La luz del sol iluminaba las copas de los arboles, pero bajo las ramas la penumbra lo dominaba todo. Eddard caminaba poco a poco entre los troncos con una pequeña oz en la mano.
En ocasiones dejaba de canturrear y se acunclillaba recortando algún tallo o seta. Luego lo colocaba cuidadosamente en una vieja cesta de mimbre. Sus ojos se posaban en la base de los arboles, antetodo de los robles.
"Y se supone que a esto lo llamas meditación y aclaración de ideas??". - La voz cacareaba en la mente del Druida.
- No tenemos la misma idea de lo que es necesario y lo que es innecesario... pero tampoco intentes comprenderlo, no se que te rompas un ala... . - Una sonrisa apareció en la cara de Roble Gris.
"No te rias de mi viejo cascarrabias... no llegas a comprender lo poderoso que soy. Podría destruirte si así lo desease".
Eddard recojió algo del suelo y lo apreso entre dos dedos. Era un gusano de seda que se ajitaba salvajemente.
- Entonces no estarás interesado en esto?... .
El único ojo del cuervo se posó en la blanca piel del animal atrapado.
Eddard mostro el gusano al tuerto cuervo y este vió los movimiento del animal por liberarse. Su mirada monocular era la de ansia por deborarlo y con ese fín se lanzo hacia la mano del Druida.
Con un movimiento rápido, Roble Gris dejó caer el cayado y moviendo la mano a gran velocidad agarro en el aire al negro Cuervo... que solo tenía ojo para su presa. La enorme mano lo agarro por el pescuezo como ferrea garra.
" Maldito!!!... me has engañado, maldito viejo del infierno!!!...".
Eddard guardó silencio mientras el cuervo, en una inutil lucha le arañaba el antebrazo con las garras. Cromus fue quedando quieto con la mirada fija en el Druida.
- Y ahora que te has calmado, viejo cuervo malholiente. Hablemos de respeto el uno hacia el otro.
Cromus guardaba silencio, sabiendose en una desventaja mortal.
- Nuestra relación se basa en la cooperación. Somos un pequeño ecosistema en el cual yo te consigo Vis y tu cumples los cometidos que te mande. - Eddard hablaba como a un niño pequeño. - No me importa lo que pienses del pacto. Si lo quieres romper lo rompes, pero atente a las consecuencias de tus actos.
Y con estas palabras cedió la garra y el cuervo cayó al suelo un tanto atontado.
Eddard bajó la palma de la mano con el gusano y se lo ofreció al cuervo. Este, herido en su orgullo levanto la cabeza despreciandolo... pero el deseo era mayor y se lo comió con avidez.
Luego miró al Druida.
"Muy bien viejo... seguiremos tus normas... pero que sepas que estoy aquí por propia voluntad".
- Me alegra oir eso viejo amigo. - Una enorme sonrisa apareció en el rostro de Roble Gris.