Title: Primero paso: De dónde vienen los niños.
Description: 23/8/1225 (Flashback)
Isolda Lamartine - July 23, 2006 06:36 PM (GMT)
Ahora estaba preparada; la Orden tenía información de primera mano sobre el origen y la mitología Massasa, pero nunca estaba de más hacer un esfuerzo más en la investigación. Por otro lado conocer el nombre de su progenitor y conocer un poco de su historia nunca estaba de más.
Pero lo primero era lo primero, así que miraría la “biblioteca” mental de este vampiro en particular sobre la historia de su raza y de su linaje particular, y cualquier conocimiento relacionado con las habilidades de su familia, su lenguaje, sus conocimientos de las otras familias.
Isolda miraba el cuerpo denudo y frío de Yakob. Por miedo a perder ese cuerpo había comenzado a gotear lentamente la sangre que tenía este, guardándola en recipientes hechizados que impedirían que se perdiera su esencia, de modo que pudiera estudiarla después sin ninguna prisa.
Si descubría cómo mantenerlo en estado ideal todo el tiempo que pudiera, podría entonces extender sus investigaciones incluso años.
Puso ambas manos sobre la fría piel del Massasa y cerró los ojos; sin duda sería un largo viaje, pero valía la pena recorrerlo.
Evento - July 23, 2006 09:29 PM (GMT)
Un cúmulo de tonalidades acudió a su regazo, a cada cual más oscuro y siniestro para tornar aquella confusa gama en una confusa espiral que se arremolinaba con fuerza a medida que la maga quebraba la voluntad del cainita explorando en su mente.
Isolda buscaba, anhelaba palpando sobre la cáscara la puerta de entrada a toda la información que sus estudios requerían y porqué no para saciar la curiosidad de su inquieta mente.
Por fin dio con un pequeño orificio que a base de uno y otro intento se ensanchó para ella, así entraría en la capa más externa de aquel massasa. No era mucho, pero si un comienzo que daba la recompensa a tantos esfuerzos, tenía ante si la mente de Yakob y ese sería el primer ecollo con el que daría:
Yakob
El viento la había susurrado el nombre que pertenecía a ese ser con el que experimentaba sn resquemor, mas la brisa que musitaba el nombre no había hehco más que levantarse pues a éste le seguirían más detalles, todos anclados a aquella cosmopolita ciudad París.
Aún era pronto, debería proseguir un largo sendero hasta hallar los nexos de su particular Axis Mundi sobre Yakob el traidor, después de todo sólo estaba en la primera fase de la espiral y aún debería recorrer muchios niveles hasta el objetivo final.
Imágenes de París se sucedieron, todas ellas de noche, tranquilas y en su mayoría similares a la zelda en la que se encontraban, pues al igual que ella, Yakob se dedicaba a practicar experimentos en un laboratorio.
La neblina se hizo con Isolda, la mente del massasa se resistía, trataba de expulsar a la maga lejos de la espiral, fuera del cuerpo... era el momento de detenerse, no se había logrado mucho, salvo hallar la puerta de entrada, sin embargo debería encontrar la forma de mantenerse y prosperar dentro de Yakob.
Isolda Lamartine - July 23, 2006 09:46 PM (GMT)
La pelea volvía a ser difícil. No entendía cómo podía aquel Tremere recuperar sus defensas mentales tan rápidamente, pero daba lo mismo, ella, auqnue no era inmortal, si gozaba de una paciencia que cualquier vampiro envidiaría.
Y luego de un suspiro se propuso a continuar con la abertura hacia el interior de aquella mente.
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En esta ocasión se demoró mucho menos que en la ocasión anterior, pero con precisos golpes al consciente defensivo del Tremere que crearon verdadero daño, canalizado todo através de los diagramas sobre su piel y de la piedra en su boca, se aseguró de que la próxima vez que se sentara a mirar en su mente su voluntad se viersa igual de menguada.*
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* Corona, Primus
Evento - July 24, 2006 05:38 PM (GMT)
Por segunda vez se adentró la maga en la mente de Yakob, esta vez perfectamente preparada para ello y con el ahorro de tiempo que supondría conocer el camino hacia la espiral.
No tardaron los colores a difuminarse a medida que estaba más cerca de la consciencia del tremere, las gamas se arremolinaron y dieron origen al tan esperado evento. Isolda conocía la entrada, se dirigió a ella y cuanto más cerca más pálido resultaba la percepción de su entorno, sin embargo nada había que temer.
La última capa de la espiral no le supuso un gran desafío paseándose por una serie de recuerdos parisinos, todos ellos tras el ocaso. Recobró el último anclaje sobre una mesa de laboratorio, así como quedase la última vez, pero en esta ocasión el viaje hacia el centro prosiguió imperturbable y fue entonces cuando las difusas neblinas de aquella mente confeccionaron para ella una forma humanoide.
