FDI: Viene de aquíIsolda caminó en la orilla del Sena, sin ser vista por ojos mortales, cabizbaja y preocupada.
Le preocupaba lo fácil que puede ser tentado un Despertado, ya de por sí un ser poderoso, por empresas y promesas en apariencia tan vanas pero que enraizaban un gran poder. El poder sobre la muerte.
De lo que conocía a la Vieja Fe sábía que ellos tenían un gran poder sobre esta, pero dudaba que este incluyera volver a la vida a algún ser perdido. A lo sumo, suponía la archimaga, podrían meter en un cuerpo un alma ya perdida, desplazando la que antes ocupaba el cuerpo a lugares que ella no quería ni imasginarse.
A lo mejor alguna fuerza sobre el mago estaba consiente de esta limitación, pero había dado recursos a Hareb para que avanzara en su trabajo, en su investigación; o lo que era aún más preocupante, él sólo era su amo, tal y como parecía luego de haber visto su mente como un libro abierto.
Suspiró.
Pocos minutos después llegó a la piedra donde meses antes había hablado y sellado su pacto con el elemental. Se sentó tranquilamente y arrojó de su mente, a un baúl cerrado, todos los pensamietnos que la perturbaban y entristecían, y entonando mentalemente un cántico, transportó su consciencia a los lindes donde el Hijo de Anfitrite se encontraba.
-Os saluda Gran Hijo de Anfitrite Isolda Lamartine, de la Casa de Bonisagus.Inclinó la cabeza en señal de respeto, más no de sumisión.
-Aquel que contaminó una vez vuestras aguas ahora ha sido castigado, más su lugar aún permanece intacto. Vuestras aguas eternas, no lo dudo, podrán avanzar hasta allí. ¿Destruirías aquel nido de maldad y suciedad, Oh Elemental del Sena?La vos de Isolda era siempre, por lo general, dulce y con un toque misterioso y casi sobrenatural, más cuando hablaba en la lengua de los espíritus esta se tornaba completamente etérea y pura, conocedora como era de los entrecijos de las lenguas y los sonidos.