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Title: Dudas del pasado
Description: 30-11-1225


Guillerm du Trem - June 24, 2006 09:31 PM (GMT)
Guillerm llevaba días meditando. Nadie del túmulo se había dado cuenta. Desde hacía varias lunas era asaltado por la duda más grande que jamás se le había presentado...

Desde su primer cambio, el padre del garou se había transformado en el centro de su vida. Era sus ganas de aprender, de seguir adelante, de hacer lo correcto. Sus enseñanzas le habían llevado hasta donde ahora se encontraba, Señor del Túmulo de sus ancestros, y por muchos más senderos que la gran mayoría de garou transitaban. Sus principios, sus ideales, su forma de ver el mundo habían sido forjados por la figura de su padre...

Ahora necesitaba su apoyo, su sabiduría... Confirmar que el camino que había escogido era correcto. Muchos del clan le comprenderían pero su liderazgo se pondría en evidencia. Jovenes garou con ansias de alcanzar el más alto rango no dudarían en desafiarle para conseguir prestigio y renombre entre los suyos. Y en momentos tan transcendentales como eran los actuales no tenían cabida tales eventos.

Acudió a la única persona que podía ayudarle: Isolda.

Sumergido en la frondosidad del bosque y camuflado bajo el velo de Selene, se dispuso a acudir a ella. Extendió la mano y observó el precioso regalo que la maga le había otorgado. Cerró el puño con fuerza y se concentró en ella, en su nombre, en su presencia... en su necesidad individual, más allá de la manada. Pronto obtendría respuesta.

Isolda Lamartine - June 29, 2006 04:15 AM (GMT)
Isolda se encontraba cerca de Montparnasse esa noche, en unos bosques no muy tupidos y cercanos a las mansiones más imponentes de los nobles parisinos, en aquel terreno mal dividido. Muy lejos la imponente y negra torre de Dazvog von Vertzang hacía que nadie se acercara y ella, obediente, se manteía alejada.

Paseaba y trabajaba. Vestía como una viajera y en efecto su rostro, diferente al que portaba siempre, estaa cuarteado por las durezas del camino. Sus ojos negros y saltarines miraban con curiosidad una gama de cristales que se habían formado sobre una roca, y sus cabello negros, cubiertos por la capucha que le calentaba la cabeza, intentaban escapar desesperados de su necesaria prisión.

Chochkmah caminaba tranquilamente por cualquier lado, más consciente de su nueva forma de perro que nunca antes, oliendo con cuidado cualquier rastro de liebres que pudieran andar cerca, mientras su ama se dedicaba a recoger los cristales que encontraba y a fundirlos en su forma y meterlos en una cesta, simplemente divirtiéndose como la primera vez que saliera a recoger briblets de los árboles.

Cuando acababa de echar un cristal en la cesta y se detenía a mirar la ciudad adormilada por el frío sintió una punzada en la cabeza. La cesta aterrizó sobre el suelo y pronto lo hizo también la archimaga.

Podía parecer raro que la afectara de tal modo, pero Isolda, consciente de que aquellas perlas, de las cuales en París sólo dos personas eran poseedoras, podían caer en manos potencialmente dañinas, había puesto un hechizo de reconocimiento que le era doloroso pero el evitaba malas sorpresas.

Pero al instante se incorporó, un poco sobresaltada. Era Guillerm, y no estaba muy lejos. Miró alrededor suyo. El Dragón continuaba en su tarea cazadora. Ella le llamó, y el can salió tras ella cuando esta se internó en el bosque llevando la cesta de su ama en el hocico.

A los pocos minutos, en el lugar en el que Guillerm descansaba, una mujer morena y abatida por la carrera que acababa de dar, hizo su aparición, mirando en todas direcciones y evidentemente intetnando encontrar cinco o seis peligrosos seres atacando a su aliado. Lo que encontró le pareció a la vez divertido y tranquilizador.

Meneó la cabeza y su rostro volvió a la normalidad, como su cabello y sus ojos, y se acercó al señor de los lobos, notando de inmediato que algo no andaba del todo bien.

-Guilllerm...

Dijo tímidamente con su dulce voz aún resentida por la carrera, mientras se acercaba.

Guillerm du Trem - June 30, 2006 10:35 PM (GMT)
Agradeció la presteza de la dama. La miró a los ojos sin esconder sus preocupaciones. Todo lo que acontecería merecía una explicación. Sus dudas eran graves en su alma garou.

Con voz tranquila le respondió:

- Isolda... Gracias por tu rapidez, pero debo confesarte que es por puro egoismo que he utilizado tu regalo que en tanto aprecio tengo. No me malinterpretes, en mi espíritu la llamada era urgente e importante, sin embargo no son cuestiones de mi clan las que me tienen hoy aquí... Necesito tu ayuda.

Sus ojos se fijaron en los de ella. Debía comprenderle. En su mirada era profunda, cargada de dolor y sufrimiento interno. Aquello que albergamos en nuestra alma surge como algo único y sin parangon. Los pesares del espíritu siempre son individuales. El colectivo no existe ante el alma herida.

- Ahora debo explicarte muchas cosas antes de seguir adelante. Te lo debo tan solo por acudir a mi llamada...

Hizo una pausa y miró la tierra cubierta de hojas antes de confesarse. Le abriría su corazón.

- Desde cachorro fue guiado y educado por mi padre. El fue mi mentor, mi maestro, todo aquello que me importaba y por lo que crecí con un destino marcado. Mi linaje pertenece a una antigua línea de sangre que siempre ha gobernado nuestro hogar. Y con tal herencia crecí. Conforme pasaban los años, él me enseñó el peso del liderazgo, me educó para ser fuerte y justo... Siempre hablaba del equilibrio... Sabiduría y honor...

- Quince años atrás, antes de mi partida, sufrimos un salvaje ataque de los espíritus del Wyrm. Mi padre consiguió detenerlos, pero lo pago con su vida. Mi alma quedó rota, confusa. Me había preparado durante años para eso... Pero nunca se está listo hasta que ocurre...

- Antes de morir me hizo prometer que partiera a recorrer el mundo para hacerme fuerte y sabio. Debía regresar cuando estuviera listo y reclamar lo que por herencia me pertenacía. Realmente funcionó... Pero para ello tuve que acabar con la vida de uno de mis mejores amigos, un hermano...

El peso del dolor fue demasido. Sus ojos no derramaban lágrimas, pero su pesar era tan hondo que todo se tornó gris.

- Ahora las dudas me asaltan, necesito su consejo o, mejor dicho, su aprobación. He recurrido a ti porque entre los mios sería un gesto de debilidad y podría ser cuestionado como líder. Los acontecimientos que nos rodean me impiden comprometerlos de tal modo.

- Tú eres la única que conozco con poder suficiente para ayudarme en mi empeño. Deseo buscarlo, hasta lo más profundo de la Umbra si es necesario... Tu ayuda es, para mi, indispensable. Perdona por el abuso de confianza, por alertarte de esta manera, sin embargo, aunque hace pocas lunas que nos conocemos, confío en ti. Mi corazón esta en tus manos, es más valioso regalo. Jamás nadie ha visto este lado de mi espíritu.

Isolda Lamartine - July 1, 2006 06:11 PM (GMT)
FDI: es la tercera vez que escribo esto, así que disculpad si no queda bien, porque ya me da pereza.

Sin duda alguna el Pasado y la Historia construían el presente y a los hombres, y la misma tierra era un sucesión de causas y efectos; incluso los demiurgos de los destinos y los sucesos eran maniquíes de la causalidad, que era un poderoso artefacto creado por estos pero que en un inicio, seguramente, no habrían logrado entender en su plena esencia.

