View Full Version: Tomando decisiones (Castillo D'Umbrelle)

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Title: Tomando decisiones (Castillo D'Umbrelle)
Description: 4 de diciembre, A.D. 1225


Elois D'Umbrelle - July 20, 2006 09:36 AM (GMT)

El invierno había traido consigo un intenso frío como cabía esperar, y más crudo sería conforme diciembre fuera cediendo hasta llegar a comicios de año donde se esperaba que golpeara con toda su fuerza para remitir poco después en favor de la primavera.

Gélidos vientos acercaban a buen ritmo una tormenta con ellos, relámpagos en el negro horizonte, truenos en la lejanía que ya no lo era tanto hacían estremecer la piedra de los gruesos muros del castillo D'Umbrelle.

El trozo de cielo enmarcado por el arco de una estrecha ventana era contemplado en silencio por la dueña y señora del castillo. Un azul, sólido, opaco, turbulento era la imagen recreada por antojo de la naturaleza, donde a bien tenía la dama Elois por plasmar su mirada, cual intensa como las nubes se arremolinaban bajo el cielo de París, mas los ojos de la ventrue atestiguaban un tono claro marino, difuso, distinto. Pese a todo guardaba silencio, sepulcral, lángido y prolongado.

Tiempo tomó en considerar, tanto como el que la llevaría de vuelta a la habitación, no sin mediación de un leve reclamo a modo de tímido suspiro escoltado por una tímida vocecilla, más preocupada en aquel instante por no molestarla y lograr así su ira que por devolverla a los presentes.

- Mi señora.

Por fin la patricia abandonó su nimio retiro espiritual, considerando y reconsiderando, análisis sobre análisis de la situación antes expuesta. No sonreía, pero parecía portar una decisión bajo su regazo. Caminó despacio pero firme, arrastrando el bajo de su gualda atavío sobre la delicada alfombra andalusí, una de tantas que poseía en su morada pues aquella tierra morisca la tenía cautivada desde la primera vez que pusiera los pies en la ciudad califal, Córdoba.

También retraida, una nueva voz quiso hacer osado frente reclamando la atención de la distinguida Maestra. Elois poseía un carisma y una fuerza más allá de los oscuros dones de la Presencia vampírica, atribuciones que sin dudar decantaron el abrazo por su sire, mas en el transcurso de los años, siendo estos bastantes ya desde aquella noche en la que recibiera su bautismo de fuego, habían sido pulidas sus cualidades con la generosa vitae de los ventrue de mecenas ejerciendo influjo sobre el delicado cuerpo marmolino que portaba y en determinadas ocasiones tal cuales la citada, resultaba impropio desestabilizar la paz reinante en sus dominios con un propósito fruto de la impaciencia por lograr una respuesta de ella que caería tarde o temprano pues el mundo de la palabra era la vida y la no vida de tan majestuosa dama.

- Lady Elois.

Tímidamente el grácil cuerpo de la doncella avanzaba hacia los presentes. A un lado del gran salón se encontraba el primer gallardo que quiso rescatarla del trance que la ahogaba en las deliberaciones, D'Artois. Junto a éste, Betancourt había sido el segundo en hablar, creyéndose con el derecho pertinente pues había sido él y no otro quien culminase exitosamente la misión que en su día de aquel verano de gracia de 1225 la Maestra, su nueva señora, encomendase tan secretamente y, mas si cabe cuando París le estaba vetado, pese a que aquellos eran dominios de Elois y no de Geoffrey. Por todo el riesgo que había corrido y que implicaba su estancia en la morada D'Umbrelle el patricio consideraba que tenía derecho para hablar sobre el resto de los presentes.

Elois D'Umbrelle - July 20, 2006 10:36 AM (GMT)

