View Full Version: Pinturas en la cara y maquillaje Tremere

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Title: Pinturas en la cara y maquillaje Tremere
Description: 24/8/1225 (Flashback)


Isolda Lamartine - July 23, 2006 09:23 PM (GMT)
Ya conocía las formas en las que el aura de los Massasa se mostraban cuando la gama de colores hace ya tiempos habían sido catalogadas por los herméticos. Sabía que todos los seres pensantes, fueran estos dioses, mortales o inmortales, coloreaban sus auras según sus sentimientos, y el conocimiento y estudio de estas tonalidades podía dar información muy importante sobre un objetivo, sobre una víctima cualquiera, o incluso sobre un aliado.

Aquellos verdaderamente hábiles en el conocimiento de estas tonalidades y las letras hebreas con las que tenían correspondencia, podían incluso notar las mentiras más sutiles siguiendo la evolución de los igualmente sutiles cambios en los estados de ánimo.

En el Aura de Yakob todas estas tonalidades podían observarse en mayor o menor grado, más no era esta la intención de Isolda, que ya de sobra las conocía. No, su interés era el color subyacente de esta Aura.

Cuando los despertados creaban a voluntad o modificaban la Realidad, podían verse destellos eléctricos en su aura, subyaciendo los colores; cuando era un ser feérico el auscultado, su aura tomaba colores fuertes y brillantes, imposibles de confundir. Y el aura de los Massasa era sumamente pálida, como si copiara lo que les sucedía a las pieles de estos cuando yacían muertos en vida por el resto de su eternidad.

Ella había logrado emularla varias veces pero sus bases no eran muy fuertes, y estaba consciente de que un experimentado lector de auras entre los muertos andantes bien podría descubrirla si ponía suficiente tiempo y esfuerzo en analizar aquella palidez.

Con cuidado expuso ante sus ojos el aura de Yakob: los colores se movían revoltosos, en un mar caótico, y bajo ellos aquella ya conocida palidez vampírica. Con el mismo cuidado, penetrando en la mente del vampiro, comenzó a dejar aletargados aquellos y estos sentimientos, enviándolos a rincones donde su influencia en el estado general de ánimo de él no fuera demasiado relevantes, de modo que sólo pudieran verse levísimas coloraciones, y al cabo de al menos dos horas de arduo trabajo de “exterminio” sentimental, pudo ver en todo su esplendor el aura pálida, sin interferencias de ningún tipo.

Era aquel realmente un conocimiento perturbador, que le dejaría muchas horas de reflexión, pues jamás ningún teórico de la Orden había podido darle explicación a esa palidez mortal; ella no estaba interesada en eso ahora, pero no lo olvidaría para situaciones futuras.

Pluma en mano, comenzó a realizar una exhaustiva descripción de aquella palidez, y más aún, comenzó a crear un sencillo hechizo realizable por aprendices de Corona, pero complicado por el elaborado ritual necesario para crear una copia perfecta de aquella pálida aura.

Cuando terminó, apiló los papiros en el lugar en el que había estado depositando todas las notas que había tomado de la mente del Massasa




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