Ella, Guillerm, eran líderes entre los suyos, pero mortales al fin y al cabo y no eternos como los Massasa. Ella había también sufrido algunos problemas, menores en todo caso, por la sombra que dejara su Maestro en su vida, pero luego, y con relativa facilidad, había logrado superar este fantasma poderoso y sabio, y la figura del anciano estudioso había sido rápidamente olvidad en su mente por la suya propia, entendiendo y agradeciendo las actuaciones de su Mentor pero dejándolas en su justa medida, sin darles más de lo que merecían.

Para Guillerm era más problemático, según parecía, y escuchándolo narrar su historia entendió finalmente que aquel llamado, por una razón diferente a la que ella en un inicio pudiera haber pensado, estaba igual o más justificado que si una guerra hubiera comenzado en el bosque de los lobos. Porque, ¿era más importante la estabilidad del pilar de su raza? Era fundamental, sin duda, y si la tranquilidad llegaría al espíritu del noble ser cuando hablara con su padre, cuando venciera su influjo, entonces los Lobos tendrían un líder poderoso e imparable.

-Entiendo vuestras razones, noble Guillerm, y mi poder y conocimiento estarán a vuestros servicios y al de los vuestros, y haré lo que esté a mi alcance para que podáis llegar hasta vuestro objetivo y lograr el sosiego que buscáis.

En sus ojos había tristeza y alegría, y esperanza. Tristeza porque se atado por el pasado, y cuando el preso era un amigo, era siempre doloroso. Alegría porque llegar a esta meta haría de Guillerm un líder más poderoso y sólido para los suyos. Esperanza porque llegaría al mundo de los espíritus, lo que siempre había deseado.

El mundo de los espíritus. Una gran emoción embriagó a la Despertada, pues aquello sería no sólo una ayuda para su aliado sino para ella misma en el conocimiento y entendimiento de aquel mundo. Desde hacía muchos años ese mundo le había causado gran curiosidad, y con entereza se había dedicado a su estudio, sistemático y ordenado, con la colaboración fundamental de Iluno; más aún no lograba entender los misterios que envolvían el cruzar los mundos, y eso permanecía alejado de su poder. Por ahora.

-Os ayudaré.

Sentenció segura; algunas ideas venían a su mente. Si lograba entrar al Mundo Espiritual, no sería mucho problema seguir la pista del padre de Guillerm, pues a la par que el pilar que estaba desarrollando, había profundizado en el estudio de las conexiones y del Espacio griego a través de los ojos árabes. El Uno, que ellos defendían, era entendido también por los herméticos como la Mens Divina, pero los batín habían llegado más lejos, y esta Unidad Espacial como faceta de la Unidad de la Realidad se sobreponía a cualquier mundo en el que se estuviera; ellos lo llamaban Al-Hajj.

-Pero no puedo viajar al Mundo de los Espíritus. Si vos podéis llevarme allí entonces podremos encontrar el lugar donde vuestro padre se encuentra. Si no, de niña escuché la historia de un poderoso Talismán que permite viajar entre mundos, y la historia permanece intacta en mi memoria.

Guillerm du Trem - July 1, 2006 11:17 PM (GMT)
Las inquitudes iniciales del garou se calmaron. Su pesar era importante, pero también sufría con el abuso de confianza. La respuesta de Isolda le reafirmaba en su fe en ella, en la esperanza que se abría ante sus ojos.

- El camino hacía la Umbra es para mi sencillo y te guiaré sin dudarlo. Pero es importante que sepas, antes de seguir, que el mundo de los espíritus es complejo, mucho más amplio que esta realidad. Los peligros nos acecharan conforme avancemos hacía la profundidad. La muerte puede asaltarnos en cualquier momento. Estaremos solos. Yo sacrificaré mi propia vida en pro de la tuya, pero si aun así caigo, tu vida estará en serio peligro. Sé que eres poderosa y capaz. Sabes defenderte. Pero mi espíritu jamás descansará si por tu buena fe y tu apoyo caes en el camino.

- Quiza sea demasiado crudo y talmente parece que pido tu ayuda y después trato de disuadirte. Nada más lejos de mi intención. Es sinceridad y aprecio lo que expreso. Gratitud por tu ayuda.

Era sincero hasta extremos. Estaba convencido que ella le ayudaría, pero no se perdonaría si la arratraba hacía terribles peligros sin advertirla.

Isolda Lamartine - July 2, 2006 04:49 AM (GMT)
Isolda sonrió, intentando quitar un poco las implicaciones del viaje. Ella las conocía.

-Fui educadaen una... familia de magos que no tienen posibilidad de viajar al mundo espiritual, no porque no sean en sí hábiles de aprender los métodos, sino porque lo consideran una pérdida de tiempo pudiendo enviar sus mentes a esos Reinos. Más yo no estoy de acuerdo con ello y con ayuda de algunos magos cercanos de otras familias he logrado un entendimiento que ninguno de la mía tiene, y aunque no rivaliza con el vuestro, conozco los peligros que nos acechan.

Pero era curiosa, como el más pequeño de los aprendices, y leal a las alianzas como el guerrero con más honor, así que eso no era problema.

-Pero antes de partir necesito varias cosas indispensables para encontrar a vuestro padre. Si conocéis su nombre, su nombre verdadero, sería una gran ayuda. Y además de eso dos hojas que hayan sobrevivido a las heladas, y dos piedras que hayan permanecido sin ver la luz del sol cinco días.

Podría parecer una estupidez, pero era importante.

-Esperadme aquí que no demoraré mucho en encontrar lo que necesito. Se puso de pie, contenta. En ese mometo Chochmah, que hacía dos minutos había salido del claro, volvía con su blanco hico lleno de sangre. Miró a su ama, y se sentó a los pies de Guillerm.

La archimaga sonrió al can, y salió en dirección opuesta a la que había venido.

Quince minutos después estaba de regreso en el claro, aún jadeando.

-Y si algo os pasase, mi querido amigo gustoso me enseñará el camino de vuelta, dijo mirando al perro y al lobo. La sonrisa no desaparecía de su rostro.

Guillerm du Trem - July 2, 2006 04:29 PM (GMT)
Por primera vez desde su llamada, Guillerm le sonrió. Era una sonrisa amable, casi tierna, marcada por la compresión que mostraba Isolda. Era curioso ver los cambios en el rostro del garou, su corpulencia y su ferocidad aparente no eran más que una mascara de todo su mundo interior. Entre los garou, era un ser complejo. En esta ocasión, las mascaras habían caido casi por completo, mantenía una cierta aura implicita de la fuerza de su liderazgo que ya se había convertido en parte de él mismo. Sin embargo, su fuerza de cuerpo y alma eran sustituidas por la fragilidad de un cachorro. Ante Isolda mostró su fragilidad.

- Entiendo y respeto vuestras inquitudes y el solo hecho de obviar esos peligros refuerzan mi confianza en vos. Tomaos el tiempo necesario.

Esperó paciente que la maga hiciera sus preparativos. Mientrás tanto visualizó el nombre real de su padre. nadie como los garou sabían la importancia de los nombres "verdaderos", la fuerza que se hallaba en su conocimiento. Él mismo podía controlar los espíritus con saber su nombre.

Cuando el can hubo regresado, escuchó las palabras de la dama y con firme seguridad hizo una reverencia al perro que sin duda era más de lo que mostraba. Entonces se dirigió a Isolda para darle la información que necesitaba.

- Sé del poder de los nombres. Yo mismo escondo mi nombre verdadero, más allá de los lazos humanos. Cuando cambiamos por primera vez somos bautizados por nuestro pueblo, ese es nuestro nombre real. Mi família respeta sus nombres humanos en honor al linaje que nos alimenta. Pocos hombres lobo saben los nombres de mi família. No desconfiamos de ellos... Es casi una tradición. Pero debo revelaros su antentico nombre... Cuando mi padre renació como lobo fue bautizado como Voz del Halcón... Vicent du Trem, Voz del Halcón.

