View Full Version: Deus Vult! (21-5-1226)

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Title: Deus Vult! (21-5-1226)
Description: Lyon


Geoffrey - October 18, 2006 01:00 PM (GMT)
Gaville entró en la ciudad montando su imponente rocín. Trescientos hombres montaban el campamento de campaña en el exterior de las murallas, levantando las lonas y los estandartes. En torno a ellos, un pequeño enjambre de mujeres de dudoso vivir, posaderos ambulantes, intenentes, y otros servidores preparaban también sus puestos. Pero él marchó hacia el interior.

Habían llegado. Los hombres del Duque du Temple estaban en la ciudad. La llamada a la Cruzada era inminente, y la presión se notaba en toda la ciudad. Caballeros pasaban al galope por el exterior, y los campamentos de muchos otros nobles se estaban montando o estaban ya montados en el exterior. La guerra marcharía hacia el sur.

Mystere Imum - October 18, 2006 07:46 PM (GMT)
El Conde Du Lombart entro a la ciudad junto a decenas de hombres que habian venido de Paris y sus alrededores atendiendo las palabras del Rey. El hijo mayor del Conde cabalgaba a su derecha, con la mirada fria puesta en el horizonte.

Ambos experimentados caballeros, tendrian la prueba de fuego en esta guerra.

Elois D'Umbrelle - January 24, 2007 10:52 PM (GMT)
Los nobles caminaban de uno a otro lado, el rugido de los metales blandiéndose, puliéndose, estrenándose por vez primera para la refriega era la nota predominante día tras día.

Muchos eran los caballeros que siguiedo las doctrinas del rey estaban dispuestos a asestar el golpe definitivo a los cátaros y bajo el mando de Gaville se agrupaban montando campamentos. Entre las idas y venidas, una de las llegadas levantó una inusual espectación, dificilmente calificable, según en cada cual.

El veterano chevalier Velaire se erigía al frente de la comitiva que llevaba por bandera un cisne blanco coronado sobre un fondo escarlata, tras el caballero su séquito de escuderos, algunos hombres de infantería ligera y un número importante de arqueros de origen normando que atesoraban enormes arcos a sus espaldas. Si llamaban la atención era evidente, pues pese a lo polvorientos de sus rostros, cabellos y armaduras, estas últimas destacaban en majestuosidad sobre la gran mayoría, incluso los arqueros portaban ropajes extraordinarios para ser simplemente eso, arqueros. La duquesa de Orleáns, y ahí estaba la verdadera clave, no había escatimado en gastos para vestir y preparar a sus hombres para la batalla.

Velaire paró en un claro y dió un par de órdenes para que los suyos montaran el campamento. Cuando todo paracía estar bien orientado el caballero tomó su monta, tenía algo que hacer aún, y se dirigió a toda prisa en busca de la tienda principal.

Localizada al fin, descendió ofreciendo las riendas del corcel a uno de los hombres presentes, aunque antes tomó un escrito de las alforjas de su bestia, después caminó con paso firme aunque cansado hacia la entrada de la tienda.

- Anunciad a vuestro señor que el caballero Velaire desearía verlo. Aseveró con simpatía, la propia con la que un lider trata a sus hombres en el campo de batalla, como hermanos de armas que eran, pero conservando cada cual su posición.

Evento - February 17, 2007 11:14 AM (GMT)
Difícilmente se podía encontrar en Europa un despliegue como el que los cruzados estaban organizando en Lyon. El liderazgo real, una burocracia organizada en las cruzadas de tierra santa y el apoyo moral y económico de la iglesia podían llegar a convocar en esa ciudad a unos 50.000 caballeros. El planeado ejército imparable que podría arrasar cualquiera de las ciudades del sur. Lo que había aparecido en los alrededores de la ciudad, más que definirse como un conjunto de campamentos tenía el aspecto de una nueva ciudad junto a la antigua, sólo compuesta de soldados, armas y tiendas coloreadas con algunos de los blasones más importantes de Francia.

