View Full Version: La llegada de Magíster Schoale Lady Nathaniellla

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Title: La llegada de Magíster Schoale Lady Nathaniellla
Description: 03/12/1225 -paralelo a la Gran Aventura


Isolda Lamartine - July 11, 2006 08:44 PM (GMT)
FDI: Se relaciona en el Tribunal Mágico



Magíster Schoale Lady Nathaniellla Vassilli, bani Björnaer, llamada por todos los miembros de su casa como Knox, La Esencia, había llegado antes de lo que Isolda pensaba.

Justo frente a la casa de la vieja Philie, ella y otros cinco seres, esperaban que Isolda saliera a recibirles. Al salir Isolda no dudó ni un sólo segundo en increparle a la Despertada su actuación, pues era inconveniente que se presentara en ese momento.

-Magister Mundi, es un placer venir a veros y aprender de vos, pero debéis agradecer que hayamos logrado llegar pues el invierno en esta parte del mundo es terrible.

Isolda sintió, pero apuntó. -Lo que decís es bien cierto, más cuando se ha afirmado algo no puede contrapuntearse pues puede incurrirse en más riesgos de los que se cree.

Una de las criaturas que acompañaba a Nathaniellla, un ser alto y sin cabello en la cabeza, de tes morena y con un anillo de oro en la oreja, perfecta imagen de un esclavo egipcio, en un gorgoteo acusó a Isolda de mala anfitriona.

Esta no lo dudó un momento.

-Lady Nathaniellla, si vuestros sirvientes no tienen la capacidad de comportarse como es debido, me veré en la obligación de enseñarles.

Justo cuando la cambiante iba a decir algo, la bestia morena se abalanzó sobre la archimaga. Nathaniellla procuró detenerlo pero el embiste era demasiado contundente y la había tomado por sorpresa, pero Isolda estaba preparada para aquello y con una simple palabra una luz azulosa se desprendió de su mano impactando en el pecho de la bestia, que voló hacia atrás golpeándose con un árbol.

Lo que siguió fue demasiado rápido: auqnue Nathaniellla procuró detener a sus otros cuatro acompañantes, estos se abalanzaron contra la Archimaga, que con una sonrisa en los labios lanzó una tras otra ráfagas azulosas que golpeando contra cada uno de ellos los lanzaron despedidos.

-Os lo suplico, Magister Mundi Isolda Lamartine, perdonad a mis sirvientes por su osadía y no dudéis que recibirán el castigo que merecen.Agachó la cabeza, asustada por lo que acababa de suceder e impresionada por el poder que podía desplegar aquella débil figura que tenía frente a ella.

Y contra sus suposiciones Isolda tranquilizó el ambiente.

-No debéis preocuparos, vos no tenéis la culpa de lo que ellos hagan. Más ahora debemos partir, sin prisa alguna.

Los cinco seres se pararon difícilmente y agacharon la cabeza ante la furibunda mriada de su ama, mientras los siete se encaminaban al castillo del Barón von Rader.

Isolda Lamartine - July 11, 2006 08:55 PM (GMT)
El bosque era espeso y la nieve alta, o al menos así era cuando comenzaron el camino, que en apariencia no era muy lejano, más en determinado punto ambas Despertadas, que iban en cabeza de la comitiva se detuvieron y miraron alrededor.

Miraron hacia atrás, y los cinco seres que servían a la Björnaer habían todos desenvainado sus armas, casi todas de tamaño impresionante y de forma exótica; todas desconocidas para Isolda.

-Creo que no estamos solos...

-Nunca lo estamos en este bosque.

Ambas Despertadas se miraron. Para Isolda era muy excitante tener una compañera de viaje sabia y poderosa, con recorrido en el mundo mágico y mundano, con iniciativa y de su propia Orden. Toda su vida desde la llegada a París había pasado con pocos intereses comunes más allá del peligro que acechaba a los despertados en general, en conversaciones que si bien interesantes, poco constantes, con Kusurh, Iluno y Eddard, y desde la partida de Gerard nada parecido a una conversación hermética.

A esa altura la nieve había desaparecido completamente pero los árboles se habían juntado aún más dificultando el paso y obligando a los grupos a separarse.

-Estos son los jardines que lindan el Castillo, y una tradición tan antigua como la Orden en esa familia ha ido contruyendo defensa sobre defensa, que amigos o enemigos deben cruzar si creen tener el honor de conversar con el heredero de los von Rader.

