Boadicea que tuvo su primer acercamiento a la orden en tierras ibericas, sintió curiosidad y decidió complacer su necesidad de contemplar algo más que
aquellas ruinosas casas de Montparnasse. La noche estaba despejada y la luna reflejaba luz en el castillo. Contempló pequeños gravados en las paredes de la fortificación y reconoció gran parte de ellos. Como sus antepasados, los templarios guardaban la sabiduria de la Corriente Subterránea en la inmortal piedra. Se dió cuenta de que la guarnición hacia puntuales cambios con la precision y contancia típica de los sacerdotes guerreros.