Title: Un paseo bajo la catedral (7-6-1225)
Geoffrey - June 5, 2005 11:44 PM (GMT)
Anna caminaba tranquilamente de un lado a otro de la plaza de Notre-Damme. Aún desde la distancia podía sentir cómo pulsaba con la energía de Dios, cómo emanaba con su fuerza y pureza una señal tan prístina que incomodaba a los Cainitas, incluso a los fervientes como ella misma. Y esta noche, por alguna razón, parecía ser especialmente fuerte... igual durante el día había llegado un grupo de peregrinos o alguna cosa similar.
Anna se paró un momento y sonrió al edificio por la tranquilidad que le inspiraba. Muchas veces había pasado horas enteras simplemente admirando su fachada, impresionada y arrobada. Estaba en su naturaleza. Pero esta vez no era así, de modo que en silencio reinició su tranquilo pasear.
La Rosa - June 6, 2005 06:28 PM (GMT)
- Buenas noches Monseñora Anna.(Surjió una voz de entre las sombras.).¿ Me permtrias romper este delicado silencio por un instante?.
Y La Rosa aparece entre algun edificio haciendo sonar angelicalmente su arpa.
- Es un placer verla de nuevo. Acompáñeme en un paseo, hay cosas importantes de las que charlar.
El Toreador hace una reverencia y un gesto para que lo acompañe. Deja de tocar el arpa y con (Auspex V) está alerta todo el camino ante intrusos que deseen espiar la conversación.
- ¿Vamos...?.
Geoffrey - June 7, 2005 12:31 AM (GMT)
Anna se volvió con tranquila e inocente suavidad y recibió al Obispo con una sonrisa.
-Buenas noches, Monseñor, me honráis con vuestra llamada. Estaré encantada de compartir con vos esta noche estrellada.-
Con una sonrisa, se puso a su lado y ambos comenzaron a caminar tranquilos entre las calles de la ciudad.
-Decidme, mi señor, ¿qué os preocupa?-
La Rosa - June 7, 2005 11:20 AM (GMT)
- Tantas cosas Anna tantas cosas. Y La Rosa pone un semblante compunjido.
- Pero no te he mandado venir para tratar de estos temas corruptores del mundo en el que vivimos. No.Hoy has venido aqui Anna para tratar de los temas que salvan al Alma, y la mantienen pura eimpía, de los temas que nos convierten en superiores con respecto a los demás vástagos. Y eso es algo que los demás cainitas tienen que comprender pues es evidente, aunque se empeñen en negarlo. Sabe de sobra Monseñora que el Obispo no tiene ejércitos, no vive en la opulencia. No lo necesita. El Obispo tiene la palabra y la comprensión, es un maestro, un inspirador, y cuando el Obispo habla, los fieles escuchan, y los no tan fieles también; por si acaso. (La Rosa sonrie.)
- Y el Obispo Anna esta vez quiere hablar.El día 25 de este mes corresponde con el santoral para elogiar a San Gregorio VII, excelentísima figura, como sabes.Yo Anna he comprendido su mensaje y me gustaría hacerselo saber al cielo de París. Es muy importante Anna, así pues el día 25 vestiré hábito y oficiaré para los segidores de París, y escribiré misivas con el mensaje al resto de Ovispos conocidos de la ViejaPatria. El cielo está unido.
- Por otra parte, ¿Cual es el lugar indicado para hacerlo?. Bien, lo he meditado,y creo que tras las diferencias con nestro Señor Geoffrey, al que también le debemos lealtad, lo más acertado sería celebrar el santo acto en la Abadía de nuestro señor Maximo Constanza, él siempre apreció nuestros actos de forma sincera, y nos comprende de sobra. Además así puede que reuna en una cena a parte del clero mortal importante que también debe escuchar el mensaje.Pero deben ser clerigos que no nos causen problemas, es decir, que no se percaten de nuestra naturaleza. Maximo sabe hacer eso.Además no nos confundamos, es un marco incomparable.Espero como mínimo, que Geoffrey sea prudente y no saque de esto conclusiones erroneas o de provocación. Es sólo nuestro camino. Por eso debes de informarlo convenientemente.Yo hablaré con Máximo y con Adalbert. Cuenta entonces con que ese día deberás de aparecer en la abadía junto con Marie y Adalbert, y escuchar el mensaje del Obispo. Si Geoffrey gustade aparecer, como no, será bien recibido,no estaría de más que escuchase esas palabras. Es un gran hombre, sólo que joven y algo confundido. Vela por él, es valiente, sobre sus hombros recae una carga demasiado pesada, ruega a Dios que no se desmorone París.
La Rosa se detiene.
-Así pues Anna, cumple tu deber para conmigo y para con Dios. Te lo agradecemos.DOMINUS VOBISCUM.
La Rosa parte calle abajo solitario tras una reverencia.
Geoffrey - June 7, 2005 11:36 AM (GMT)
Anna escucha con atención las palabras del Obispo, sin interrumpirle en ningún momento, y sus ojos brillan todo el rato. Adoraba hablar de teología, era lo que más la apasionaba en el mundo, y por eso era Sacerdote Ceniciento. Y el Obispo tenía razón en muchas de sus cosas.
-Descuidad, me encargaré de que nuestro Señor no se lo tome como una ofensa para él, es inteligente y creo que sabrá entender que los deberes para con el Todopoderoso no se atienen a las reglas de la política. Dios Padre está sobre todo, y con él nuestros deberes. Sin embargo, hay algo que me aflije en vuestras palabras. ¿Sólo asistiremos nosotros? Creo que se podría hacer un llamamiento público, hay muchos fieles que no son tan devotos como nosotros pero que quizás si que asistiesen. Mi Señor, por ejemplo, o Icaro, quizás incluso otros Cainitas más alejados escuchen la llamada de Dios aunque no la sigan para controlar a su Bestia. A ellos también debería llegar el mensaje que tenéis, pues las palabras de Pater Gregorio VII son sabias, y están han hecho un gran bien al fortalecimiento de la Iglesia, aún cuando muchas de sus disquisiciones aún no se hayan cumplido completamente, como se debiera.-
Anna mira al Toreador y le sonríe, esperando su respuesta.
La Rosa - June 7, 2005 11:42 AM (GMT)
La Rosa se detiene, pega un brusco giro y sonrie muy complacido.
- Porspuesto mi Señora. Las puertas del cielo están abiertas para todo el mundo.Hazlo saber.
Ahora si, LaRosa parte satisfecho.
Geoffrey - June 7, 2005 11:55 AM (GMT)
Anna realiza una gracil genuflexión, y con una sonrisa se despide del Obispo.
-Dominus vobiscum- responde, tal como él había hecho.
Anna se queda quieto, viéndolo marchar con una sonrisa distante y ensimismada. Tras ello, vuelve a caminar frente a la entrada de la Catedral. Le reconfortaba su serenidad, especialmente al saber confirmada la realidad de que el Camino del Señor continúa su rumbo. "Deus vult"*, pensó, con una sonrisa, mientras se dejaba ensimismar tranquilamente en los arcos de la entrada de la catedral.
*Significa "voluntad de Dios".