A pesar del inicio del deshielo las noches todavía eran frías y al entrar dentro del Cuerno Rojo Alejandro agradeció el calor que el fuego de la chimenea arrojaba a la sala.
Tras quitarse el hielo y la nieve de la capa se dirigió a una de las mesas cercanas que todavía permanecían vacías y tomó asiento. Durante estos fríos meses se había aventurado en contadas ocasiones fuera de la mansión de su mentora pero ahora que la primavera se acercaba necesitaba reflexionar con tranquilidad en un lugar que no estuviese cargado con la presencia embriagadora de Katriana.
En varias ocasiones ella le había hablado de esta posada comentándole que era uno de los lugares de reunión preferidos de muchos cainitas y pensó que allí su presencia no llamaría la atención.
Tras pedir una jarra de vino al posadero que no tenía intención alguna de tomarse dejó vagar su mirada por la sala mientras se sumía en sus propios pensamientos.
El invierno pasaba, los humanos empezaban a caer por la Peste Negra y, en medio del caos reinante, cierto nigromante empezaba a apreciar la capital del Sena.
Llevaba tiempo sin pasarse por la Posada, a pesar de que no era un ser muy abierto al público, nunca venía mal enterarse de cotilleos y demás informaciones, "Siempre hay lugar para expandir el círculo de amistades".
Entró a la posada, vestía, como siempre, con una túnica gris, con un único signo de ostentación, el anillo en su mano en el que se podía leer una G. Su aspecto estaba un tanto deteriorado, su piel era blanquecina, pero, sin embargo, podía llegar a pasar por un humano... poco agraciado... pero humano.
Tras pasar el umbral de la puerta observó a los presentes...
Los ojos de Alejandro se fijaron en el recién llegado. Su palidez le hizo sospechar que tal vez se tratara de otro vástago pero no recordaba haberle visto en los escasos actos a los que había asistido en París. Debería ser discreto hasta asegurarse de que también era un cainita pero entretanto tal vez un poco de charla le distraería de sus pensamientos.
Hizo un gesto hacia el recién llegado con su bebida señalando las sillas vacías que le rodeaban:
- Si buscáis un sitio donde sentaros podéis hacerlo aquí, amigo. La posada está bastante llena esta noche y las mesas donde apreciar el calor de la chimenea están muy concurridas.