View Full Version: El niño ve morir a su madre, a su niñera y a una

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Title: El niño ve morir a su madre, a su niñera y a una
Description: cortesana.. 1/1/1205 (Flashback)


Kurush_Ishraqi - September 10, 2006 04:07 PM (GMT)
Se levantó el pequeño, luego de haber tenido la noche anterior no pocos visitantes que le felicitaban por sus cinco años. Y para el joven, extremadamente serio y silencioso para su edad, poco juguetón e incluso violento, aquella fecha no significaba más que un terrible dolor de cabeza.

De todos modos lo soportaba sin dejar traslucir su disgusto, porque su padre, rígido como era, le haría cortar la cara para que su sonrisa se viera. Ambos eran serios en extremo, y de él había sacado Kurush, que era como ahora se llamaba, su semblante cansado pero crítico. De los otros once hermanos que tenía, aunque todos tenían ese mismo aire cansado y serio de Kurush, que era el menor de todos, ninguno tenía más el favor del Padre. Las razones no las conocía nadie, excepto él, pero él mismo no manifestaba su aprecio, y este aprecio quedaría para siempre silenciado.

El joven acababa de despertar. Eran las dos o tres de la mañana, y había una especie de riña fuera de su habitación, que era lo que le había despertado. Sin pensarlo dos veces, se puso de pie y tomó su daga, que hasta ese momento consideraba un simple presente más, dispuesto a hacer respetar su sueño cortando la garganta del dilatante.

Pero cuando abrió, creyendo encontrar a alguna de las mujeres de su padre, a algún hermano o incluso a algún guerrero borracho, la sorpresa de ver algo completamente diferente le hizo dar tres pasos adentro de su habitación.

Su madre, su nana y una de las esposas de su padre, estaban amarradas todas por las manos a una cadena; siguió con la vista el origen de la cadena, y encontró las pesadas manos de un... de un Djinn como los de las historias, de cuerpo humeante y rostro rojo como el infierno, con una sonrisa malévola y ojos dislocados y dementes.

-¿Quién eres y adónde llevas a estas mujeres?

El joven, a pesar de tener verdadero pavor, nunca lo demostraba y siempre se auto controlaba; tenía la extraña idea de que nadie podía tratar mal a la gente en aquel pueblo, si no eran o él o su padre, y lo que estaba viendo era una ruptura a esta silenciosa regla.

El Djinn, por supuesto, rió.

-¿De qué te ríes? ¿Crees que por mi estatura mi acero duele menos?

La risa del Djinn aumentaba por momentos, y sin esperar más el niño lanzó una estocada. Para sorpresa de todos, la espada entró en aquella extraña piel, y no sólo entró sino que causó dolor; el Genio gritó, y se desesperó, soltando las cadenas; su estatura aumentó diez metros, alzándose sobre el patio, y de sus ojos salían brazas ardientes.

El niño retrocedió, muerto del miedo, hasta tropezar finalmente, y caer. Cuando el Djinn lo iba a pisar, la voz de la madre se escuchó entrecortada.

-Se...ñor... dejadlo... es por él... por quien... nos hemos sacrificado... no... le hagáis... daño...

El Djinn lo pensó dos segundos, y su estatura disminuyó. Tomó de nuevo la cadena y miró al joven, y antes de desaparecer con las tres mujeres encadenadas envuelto en una nube de polvo y humo, se escuchó en el aire...

-Y cuando sean cinco veces cinco, vendré por vos para uniros a estas mujeres, Kurush Ishraqi, el Dos Veces Maldito.






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