Con la caída del duro invierno centroeuropeo, la paz había llegado momentáneamente al monasterio Obertus que se levantaba orgulloso a 50 kilómetros de las murallas de Sofía. Dentro del perímetro de las fuertes murallas que fortificaban el santuario Tzimisce, se levantaba un edificio de piedra, era el refugio personal de Dragoslav, el joven dragón nacido en las tierras de Bohemia.
El sótano del edificio estaba cerrado con un gran candado, muchos rumoreaban que allí se llevaba a cabo ciertos estudios. En el interior del cuarto, Dragoslav abría con un bisturí el cuerpo de un animal y hurgaba entre sus vísceras. Estos estudios no estaban demasiado bien vistos por un sector de la familia, otro sector, sin embargo, era favorable a estos estudios, sobre todo en periodo de guerra.
Tras hacer sus investigaciones quirúrgicas, escribía en un pergamino de cuero humano los avances y proyectos que descubría
“… la transposición de la parrilla costal y el rellenado de los espacios intercostales por material óseo podría detener fácilmente objetos punzantes dirigidos hacia el corazón. Dudo que existan seres mortales capaces de resistir la presión que dicha modificación en el tórax, ya que previsiblemente el corazón se vería afectado en su función…”
Cuando se escuchó el crujido del suelo de madera previo a la puerta que llevaba al laboratorio Dragoslav apartó sus manos del cánido y metió en un pesado arcón de madera los documentos que había escrito.
El candado se abrió y una figura conocida por el joven Obertus se adentró a la habitación.
- Siempre tan expeditivo en tus estudios, Kurnienko. Es un placer ver que tu apetito de conocimiento no ha mermado desde que te marchaste de Bizantium
Una media sonrisa apareció en Dragoslav, que lavaba sus manos mientras observaba a aquel conocido que había hecho presencia.
- Mi deber es aportar ideas para combatir a las Gárgolas, Vykos. Afortunadamente, el conocimiento sobre la estructura humana que nuestro clan atesora, gracias a siglos de vivisección, supera infinitamente al conocimiento anatómico de los humanos. ¿Qué te trae hasta aquí “hermano”?
Una sonrisa, más bien muestra de sarcasmo que de propio humor, se dibujó en la fascies de Vykos
- Noticias, interesantes noticias que deberías saber. Al parecer los altos... iluminados... Obertus han decidido sobre tu futuro.
Sorprendente, había elegido aquel perdido monasterio en tierra búlgara para pasar inadvertido a los ojos de sus mayores, se había ganado ciertas enemistades con los más enfervorizados seguidores de Gesu. Dragoslav estaba paulatínamente abandonando las creencias de aquellos que le habían abrazado, acercándose al pensamiento que Vykos y los suyos, habilidosamente, despertaron en él.
- Vaya, desde mi marcha a principios de siglo no había tenido noticias de nuestro Alto Padre. ¿Que se requiere de mí?.
- Se te enviará a París, jurarás vasallaje al Voivoda Von Vertzang y le servirás. Nuestro loado creador ha tenido a bien elegirte, sientente afortunado.
La cara de diversión de Vykos contrastaba con la inexpresión y seriedad de Dragoslav. Las palabras del conocido erudito le cayeron como dos puñaladas.
- Afortunado... muy... afortunado. Lo que me extraña es que hayas venido únicamente para darme esa noticia. Mantenemos una cordial correspondencia desde hace 20 años...