimido, parecía que le costaba aceptar esa muerte, una mas que se llevaba la plaga….

Lo haremos al final del predio de la capilla, pues ahí se encuentran los materiales suficientes.

Era una respuesta directa, y franca. Se podría haber tomado como demasiado fría la respuesta del lasombra, pero no deseaba mentirle a aquel hombre en desdicha

Nayara - December 8, 2006 07:49 PM (GMT)
La dama se acercó a Fresnoy y tomando su brazo delicadamente se dispuso a seguir a su guía hasta el lugar donde se extinguiría la existencia física de la pequeña.

- La vida ofrecía a los que la disfrutaban pasajes amargos como éste, no obstante era parte del ciclo natural...un ciclo que provocaba dolor y placer en sus distintas vertientes. A veces ver de frente a la muerte ayudaba a los mortales a disfrutar aún más de las oportunidades que se le ofrecían... a veces...-

Nayara no tenía fuerzas de seguir pensando... quería acabar ya con aquello y dar sosiego a su alma herida, que clamaba por justicia para aquella inocente...pero cómo, cuando la muerte acecha nadie es culpable de sentir miedo, no obstante seguía sin comprender como un lazo tan importante como el de una madre podía ser eclipsado por el temor a perder la vida...
¿No era acaso ésa vida mas propia que la suya?, dotar de vida era algo que se le había negado y por lo que en ocasiones penaba, no concebía acciones posibles para el abandono de un ser propio.

Pronto llegaron a aquella estancia donde todo acabaría. Tomo con más fuerza el brazo del caballero para infundir su presencia y sentir la de aquel, propiciándose el aliento necesario para seguir con aquello.

Nicolas_Fresnoy - December 8, 2006 10:25 PM (GMT)
El mortal aceptó con sumo agrado la cercanía de Nayara. En aquel momento en el que el shock de lo vivido comenzaba a desaparecer dejando tras de si una extraña amargura aquella presencia, de tacto seguro a su lado le ofrecía un importante apoyo para no desplomarse de puro cansancio psíquico. Caminó con la mirada baja, sumido en pensamientos que se arrastraban lentamente en su cabeza, cosas que no podía entender y que sin embargo siempre habían estado presentes en su mundo, abandono, miedo, incomprensión... cobardía... Pero allí estaban ellos, haciéndose cargo de alguien a quien tan siquiera conocían, llorando por alguien que no significaba nada más que un nombre y una existencia desdichada... como la de muchos otros. No solo le afligía aquella pérdida, le afligía el dolor que estremecía a la ciudad, a muchas ciudades, a muchos reinos. La enfermedad se cebaba destrozando familias y conciencias, crecía en la inmundicia y la soledad, entre los llantos de los deseredados y las lágrimas de los nobles... La parca no perdona a nadie.

Tomó aliento cuando llegaron al fin al lugar de la icineración, alzando la mirada a los ojos de Manfred, solemne y triste. No rezaría, no como el hermano haría, él no creía en las palabras vacías, quedaba en silencio para escuchar el rítmico latido de su corazón, y que fuesen los sinceros sentimientos que de él surgían aquellos que acompañasen a la pequeña... sentimientos que permanecerían por siempre en su sangre. Asintió, indicando que al menos él estaba listo para comenzar... para terminar con aquel periplo.

Manfred Von Hellstrich - December 9, 2006 01:43 AM (GMT)
La dama se aferraba al maestro, ausente en ese momento, era como si sus pensamientos se apoderaran del cuerpo. La situación ya se había extendido demasiado, podría haber sido todo más rápido sino tuviera que disimular ante aquel humano.

Con la niña en brazos y la ropa dentro de un especie de saco, les indico a los visitantes que le siguieran, subieron la escaleras, el silencio era presente en el ambiente. Tras abrir la puerta de madera, el ruido producido por aquellos que se encontraban en la capilla, inundo la tranquilidad de los oídos de aquellos seres lúgubres ante la vista de los demás.

