View Full Version: Los menesteres del Cielo (8-6-1225)

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Title: Los menesteres del Cielo (8-6-1225)


Geoffrey - June 8, 2005 03:04 PM (GMT)
Icaro abrió la puerta del salón y anunció con voz tranquila.

-Mi Señor, Lady Anna ha venido a hablar con vos. Dice que trae nuevas referentes a La Rosa.-

Geoffrey asintió tranquilamente, e Icaro realizó una reverencia, echándose a un lado. Anna entró en la sala con una tranquila y serena sonrisa en la cara, y realizó una genuflexión muy profunda.

-Mi Señor.-

-Buenas noches, Anna, pasad. ¿A qué debo este inesperado placer?-

-Verá, mi Señor, anoche me encontré con La Rosa a petición de él, y me contó que está reuniendo a algunos de los Cainitas de la ciudad para oficiar una misa en honor al Papa San Gregorio VII. Es un acto propio del Camino del Cielo, pero sabemos que hay muchos cristianos que, como vos, siguen otros Caminos, de modo que todos los Cainitas estarán invitados. Creo que vos deberíais asistir, mi Señor. No sólo por las implicaciones políticas, que conocéis vos mejor que yo, sino por el bien de vuestra propia Alma.-

Geoffrey asintió pensativo. Anna tenía razón en ello, había estado descuidando demasiado su atención para con Dios desde que había tomado el cargo de Principe, no por propia voluntad sino por falta de tiempo. Sin embargo, a veces se preguntaba de qué valdría molestarse en rezar al Todopoderoso, si uno ya estaba maldito...

-Muy bien, Anna, descuidad pues asistiré. E imaginó que Icaro y Montalbán también querrán ir. ¿Dónde se celebrará?-

-En el monasterio de la Voz de los Lasombra, mi señor. Es un lugar propicio para un evento de esta clase.-

-¿Alli? ¿Y por qué no intra-muros?-

Geoffrey estaba contrariado. No temía una emboscada ni trampa en el Dominio del Lasombra, pero con la actividad incrementada de Garous en el exterior, tanto Cainita junto podría resultarles... tentador... a las bestias.

-Mi Señor, es el monasterio más grande de la ciudad, y por ello es el más apropiado. Habríamos gustado de hacerla en Notre-Damme, pero todos sabemos que, por mucho que la amemos, esa tierra santa nos está vedada.-

-De acuerdo, Anna- se resignó el Príncipe-, sólo espero que los hombres-lobo no den problemas.-

-Excelente, mi Señor, me alegro de que hayáis tomado esa sabia decisión. Si me disculpáis, he de marcharme a notificárselo al Obispo.-

Geoffrey hizo un tranquilo gesto con la mano, despidiéndola, y la vio marchar antes de retomar de nuevo la pluma y continuar escribiendo.




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