La Bruja cambiante asintió. -Conozco la historia de esa familia y he leido algunos de los registros que se guardan en Doisettep sobre sus costumbres y tradiciones, pero nunca pensé que las palabras "es una amistad mortal" pudieran ser tan literales.

Amabas Despertadas rieron distendidamente, mientras los cinco sirvientes se miraban asustados. ¿Acaso podía darles tanta risa la situación en la que se encontraban? Los cinco habían visto al bosuqe moverse delante de sus ojos y ahora, si deseaban regresar, no estaban seguros que "hacia atrás" fuera suficientemente seguro.

Pero las dos herméticas miraban sonriendo hacia el frente, esperando lo que ambas sabían llegaría.


Isolda Lamartine - July 11, 2006 09:04 PM (GMT)
Y por fin sucedió.

Ambas conocían la tradición de la familia.

Provenientes de la Isla de los Poderosos, de Inglaterra, los hombres de esa familia desde siempre habían contraido matrimonio con seres de sangre feérica nacidos en esas mismas tierras, mujeres criadas única y exclusivamente para desposar a los poderosos magos.

Todos eran herederos de un atractivo impresionante y eran educados de rígida manera, el hijo por su padre, y así desde siempre y hasta siempre. Pertenecían por necesidad a la Casa Merinita, pero muchas de sus tradiciones podían coincidir con cualquiera de las otras casas más que con esta, principiando porque su sangre feérica no se había renovado desde hacía mucho tiempo.

Cada una de las mujeres ap Fionna que contraían matrimonio con los von Rader tenían una hija y un hijo; la hija estaba destinada a desposarse con algún von Rader lo más separado del padre tanto geográfica como sanguíneamente, mientras el heredero principal guardaba el castillo parisino.

De la nuva unión, el nuevo heredero tenía la oblígación de proteger el castillo inglés, y así se iban distribuyendo en los siete castillos que poseían a lo largo del mundo. Los cruces sanguíneos y las posibles enfermedades entre familiares habían sido prevenidas mágicamente en cada nuevo vástago realizando sobre él un largo ritual que tomaba un mes completo completar y que incluía magia despertada y magia salvaje y feérica.

Así pues, las defensas de los siete castillos tomaban elementos de ambos mundos.

Un sonido al frente alertó a los cinco hombres, y las Despertadas levantaron sus manos.

Isolda Lamartine - July 11, 2006 09:25 PM (GMT)
Ante sus ojos apareció una bestia mítica como no quedaban ya en el mundo, y ambas entendieron entonces que se hallaban en un Reino Mágico en toda la extensión de la palabra.

La bestia tenía tres pares de patas y el cabello en aquella parte del cuerpo era incandescente; decir cabello, de hecho, era erróneo, pues aquello eran llamas, llamas puras que no tocaban las hojas verdes de aquel bosque. En su lomo se veían dos alas recogidas e igualmente conformadas por llamas.

Sin embargo su pecho se levantaba vertical y cuatro manos humanas desnudas sostenían dos espadas, una corta y una larga, un hacha ligera y un escudo. Sus tres cabezas eran las de leones, y al rugir salían llamaradas de ellas.

Las dimensiones de la bestia eran increíbles, y superaban con mucho a la del moreno esclavbo de la Björnaer, que era verdaderamente grande.

Las dos Despertadas sonreían, pero los cinco seres estaban verdaderamente asustados.

-Déjanos pasar, bestia, pues queremos hablar con tu amo.

Para sorpresa de ambas, una de las bestias habló con una voz muy parecida a la de Guillerm cuando estaba en su forma de guerra.

-Nadie es mi amo. Este bosque es mi Reino y ustedes serán mi alimento.

Las líneas eran trilladas y no hicieron más que incrementar la sonrisa de las Despertadas.

-No dudo que sea usted su propio amo y que este sea su reino, pero debe entender que no queremos hacerle daño sino sólo cruzar. ¿Lo comprende?

Una de las cabezas rugió y las dos magas entendieron que negociar no tenía sentido; se alejaron tres pasos y se abrieron a los costados de la bestia. En un santiamén los árboles que los apretaban habíanse separado y quedaba mucho espacio entre ellos para que un ser de esas dimensiones maniobrara. Era sin duda una prueba interesante.

Isolda Lamartine - July 11, 2006 09:37 PM (GMT)
Los cinco sirvientes de la Björnaer, aunque ciertamente asustados y más imprsionados aún, no dudaron un instante en acercarse a la bestia, pues era esa su función al haber viajado con Nathaniella.

