Eran las primera horas del amanecer de un dia gris de invierno de aquel Noviembre de 1225.
En el cementerio de saints-Innocents se respiraba aquella tranquilidad preocupante propia del momento antes en el que va a pasar algo tragico y terrible o cuanto menos dramatico.
A lo lejos entre los nichos, unos niños malvestidos y sucios, jugaban con unas monedas...mientras daban vueltas por el camposanto.
En la zona del fondo un monje rezaba frente una lapida maltrecha por el tiempo y susurraba unas palabras en latín, mientras depositaba unas flores.
Pocas horas depués de despuntar el alba, un séquito humilde pero surtido, se encaminaba hacía un apartado lugar del cementario. A pesar de la humildad de la família, el objetivo era un suntuoso mausoleo apartado de todos los demás. A ojos de un buen observador no escaparía el hecho que el mausoleo no pertenece a ninguna família en concreto. La entrada se encuentra en blanco, sin relieves. Su fastuosidad se refleja en una arquitectura particular y sumamente rica.
La compañía del muerto era variada: la família al principio, amigos y conocidos a medio camino y, al final, un variopinto y hetereogeneo grupo. Figuras altas, corpulentas, sin distinción de grado social, se mezclaban mercaderes, agricultores, herreros, servidumbre de la nobleza y, entre todos, destacaba la figura de un noble austero, salvaguardado por varios de los otros.
La ceremonía duro largos minutos. Todo en latín y llevada por un párroco. Cuando su requiem terminó, muchos de los asistentes se marcharon con el clero. Sin embargo, el grupo final y la familía se quedaron y entraron en el mausoleo.
Una mujer cargada con su hijo recien nacido y unas flores entro en el cementerio de Saints-innocents. Se arrodilló ante una lapida gris en la que no se distinguia casi el nombre borrado por los años, deposito las flores y rompió a llorar.
Entretanto los niños del fondo descubrieron un nuevo juego para pasar el tiempo. Uno de ellos escondía una moneda mientras el otro se tapaba los ojos y luego había de buscarla. En esta ocasion la moneda la oculto al lado del concurrido mausoleo...
Tras un espacio de tiempo más que prolongado, salieron todos del mausoleo. Con rostros entristecidos pero tranquilos, tomaron de nuevo el camino de salida del cementerio. La família se notaba reconfortada, el resto del grupo tranquilos y sosegados. Uno de ellos se veían extrañamente cansado, como si hubiera realizado un gran esfuerzo.
El mausoleo quedó firmemente cerrado. Volvía a su paz original. Todo acabó como empezó, en un absoluto silencio.