Ya se encontraban por allí el Rey Luis VIII, y también Humberto de Beaujeau que sería lugarteniente de su majestad junto a Gaville. También habían mandado a sus representantes las familias de Dreux, Chatillon, Chalán, Vendome, Baux, Avesnes, Borgoña, Courtenay y Montfort. A Tebaldo de Champaña se le esperaba, pero se estaba retrasando.

Cerca de la tienda del Rey se encontraba la del legado papal Romano Frangipani, el cardenal de Santangelo había decidido prolongar su estancia en Francia para conservar las buenas relaciones que había iniciado con la corona francesa. Él se preocuparía de mantener el rumbo espiritual de aquella cruzada.

Algunos estaban allí por una cuestión de Fe, para combatir la herejía, para ponerse a prueba a sí mismos, otros para mejorar el prestigio de su familia o para saquear las riquezas del sur, para muchos la guerra era simplemente un oficio. Pero en esas fechas, el deseo común de todos ellos era que aquello empezase de una vez.

Maxence - April 2, 2007 06:50 PM (GMT)
La trovadora toreador, lady Brigitte, y su acompañante mortal Malachie se habían unido a la comitiva civil que acompañaba a los cruzados. La compañía de los soldados había resultado muy útil para recorrer los peligrosos caminos de Francia.

El ánimo tan frecuentemente jovial de la damisela, sobre todo cuando viajaba, no era tan bueno cuando llegó la noche en aquel campamento junto a Lyon. Sus intentos no había logrado avances significativos en la búsqueda que le había marcado su señor un mes atrás y tenía ganas de regresar pronto a París. Quizas para volver a ver a aquel interesante caballero gangrel que había conocido la noche de su partida.

Sentada cerca de su carruaje, a una cierta distancia de las hogueras en las que se reunían los soldados para cenar, la trovadora interpretaba una canción especialmente nostálgica.

Evento - April 13, 2007 10:27 PM (GMT)
El soldado de la guardia real que custodiaba la entrada de la tienda principal entró para informar de la llegada del caballero Velaire, al mismo tiempo que otro guardia se aprestaba a sustituirle en la entrada.

Pasados unos minutos el primer guardia salió para hacerle un gesto a Velaire, ya podía pasar.

El interior de la tienda era todo de un color azul característico, con flores de Lis amarillas y doradas adornando por todas partes. Una gran mesa con mapas y figuras estaba en el centro de la habitación y el trono del rey al fondo.

Su majestad caminaba por la sala, conversando con algunos de los nobles de su máxima confianza. La llegada de nobles de mayor o menor rango que se acercaban a su tienda a presentarle sus respetos había sido incesante en los últimos días, por lo que al rey no le pareció muy interesante la visita de Velaire. Continuó con sus conversaciones durante un rato y finalmente le señaló para que se acercase.

- Vos, ¿qué quereis?.

Elois D'Umbrelle - April 15, 2007 11:01 AM (GMT)

Los grandes generales de Francia de hallaban junto a su excelencia y allí se encontraba el viejo Velaire, quien nada más regresar a su patria gozaba de las recompensas prometidas por su señora años atrás. Una paz espiritual rodeaba su corazón y las palabras, algo desdeñosas resultaban música celestial para sus oídos. Su honor estaba colmado, su lealtad a Francia seguía inmaculada y el sentido de amor por todo lo que representaban las normas feudales no tenía cabida para el siempre correcto Velaire.

Cuando por fin el rey recaló en su presencia, la cabeza del anciano soldado se inclinó como síntoma del respeto que procesaba, también su mano se fundió con el torso en un acto solemne.

- Su majestad, soy el caballero Velaire y me complace presentaros el ejército del ducado de Orleáns. Mi señora la duquesa espera que el ejército de su majestad sea la envidia de todos cuantos han existido. Con tal propósito cien de los mejores arqueros normandos estarán a vuestras órdenes guiados por vuestro más humilde siervo.

Velaire se sabía insignificante y por ello aprovechó de carrerilla todo lo importante que tenía que decir, pues podría ser despedido sin mediar más palabras por su parte.