Las dos Despertadas observaban, con curiosidad, y auqneu eran conscientes de que debían ayudar a los cinco seres para poder vencer a aquel ser extraño y mágico, algo las retenía, algo superior a ellas, el aliento vital de aquel bosque, el Azhot hermético.

El moreno lanzó un golpe horizontal con su tridente, cuyas hojas eran afiladas y finas, justo al pecho de la bestia, mientras los otros cuatro -todos una mezcla humana/animal, tomando elementos del jabalí, el tigre, el águila y el lobo, rodeaban al centauro-quimera-cerbero que tenían adelante.

No esperaban, claro, que fuera sencillo, y comprobaron demasiado tarde que esa certeza era más correcta de lo que hubieran deseado: las tres cabezas lanzaron ráfagas de fuego a tres de los hombres-bestia, mientras una de las manos, la que llevaba la espada larga, frenaba el ataque del esclavo moreno poniendo entre los dientes del tridente su arma y arrojando el hacha ligera a la cabeza de este con una precisión increíble.

El hombre-lobo logró clavar su oz en el costado de la bestia, que emitió un grito aterrador al tiempo que desplegaba sus alas de fuego: el hombre-lobo, gritando como los otros tres, consumiéndose en las llamas, salió corriendo y gritando, intentando apagarse.

Las dos Despertadas se miraron, y el sonido del esclavo al caer al suelo, inerte, les marcó la posibilidad de movimiento.

Isolda Lamartine - July 11, 2006 09:54 PM (GMT)
La Magister Scholae sintió profundo pesar por sus sirvientes, y el verlos morir sin poder siquiera invocar su magia para contener aquellas llamas terribles la llenaron de ira. ¿Acaso las reglas y leyes que desde hacía siglos reinaban en aquel reino eran tan terribles y mortales?

No había creido que fuera tan terrible, y agradeció para sus adentros encontrarse en compañía de la archimaga. Sin embargo, y buscando en sus recuerdos, encontró una razón que hubiea podido llevar a esa rápida exterminación: sólo los seres Despertados o feéricos podrían en algún momento pretender llegar al castillo. El resto llevarían un final terrible e irremediable.

Suspiró. Si hubiera recordado aquello no hubiera permitido que sus sirvientes la acompañaran a tan lejano puerto.

Agachó la cabeza. Era Maestra en dos Formas, Vires y Anima. Isolda, según había escuchado, había alcanzado la maestría en las dos restantes: Corona y Primus. Si lograban combinar sus capacidades, tendrían una posibilidad de pasar a aquella bestia.

Miró a la archimaga. Isolda también sentía profundo pesar por las bestias, pero a diferencia de Nathaniella, ella no conocía ese apartado de la historia de los castillos de los von Rader. Sin embargo confiaba en poder vencer a aquel ser sin tener que eliminarlo.

El primer movimiento lo hizo la bestia de tres cabezas. Estaba muy alejado de las Despertadas, así que sus cabezas laterales lanzaron dos gogantescas llamaradas que iluminaron el bosque y llegaron directamente hasta ellas.

Isolda susurró una palabra sencilla y en el aire la llamarada desapareció completamente. En su mano derecha una esfera luminosa, con luces amarillas, era lo que quedaba de aquel ataque (Primus).

Nathaniella susurró otra palabra y la llamarada en pleno vuelo pero ya completamente libre de la boca de la bestia, hizo una curva de ciento ochenta grado y se dirigió hacia la cabeza que la había lanzado (Vires).

Notando aquello Isolda levantó la mano y la llamarada que había contenido en aquella esfera salió despedida hacia la misma cabeza que se la había lanzado.

Dos gritos aterradores cubrieron todo el bosque, seguidos por un silencio sepulcral. Ambas llamaradas, la que Isolda y la que Nathaniella habían regresado habían duplicado el poder ígneo de la inicial, y como resultado las dos cabezas de león que las habían lanzado yacían inertes y completamente carbonizadas.

Ya ninguna de las dos sonreía: aquel encuentro era de vida o muerte.

Isolda Lamartine - July 12, 2006 02:02 PM (GMT)
Pero estaban equivocadas; no era un encuentro de vida o muerte.

La única cabeza que quedaba en el cuerpo de la gigantesca bestia miró a ambas Despertadas, que sudaban copiosamente auqnue no hubieran hecho casi ningún esfuerzo. En los ojos de ambas se veía la determinación, y por el olor que ambas despedían la bestia supo que de ser necesario lucharían hasta la muerte.