Como si trajeran un cartel sobre sus cabezas, el manto en brazos del hermano Manfred, indicaba que la peste se había llevado a alguien más. Los infectados y aquellos que buscaban ayudar, cardaron silencio, un silencio sepulcral, un despido silencioso de un alma que se uniría a las de los demás.

Manfred se dirigió a la puerta principal, la abrió de cara a la ya leve llovizna que hostigaba la ciudad, no deseaba pasar por entre todos los que había dentro de la capilla, no deseaba que los que le seguían observaran los rostros de los que la parca tenia en su lista…

Con un paso ligeramente ágil, el caballero se dirigió hacia el final del terreno, durante el día ese sitio se usaría como herrería pero hoy seria el despido de la niña.
Poso el cuerpo con sumo cuidado sobre su propio banco de trabajo, para luego mientras sendos visitantes se allegaban preparar el lugar indicado para cremar el cuerpo.

Con un pequeño esfuerzo físico, preparo unas leñas que se encontraban dentro de la herrería y con la paja de los caballos del establo continuo, preparo una especie de pequeño altar para la niña.

Para cuando llegaron los invitados, Manfred terminaba de colocar el cuerpo sobre el montículo.

Miro a Fresnoy... su mirada perdida, decadente por los sentimientos humanos, tenia que terminar con esto. Con una pinza del sitio tomo unos troncos que aun mantenían ardiendo las brazas de la forja, y lo incrusto con fuerza en los leños debajo de la niña.

Luego camino hacia, donde estaba Fresnoy junto con Nayara, no se detuvo ahí, siguió unos pasos mas, hasta quedar un poco apartado de ellos.

Los ojos del vástago se tornaron, oscuros, negros como la noche que se cernía sobre Paris. Observando las llamas que pronto alcanzarían a la niña, sin inmutarse ante la leve llovizna, el fuego ardía con pasión.

Con un ágil movimiento se despojo de la sotana que cubría su cuerpo, quedando con una camisa negra y unos pantalones oscuros. Se arrodillo llevando una sola rodilla al suelo, luego hurgo tras su nuca, y de dentro de la camisa, extrajo una pequeña cadenita con un talismán en el extremo, el cual enrosco en su mano, hasta que este en la palma encontró descanso.

Apretando con fuerza, con aquella fuerza que su sangre le proporcionaba, el talismán comenzaba a cortar la carne de la palma, y la sangre a brotar. Bajando la cabeza tal caballero arrepintiéndose. Y con una vos profunda, recitando como si la hubiera aprendido de un libro, pronuncio en un antiguo germano



Señor…
Señor que gobiernas desde la oscuridad…
Un alma caída te encomiendo…
Aquel sobre el cual mi alma es juzgada…
Protege en tu mundo esta alma…
Aquel a quien deudo, no te cobres con ella…
Pronto vuestra deuda saldada será…
Vuestra promesa cumplida...

Nayara - December 9, 2006 02:34 AM (GMT)
El tul de la noche cubría el suceso con su fino manto...el firmamento observaba como el fin se acercaba, llevándose las llamas consigo aquel tenue cuerpo.

La dama nunca antes había presenciado tal cosa...tal vez porque no se esperaba que una señorita estuviera presente ante tan triste final de nadie y menos de un desconocido. Ninguno de sus padres lo hubiera permitido... pero lejos quedaban ya aquellos que la guiaban guardándola de posibles peligros.

Cerrando sus ojos un instante se despidió de aquella niña, jurándose a sí misma que siempre la tendría en sus recuerdos como a un ser especial y querido.

Sintió que el dolor de aquel hombre en quien se apoyaba, sería aún mas profundo que el suyo... en vida sufrió las pérdidas de seres queridos y pese a que sobrevinieron muchas más habiendo sido abrazada, ya nunca volvió a ser el mismo dolor.