Esta revelación era importante para Guillerm. Muchos magos, con esa información, serían capaces de destruir el reino de los Colmillos en la Umbra. Isolda no era de ese tipo.

Isolda Lamartine - July 2, 2006 04:38 PM (GMT)
Los nombres verdaderos era lo que separaba el verdadero poder de la simple magia vulgar. La importancia de las palabras, de los sonidos y de las letras era tal que la Orden, desde hacía siglos, usaba nombres complejos y enrevesados al acoger su Palabra, y sabían bien que este era el nombre que los acompañaría hasta la tumba o más allá de ella, y que les grababa para siempre en las cerdas del destino.

El que Guillerm revelara el nombre de su padre era una muestra de confianza demasiado grande, tal vez demasiada. Ella misma no conocía el nombre verdadero de su Maestro.

Hizo una reverencia. Esa demostración era digna de alabanza, y jamás, mientras tuviera vida, perjuraría contra ella. Sintió la tentación de celebrar un Juramento para que el Señor de los Lobos se sintiera más confiado, pero al parecer no sería necesario. Igual, ella jamás rompía la palabra dada.

-Entonces, Guillerm, es hora de partir. Vos diréis donde es el lugar más apropiado para cruzar los mundos.

Estaba ansiosa; tanto que una vena en su cabeza no detenía su impuslivo palpitar.

Guillerm du Trem - July 2, 2006 05:01 PM (GMT)
La actitud de Isolda le bastaba. No se equivocaba en sus apreciaciones. La confianza crecía en cada gesto y palabra.

- Aquí mismo donde estamos es el mejor lugar. Aquí las fronteras con el mundo espíritual son frágiles. Es momento de caminar de lado.

Le ofreció su mano para iniciar el viaje. Guillerm estaba acostumbrado a cruzar la celosía. Si Isolda no había acudido nunca, le impresionaría.

La sensación de cruzar, de sumergirse en un fluido frio e invisible, que transportaba tu cuerpo hasta más allá de la realidad, era un viaje digno de recordar. Todo garou recordaba la primera vez que caminaba de lado...

Isolda Lamartine - July 3, 2006 12:15 AM (GMT)
Estama emocionada. Se aferró de Guillerm, abriendo bien los ojos y sus capacidades de percepción sobrenatural. Podría esperar cualqueir cosa, mágica, terrible, hermosa, pero no importaba el adjetivo que se le diera, iba a ser tan irreal como ella o como el ser con el que estaba.

Ir a Otro mundo en carne y hueso, hacer que su cuerpo mortal estuviera caminando en el mundo de los espíritus, fabricado con una materia diferente pero integrante al tiempo de la misma Realidad que ella intentaba entender.

Suspiró para sus adentros.

Guillerm du Trem - July 8, 2006 09:48 PM (GMT)
Tras la suave sensación de cruzar la celosía a la que estaba acostumbrado, el mundo de los espíritus se abrió ante sus ojos.

Selene brillaba con el doble de intensidad que en la Teluria. El bosque lucía magestuoso: los árboles parecían más frondosos y altos, las flores lucían en todo su esplendor a pesar de su aspecto invernal en la realidad mortal; animales de ensueño corrían con plena libertad, algunos desaparecidos hace décadas. La fuerza de Gaia brillaba en todo su esplendor. El reflejo umbral del bosque garou era esplendido, un locus amoenus idílico.

En la profundidad del bosque, hallá donde estaría el túmulo, se veía una luz brillante y magnífica, iluminando parte de la arboleda. Allí los espíritus eran poderosos.

Entonces se giró hacia Isolda. Era su primer viaje. Debía esperar a su reacción.

Isolda Lamartine - July 9, 2006 02:40 AM (GMT)
¿Magia? ¿Viejos manuscritos llenos de polvo, hechizos escritos y repasados, formas de mantener el cuerpo inmune al paso del tiempo, la ciencia de conocer las mentes ajenas y la propia y dominarlas, retorcerlas, engrandecerlas? ¿Hacer que una llama saliera de la nada, haciendo que su luz invadiese los rincones llenos de sombra? ¿Convertir el cuerpo en una sutil mariposa o en un temible oso? ¿La Orden de Hermes todavía creía que esa era la única, la verdadera magia?

Isolda lloró, y sus lágrimas, azules como sus ojos en aquel mundo, bajaron por su rostro dejando un rastro lapislázuli, un camino que no se borraría, pues había visto con sus propios ojos, sentido, olido, degustado un mundo que escapaba a las disertaciones interminables de los poderosos pero encasillados herméticos.

Un mundo que subyacía al mortal, donde el diario transcurrir de las vidas mortales era un juego indiferente a quienes habían alcanzado cierto poder, un mundo que era magia en sí y aunque lo subyacía era, y ella lo sabía, rico e independiente en sumo grado del que ella provenía.

Su mirada se posó en los árboles, majestuosas verdaderas caras comparadas con aquellas que todos veían; miró el cielo, donde una poderosa Selene se mostraba en todo su esplendor, en su verdadero esplendor, más cercana de lo que Bonisagus hubiera pensado, y donde si su vida hubiera sido más larga, seguramente hubiera llegado después de haber pisado aquel mundo.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de la archimaga al descubrir a sus pensamientos e ideas viajando rápidamente por todo su cuerpo y tomando formas imbuidas de aquella materia salvaje y espiritual; cerró los ojos y aspiró. Sentía su cuerpo aún estremeciéndose, débil por la emoción y el contacto con aquel aire enrarecido, cargado de armónicas notas primordiales. Sabía que podía ser peligroso, sabía que era mortal, pero no le importaría morir en aquella tierra mágica.

Con sus ojos aún llenos de cristales azules y brillantes, miró a Guillerm sonriéndole como una niña pequeña a su padre cuando este le enseña a escribir su primera palabra.

Guillerm du Trem - July 9, 2006 04:15 PM (GMT)
La reacción de Isolda era comprensible. Había observado muchas veces la admiración y la impresión que sufrían los cachorros en su primer viaje umbral. Y más aún lo entendía cuando ella no poseía una mitad espíritual como los hombres-lobo.

Era un lugar mágico, pura esencia. La naturaleza misma de las cosas hecha sustancia y sensaciones. Todos los sentidos se embriagaban ante el espectáculo. Existía lugares mucho más sobrios, pero este no era uno de ellos.

Hoy Selene les sonreía. Brillando con toda su fuerza y su máxima plenitus, los caminos a los otros reinos se abrirían sin dificultad...

Pero tras su viaje, el peso de los motivos que les habían llevado hasta allí cayó sobre Guillerm como una losa. De nuevo su rostro se tornó sombrío y triste...

Miró a la dama haciendo un esfuerzo por sonreirle.

- Podeis estar tranquila. Este lugar del mundo espíritual no es más peligrosa que la teluria misma. En el bosque umbral, la fuerza de Gaia brilla con esplendor... El resto del camino no será tan armonioso. Ahora debemos localizar el espíritu de mi padre... Los espíritus humanos moran en la Umbra Profunda, pero los de los hombres lobo buscan su propio lugar. Somos en parte pura esencia y eso nos hace libres aquí. Lo más provable es que moré en los Reinos Legendarios de los Colmillos Plateados. Muchos ancestros allí residen. Pero no podremos saberlo algún espíritu guía para que nos ayude a encontrar las sendas lunares que nos lleven allí...

Suspiró. Seguro que Isolda también tendría mucho que decir.

Isolda Lamartine - July 10, 2006 03:20 PM (GMT)
Isolda salió de su meditación con las palabras de Guillerm, y a ella también le removió en sus entrañas recordar cuál era la razón por la que habían viajado a tan paradisíaco lugar.