Lentamente las llamas del cuerpo del animal fueron apagándose, y quedó en su lugar el cuerpo de un centauro y las alas de una hermosa águila; las armas y el escudo comenzaron a desvanecerse de la misma manera y el vaho en que se convirtieron llegó hasta las cabezas que, inertes, colgaban junto a la que las miraba.

Lentamente también, el Espíritu del Fuego que llevaba sobre el cuerpo y el de aquellas armas, revitalizó ambas cabezas, dándoles de nuevo cabello, dándole de nuevo brillo a los ojos, y finalmente dándole vida de nuevo.

Las tres cabezas de león miraban a las dos Despertadas que aún permanecían en guardia, preparadas para lazar hechizos e intentar salvar la vida.

-Ha sido un honor conocerlas, Magas.

Ambas se miraron, perplejas. Las tres cabezas sonrieron al tiempo -con la sonrisa que sólo una cara de león puede tener :lol: -.

-No, no habrá más batallas. Miró a Nathaniella el rostro más cercano a ella, y se inclinó levemente. -Lamento lo de sus acompañantes, pero las reglas del bosque son claras. Ahora pueden continuar.

Iba a girarse cuando ambas al tiempo lanzaron una exclamación; la bestia se volvió a ellas, sorniendo de nuevo.

-Pero... ¿por qué?

-Porque vi lo que quería ver.

-¿Al costo de cinco vidas, sólo para ver?

-Podrían ser siete, pero no soy yo quien debe decidirlo sino ustedes.

Las miró alternativamanete, pero como ambas guardaron silencio, siguió su camino, y al poco su gigantesca figura desapareció entre los árboles.

Isolda Lamartine - July 14, 2006 09:47 PM (GMT)
Quedaron congeladas ambas, mirando sorprendidas y asustadas el lugar por el que la mágica criatura había desaparecido. Qué poder tan increíble y que superioridad la que hacía ver en sus palabras.

Para Nathaniella, de ánimo fácil, aquella demostración de superioridad fue un golpe muy bajo, y su ira no demoró en desencadenarse en una maldición pronunciada en su lengua nativa, maldición que cayó en bolso vacío pues sólo el silencio de la noche siguió a la perorata.

Cuando entendió que no tenía sentido, ambas Despertadas continuaron su camino, más juntas y con el semblante adusto y la cabeza agachada, pensando cada una en lo que acababa de suceder.


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Al poco el bosque dio lugar a un jardín lleno de flores, que a pesar del invierno que asolaba el "mundo exterior" y de la noche que ya había caído sobre todos aquellos parajes, estaban abiertas y lucían sus esplendorosos colores con orgullo y gallardía.

Más allá ambas hechiceras pudieron observar las puertas enrejadas, los muros altos y llenos de enredaderas floridas, y sobre estos muros las puntas de las torres mas altas y las luces de lámparas saliendo por las ventanas abiertas. En aquella tierra siempre era primavera.

Se miraron y sonrieron. Ninguna de las dos había estado antes en aquel lugar, y sentir el fluir de la magia las hizo olvidarse de cuanto había sucedido.

Isolda Lamartine - July 25, 2006 02:51 PM (GMT)
Dos horas después, cuando ya las presentaciones formales se habían hecho entre ambas y el Baron Von Rader, su padre, sus tres hermanos y su esposa, una hermosa de las "Primeras Nacidas" de la Corte de Primavera de entre los seres feéricos, todo el grupo charlaba animadamente en la sala principal del Castillo.

El barón era realmente hermoso, y así sus hermanos, su esposa y su padre. Ambas Despertadas estaban realmente impresionadas por la suntuosa mixtura entre el orden y la perfecta geometría sagrada hermética y la salvaje magia feérica en cada elemento del castillo, de la sala e incluso del jardín.

Más no pretendiendo ser irrespetuosas se dejaban guiar por la conversación que los anfitriones proponían.

Los motivos de aquella visita eran dos, expuestos claramente pero de manera tan delicada que en ningún momento se arruinó el ambiente feliz y animado de la velada, y cuando ya la noche estaba bien entrada, un extraño sirviente enano guió a cada Hechicera a sus habitaciones.

Mientras Fabius lograba encontrar el camino, si lo lograba, Isolda podría instruir a Nathaniella en el pilar Spiritus.




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