Geoffrey estaba tranquilamente sentado ante el fuego cuando oyó a Ícaro entrar suavemente por la puerta. Tantas cosas que pensar e, irónicamente, no había tiempo para hacerlo.
-Mi Señor, Lord Erik Von Himmler se encuentra aquí, como esperabais.-
Geoffrey se puso en pie con una sonrisa. Con dos noches de retraso, pero finalmente ya había llegado. Excelente, harían falta sus consejos. No por deprecio a Montalbán, sino por complementariedad con el mismo.
Erik entró por la puerta con una amplia sonrisa en sus facciones germanas. Estaba cubierto del polvo del camino, y se notaba que debía haber apresurado el paso para llegar esa noche.
-Buenas noches, mi Señor- saludó Erik, hincando la rodilla ante el Príncipe.
-En pie, mi buen amigo, no nos vengamos ahora con formalismos como ese. Tenéis mucho que contarme de vuestra estancia en las tierras del Sacro Imperio Romano Germano, pues espero que hayáis aprendido todo lo que necesitamos. ¿Qué habéis descubierto de mi Sire?-
Su pregunta fue hecha al mismo tiempo que indicaba a su compañero que tomase asiento, y una de las sirvientas entraba con una copa de sangre para cada uno. Solo la mejor sangre valía en un encuentro así.
-Me temo que las nuevas son malas en ese sentido, mi Señor. Alexander se halla refugiado en la corte de Jürgen de Magdeburgo, y vos ya sabéis que es el Cainita más poderoso del Imperio tan sólo por detrás de su Sire Hardestadt. Pero lo malo no es eso, mi Señor, sino que no permanece estático, se mueve, se prepara; ha estado conversando con muchos de los Cainitas de la ciudad y del resto del Imperio, y su objetivo está claro: retomar París, a sangre y fuego si resulta preciso. Sabíamos que no os habría olvidado ni a vos ni a Salianna, pero me temo que no sólo no os ha olvidado sino que sus planes se hallan relativamente avanzados.-
Icaro entró entonces, interrumpiendo la conversación con educada formalidad.
-Mi Señor, Madame Marlene ha llegado.-
Se retiró de nuevo hacia su puesto habitual, ocultando su disgusto por la Nosferatu que cruzó la puerta, cubierta con amplios ropajes de muchas vueltas que casi la ocultaban por completo en su interior. Tan sólo el brillo de sus ojos oscuros reverberaba en el fondo como dos ascuas en un mar de sombras. Geoffrey sonrió a la Nosferatu y le indicó que tomase asiento, mientras otra dama de compañía traía una nueva copa para la señora.
-Buenas noches, mi señor- saludó ella con una genuflexión.
-Buenas noches, Marlene, me alegro de que ambos hayáis llegado sin mayores contratiempos de vuesta misión en la germania- respondió el Principe mientras ella se sentaba- . Erik me contaba que mi Sire se halla en movimiento, preparando un asalto.-
-En efecto, mi señor, no creo que lo tenga listo en breve, pero lo esta organizando todo, y no será agradable cuando ocurra, mi Señor.-
Geoffrey asintió a sus palabras. Siempre problemas, mirase a donde mirase. Aunque ya habían discurrido tres años, que para los mortales eran muchos, sabía que en realidad eran pocos a ojos de su Sire. Su rapidez de actuación podía significar muchas cosas. Quizás había recuperado el ímpetu y la capacidad de liderar; de ser ese el caso, las fuerzas desatadas sobre la ciudad podrían ser demasiado grandes y acabar desgarrandola, pues la lucha de tantos poderosos Matusalenes no sería precisamente agradable de contemplar. También podía indicar que la ira lo consumía en su locura, de modo que su castillo de naipes sería sencillo de derribar por su falta de previsión. O podía significar que hubiese otro detrás de él, azuzándolo y animándolo... si se había puesto del lado de Jürgen y su señor Hardestatd, el conflicto desgarraría Francia entera. El fracaso en mantener la ciudad bajo su control sin duda había alentado a la Bestia de su interior, como era natural en los seguidores de la Via Regalis, y eso podía implicar rápidamente el acceso a las oscuras y malignas fuerzas de la Betsia, con todo lo que ello implicaba.
Pero podían ser también razones ocultas, más inalcanzables y oscuras. Siempre la falta de conocimiento. Decidir, con tan sólo la mitad del puzzle en la mesa, era lo más difícil, pero era lo que realmente indicaba el poder del liderazgo. Y Geoffrey demostraría que poseía más que suficiente de él.
Permaneció con sus dos compañeros toda la noche, investigando y analizando todos los hechos ocurridos en Paris, todas las pesquisas realizadas en el exterior, y cómo todo ello podría estar relacionado. Tan en el centro de la Yihad, el factor casualidad desaparecía para revelar otra capa más del entramado de las multiples conspiraciones; fallar a darse cuenta de una de ellas podría significar su final, a mano de uno u otro bando. Y fracaso no era una palabra que se encontrase en el diccionario de Geoffrey.