Elois recién salida de su trance ocasional escuchaba la creciente mezcolanza de sonidos que se iban produciendo en torno a ella, a medida que sus pasos la traían de regreso al sillón que una vez la viera partir en medio de un cúmulo de obstáculos no vivos. En efecto, aquel era el mundo de la ventrue, estaba acostumbrada a toda esa parafernalia como un soldado a la vida de campaña, sin embargo debía tomar la decisión más amarga en los últimos años, debía ser cauta, juiciosa y tan sutil como rauda en los movimientos que derivarían de la asamblea. Retomó su pose sobre el sillón, ejerciendo el mueble de improvisado trono, se acomodó con naturalidad eclipsando las inquietudes que la rodeaban. Entrecerró los ojos y bajó la mirada así como la cabeza mostrando aún y por primera vez en su no vida un atisbo de sentimentalismo. Una vez dado el primer paso no habría retroceso y tanto el pesimismo como la tristeza se apoderaron de ella, sin embargo debía mostrar fuerza, entereza y el caracter propio de un Ventrue, de un líder, de aquel lider por el cual todos los presentes pujarían a su favor. Si mostraba debilidad en los momentos cruciales que futuro le esperaría, mas los que bien la conocían, bien sabían que no eran síntomas de debilidad sino de orgullo, pues sólo su orgullo hacia el linaje de los patricios impedía que tomara la decisión o que la hubiera tomado antes. Suficiente vergüenza tuvo ya el clan con la rebeldía del ahora en el poder cuando traicionó a su sire.

Un tenso silencio asfixiaba entre muro y muro hasta que su peso resultaba insostenible reflejando una angustiosa impaciencia en el rostro de cada uno de los presentes. Ningún cainita tenía el carácter necesario para tomar la dificil decisión de increparla como era debido en post de una solución y ese, también era un detalle que frenaba la dulce voz de la ventrue, pues en lo más profundo sentía que al mínimo viento que soplase desfavorable, todos sus leales se escabullirían como borregos huyendo del lobo. Ese presentimiento por el cual Elois suponía que erigiría una torre con cimientos de barro prolongaba más y más su decisión.

- Elois, ¿sabes ya lo que harás?

Una voz ronca y peculiar quebró el velatorio a golpe de maza, pues el tono era impertinente, socarrón e inconfundible. No era otro que el osado chiquillo de la mismísima Elois, el irlandés Peter Warhand quien esperaba sentado sobre una isla de tranquilidad esquivando el mar de ansiedades que inhundaba el salón. Aquella desfachatez reprochada por muchos, pero aplaudida en silencio con gran intensidad expresaba por boca del fraile la inquietud reinante. La propia Elois lo sabía, como también sospechaba que sería Peter y no otro el primero en romper el forzado silencio que a cada segundo se hacía más incómodo.

Su sire lo miró, con la mirada penetrante, mas Peter tenía el aplomo para aguantarla con descaro, nadie más lo haría allí. Por ello la dama sonrió y enervó su faz reavivando el fuego de sus ojos en tanto que su mentón adquiría la cima apropiada.

- Si.

La réplica no se demoró más, como aguas de mayo un simple monosílabo bastó para apagar los incendios de los fogosos ímpetus de cuantos la rodeaban, al menos por el momento pues la disyuntiva seguía tal y como quedose en primera instancia. Sin resolver


Elois D'Umbrelle - February 1, 2007 09:03 PM (GMT)
Por supuesto Peter sabía o conocía más sobre el futuro que los aguardaba. El más joven entre los cachorros de la duquesa había estado ejerciendo labores diplomáticas en cortes que no atravesaban dulces momentos respecto a Francia. Sin embargo no terminaba de creer la magnitud de sus sospechas.

Pero todos los augurios acabarían en hechos cuando Elois se levantó presurosa de su trono, sin mirar a otro lado que no fuera el frente buscando la salida del recinto. No recaló en ninguna mirada o sentimiento, simplemente caminaba con un rumbo fijo, mostrando su ya decidida solución.

- París nos deja.

Curiosa frase que no dejaría sino aún más fríos los pálidos cuerpos de quienes rodeaban su círculo de más leales. La dama no dijo que ella abandonaba París, sino que era la ciudad quien la dejaba. Un singular juego de palabras, meditado y con un claro sentido, pero... ¿Cual?... Sólo el tiempo lo diría...

Para cuando se pudo emitir reacción alguna, adversa o afín, la dama ya no estaba ante ellos, dando por finalizada la reunión con esas últimas tres palabras.

Elois D'Umbrelle no seguiría en París por mucho tiempo, al menos, no en la ciudad, pero que sería del Chateau, una nueva incógnita para confeccionar una buena colección de preguntas que nadie se atrevía a realizar, y esta vez ni la osadía de Peter serviría. La ventrue tenía sus planes, no daría marcha atrás.




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