El viaje había sido largo y Cora parecia impacientarse por llegar...a ella acudian numerosas imágenes de todas aquellas cosas que durante los últmos meses habia visto y oído fuera de Paris. Entre tanto, la noche iba dejando paso a una bruma espesa y grisácea que anunciaba la mañana...Pero para entonces, Cora ya alcanzaba a ver la entrada de una posada que le era familiar, la Posada del Cuerno Rojo, donde alguna vez se había refugiado y muchas habían sido las veces que la había frecuentado en compañía. Así que sin más tocó sus puertas con fuerza, éstas, tras unos instantes, se abrieron chirriantes y detrás se escondia la figura de alguien que no le era desconocido.
Ya en la cómoda estancia....Cora cerró sus ojos esperando la noche para poder contemplar Paris a la luz de la luna...