El carruaje, tirado por cuatro caballos negros, se detubo ante la gran casa. El cochero bajó de un salto y colocó un escalón ante la portezuela. Para luego abrir la puerta y ayudar a descender a su ama.
Cecília bajo poco a poco y miró con interes los trabajos realizados. El capataz la recibió con agasajos y acompaño al interior de la casa retorciendose nerviosamente las manos.
- Los trabajos están muy avanzados mi Señora. Todo se ha hecho según sus ordenes.
-
Me alegra escuchar esas palabras Gallon. - Cecília no le miraba al hablar, estando impaciente por ver el interior de la casa. -
Sereis recompensado si vuestras palabras son ciertas.
Con una sonrisa, faltada de algún diente, Gallon acompaño a la joven Dama al interior de la casa. El salon parecía una guarida de fantasmas, pues todos los muebles allí reunidos tenían sendas sabanas protectoras.
Cecília se alegro de ver que el edifício conservaba el encanto de hacía cinco décadas. El suelo era de marmol de colores en los salones comunes y de madera en las habitaciones y la cocina. Había habitaciones para el servício y el jardín sería una maravilla esta primavera.
La Lasombra camino por los salones de todos los pisos, haciendo resonar sus pequeños zapatos, admirando los techos pintados y las lamparas de araña limpias tras el asalto de las mujeres de la limpieza.
En efecto habían hecho un gran trabajo.
Era hora de hacer alguna fiesta en él.