Evento - April 15, 2007 04:06 PM (GMT)
- El arco es un arma tan... primitiva.- Comentó el Rey disgustado. - el ejército francés siente preferencia por las ballestas, las de los gascones o las de los mercenarios genoveses.

Dijo eso como si fuese una reflexión no dirigida a nadie, despues se giró hacia sus lugartenientes y les comentó.

- Quizas sean ciertos esos rumores de que Orleans tenía intención de participar con apenas una pequeña tropa.

Luego se giró hacia su más humilde siervo.

- Caballero Velaire, dado que la alta nobleza de Orleans no ha acudido en persona a ninguna de las llamadas de su Rey para participar en esta cruzada, quizas vos tengais más fortuna que yo y consigais verles. Si es así, decidles a vuestros señores que todavía estan a tiempo de triplicar su aportación de soldados a esta cruzada y así no me consideraré ofendido.

El Rey moderaba su tono, no estaba furioso, pero sí descontento con la actitud de Orleans y alguna otra región. Y esperaba ver a sus vasallos acompañandole a la guerra de manera más entusiasta.

Elois D'Umbrelle - April 15, 2007 04:36 PM (GMT)
Velaire quedó conmocionado, el rey le partió el alma.

Sin embargo era un soldado experimentado, curtido en las más feroces batallas, se repuso tan pronto como su dolido corazón se lo permitió, pues una ofensa para su señora era un golpe muy bajo, pero una ofensa por parte del rey no tenía cabida.

Sereno, atendió a dar explicaciones.

- Majestad, mi señor Richard D'Umbrelle lleva años en Tierra Santa por lo que ruego comprendais su no asistencia, mas la señora duquesa a bien tendría en acudir a vuestro reclamo, aunque no es sino una dama y poco más podría aportar en esta guerra que su encanto y compañía.

Velaire tomó aire. Seguía dolido en su orgullo, pero sabía como podría remediarlo.

- A pesar de todo me veo capaz de poder satisfacer a su majestad y con ello acallar las voces de cuantos lanzaban sus puñales envenenados a las espaldas del ducado de Orleáns.

Procuró no mirar al rey, sino al resto de caballeros que lo acompañaban, aunque a ninguno en particular, pues todos eran de mayor estatus al suyo.

Rompiendo el silencio autoimpuesto mientras observaba recobró el habla.

- En mi poder se halla una misiva que ha de ser entregada en mano a su Majestad manuscrita por la mismísima duquesa y que seguro valdrá para paliar que mi rey no se sienta ofendido.

De sus ropajes sacó una misiva, sellada y lacrada pulcramente, la tomó con su mano y la extendió hacia el rey.

Velaire sabía gran parte del contenido de aquella misiva, de ahí el porqué de su actuación tan osada. En Burdeos se hallaba el ejército de Orleáns haciéndose día tras día más fuerte y sus caballeros se contaban por miles bajo el mando del conde Humbert, pero eso era algo que descubriría el rey por si mismo.

Geoffrey - April 15, 2007 04:42 PM (GMT)
Gaville alcanzó la tienda del Rey informado por uno de sus hombres de la llegada del contingente de Orleáns, así como de su tamaño y composición. El Duque, Geoffrey du Temple, le había dado instrucciones bien claras respecto a ese contingente. Además, a nadie le extrañaria que uno de los dos generales al mando de la Cruzada se presentase a comprobar las nuevas condiciones en que se encontraban las tropas.

Así que se presentó ante la tienda e hizo saber de su presencia.

Evento - April 15, 2007 05:30 PM (GMT)
Antes de leer la carta que le entregaba el caballero, el rey decidió recordarle las obligaciones básicas del vasallaje.

- La ley establece que cada noble de Francia debe ofrecer 40 días al año de servicio de armas a su Rey y reclutar tantas tropas como les sea posible. De sus consortes se espera que aporten descendientes que puedan suplir a su padre para cuando se da el caso de que este se encuentre imposibilitado.

Si los nobles cumplían con eso, se ganaban sus privilegios, que eran muchos, y si no cumplían, de poco valían las excusas aportadas por Velaire.

El rey saludó la llegada del protegido del Duque du Temple.