Suspiró. No sabía nada de la umbra, o mejor, sabía poco, y los nombres que conocía no eran similares a los que los lobos usaban, lo que claro, implicaba un problema.

Pero ella podría saber "dónde" se encontraba el padre de Guillerm, y podía guiar a ambos hasta ese lugar, por más que el espacio en aquel mundo se moviera de maneras diferentes a las que usaba en el mundo de la piel.

Metió su mano en la bolsa donde tenía lo que había ido a buscar, y extrajo una piedra. Con una de las hojas dibujó, entrelazando en su lisa superficie, el nombre del padre de Guillerm con caracteres hebreos, y cerró los ojos.

Aquel mundo y lo poco que conocía de él, aquel nombre que le daba el poder suficiente para encontrarlo, y el conocimiento de la Unidad batini, que seguramente nunca soñaron que pudiera aplicarse en mundos diferentes, le mostraron claramente en su cabeza donde estaba.

El nombre en la piedra brillaba débilmente con una luz verde, y cuando Isolda abrió los ojos estaba verdaderamente confundida. El lugar aparecía claro, un camino a seguir en un momento, más luego desaparecía el camino recto y quedaban puntos separados que ella, de algún modo, entendía como puertas que se abrían más allá de lo que había después.

Debían darse prisa en todo caso.

-Sé dónde está Guillerm, pero es extraño, es sumamente extraño. El camino que veo en mi mente se mueve como si fuera una serpiente e incluso desaparece como camino y sólo quedan líneas separadas.

Le miró un poco preocupada. A lo mejor se hubiera equivocado y su magia en ese lugar no funcionara.

Guillerm du Trem - July 11, 2006 04:40 PM (GMT)
Una sonrisa se gesó poco a poco en la faz de Guillerm. En el mundo real, sus posibilidades estaban casi a la par, en la Umbra, ella era el aprendiz.

- No temais confudiros, confiad en lo que sabeis y lo que os viene a la mente. En este mundo todo se entreteje continuamente y las líneas se difurcan constantemente. Si sentís su presencia es suficiente. Lo único que necesitamos es que trates de ubicarlo como un símbolo, como pura energía que es ahora. Aquello que le rodea nos dará el lugar. No soy conocedor de vuestra magia y sin duda es sumamente poderosa, pero aquí funciona con ambigüedad. Si no me equivoco, vuestro poder se alimenta de la energía espíritual y todo este lugar esta compuesto de dicha energía. Usad vuestros poderes y yo lo interpretaré. Será más sencillo...

La miró a los ojos. Guillerm sabía como actuar ante los primeros viajes. Debía alentar su conocimiento. Ella no era un joven garou y aprendería sumamente rápido con los conocimientos que ya posee, pero aún así debía aprender a interpretar este mundo.

- Pero sabed que vuestra ayuda es para mi imprescindible. Ahora no necesitamos de espíritus guia. Si me indicais el lugar yo sabré por donde ir...


FDI: Perdón por el retraso. Repasé el manual y Guillerm por si mismo puede encontrar las rutas. :P

Isolda Lamartine - July 11, 2006 05:17 PM (GMT)
Se equivocaba en algo. Su magia no se alimentaba de la energía espiritual, pues esta energía no existía. Se alimentaba de la energía Primera, de la energía Creadora, de la energía de la Mens Divina, de la Quinta Esencia Alquímica que alimentaba todas las cosas dentro y fuera del mundo de la piel. Pero no importaba entrar en detalles porque si algo era cierto era que él era el maestro en un mundo que ella siempre había deseado conocer pero en suma no conocía.

Confiar.

Suspiró y cerró los ojos.

Era sencillo y difícil al tiempo, porque las imágenes cambiaban desde ellos hasta él, pero esperó hasta que pudiera sentir su consciencia en aquel lugar en el que tenía que buscar.

Cuando sintió que lo había logrado abrió los ojos.

¿Cómo decirle con palabras aquello que había visto?

-Guillerm, no me alcanzan las palabras para mostraros el lugar donde se encuentra, más si podéis entender mi falta de lenguaje deberéis abrirme tu mente y yo te lo mostraré.

Esperó la acpetación de garou, y entonces, cerrando los ojos, envió una a una cada fibra de aquel misterioso mundo, cada una de las liuces, sonidos, olores que había ella sentido y auqnue podría haber sido mejor no enviarle sus sentimientos al respecto, consideró que en aquel mundo cada componente podía ser vital.

Guillerm du Trem - July 11, 2006 09:09 PM (GMT)
Guillerm asintió y sintió en su mente el fluir de las imágenes que Isolda le proyectaba. Magníficos castillos se alzaban resplandecientes, tierra de reyes y reinas, un esplendor espiritual brillaba con la más grande de las maravillas. Una paraje jamás conocido por el ojo humano... Estandartes y pendones ondeaban a son de un brisa espectral que les hacía danzar. La magía de los reinos legendarios.

Con gesto firme y confirmando lo que pensaba de su padre, no sin cierto gardo de satisfacción por conocerlo en el grado que esperaba, se dirigió a la maga.

- Las imagenes son claras, cristalinas. Vuestro poder me asombra cada vez más... Se trata del reino legendario de los Colmillos Plateados, un lugar de reyes. Conozco ese camino, Selene nos guiará.

Le hizo un gesto para indicarle que le siguiera y emprendió la marcha con paso ligero, pero ligeramente frenado para no perder a la dama.

Tras un claro del bosque umbral, una extraña luz resplancía con toda su fuerza. Toda la gama de tonos azules y blancos pasaban ante sus ojos. Una senda lunar que lucía como una aurora boreal observada desde el mismo cielo. Un espectáculo embriagador y absorvente.

Le extendió la mano a Isolda para emprender el viaje.

- Es el momento y el lugar. Este es un poco más duro que la entrada, pero también es completamente seguro. Adelante...

Isolda Lamartine - July 11, 2006 09:40 PM (GMT)
En ningún momento dudó que Guillerm desconociera aquella visión, pero dudaba, y con razón, que algo tan mágico pudiera existir aún en aquel mundo.

Sin dudarlo e intentando no separarse mucho de él, le siguió hasta aquel has luminoso.

Una exclamación de sorpresa escapó de su boca al ver aquella combinación de colores y poderes, y sintió un nuevo escalofrío producto de la magia que allí había envuelta recorrerla. ¿Había más sorpresas acaso? ¿Cómo podía haber la Orden dejar pasar durante siglos completos la visión de aquel hermoso territorios?

Suspiró para sus adentros y tomó la mano de Guillerm, apretando con fuerza. Estaba algo asustada, pero era un sentimiento de expectación la que la dominaba casi completamente en aquel momento.

Guillerm du Trem - July 12, 2006 10:14 PM (GMT)
Entraron en el túnel luminoso. Al principio, el choque de ambos reinos parecía desgarrarte, pero después todo pasaba y los cuerpos se desplazaban casi flotando a través de ese espacio atemporal. Sus paredes se transperentaban dejando entrever la fuerza de Selene. Cientos de espíritus de luz lunar salvaguardaban la senda. Eran sus protectores.

Tras unos largos minutos, pudieron observar el final, el inicio del reino mágico de los Colmillos Plateados. Antes de salir miró a Isolda. Confiaba que hubiese soportado bien el extraño viaje.

Isolda Lamartine - July 12, 2006 10:55 PM (GMT)
Tirones, descorazonadores tentapiés espirituales esparcidos en todo su campo de vista dentro de aquel túnel lunar, visiones que no se correlacionaban pero no eran producto el sueño o del cansancio sino del mismo ambiente, palabras susurradas en una lengua que conocía desde hace mucho tiempo pero que hablaban sobre cosas que le eran tan ajenas que tenía que hacer un esfuerzo por no escucharlas.