Se desprendió del brazo del caballero para colocarse frente a él.
Con sus manos acarició aquel triste rostro vencido por el dolor.

- Nicolas, hicisteis todo lo que estuvo en vuestra mano, demostrais tener un corazón puro y una nobleza poco común. No os culpéis por favor...habeis arriesgado la vida por sostener los últimos momentos de la suya, nada más podiais hacer...-

Las lágrimas desearían escapar de los ojos de la ventrue, quién besando la frente del caballero, se abrazó a él para dejar fluir sus sentimientos sin levantar sospechas...

- Desearía acompañaros con vuestro dolor, pero, lamentablemente no puedo...-

Nicolas_Fresnoy - December 9, 2006 02:57 AM (GMT)
Hubiese deseado apartar la vista de la pira, pero sus ojos se negaban a obedecer ese deseo... vieron como las llamas, purificadoras, hipnóticas, iban devorando la piel del cadáver con tremenda voracidad, provocando chisporroteos y siseos en contacto con la sangre y la poca grasa que aquel cuerpo hambriento en vida pudiese aguardar. Era aquella una imagen destinada a permanecer en la retina hasta el final de los días, algo que atestiguaba lo efímero de una vida a la que a veces no se le encuentra un sentido... cenizas iban ascendiendo con la furia de las corrientes de ardiente aire. La brisa que llegaba hasta ellos lo hacía cargada del acre olor de la carne quemada, un olor distinto a la carne de cualquier otro animal, que hacía que un intenso escalofrío recorriese la columna vertebral.

Al fin pudo cerrar los ojos, repitiéndose el nombre de la pequeña en susurros que solo oía en su cabeza. Helene... Helene... Ya descansas. Él tampoco olvidaría aquel nombre, ni el terrible vacío que aquello había creado en él, como aquello que pudo haber sido y no fue, como si el fuego que se llevaba la carne y la piel de aquella niña se llevase su vida, los hijos que no había tenido, la plenitud que no había alcanzado, todo aquello que el destino le había negado.

Entonces escuchó la voz de Nayara, como una caricia dulce y calmante para que olvidase aquel olor, aquella imagen. Al abrir los ojos se encontró con los de la dama, límpidos y compasivos, rezumando una fuerza que a él le faltaba, y encontró el tacto de sus manos frescas en su rostro, que a pesar del ambiente fresco ardía. No esperaba aquel fugaz beso, ni el sentido abrazo en el que aquellos gráciles brazos le envolvieron, pero confortaron más su alma que cualquier palabra. El mortal, sin preocuparse por la presencia del hermano Manfred la estrechó, hundiendo el rostro entre los cabellos de Nayara, estrechándola con la fuerza del dolor que les unía en ese momento... y dejó que las lágrimas fluyeran en silencio, desprendiendo las espinas que habían quedado alojadas en su garganta.

¿Y qué será de nosotros ahora...?

Manfred Von Hellstrich - December 11, 2006 02:28 PM (GMT)
El vástago se mantuvo en la misma posición “orando” por el alma de la niña hasta que las llamas consumieron su cuerpo. Fresnoy parecía que se derrumbaba, acogido por la dama Nayara, solo se mantenía en pie por instinto.

El cuerpo y las ropas ya habían desaparecido en un mar de cenizas que se elevaba con el humo de las maderas. El Lasombra se puso de pie bajo la tenue llovizna y se encamino hacia el maestro. Puso una palma sobre su hombre y con una vos tranquila.

Maese Fresnoy...

Cuando los ojos tristes de este ser se encontraron los inmutables del lasombra.

Venga, lo acompañare hasta su hogar... Debe cuidarse... Ya el otro día me dio la impresión de estar algo enfermo...

Aunque es verdad que hacia unas noches Manfred había conocido a fresnoy, sabia que no portaba la plaga, y era mejor que descansara y no estará bajo la lluvia...

