Con el descenso de temperatura que produce la proximidad del invierno, el río se congela, sino por completo, si en gran parte. La navegación se vuelve peligrosa a medida que los pequeños témpanos de hielo amenazan los cascos de madera de las pequeñas embarcaciones, de modo que son retiradas a la orilla para las reparaciones y trabajos de rigor que las dejarán listas para el año que viene. Así que, básicamente, París está aislada ya en gran parte de todo tipo de comercio con el exterior, porque la principal y más rápida fuente de abastecimiento de la ciudad es la vía fluvial. Y con las nieves en las carreteras y los bandidos, también las caravanas de mercaderes se detienen.
Comienza la época de volverse hacia el interior, hacia uno mismo, hacia el calor del hogar, a la espera de que todo vuelva a comenzar con la primavera.