La silueta despedía un gran halo de poder e instaba respeto y pavor al unísono sobre el conglomerado espiritual que tenía como huesped a Isolda, aquella silueta se repetía una y otra vez hasta ofrecer la faz de uno massasa, mucho más poderoso que Yakob sin dudar y que otros muchos, excavó la maga en la mente ahondando hasta lo más profundo con tal de obtener respuesta sobre el ser, pero no tendría más conocimiento que Yakob, aquel ser no era otro que Goratrix, uno de los leales a Tremere y de el primero en abrazar la noche rompiendo sus juramentos con los Herméticos.
Aquel ser ocasionaría un serio tormento a tan asidua en sus lealtades con la Orden, en tanto que también despertaría sentimientos oscuros y deseos entrelazados unos a otros con el único fin de poder redimir como sólo los magos saben hacer a un traidor de aquella envergadura.
Bajo aquel estupor el viaje la llevó hacia una posada, "El cuerno rojo" donde efímeramente el Tremere había deambulado, aunque no acabaría allí su viaje, pero si la espiral pues el capítulo en la vida de París tenía su fin y pasaría al siguiente nivel.
Varias horas de búsqueda llevarían a Isolda por una flagrante aventura, guiada por un córvido, criado inseparable de Yakob hacia los fríos cárpatos y las tierras del este donde fuera abrazado.
En la travesía consiguió mucha de la tan preciada información que anhelaba sobre los enemigos Tremere, aunque sólo le quedó clara una cosa, "el profundo secretismo con el que se desenvolvían", puesto que la mente en la que urgaba no era más que la de un novicio y sus vivencias apenas le procuraban datos sobre los hábitos de los no muertos dejando intacto el misticismo que rodea a los Tremere...
Isolda Lamartine - July 25, 2006 02:49 PM (GMT)
Al menos eso habían logrado los Tremere mantener luego de su traición: el secretismo propio de los herméticos; claro, eso era lo que esperaba, no esperaba que fuera sencillo en ningún grado, pero al menos sabía que aquel ser no le serviría tanto como le hubiera gustado.
La visión de Goratrix revolvió la rabia de Isolda. Nunca lo había visto, ni había sentido su poder; desde su llegada a París sabía que aquel hijo directo del Mil Veces Tremere, aquel poderoso Massasa tenía en aquellas tierras un hogar, y por esa razón la Orden se había preocupado por mantener el control del Nodo de Le Ictus.
Pero eso no era lo que le interesaba; ya después podría mirar en esa parte de la mente del Tremere, donde seguramente la resistencia volvería a levantarse, que se mantenía aún escondida y a resguardo, donde se mantenía el conocimiento sobre su modificación sanguínea de la Magna Arte; había visto ya en las guerras Massasa algunas de estas manifestaciones de poder: llamaradas poderosas, vuelos impresionantes, cambios de tamaño, invocación de elementos tan dispares como el agua o el viento, e incluso una copia débil de los usuales sirvientes de los herméticos: gárgolas, homúnculos, golems.
Suspiró.
No se había percatado de la existencia del cuervo, y eso podía suponer un problema. ¿Se trataba acaso de un familiar? ¿Cómo un espíritu habría accedido a seguir a un Tremere? ¿O acaso se trataba de algo más mundano y menos peligroso? Cualquiera fuera la respuesta, él habría notado y seguramente comunicado la desaparición de su amo, más no podría guiar a nadie hasta los muros de la Capilla. No de momento.
El final de la espiral estaba enclaustrado en lo más lejano de la mente del Tremere pero era de todo lo más presente por que constituía la vida diaria de este como condenado y fue lo primero que debieron haberle enseñado: quiénes eran, de dónde venían.
No lo dudó un segundo. Convocando su magia de Corona en la piedra azulada que Yakob tenía en la boca, invocó la forma "material" que ya había logrado obtener de este.
Ambos, Isolda y Yakob, estaban en un risco Transilvano. La nieve iba de un lado a otro y un viento agreste e hiriente pasaba devorando todo lo que pudiera llamarse vida. Isolda miró al Tremere, sonriendo. Una jaula le impedía huir o moverse más de lo necesario.
-Yakob de Tremere... tengo curiosidad y vos habréis de satisfacerla. Decidme lo que sepáis sobre los M... vampiros, contadme vuestros mitos de creación y no dudéis en extenderos pues tengo tiempo y paciencia.
Sonrió de nuevo, malévolamente, mirando a su víctima indefensa.