Geoffrey, elegante y severo, descabalgó con rapidez frente al Louvre. Toda muestra de su poderosa Bestia desatada había sido controlada con esmero y dificultad, pero era algo que no se podía mostrar a los mortales. Ellos sólo veían en Ella al depredador, y lo arruinaba todo. Y esta noche era muy importante, había golpes que asestar, golpes terribles que iban a doler. Ciertamente, era una noche de venganza.
Geoffrey entró en el palacio y se adentró en los pasillos. Ciertamente, esta noche el Rey descubriría algunas cosas insospechadas de sus vasallos. Ciertamente. El primer golpe se iba a dar. El segundo, se corrigió con acritud.