Title: En el Laberinto de la Locura
Description: día 15/11/1225
Isolda Lamartine - June 21, 2006 02:18 PM (GMT)
Isolda había descansado su cuerpo y su mente, y había meditado conscienzudamente todas las cosas que había visto en la mente de aquel joven; ella misma había estado a punto de caer en las garras del Hubris cuando regresó a París hacía unos años, convertida ya en una Archimaga.
El asesinato de sus padres y hermanas a manos de la terrible enfermedad convocada por ese espíritu le había creado un pesar tan hondo y una rabia tan grande y una consciencia de su poder tal que por poco estuvo por lanzarse desesperada contra todo París.
Eso era lo que quería el Oscuro, pero ella había resistido con todas sus fuerzas ese engaño que reconocía. No podía permitirse tal lujo, y menos siendo lo que era. Pero conocía ese dolor, sí que lo conocía. Hareb había sido débil y había pagado; así eran las cosas, simples pero contundentes.
Ahora sólo faltaba una hilazón. La curiosidad hermética la había vencido completamente, y no podía dejar de mirar en el Sactum de Hareb, no buscando nada particular, simplemente observando los productos de su podredumbre y tristeza. Era, claro, peligroso.
Por eso ella no era visible, e Imlk caminaba adelante aunque parecía un hombre y eso si alguien la veía pues era difícil no ignorar a aquel ser, y tras ambas Chohkmah, que luego de un largo descanso había decidido volver a acompañar a su Ama en sus infantiles aventuras.
Isolda invocó la Parma de Bonisagus sobre los tres para evitar cualquier ataque sorpresivo o trampa no grata. Luego ya verían qué harían con ese lugar.
Le hubiera gustado que Aloisius o al menos Tristán estuvieran con ella, pero al parecer todas las Voces de París habían desaparecido.
La piedra que había en la entrada permanecía a un lado. Imkl encendió una tea y los tres comenzaron a bajar aquel tormentoso laberinto hacia la locura.
Hareb-Serap - June 21, 2006 05:51 PM (GMT)
Mi Sanctum esta tal cual lo dejaron los lobos. La sala principal sigue oscurecida por las llamas viles que le prendieron los no-muertos en su miedo, y los diversos objetos rituales se encuentran colocados en las proximidades del altar ensangrentado. No hay protecciones magicas, siempre crei que cuanta menos magia tuviese el lugar, mas desapercibido pasaria, y parece que tuve razon, al menos por un tiempo.
Isolda Lamartine - June 29, 2006 03:47 AM (GMT)
Isolda miró con curiosidad hacia todos lados. Chochkmah, el dragón, se alejó de Löw, que permanecía en el centro de la estancia con la antorcha en alto, y olfateó por los alrededores, contra las paredes, buscando cualquier cosa con qué distraer su infinito aburrimiento -pues por lo visto la sangre y las evidencias de tortura no le causaban el más mínimo interés.
Por su parte, Isolda se acercó a los lugares donde Hared hacía sus torturas, mirando con curiosidad los objetos rituales y el altar. La quintaesencia que cubría aquellos elementos era poderosa en sumo grado pero de una resonancia tal que el sólo pensar en usarlos en algún conjuro le daba escalofríos.
De repente entendió que perder los estribos no era tan difícil. ¿Acaso ella no iba pronto a dejarlo todo también por un asunto, que aunque en apariencia más noble, no era más que pura venganza?
Arrojó rápidamente esa idea de su cabeza, y se agachó para mirar más de cerca cada uno de los implementos que yacían esparcidos sobre el suelo.
FDI: ¿Sólo hay una habitación?
Hareb-Serap - July 10, 2006 02:13 PM (GMT)
El primero de mis utensilios es una daga, larga pero ligera, sin demasiada ornamentación. Símbolo de la muerte, es el arma con la que llevé a cabo los asesinatos en sí, y está grabada con los diversos símbolos de la muerte en la liturgia cristiana, presididos por el símbolo de Uri-el.
El segundo es un caliz, que he usado en numerosas ocasiones para contener restos sanguinolientos y, en especial, los corazones. Es de cobre, sencillo, y muestra los numerosos símbolos de la vida en el mundo cristiano, destacando entre ellos el de la mujer y el de Repha-el. Como objeto, este es el que reúne la Quintaesencia que he ido cosechando, y su influencia poderosa y oscura es un poderoso reclamo para todo Mago.
Apoyado contra una de las paredes tengo un cetro, símbolo del poderío militar y de su comandancia, y que está lo suficientemente limpio como para parecer no haber sido utilizado en todo el asunto. También un objeto barato y burdo, los numerosos gravados que tiene apelan tanto a los elementos de la liturgia cristiana, como a la masculinidad y al ángel Mikha-il.
Finalmente, una corona está colocada sobre el pilar. Bueno, más que una corona es una suerte de diadema, aunque el símbolo que representa es la corona que corresponde al intelecto superior y al alma. Por tanto, grabada en ella van tanto los diferentes nombres de Dios, como los del ángel Gavri-el. La he usado con frecuencia, probablemente más que los demás elementos, aunque no hay un gran poder concentrado en ella.
No hay nada más aparte del simple bloque de piedra que hace las veces de altar. Y no, no hay más salas.
Isolda Lamartine - July 10, 2006 02:48 PM (GMT)
El poder se sentía en aquellos objetos, tanto por su historia en aquella caverna y antes, como por el poder que parecía haberles imbuido el alma perversa de Hareb-Serap.
Estaba claro que no podía dejarlos ahí, y no sabía cuánto tiempo tardaría en destruirlos, loque claro, dependía de su poder intrínseco. Pero...¿y si eran tan fuertes, más de lo que parecía, y ella, Isolda, se veía tentada al igual que lo había sido el ex-voces mesiánicas? Debía arriesgarse.
Al menos ella sabía que tenía suficiente poder como para intnetar hacer frente a una tentación, más no estaba segura de que un Massasa o un joven mago pudiera resistirse.
Suspiró profundo. Extendió su manta sobre el suelo y con una daga que sacó del cinto de Löw comenzó a meter uno a uno los elementos que conformaban la parte litúrgica del Despertado Oscuro.
Claro, era obvio que no sólo era la protección de los magos en caso de que aquello fuera descubierto por un vampiro, sino también la curiosidad, lo que la movía a recoger aquellos utensilios.
Y sería mejor destruir aquella caverna pues dudaba que algún día pudiera limpiarla de sus nefastas influencias.
Cuando salió de la caverna, en la mismas condiciones en las que entró, llevaba su sirviente la capa con las herramientas al hombro.
Lo primero sería que las llevara a la capilla. Luego ella hablaría con quien sin duda la cubriría bajo susu aguas y la destruiiría.