- Conde Gaville, os presento al caballero Velaire que viene de Orleans, tomad bajo vuestro mando a él y a sus tropas.

Mientras los nobles se saludaban el rey aprovechó para abrir y leer la carta de la Duquesa D’Umbrelle.

Elois D'Umbrelle - April 16, 2007 04:54 PM (GMT)
Velaire saludó con sincera afectuosidad, así como respeto al Conde Gaville.

- Conde Gaville, será para mi un placer y un privilegio luchar bajo vuestra dirección.

Inclinó su cabeza nuevamente como señal de respeto hacia el conde. De hecho ya tenía órdenes de su señora de ponerse bajo la tutela de Graville, aquella situación de recelo y desconfianza no le olía bien al veterano soldado. ¿Tanto había cambiado Francia en su ausencia?... Realmente esperaba que sólo fuera un mal entendido pues, tanto la respuesta del rey como el ambiente reinante no eran los más propicios.

La misiva del rey en la que se podía ver claramente el lacre del ducado de orleáns mostraba un manuscrito de la mismísima duquesa Elois una vez el precinto fue deshecho por su destinatario. Rezaba así:



A su majestad Luis VIII, rey de Francia:

No deseo excusar ni mucho menos la ausencia de las fuerzas del ducado, mas espero su gracia tenga a bien considerar que gran parte del ejército de Orleáns, así como sus costoso mantenimiento, se halla combatiendo a los infieles en Tierra Santa al lado de Richard D'Umbrelle, hermano de mi difunto esposo el duque. Sin embargo he procurado recurrir a todos los vasallos del grlorioso ducado de Orleáns para prestar a mi rey el mejor de los servicios, mas he de confesaros que en alusión a todas estas circunstancias ha llegado a mis oídos que fuerzas aragonesas piensan prestar apoyo a los herejes cátaros, circunstancia por la cual delegué toda esta campaña militar en mi vasallo el Comte Humbert de Dieus, pues como bien sabrá mi señor, una dama en la corte puede resultar de suma utilidad, mas poco tiene que dedcir o saber hacer en temas de guerra, hecho que bien tuvo en remarcar el duque Du Temple en el último aniversario de mi rey. Así, me congratula comunicaros que el Comte Humbert acudirá con cinco mil hombres más todos cuantos consiga reunir de aquí a finales de mayo a la llamada del rey Luis.

Ruego considereis los rumores sobre los aragoneses que os hago partícipe así como estimeis oportuno considerar las fuerzas que os proporcione el ducado de Orleáns como una baza determinante y sorpresiva en vuestra gloriosa campaña, del mismo modo rogaría a mi señor que todas las fuerzas del ducado de Orléans quedasen relegadas bajo las órdenes del duque Du Temple pues poseo una ciega confianza en su buen hacer en la guerra tal como el duque tuvo a bien instruir a esta vuestra humilde y leal vasalla en temas apropiados únicamente para los caballeros y en los que una dama jamás debiera opinar.

Dios salve al rey!.

Atte, Elois D'Umbrelle
Duquesa de Orleáns

Geoffrey - April 16, 2007 11:31 PM (GMT)
El Conde simplemente hizo una reverenda profunda ante el Rey. Aunque estaba versado en la etiqueta, no era hombre de muchas palabras.

-Así sea, Majestad.-

Evento - April 17, 2007 07:12 AM (GMT)
El rey pareció quedar complacido con lo que leía. Pero no hizo muchos comentarios despues.

- No dejen de comunicarme la llegada de estas tropas que vuestra señora promete, y que se pongan tambien a las ordenes de Gaville. Esto es todo caballeros.

Y con eso puso fin a la reunión.


Elois D'Umbrelle - April 17, 2007 12:48 PM (GMT)

Velaire se supo más satisfecho, tenía indicaciones de presentar aquella carta, única y exclusivamente al rey, en caso de observar un climax extraño, tal como el que tuvo lugar. Obró bien pues al entregarla acallando así cualquier rumor, desmintiendo las falacias sobre el ducado y sofocando los puñales traicioneros alzados sobre la espalda de la correctísima duquesa Elois.