Llegar al final fue un respiro. Era demasiado para una sola vez; si, Isolda había imbuido cada una de las partes de su vida, cuando caminaba, cuando escribía e incluso cuando dormía, de magia, pero lo que estaba sintiendo su cuerpo y lo que estaban viendo sus ojos era de otro nivel, era mucho más poderoso de lo que ella hubiera podido pensar.

Cualquier intento por cerrar su mente falló, no porque no pudiera, sino porque al dolor terrible que sentía en su cabeza lo vencía la curiosidad propia de la bella hechicera.

Suspiró profundamente y miró hacia atrás un momento, para luego girar su vista a Guillerm; le hubiera gustado preguntarle muchas cosas, le hubiera gustado entrar en su mente y saber si a él le afectaba o si era la costumbre lo que lo defendía de aquella sobrecarga sensorial. Pero no era el momento propicio.

Intentó su mejor sonrisa auqnue sabía que no podía engañar a Guillerm, y miró hacia el "frente". Se preguntaba si lo que vendría sería igual de mágico, y si podría vencer aquel peso en su cabeza para ayudar a su amigo.

Guillerm du Trem - July 13, 2006 10:00 PM (GMT)
Vió como Isolda quedaba descolocada tras el viaje. El era casi inmune gracias a su mitad espiritual. Notaba las perturbaciones, pero como ondas que fluyen dentro de su organismo, dejando después todo en su lugar...

Pero después vino la luz...

El reino legendario se abrió ante sus ojos, justo en la patria de los comillos. Esplendorosos castillos de todas las épocas se mezclaban con calles brillantes, banderas ondeantes y fuerza, mucha fuerza y orgullo por doquier. Todas las leyendas garou que Guillerm conocía tomaban forma en aquel lugar. Desde la forja del primer klaive, la terrible guerra de la rabia... Futuro, presente y pasado en un solo lugar.

Garou y humanos, espíritus que así se creían, convivían en total armonía. El Wyrm no tenía ni el más mínimo rincón donde habitar. La fuerza de una tribu, la gloria de su liderazgo. Infinidad de linajes que allí todavía vivían... Todo bajo una gran luna que dominaba todo, con más fuerza que nunca. Más aún que del lugar donde provenían.

Era el epitome de todo lo que representaban los Colmillos. Todo cuanto fueron, son y serán.

Orgulloso y henchido, aunque sin perder de vista el motivo de su viaje, se dirigió a la maga.

- Tranquila, Isolda. Ya hemos llegado...

Isolda Lamartine - July 14, 2006 09:37 PM (GMT)

El cambio de paisaje dejó a Isolda impresionada y la recuperación de su mente fue casi instantánea. ¿Cómo no sentirse perfectamente bien ante aquella magnificencia, ante aquel cúmulo temporal que era la mejor de las expresiones de la Unidad que los batini pregonaban?

Sonrió y miró a Guillerm, pues ese era el lugar que había visto.

-Guillerm, he pasado toda mi vida estudiando los caminos de la magia y he conocido seres mágicos, seres que son mitad carne y mitad piedra, poderosos dragones que habitan en las entrañas de la tierra, gigantes que guardan todo el oro que puedan equiparar y fáciles a la cólera, pequeñas sílfides jugueteando sobre ríos o lagos, espíritus variados y poderosos procedentes de reinos en esta Umbra que vos me mostráis, pero nunca soñé con ver algo semejante a esto, un lugar donde los tiempos son tan poco importantes que caminan seres que en la tierra de la piel jamás se hubieran podido conocer.

Miró al frente, de nuevo, emocionada. No podían sin embargo permitirse distracciones. Sacó de su jubón la piedra, donde aún brillaba el nombre del padre del líder garou.

-Él se encuentra en un lugar que a diferencia de los otros no es majestuoso. Está tras ese torreón con la bandera roja, pero sólo puedo ver el interior y no el exterior de la construcción.

Guardó de nuevo la piedra. No podía soportarlo.

-Sé que tenemos una misión en este lugar, noble Guillerm, pero si no os lo pregunto mis ojos lloraran al unísono de mi alma. Decidme, ¿quién construyó este lugar? Supongo que preguntar cuándo no tendría sentido...

Guillerm du Trem - July 15, 2006 03:53 PM (GMT)
Guillerm la miró con ternura. Las dudas que pasaban por su cabeza, las emociones que sentía, eran completamente racionales para todos aquellos que nunca han viajado por la tierra de las espíritus. También se sorprendió ante las indicaciones que le daba Isolda acerca de su padre. ¿Un torreon sin esplendor en esta tierra? Muchas veces había recorrido estos parajes umbrales en busca de respuestas y jamás había detectado dicha torre. Sería una tarea mucho más ardua de lo que esperaba... Pero, ¿qué podía hacer su progenitor en ese extraño lugar?

Dejó de lado todo eso para responder a la dama.

- Nunca vuestras preguntas son vanas, Isolda. Toda la Umbra se construye con reflejos de la teluria, del mundo real. Cada reino cumple un papel y un reflejo. Estoy feliz de poderos enseñar estos magníficos lugares, pero creedme si os digo que no todos son así. Aquí toma forma las historias y leyendas de mis antepasados. Todo lo que fueron, son y serán se halla en este lugar. Nadie a sudado levantando estos monumentos, tan solo existen porque deben hacerlo. Multiples rupturas han sacudido este mundo y, la principal, aquella que separó la teluria del resto de la Umbra... Los humanos sufrieron esta perdida, y entonces surgió la celosía. Sin embargo, la conexión nunca se rompió. Uno existe por el otro y viceversa... La teluria sin la umbra no existiría.

No estaba seguro si era esto lo que esperaba Isolda, pero era todo, o casi, de cuanto sabía... El resto de mitos de la creación de los mundos era innecesario.

Tras esto, su mente volvió a ocuparse por las dudas. Si no sabían del lugar, solo existía una posibilidad...

Su orgullo estaba resplandeciente. Su corazón apagado. Así era su reflejo.

- Isolda, vuestras palabras de desalientan y trastocan. No entiendo como puede estar mi padre en ese lugar... Pero habiendo llegado aquí, mi conexión con mis antepasados se multiplica... Intentaré conectar con él...

Cerró los ojos, dejó que la fuerza de sus antepasados fluyera por él...

Cuando volvió a abrirlos, una aullido de rabia llenó el lugar. Estaba trastornado, descolocado y fuera de sí. Algo terrible había sucedido al intentar conectar con el espíritu de su padre... Algo sin palabras.

Su rabia se convirtió en ira. En su forma humana empezó a golpear todo aquello que se cruzaba en su camino de pasos tambaleantes. Sus puños sangraban ante los golpes sobre la piedra. Uno tras otro se sucedían como poseido por la peor de las iras.

Minutos después paró. Jadeante, cayó al suelo y levantó su rostro sudoroso hacia la dama. Como un murmullo articulo un palabra casi de auxilio.

- ISOLDA.......

Isolda Lamartine - July 18, 2006 02:19 PM (GMT)

Escuchó lo que el lobo decía con el pecho en movimiento continuo, como un temblor que destrozara los pilares que le habían enseñado eran inamovibles. No podía creer el movimiento que veía en su interior: a pesar de haber sido instruida en una Casa entregada al conocimiento, de haber tenido no pocas veces problemas y resquemores con miembros más apegados a las antiguas letras de la Orden, Isolda era hermética y su pensamiento era esquemático y ordenado, y esa, creía ella, era la causa de que en este momento estuviera asustada, temerosa.

La voz fuerte y amable del garou, sin embargo, calmó sus ánimos lentamente y a medida que escuchaba los pilares se consolidaron, al menos mientras enfrentaban lo que habían ido a buscar.

Caminó un poco más con Guillerm luego de haberle contado lo que veía. Para ella era normal pues era poco lo que entendía de aquel Reino lleno de orgullosos lobos, pero la siguiente reacción de Guillerm ante lo que parecía un intento de contacto telepático la dejó fría.

