A medianoche, todos los perros y animales del interior del castillo se ponen a ladrar al mismo tiempo, a protestar, a quejarse. Y no solo ellos. Todos los habitantes de las cercanías de la Concergerie notan el paso de algo. Algo terrible, que los destruye y reconstruye, que les inflinge dolor e incomprensión.
Desde esa noche, muchos creyeron que el antiguo palacio real estaba embrujado, y que los espiritus de los antiguos reyes se habian levantado por alguna razón. O eso, o algo peor... Otra mala señal, en un año lleno de ellas.