Nayara - December 11, 2006 03:47 PM (GMT)
La dama siguió junto a Fresnoy, acompañándolo en su doloroso trance. Partieron hacia el hogar de aquel hombre en el carruaje de Lady Nayara; que aún esperaba fuera.

La situación era tensa...


- Qué pasaría ahora con aquel pobre hombre... su bondad podía haber sido la causante de un destino de oscuridad o una muerte terrible.-

No soltó sus manos, de alguna forma pensaba que al hacerlo lo retenía cerca;deseo que la enfermedad no lo hiciera su blanco...

- Por qué siempre caían los mas nobles...tal vez la muerte no era tan mala después de todo aquella ciudad bien parecía un infierno terrenal. Pero no, ella abogaba por la vida, no por la muerte, no debía equivocarse. -

- No os preocupeis Nicolas, pronto llegaremos a vuestro hogar y podreis descansar. ¿Tal vez os espera una familia?-

Esperaba que su respuesta fuera negativa, no podría soportar la idea de exponer a nadie mas por la buena acción de un hombre que movido por su humanidad quiso acompañar a Helene hasta sus últimas consecuencias...

Nicolas_Fresnoy - December 12, 2006 11:09 PM (GMT)
El escultor asintió ante las palabras de Manfred. El viejo Abraham le dijo unos días antes que tanto trabajo acabaría matándole, él lo dudaba, tendía a pensar que el trabajo era lo que le mantenía vivo. Caminó en silencio hasta el carruaje, sintiendo que el peso que había recaido sobre sus espaldas al encontrar a la niña se desvanecía con la brisa fresca de la noche... Entonces se dio cuenta de lo tremendamente cansado que estaba. Nayara sostenía sus manos entre las suyas, finas y delicadas, de tacto tranquilizador, el escultor las observaba, ensimismado, hasta que la voz de la mujer le sacó de aquella ensoñación:

- No... nadie me espera. De ser así no volvería al hogar...

Y todos sabían a que se refería con ello, era consciente de lo que podía pasar a raíz de aquella acción, pero el cansancio parecía tamizar la preocupación substituyéndola por una ilusoria indiferencia.

Manfred Von Hellstrich - December 13, 2006 12:02 AM (GMT)
Tras la llovizna haber cesado, la brisa revoloteaba los cabellos los caminantes en la ya entrada noche parisina. Mientras con un paso lento se aproximaban a la carreta con una suave vos Manfred se dirigía a Nicolás

Maese Fresnoy, si desea, le puedo decir a mi discípula que os cuide y haga compañía mientras se recupera.

Se ha encargado de mí durante un tiempo y estoy seguro que cumplirá con cualquiera de sus peticiones

Que helena se encargara de aquel mortal… como lo tomaría la dama de la noche.. Sus cruces no eran una armonía pero entendería la razón. Además podría comunicar rápidamente al vástago, si el escultor caía preso de la plaga

Nayara - December 13, 2006 01:14 AM (GMT)
Lady Nayara escuchó la propuesta que Lord Manfred ofrecía a Fresnoy; estudiándola detenidamente era una idea acertada que alguien lo guardara, pues no parecía estar en buenas condiciones. Si no fuera por su condición de cainita, ella misma se hubiera ofrecido a velarlo.

Lady Helena había demostrado ser una fiel protectora de su señor y de seguro cumpliria con aquello que éste le encomendara... con decisión apoyo la idea del oscuro hermano.

- Nicolas, aceptar la ayuda que os brinda el hermano; conozco a la dama de la que habla y sabra atenderos con fiel vocación. No obstante no os penséis que me desentiendo de vos, mañana mismo os visitare ni bien termine con mis deberes -

Sus palabras fueron dulces y casi maternales, dirigidas a la conciencia y corazón de aquel hombre que ahora como niño se sentía perdido y atemorizado.
Tal vez su conciencia moral impediría aceptar el ofrecimiento, no obstante la dama quiso intentar disuadirlo con sus preocupadas palabras.