Corría tras él, mirándolo con los ojos llorosos y pensando qué podría estarle pasando. leía el sufrimiento, el dolor y la rabia en sus golpes y en sus gritos, en cada paso que daba por aquel embaldosado de reyes, pero no podía interponerse en su camino porque sin duda sería arrollada.

Cuando este cayó Isolda aún antes de que este la llamara cayó sobre él, sosteniéndole las manos sobre sus palmas blancas y delicadas, buscando primero las heridas físicas de aquella reacción. Luego le miró a los ojos; los de ella, enrojecidos por el llanto a punto de estallar, eran una pregunta ansiosa de respuesta y un deseo, el deseo de que cualquier cosa que Guillerm hubiera visto no fuera tan terrible como parecía.


Guillerm du Trem - July 18, 2006 02:44 PM (GMT)
Guillerm estaba agotado, pero su cuerpo no sudaba. Respiraba con dificultad, pero no le fallaban los pulmones. Era un dolor profundo, algo que estalló en su mente ante el encuentro con sus antepasados. La deshonra, la mentira, los mitos cayendo con frágil cristal y haciendose añicos contra el suelo. La confusión en su mente surgía arrollandolo todo. Aquél que todo le había enseñado le había mentido. Todo su mundo parecía venirse abajo.

Como un instinto, notó la presencia de Isolda. Su llamada había sido puramente inconsciente...

El tacto de sus manos le apaciguó un segundo, lo suficiente como para armarse de valor para hablar. Algo terrible, inesperado era lo que había ocurrido. Con voz rota empezó a desahogarse.

- Isolda... Engañado... Deshonrado... Mi padre un vil cobarde... El peor de los destinos.

Aunque intentaba hablar, explicarse, era todo cuanto salía de su boca.

Isolda Lamartine - July 18, 2006 02:50 PM (GMT)
La maga no entendía lo que pasaba. ¿Deshonrado?¿Engañado? ¿Acaso podría ser posible que el padre de Guillerm, a quien él tanto respetaba, tanto que había hecho un viaje del que tal vez nunca regresara, era un fraude, un maniquí de alguien con más poder o simplemente un ser vil?

No podía darle crédito a lo que escuchaba, pero había sido Guillerm quien lo había dicho y a él sin duda le era más doloroso. Pero... ¿y si fuera una trampa para que el garou cesara en sus intentos de encontrarle?

Le tomó el cuello con dulzura maternal, levantándole la cara para que la mirara a los ojos. Esperaba poder ayudarle, a eso había ido hasta allí, y eso era lo que iba a hacer.

-Cálmate Guillerm, cálmate...

Esperó unos segundos, sin apartar de los ojos del lobo los suyos azules y tranquilizantes, que como un trago de la Fuente de la Vida, apagaron el fuego de aquel dolor del alma del lobo.

-Contadme qué fue lo que viste...

Guillerm du Trem - July 18, 2006 03:00 PM (GMT)
Largos segundos pasaron mirando fijamente a la dama. Su efecto fue asentando en el fondo de su alma dandole calma. Una calma que necesitaba como una lluvia fresca de verano. Poco a poco pudo narrar lo ocurrido, aunque su tono de voz parecía irreconocible.

- A sido terrible...- suspiró profundamente - En este reino nuestra conexión innata con nuestros antepasados crece de forma asombrosa. Traté de localizar el espíritu de mi padre...

Parecía talmente que las palabras no iba a salir, pero al final lo lograron.

- No lo encontré. Otro antepasado me explicó lo ocurrido. Mi padre no estaba muerto. Huyó a este reino cuando vió la muerte cerca. Nadie lo supo, solo los más cercanos que todos yacen ya en su reposo. Una cobardía, una traición, la peor deshonra para un garou. Somos guardianes de Gaia, vivimos y morimos por ella. No aceptarlo es indigno... Más aún si se trata de un noble guerrero como él... Es, es...

La rabia comenzaba a poseerlo de nuevo. Era un furor ciego. Sin embargo, la presencia de la maga lo calmó.

- Es un insulto...

Isolda Lamartine - July 18, 2006 04:15 PM (GMT)
Obviamente Isolda no entendía aquella entrega religiosa, que estaba más allá de la muerte, más allá de la vida y que marcaba tan profundamente a los lobos; una vez ya había visto algo similar, cuando, en un desafortunado incidente, uno de los lobos guiados por Guillerm había perdido la vida luchando contra un mostruoso ser espiritual.

Pero ¿odiar a su padre por salvar la vida? Cobardía, tal vez, pero aquella escala de valores era ajena a la mente de Isolda, cuyo corazón, auqnue grande, nunca se entregaba de ese modo a una causa dogmática.

Claro estaba que ella no era nadie para criticar o juzgar a toda una raza y su creencia, pues su vista intentaba ser más objetiva; en eso trabajaría cuando regresaran, si regresaba, pues no quería tener cezgos en las relaciones con su aliado, con su amigo.

Suspiró, mirando a Guillerm con sus tranquilos pero tristes ojos azules.

-Entonces... ¿qué haremos?

Por la rabia que sentía en Guillerm suponía que él desearía tomar la vida de su padre para limpiar el honor de su línea, pero ella no pretendería jamás insinuar tal cosa; si era ese el deseo del Lobo, así sería.

Guillerm du Trem - July 19, 2006 09:11 PM (GMT)
Miró fijamente a Isolda. Ya no había rabia. Era la pregunta exacta: ¿qué hacer ahora? En la mente de Guillerm el caos se aglutinaba, sin embargo pequeñas luces se iban abriendo... No era acaso su padre quien le había enseñado todo lo que era. No era él con quien había aprendido que significaba ser un gaoru. No era él quien le había hecho fuerte...

Todo eso pesaba demasiado y todo era demasiado extraño. La presencia vida de su padre, el extraño sitio donde estba oculto. Se sentía engañado. Pero tanto como para dejarlo a su suerte... no. Ahora el objetivo había cambiado. Seguía queriendolo encontrar mas no para buscar consejo, sino para encontrar respuestas.

Su padre conocía perfectamente la letanía garou y su prinipios. No debía estar vivo. Juzgarlo por ello... era posible, pero no lo que deseaba.

Conforme reuperaba la compostura, más fuerte era la idea de seguir adelante. El dolor de su corazón por la noticia no cesaba, pero iba tomando su justa forma.

Se incorporó, recuperado. Con la mirada fija en el horizonte y con voz de nuevo firme, recuperando toda su determinación, se dirigió a ella.

- ebemos encontrarlo. Tengo demasiadas preguntas y muchas respuestas por recibir. Hasta entonces, retendré mis sentimientos. Me siento engañado y defraudado. Pero todo tendrá su momento. No puedo olvidar quien es y no lo haré. Quizá cambie la finalidad, pero el objetivo es el mismo.

Después bajó la mirada y su tono se volvió de ternura.

- Siento haberte metido en esto, Isolda. Es mucho más duro de la que esperaba y lamento mucho que me veas así. Sabía que iba ser un duro viaje, aunque no tanto. Espero que sabrás perdonarme...

Isolda Lamartine - July 21, 2006 10:09 PM (GMT)
Isolda negó con rotundidad. Muchas cosas le extrañaban, muchas más le preocupaban, y después de haber visto la muestra de ira de su aliado y amigo, sabía que aquella reunión bien podría terminar en un baño de sangre, en más sufrimiento y más muerte, pero algo tenía bien claro.

-No debéis disculparos, pues era yo consciente de lo que podría suceder y aún así vine con vos, y no me arrepiento de ello.

"Ayudó" a ponerse de pie a Guillerm tomándole de su fornido brazo, y mirando a la calle que se mostraba frente a ellos. Ese era el camino, pero de repente una duda le asaltó.

