-¿Tuvo usted buenos sueños, mi lady Isolda?
La archimaga, que observaba con curiosidad unas flores que luchaban incansablemente por liberarse de la tierra y correr en dirección a una mariposa que acababa de pasar, se giró, sorprendida.
Se trataba del Barón, quien la miraba sonriendo con esa sobrenatural belleza tan propia de los miembros de esa antigua familia de Magos.
-¿Podría dormir mal en un lugar hecho con la misma materia de las fantasías, mi señor?
Von Rader amplió aún más su sonrisa.
Conversaron temas ligeros y amenos hasta que lady Natahaniella se les unió. Luego pasaron a la mesa, y ambas Despertadas, gratamente sorprendidas, pudieron degustar una de las comidas más deliciosas que habían probado en sus vidas. Luego, despidiéndose cortésmente, ambas salieron del salón.
En la noche, según Von Rader, llegarían otros dos herméticos, y así serían los suficientes testigos para reconocer a Fabius du Lombart como aprendiz de la Orden. A Isolda no le preocupaba que llegara herido; le preocupaba que no llegara a tiempo, pues aún había algo que tendrían que arreglar antes de que los Testigos hicieran el Ritual.
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Lady Natahaniella e Isolda llegaron a la habitación que les habían preparado para la enseñanza del Pilar Spiritus; conversaron un rato, y luego, disciplinadamente, pues ambas eran ya duchas en el aprendizaje, comenzaron el arduo trabajo.
Con la Magister Scholae era más fácil, pues ella, a partir de su contacto con los Lobos en sus tierras germanas, entendía la mayoría de conceptos y diagramas con suma facilidad.
Rayaron el suelo y las paredes con extensos y complicados diagramas de apertura, y con demostraciones de Isolda, se intentó que la Björnaer entendiera la sustancia espiritual en sí misma.
Pararon para comer, y tan pronto terminaron continuaron hasta bien entrada la noche. Ambas herméticas estaban satisfechas con el avance lorgado.