Las palabras del rey fueron tomadas como lo que eran... lo despedían, el veterano soldado se inclinó nuevamente presentando su solemne respeto para con su rey.

Después decidió salir y esperar al conde Gaville junto a la tienda, para ponerse a sus órdenes cuanto antes. Estaba ansioso por prestar batalla y con ello un gran servicio a su patria, a su rey y a Dios.


Geoffrey - April 21, 2007 02:55 PM (GMT)
Gaville hizo una profunda reverencia ante el Rey y se dio la vuelta sin decir nada, abandonando la pequeña tienda. Sorprendido, se encontró con el otro caballero ante él. Era obvio que el otro quería decir algo, así que permaneció en silencio, esperando que el otro hablase. Hablar de más siempre sobraba.

Elois D'Umbrelle - April 25, 2007 01:26 PM (GMT)

Velaire, humilde y servicial como era, pues no podía ser de otra forma prestando vasallaje a la siempre diligente duquesa de Orleáns, más aún cuando éste la servía desde hacía tanto tiempo que ni siquiera él lo recordaba y en muchas ocasiones se preguntaba si los años no pasaban para ella pues siempre se conservaba con una frescura apabullante, pero volviendo al asunto el caballero se postró nuevamente ante Gaville increpándole educado y cortés con una simple cuestión.

- Mi señor, ¿cuales son sus indicaciones?

Había quedado más que patente la entrega con que Velaire cumpliría con las órdenes que tenía para ponerse bajo la directriz de Gaville.

Geoffrey - April 26, 2007 03:14 PM (GMT)
-Moved a vuestros cien hombres hacia aquella zona de allí- dijo, acompañando sus palabras con un movimiento de su mano- y poned allí vuestro campamento. Es donde están acampadas el resto de mis tropas, y si váis a estar a mis órdenes quiero teneros cerca para poder impartir órdenes con presteza. El resto se verá cuando el contingente se ponga en marcha.-

Gaville calló de nuevo, examinando al veterano guerrero ante él.

Elois D'Umbrelle - April 26, 2007 03:43 PM (GMT)

Velarire inclinó la cabeza aceptando las diligencias, si bien ya había dado orden de montar el campamento en otro lugar, tendrían que mover su emplazamiento, mas no diría nada al respecto de aquella incomodidad.

- Se hará como deseis y si mi señor conde no desea más partiré a cumplir con mi deber.

Así esperó un tiempo prudencial y si Gaville no agregaba nuevas indicaciones iría a hacer aquello que se le había encomendado.

Geoffrey - April 27, 2007 01:33 AM (GMT)
Gaville asintió, y con un gesto de mano permitió al otro hombre partir. Lentamente, él también puso rumbo a su tienda de mando.

Elois D'Umbrelle - November 19, 2007 08:53 AM (GMT)

Noche del 31 de Mayo del año de Gracia de 1226

Seis jinetes cabalgan tranquilamente adentrándose en un campamento militar a las afueras de la ciudad de Lyon, varios portan estandartes y emblemas de diferentes casas nobles distintos a cuantos se habían visto antes en la ciudad salvo uno, el cisne coronado que no llevaba mucho por allí y apenas lo lucían un puñado de hombres.

A la cabeza un regio soldado con aires de nobleza, sosegado pero serio se aproxima al primer soldado que halla nada más adentrarse en el complejo militar.

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- Decidme soldado, donde se halla la tienda de mi señor el Rey

El soldado, no menos que extrañado, atiende a indicarle el lugar con su mano en tanto que le responde, mas aquel jinete emprendió rauda la marcha nada más conocer la dirección obviando la más que innecesaria respuesta del plebeyo.

No tardó mucho en acudir con su séquito hasta la tienda del rey y descendió con preestreza como alma que la lleva el diablo.

Entre tanto que quitaba el polvo de sus ropajes como buenamente podía advirtió a los centinelas de la entrada.

- Necesito ver urgentemente a su majestad, avisale que el conde de Dieus ha llegado con el ejército del ducado de Orleáns.




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