-¿Por qué, Guillerm, si este es el lugar donde los antepasados vuestros descansan, no hemos visto a nadie, a nada?

¿Acaso eso tendría que ver con el padre del Lobo? ¿Acaso...?

Guillerm du Trem - July 22, 2006 02:22 PM (GMT)
Se sintió aliviado cuando Isolda le contestó de manera tan rotunda. Cargaba sobre su consciencia, pero cuanto menos la carga era menos pesada.

Después se detuvo ante su pregunta... Era cierto. Entre entusiasmo y llanto no se había percatado de ese importante detalle. Las calles del reino siempre lucían abarrotadas de espíritus y garou. Hasta ahora nadie se había cruzado en su camino. Era muy extraño.

- No lo entiendo. Siempre corre gente por estos lares. No es normal. Algo está ocurriendo.

Empezó a avanzar por las calles con sigilo. No había vida en los castillos, ni en las lujosas estancias. Ningún humano, espíritu o hombre lobo se oía. Cuando hubo confirmado sus sospechas, se volvió hacia la dama para buscar ayuda. Estaba sorprendido y preocupado. No lo ocultaba pues la situación podía ser francamente grave.

- Esto está por encima de mi busqueda personal. Algo grave ocurre en este lugar... Y debemos averiguarlo. ¿Puedes ayudarme?

Sabía que sus recursos de maga eran una fuente inagotable de sorpresas. Seguramente algo sorprendente podría hacer.

Isolda Lamartine - July 23, 2006 05:52 AM (GMT)
¿No era normal?

Con todo lo que había sucedido ella no estaba ya segura de qué podría ser normal o no en aquel lugar, pero si para Guillerm aquello era preocupante, entonces sin duda alguna lo era. ¿Dónde podrían estar todos cuantos habitaban aquella tierra majestuosa y mágica?

Al menos podía estar segura de que un ser si estaba habitando la ciudad, auqnue el paisaje que describió, a Guillerm le pareció desconocido. ¿Espantados? ¿Asesinados? Pero si allí viajaban al morir eso no tenía lógica alguna, y por un instante recordó al Círculo Carmesí y el desierto que habían dejado tras su paso por el Nodo de los lobos.

Suspiró y cerró sus ojos.

Las Mentes, como todos los entes que se movían en la Realidad, fuera esta lo que fuera, ampliada como había acabado de serlo para los ojos dela Despertada, siempre cumplía ciertos patrones, y no importaba que fuera la mente de un gigante, la de un Despertado, la de un humano o la de un fantasma.

Algunas permanecían enraresidas para los parámetros a los que Isolda estaba acostumbrada, pero de todos modos no podían salirse del modelo que por siglos los herméticos habían condensado y estudiado.

El punto de salida, lo más importante en todo hechizo por ser el pilar que lo sostenía, fue un icosaedro platónico, perfecto en sus simetrías y mejor que cualquiera que pudiera construir una mano mortal o inmortal, y desde este sólido perfecto y utópico, las líneas se extendieron por todo aquel Reino más no en lo que ambos veían sino en lo que lo subyacía, más corto en extensión pero más prolífico en invenciones y matices.*

Las líneas lse desplegaron obedientemente trazando una geometría superior a la de su piedra base, y cuando se hubo cerrado el hechizo había sido ya lanzado.

Abrió los ojos y miró a Guillerm, llenos los dos pozos azules de desasociego y preocupación.

-No lo entiendo... hay cientos de seres pensantes en este lugar... miríadas de sentimientos e ideas, todas nubladas por la confusión y la desesperación, pero todas estas consciencias están... en el mismo lugar en el que se encuentra vuestro padre.

¿Qué significaba aquello? Pronto lo averiguarían.





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*Corona, Al-Hajj.

Guillerm du Trem - July 23, 2006 08:48 PM (GMT)
¿En el mismo lugar todos las mentes de este reino? Esto comenzaba a preocuparle realmente. Alguien capaz de reducir a tantos espíritus y garou era digno de temer. Guillerm no tenía miedo de enfrentarse con nada, pero no era un loco. Debía saber a que se enfrentaban, al fin y al cabo estaban solos.

- Mucho me temo, Isolda, que esto es muy serio y peligroso. Deberemos ser cautos pues el enemigo o enemigos deben ser muy poderosos...

Se quedó callado. Su mente giraba incesantemente buscando respuestas.

- ¿Puedes saber algo más de ese lugar o ubicarlo cerca o lejos? Sería importante. Podría intentar contactar de nuevo con mis ancestros, pero si no me dijeron nada debe ser porque no pueden.

Solo cabía esperar la respuesta de la dama. Si no, tendría que arriesgarse.

Isolda Lamartine - July 23, 2006 09:39 PM (GMT)
Ella tenía otra hipótesis sobre lo que estaba ocurriendo. Extraer las mentes y fundirlas en un objeto, o en un lugar incluso, no era demasiado difícil. Requería tiempo y claro, poder, pero muchos eran los que en siglos pasados habían dejado consciencias enteras plasmadas en jeroglíficos en templos egipcios, en rocas en la Isla de los Poderosos, o incluso en jardines en los Reinos mágicos.

Pero si eran cientos, o era sumamente poderoso, más de lo que pudieran imaginar, o ellos habían acudido a ese lugar por "propia voluntad". Era posible, desde luego.

-Sí, puedo decirte lo que me preguntas, auqnue no sé si mi idea de lejos o cerca aplique correctamente en este lugar, y en ese caso sería una pérdida de tiempo.
Se encogió de hombros. De todos modos debía intentarlo.

Extrajo de nuevo la piedra donde se hallaba grabado el nombre del padre de Guillerm, y repitiendo el hechizo volvió a ubicar aquel lugar, pero en esta ocasión añadió a su fórmula el poder que prestaba Spiritus.

Al abrir sus ojos, la consciencia sobre el lugar era perfecta, pero sus dimensiones no cuadraban bien con la cantidad de seres que debían estar allí; o al menos sus mentes.

Caminó por la calle principal, lentamente y mirando hacia todos lados, y lo hizo de ese modo por al menos dos minutos. De repente se detuvo, aún mirando al frente, y bajó la cabeza hacia la derecha: en el suelo habaía un jarrón de arcilla café, con una tapa dorada.

Miró a Guillerm y luego de nuevo al jarrón.

-Creo que... está ahí.

Guillerm du Trem - July 24, 2006 05:12 PM (GMT)
Guillerm se quedó sorprendido. Sabía, aunque el no tenía ese conocimiento, como se podían encerrar espíritus en talismanes, absorviendo su esencia o derrotandolos hasta estar tan débiles que se les puede obligar a atarcar a los artilugios. Pero atar a tantos en un solo objeto parecía imposible.

Se agachó para observarlo. No se atrevía a abrirlo. Podía notar la presencia del Wyrm en aquel peculiar objeto. Era extraño y su rabia empezaba a fluir ante su archienemigo.

- ¿Es posible que se encuentren aquí? ?Sabes tú de algún arte capaz de hacer esto? Nuestros ritos estan lejos de conseguir esto... Siento la corrupción en este objeto. No me atrevo a abrirlo pues desconozco sus consecuencias.

Sin parar de mirarlo, se sintió fuiroso y, a la vez, decaido.

- Me siento impotente ante esto. No se que o quien puede hacer esto. Mis lazos personales y me responsabilidad con líder de los mios empiezan a hacer mella en mi. Debo reponerme o no seré digno del lugar que ocupo.

Eran pensamientos en voz alta, casi sin ningún receptor en concreto. Isolda entendería la situación, mas era casi abrumador.

