Por la tarde un cortejo de monjes se presentó en la abandonada y recogida capilla de San Critobal, llegaron todos, con una sobrecapa negra sobre sus hábitos rojos y cantando a coro en latín una canción que sonaba muy triste.
Al frente de esta comitiva se encontraba el Abad Gervèse Le Fèvre, que se adelantó al resto en busca de alguien.
Adentrándose en aquel lugar desconocido preguntó en voz alta:
- ¿Jafar? ¿Mijail?
Dejando que sus preguntas resonasen por las bóbedas de la capilla en busca de una respuesta.