El caballero de Acre Sebastien de la Baule había estado atareado en las últimas fechas coordinándose con sus nuevos aliados del Temple, pero ya llevaba unos días patrullando la ciudad en busca de información sobre los asesinatos que se venían sucediendo cuando se enteró de la muerte de una mujer anciana en el barrio latino.
Iba sólo porque aquel día había un torneo, caballeros cristianos arriesgando la vida para el entretenimiento del personal, la iglesia ya había criticado ampliamente aquella mala costumbre que hacía que se perdiesen buenos luchadores para las cruzadas.
Conforme se acercaba al lugar de los hechos, empezó a tener un mal presentimiento. Llegó poco después de que los vecinos informaran a las autoridades y había pocas personas todavía cuando él llegó al lugar.
Los soldados de la guardia de la ciudad respetaban el uniforme del caballero cruzado, sabían perfectamente que la iglesia estaba detrás de aquella cruz rota, le dejaron pasar a echar un vistazo y en el interior sus temores se confirmaron.
Era una víctima del mismo asesino, con el mismo robo del corazón que le habían descrito a Sebastien en la fortaleza del temple. Pero lo que era peor, aquella anciana muerta era la misma anciana a la que noches atrás habían querido interrogar el caballero del temple, el teuton y el llamado René. Sin duda esta muerte tenía una relación directa con aquel extraño intento de interrogatorio.
El caballero se marchó del lugar sin apenas investigarlo, ni siquiera se fijó lo suficiente en el gesto con el que había quedado la mujer. Sebastien ya tenía a un sospechoso y una dirección.