Nicolas_Fresnoy - December 18, 2006 10:01 PM (GMT)
El escultor parecía serenarse por momentos, aunque en sus ojos aun fueran evidentes las trazas de las lágrimas en el brillo y el enrojecimiento de estos ahora parecía más cansado que abatido. Negó levemente al contestar a las peticiones de sus compañeros de fatiga:

- Les agradezco lo que intentan hacer por mi, pero yo no soy más especial que cualquier otro ciudadano de esta ciudad ni merezco que nadie sacrifique su seguridad por estar a mi lado en algo que de producirse sería inevitable e irreversible... No soy más especial que vosotros, ni más vulnerable... Diós dirá... y prefiero la soledad para discutir con mis propios fantasmas, si la muerte quisiera venir tengo mucho que hablar con ella.

Manfred Von Hellstrich - December 20, 2006 02:27 AM (GMT)
Manfred en parte comprendía el sufrimiento de aquel hombre, el destino se forjaría su camino en los próximos días, mas solo quedaba esperar a que la rueda de la vida, no lo obviara.
Por alguna razón, aquel humano llamaba la atención del vástago, hace unas noches lo había conocido haciéndole un encargo y mostró compartir los mismo gustos que el antiguo, las acciones de esta noche lo mostraron fuerte ante el sufrimiento, aunque en momentos su alma humana se sobre puso a su mente, y en sus últimos comentarios, hacia referencia a encarar a la muerte como si pudiera batirla en un combate. A los ojos de aquel debía conocerlo mas en profundidad, pues si el tiempo y el destino se lo permitían podrían llegar a enseñarle una cosas mas de la vida que seguramente no conocía
Con un tono buscando consolarlo en su sufrimiento..

Maese Fresnoy… Se lo pido… si no deseas que lady Helena os acompañe, permítame visitar, tras mis horas de meditación, para ayudarle en lo que le haga falta.
Por lo menos hasta que se recupere de este fuerte golpe, que la vida le ha propinado…

Nayara - December 20, 2006 04:16 PM (GMT)
Al llegar al carruaje de la dama, Francesco observó extrañado los atuendos con los que se presentaban. Tan sólo él aguardaba a los señores, pues sabiamente se había desprendido del mortal cochero para evitarle un posible mal.

- Francesco, nos dirigimos al hogar del caballero -

Una vez el carruaje emprendió su rumbo, la dama aún tomando las manos de Fresnoy dirigió una mirada de preocupación a Lord Manfred.

- Nada podrían hacer ya por aquel mortal...su bondad había sido su letal sentenciera -

Con un tono pausado y suave se dirigió a Nicolas.

- Descansad si quereis, guardaré vuestro sueño hasta la llegada a vuestro hogar -

Nicolas_Fresnoy - December 23, 2006 06:56 PM (GMT)
No estaba acostumbrado a recibir tanta atención y en cierta medida aquello le incomodaba, le hacía sentirse en un punto débil y vulnerable... ellos también habían sido expuestos a la enfermedad, Nayara había pasado por el mismo trago amargo que él y aun siendo mujer mantenía su integridad intacta.

- Os ruego que no os preocupeis por mi... como os he dicho antes todos estamos en la misma situación. Y vos, señor Hellstrich, estoy seguro de que en vuestra parroquia os necesitan más de lo que pudiera necesitaros yo, yo poseo techo y alimento...

Volvió la mirada hacia el exterior, el carro se había puesto en marcha e iban dejando atrás el cruel escenario de la iglesia. El escultor hablaba sosegado, no pretendía faltar al respeto a ninguno de sus dos acompañantes, les agradecia el apoyo que le daban, pero a él también le preocupaban, todos eran posibles victimas de aquella pesadilla.

- No creo que ahora pudiese dormir, madame... ¿quien podría hacerlo tranquilo con esta maldición asolando la ciudad?.





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