Isolda Lamartine - July 25, 2006 02:50 PM (GMT)



Hacía mucho tiempo había escuchado una leyenda, pero fue Chokmah, cuya voz resonó detrás de ambos, la que impidió que Isolda hablara.

Era sin duda su voz, pero era más que eso: era una voz antigua, milenaria y gruesa; una voz que había pasado por los siglos, que había estado desde mucho antes que los hombres sobre al tierra, que había conocido los misterios enterrados en las entrañas del mundo y en las cimas de los Reinos Celestiales.

Cuando Isolda se giró ya no era el amable y perezoso can que de vez en vez le daba un sabio consejo o le reprendía duramente por sus actitudes de niña, ahora era un gigantesco dragón de escamas azules, con la mirada perdida en tiempos inmemoriales y con heridas entre sus escamas grandes y poderosas. Era de los pocos Dragones Menores que había sobrevivido desde los tiempos remotos en que los Grandes Dragones les habían creado, y a diferencia de sus hermanos, Chohkmah era sabio y mantenía su sabiduría a salvo. No podía evitar devorar algún ser espiritual para saciar su siempre permanente hambre, pero era eso o acabar con la vida de quienes le rodeaban.

-Yo conozco esa vasija.

Con su largo cuello agachado lo suficiente como para poder mirar a ambos a la cara, el dragón entornó los ojos, como recordando.

-En un tiempo tan lejano que los dragones éramos jóvenes sobre la tierra, una raza de dioses descendió de los cielos a poblar una tierra que aún hoy tiene más magia que todas las otras que conozco: es una Isla, la Isla de los Poderosos, y ellos eran los Wyck.

Aún los recordaba: su sabiduría natural había desaparecido hacía muchos siglos, y ya no quedaba sobre su tierra nada de su sangre. Pero los había amado y por esa nostalgia había enlazado para siempre su destino con los obradores de la realidad.

-Ellos fueron lentamente exterminados por los hombres que poblaban esas tierras y a pesar de compartir su sabiduría y ganar respeto entre algunos pocos, casi todos les temían y odiaban; jamás he entendido a los mortales. El último que quedó de los que habían descendido de los cielos, Eloi-cu-dudrim, como le llamaban sus compañeros, lanzó una poderosa maldición sobre un jarrón que fabricó con los huesos de sus hermanos, y que llenó con su sangre.

Suspiró. Las palabras de aquella maldición aún resonaban en su gigantesca cabeza azul.

-"Aquellos que han usado el infiel hierro contra la raza sabia de los Wyck, aquellos que acompañan a los asesinos y les respetan, para siempre tendrán sus almas encerradas en un pedazo de la tierra que nos negaron, y más allá de la muerte, ni siquiera allí, tendrán descanso".

Miró a Guillerm e Isolda alternativamente, y luego levantó el larguísimo cuello, mirándolos desde arriba.


Isolda había escuchado aquella leyenda, pero jamás había pensado que su Familiar hubiera estado allí presente. ¿Podría tratarse del mismo jarrón?

Si aquellas consciencias encerradas habían estado involucradas en los parámetros de la maldición, o alguno de ellos al menos lo había estado, entonces la maldición había obrado por todos. Pero ¿cómo había llegado hasta allí el jarrón? ¿Sería posible que el "infractor" no conociera su poder?

-Esta es una magia antigua y poderosa Guillerm, e injusta. Pero como toda magia antigua tiene una manera de ser roto el hechizo. Pero es peligroso.

Guillerm du Trem - July 25, 2006 03:23 PM (GMT)
Guillerm quedó perplejo ante el cambio del fiel acompañante de Isolda. Y más aún ante sus palabras. Con gesto firme hizo una reverencia a Chokmah en señal de respeto ante el bello dragón. Los espíritus sabios son valorados por aquellos garou que siguen la senda de la sabiduría.

No era ajeno a ese tipo de leyendas, pero le chocaba que los espíritus de sus ancestros pudiesen estar involucrados en aquellos antiguos crimenes. Eso le hacía dudar. Era una maldición injusta, pero tenían motivos si lo que narraba Chokmah era cierto.

- Entiendo lo que dices, Isolda, mas no puedo dejar de preguntar como y porque esta aquí este objeto. ¿Quienes de los nuestros pudieron aprobar tal crimen? Todo esto comienza a convertirse en una extraña pesadilla donde la verdad surgirá para arrasar todo lo que conocía y respetaba. Estoy confuso...

Su mente estaba comenzando a entregarse a oscuros pensamientos que jamás en su existencia había tenido. Su instinto animal le ponía en alerta y alentaba su fuerzas para no caer en un foso sin retorno. El camino del Wyrm empezaba con las dudas. No se dejaría llevar por aquello que estaba intentando controlarle...

Pero, de repente, algo tomó forma en su mente. ¿No sería posible que el mismo poder que estaba atrapando a los ancestros estuviera intentando lo mismo con él? ¿No sería aquella vasija un oscuro objeto de corrupción que busca las debilidades de aquellos a los que maldijo? Debía confiar más que nunca en la maga. Sin su presencia, ya estaría perdido.

- Isolda... Algo oscuro se mueve en mi interior. Mi mente no esta clara, mi fuerza parece mermada por lo que aquí ocurre. Temo no poder seguir... Debemos protegernos... Y esa isla... ¿Se puede llegar a ella?

Tal debilidad podría ser motivo de deshonor, pero quizá y solo quizá, no era él quien realmente hablaba.

Isolda Lamartine - July 25, 2006 04:12 PM (GMT)
Entendía la turbación de Guillerm, y las preguntas que este se hacía no eran más que las que ella misma estaba repitiéndose. ¿Cómo y por qué? Pero esas preguntas tenían solución.

-Esa magia antigua está más allá del bien o del mal. Cuando esta maldición fue lanzada, se hizo como una venganza frente al dolor que suponía la pérdida de una civilización antigua y poderosa con virtudes diferentes a las que nosotros reconocemos.

-Si uno sólo de los habitantes de este lugar, por error, entontró este talismán y de algún modo participó en aquella matanza, todos los demás que le querían y respetaban pasarían inmediatamente a ser presas de la maldición.


Suspiró.

-No dudéis, Guillerm, pues muchas veces hacemos mal a otros pensando que hacemos bien.

Ella conocía esa historia. La Orden de Hermes, hacía cien años, había eliminado a toda la Casa Diedne creyendo que habían caído al infernalismo.

Pero era magia poderosa y oscura, más el apelativo de Maligna, para ella que conocía el poder de las palabras era inadecuada. Entender cómo funcionaba la maldición podía tomarle horas, días o hasta años, y era evidente que no podía arriesgarse a hacerlo. Sabía que sería necesario un sacrificio de sangre, pues de ese modo funcionaba aquella magia, pero los detalles le eran incomprensibles. Así Guillerm había mencionado lo que se aparecía como única posibilidad.

-Aunque Chokhmah dice que su sangre ha desaparecido de esta tierra, no son pocos los que conservan sus memorias.

-La Isla es Eire, lo que llaman Irlanda. Podría invesigar el talismán pero no sé cuánto tiempo tarde en ententenderlo.


Miró al lobo. Ninguno de los dos, estaba segura, habrían pensado que este viaje tomaría ese rumbo. -¿Viajarías?

Evento - July 26, 2006 10:10 PM (GMT)
Isolda podía tener razón, pero ahora había que hacer las cosas paso a paso. Si había que viajar, viajaría.

- Por supuesto. Hasta donde haga falta. Aunque creo que llegado este punto, debo informar a los mios. Esto es mucho más grave de lo previsto...

El gesto de Guillerm era serio. Su turbación no podía dejarle ver cuales eran sus obligaciones en el clan. Algo así debía ser compartido.

Guillerm du Trem - July 26, 2006 10:22 PM (GMT)
FDI: Perdón por el lapsus. Soy yo. No puedo borrarlo.




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